Segunda Técnica: Enriqueció su acervo intelectual para competir.
Balaguer llegó por sus méritos a las primeras dignidades. En el gobierno provisional de Estrella Ureña, Balaguer fue designado Cónsul en Génova, Italia, cargo que nunca llegó a ocupar, debido a que el puesto fue suprimido como consecuencia de los ajustes económicos que se suscitaron como consecuencia de la depresión económica de 1929.
La carrera política de Balaguer arrancó con mucho éxito. A la llegada de Estrella Ureña al poder, apenas tenía 24 años de edad. Quizás fue esa la razón por la cual, a pesar de su prestigio intelectual, de su capacidad política demostrada y de la amistad con el gobernante, no ocupó una posición de primer orden.
Sin embargo, les favoreció el hecho de que sus amigos fueran designados en posiciones clave, debido al predominio de la Región del Cibao en la sociedad política de la época. En el gobierno de Estrella Ureña, cinco de los nueve miembros del gabinete eran del Cibao. En el primer gabinete de Trujillo también, seis de los nueve miembros eran cibaeños.
A pesar del rol importante desempeñado por Balaguer en las contiendas políticas de los años 20 y en la campaña electoral de 1930, el primer nombramiento que recibió del inaugurado régimen Trujillo-Estrella Ureña, puede ser catalogado como insignificante. Fue designado Profesor de Gramática, Sintaxis, Lógica y Moral Social, en la Escuela Normal de Santiago, recinto donde se había graduado de Bachiller con notas sobresalientes.
El joven Balaguer reaccionó disgustado por tan insignificante nombramiento después de haber hecho tan valiosos aportes al triunfo Trujillo-Estrella Ureña. Como dijo Baltasar Gracián, el hombre de grandes pretensiones preferirá las altas posiciones que concitan atención y fama si quiere inmortalizarse.
Es normal que se cometa este tipo de atropello en contra de los jóvenes intelectuales que participan en política. Quizás, ese vejamen se debió a los vínculos que mantuvo con Estrella Ureña, ya que, en contra de algunos de los seguidores del brillante tribuno, se desató una persecución tenaz, como fue el caso de Rafael F. Bonelly, objeto de prisión domiciliaria.
El hecho de que Trujillo estuviera casado con doña Bienvenida Ricardo, tía de Balaguer por el lado materno, contribuyó a que lograra un nombramiento como Abogado del Tribunal de Tierras de Santiago de los Caballeros, y dejara la vacante de maestro a su hermana Emma. Recuerda Izquierdo Navarro que en la mayor parte de las ocasiones, quien decide el ascenso de un hombre no es su superior, sino la esposa de su superior.
De esa forma, Balaguer inició una carrera jurídica en defensa del Estado, noticia que de inmediato llegó al conocimiento de Trujillo, quien autorizó que al joven funcionario judicial se les diera participación en litigios de tierras de gran interés para el gobierno.
A pesar de su juventud, Balaguer demostró que era el más visionario de los colaboradores de Trujillo. Fueron muchos los intelectuales que de inmediato entraron en desgracia con el futuro dictador, porque no supieron moverse en ese nuevo escenario político donde toda la gloria debía reinar alrededor de un sólo hombre, y donde un grupito de espías y adulones se dedicaban a la tarea de poner en desgracia a todos aquellos que tenían virtudes superiores a ellos.
De tales bajezas fueron víctimas el expresidente Federico Henríquez y Carvajal y sus hijos Max y Pedro Henríquez Ureña. Esas personalidades prestigiaban al recién instalado régimen, pero sin embargo, fueron despedidos de sus cargos por chismografías carentes de sentido y de razón, que son muy comunes en la cultura del ejercicio del poder político en la sociedad dominicana.
Parece que en sus meditaciones diarias Balaguer decidió casarse con el poder político y básicamente con la administración pública, y para lograrlo, su primer paso fue interpretar la política como lo que es: la actividad humana donde fluctúan las luchas de intereses.
A Balaguer no le importaba el crecimiento, los alcances o el prestigio de los demás. Ocupaba su tiempo en perfilar su propia imagen, en lograr su propia superación, en alcanzar su propia gloria. Estaba seguro de que tarde o temprano el talento se impone. Para adentrarse y triunfar en la arena política renunció a sus atributos innatos de orgullo que habían moldeado su conducta hasta ese entonces.
A tiempo entendió que la contienda política es objetiva y real, diferente a las guerras poéticas que no son más que simples palabrerías. En el escenario de la política no podía actuar de acuerdo con el Paréntesis de su Tebaida Lírica. Todo lo contrario, debía revestirse de simulación y de otros atributos recomendados por Maquiavelo y Azorín para crecer en un terreno árido, venciendo a todas las malezas y espinas. Y así lo hizo.
Comenzó a cultivar la genialidad política, y siendo un joven adquirió ribetes de genio. Un genio -observa Georges Bernard Shaw-, es una persona que, viendo más lejos y calando más hondo que la demás gente, posee un arancel de valoraciones éticas diferente del común y tiene bastante energía para dar efecto a esta visión más profunda y a sus valoraciones en la manera que mejor conviene a sus peculiares talentos.
Estaba convencido de que Trujillo era un animal de rapiña que iba a convertirse en amo del poder luchando, venciendo y aniquilando. Por esa razón, en esa coyuntura no se manejó como el poeta soñador, no le convenía. Actuó como el visionario político que tenía los pies sobre la tierra. Parece que conocía la aseveración de Oswald Spengler, de que: El noble, el guerrero, el aventurero, viven el mundo de los hechos. El sacerdote, el sabio, el filósofo, viven en el mundo de las verdades.
Balaguer llegó por sus méritos a las primeras dignidades. En el gobierno provisional de Estrella Ureña, Balaguer fue designado Cónsul en Génova, Italia, cargo que nunca llegó a ocupar, debido a que el puesto fue suprimido como consecuencia de los ajustes económicos que se suscitaron como consecuencia de la depresión económica de 1929.
La carrera política de Balaguer arrancó con mucho éxito. A la llegada de Estrella Ureña al poder, apenas tenía 24 años de edad. Quizás fue esa la razón por la cual, a pesar de su prestigio intelectual, de su capacidad política demostrada y de la amistad con el gobernante, no ocupó una posición de primer orden.
Sin embargo, les favoreció el hecho de que sus amigos fueran designados en posiciones clave, debido al predominio de la Región del Cibao en la sociedad política de la época. En el gobierno de Estrella Ureña, cinco de los nueve miembros del gabinete eran del Cibao. En el primer gabinete de Trujillo también, seis de los nueve miembros eran cibaeños.
A pesar del rol importante desempeñado por Balaguer en las contiendas políticas de los años 20 y en la campaña electoral de 1930, el primer nombramiento que recibió del inaugurado régimen Trujillo-Estrella Ureña, puede ser catalogado como insignificante. Fue designado Profesor de Gramática, Sintaxis, Lógica y Moral Social, en la Escuela Normal de Santiago, recinto donde se había graduado de Bachiller con notas sobresalientes.
El joven Balaguer reaccionó disgustado por tan insignificante nombramiento después de haber hecho tan valiosos aportes al triunfo Trujillo-Estrella Ureña. Como dijo Baltasar Gracián, el hombre de grandes pretensiones preferirá las altas posiciones que concitan atención y fama si quiere inmortalizarse.
Es normal que se cometa este tipo de atropello en contra de los jóvenes intelectuales que participan en política. Quizás, ese vejamen se debió a los vínculos que mantuvo con Estrella Ureña, ya que, en contra de algunos de los seguidores del brillante tribuno, se desató una persecución tenaz, como fue el caso de Rafael F. Bonelly, objeto de prisión domiciliaria.
El hecho de que Trujillo estuviera casado con doña Bienvenida Ricardo, tía de Balaguer por el lado materno, contribuyó a que lograra un nombramiento como Abogado del Tribunal de Tierras de Santiago de los Caballeros, y dejara la vacante de maestro a su hermana Emma. Recuerda Izquierdo Navarro que en la mayor parte de las ocasiones, quien decide el ascenso de un hombre no es su superior, sino la esposa de su superior.
De esa forma, Balaguer inició una carrera jurídica en defensa del Estado, noticia que de inmediato llegó al conocimiento de Trujillo, quien autorizó que al joven funcionario judicial se les diera participación en litigios de tierras de gran interés para el gobierno.
A pesar de su juventud, Balaguer demostró que era el más visionario de los colaboradores de Trujillo. Fueron muchos los intelectuales que de inmediato entraron en desgracia con el futuro dictador, porque no supieron moverse en ese nuevo escenario político donde toda la gloria debía reinar alrededor de un sólo hombre, y donde un grupito de espías y adulones se dedicaban a la tarea de poner en desgracia a todos aquellos que tenían virtudes superiores a ellos.
De tales bajezas fueron víctimas el expresidente Federico Henríquez y Carvajal y sus hijos Max y Pedro Henríquez Ureña. Esas personalidades prestigiaban al recién instalado régimen, pero sin embargo, fueron despedidos de sus cargos por chismografías carentes de sentido y de razón, que son muy comunes en la cultura del ejercicio del poder político en la sociedad dominicana.
Parece que en sus meditaciones diarias Balaguer decidió casarse con el poder político y básicamente con la administración pública, y para lograrlo, su primer paso fue interpretar la política como lo que es: la actividad humana donde fluctúan las luchas de intereses.
A Balaguer no le importaba el crecimiento, los alcances o el prestigio de los demás. Ocupaba su tiempo en perfilar su propia imagen, en lograr su propia superación, en alcanzar su propia gloria. Estaba seguro de que tarde o temprano el talento se impone. Para adentrarse y triunfar en la arena política renunció a sus atributos innatos de orgullo que habían moldeado su conducta hasta ese entonces.
A tiempo entendió que la contienda política es objetiva y real, diferente a las guerras poéticas que no son más que simples palabrerías. En el escenario de la política no podía actuar de acuerdo con el Paréntesis de su Tebaida Lírica. Todo lo contrario, debía revestirse de simulación y de otros atributos recomendados por Maquiavelo y Azorín para crecer en un terreno árido, venciendo a todas las malezas y espinas. Y así lo hizo.
Comenzó a cultivar la genialidad política, y siendo un joven adquirió ribetes de genio. Un genio -observa Georges Bernard Shaw-, es una persona que, viendo más lejos y calando más hondo que la demás gente, posee un arancel de valoraciones éticas diferente del común y tiene bastante energía para dar efecto a esta visión más profunda y a sus valoraciones en la manera que mejor conviene a sus peculiares talentos.
Estaba convencido de que Trujillo era un animal de rapiña que iba a convertirse en amo del poder luchando, venciendo y aniquilando. Por esa razón, en esa coyuntura no se manejó como el poeta soñador, no le convenía. Actuó como el visionario político que tenía los pies sobre la tierra. Parece que conocía la aseveración de Oswald Spengler, de que: El noble, el guerrero, el aventurero, viven el mundo de los hechos. El sacerdote, el sabio, el filósofo, viven en el mundo de las verdades.
