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Dr. Belarminio Ramírez Morillo
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jueves, 5 de agosto de 2010

Leonel: Creíble y Auténtico

POR BELARMINIO RAMIREZ MORILLO*

El doctor Leonel Fernández Reyna no es una réplica ni de Juan Bosch ni de Joaquín Balaguer. Aunque ha estudiado a ambos con mucha reflexión y detenimiento. Es recurrente en citar a Bosch. Se emociona cuando analiza el contenido de sus obras y las razones de índole histórica que tuvo el profesor para escribir a cada una de ellas. Es agradecido de Balaguer, en parte al caudillo reformista le debe su gloria política.

Leonel Fernández ha estudiado a Balaguer con perspicacia, lo que le ha servido de mucho, puesto que el estudio de Balaguer, debe ser el referente para el liderazgo del presente, como el estudio de Leonel Fernández será el referente para el liderazgo del futuro. Es un político auténtico, que ha desarrollado estilos y características propias. Fernández no es un imitador de ningún otro líder, ni tampoco se guía por un libreto tratando de interpretar qué harían otros en las crisis y situaciones difíciles que les ha tocado afrontar.

El presidente Fernández tiene una riqueza de la que carecen sus adversarios, y es su acervo cultural. Es portador de una riqueza de conocimiento que es el producto de una vida dedicada a la lectura. El encerramiento que implicó vivir parte de su niñez en los Estados Unidos contribuyó a que despertara en su persona un apetito voraz por leer todo material bibliográfico que llegara a sus manos. Aún con sus 56 años de edad, hace relatos de todo cuanto aprendió de la Revista Ahora, que cada semana compraba su madre Yolanda Reyna, y que llevaba al apartamento donde vivían en Nueva York. Leonel ha tenido la suerte de competir con políticos que comenzaron a leer después de ser candidatos, y por tanto, exhiben un temor, un miedo conceptual, comunican recetas.

El ciclo del caudillismo ilustrado será un proceso histórico con una característica muy particular, debido a que durante tres décadas compitieron –Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez- tres líderes con dominio de lo racional y lo emocional de forma inigualable. Para el estudio de la historia y los análisis de la política contemporánea, hubiera sido mejor, si el presidente Fernández contara con adversarios de su estirpe.

Los tres caudillos ilustrados en su niñez y juventud estudiaron las teorías políticas, pero sobre todo, a temprana edad, escogieron paradigmas. Leonel Fernández hizo lo mismo. En la campaña electoral del 2008 al candidato del PRD, ingeniero Miguel Vargas Maldonado una periodista le preguntó sobre sus pensadores y escritores favoritos, y quedó atrapado, no tuvo respuestas.

Usted le hace una pregunta de esa naturaleza a Leonel Fernández, y tiene que acomodarse en la silla, puesto que tiene una mente tan prodigiosa que no solo le habla de sus autores favoritos, sino que también, puede comentarle los textos leídos. Benjamín Disraeli dijo: “Nutra su mente con grandes pensamientos. Creer en lo heroico hace héroes.” Cuando los lideres de este estirpe entran en contacto con las masas o sostienen algún tipo de encuentro con los medios de comunicación, tienen una riqueza conceptual tan amplia, que el tiempo siempre resulta poco.

Algo que no sabe Leonel Fernández es que cuando él hace alusión a las virtudes y hazañas de Bosch y Balaguer, está exponiendo sus propias virtudes y grandezas. El auditorio lo escucha y automáticamente piensa en la conexión existente entre el joven Estadista y estos caudillos ilustrados. Howard Gardner (1998, p.25) hace un planteamiento interesante, cuando plantea que “los lideres transmiten sus historias con el tipo de vida que personalmente llevan y, mediante el ejemplo, procuran infundirlas a sus seguidores.” En la medida en que Leonel Fernández se ha convertido en un exponente del conocimiento y en promotor de la grandeza de los demás, se ha revestido de grandeza.

En el PLD hay dirigentes que permanentemente tratan de confrontar el estilo de Leonel Fernández con las enseñanzas políticas del fundador de ese partido, profesor Juan Bosch, y ese es un grave error. Percibo que todavía en algunos peledeistas existe resistencia en admitir la dimensión y el liderazgo de Leonel Fernández, y esta es la principal razón por la que tratan de confrontarlo con el prohombre, fundador de esa organización política y referente moral para todas las épocas y todos los tiempos.

El presidente Fernández no puede comportarse como si fuera una réplica o un imitador de Juan Bosch. Esto no es posible, puesto que ningún líder es igual a otro, y además porque estos liderazgos corresponden a épocas o estadios históricos distintos. Bosch, Balaguer y Peña Gómez fueron líderes ideales para la época de la Guerra Fría, en el ciclo del debate, la definición y las luchas ideológicas. Por sus atributos y grandezas se impusieron sobre los demás contendientes.

Leonel Fernández, por el contrario, es el modelo de liderazgo ideal para la era mediática, la sociedad del conocimiento, las tecnologías y la información. Por sus atributos y sus cualidades humanas, el liderazgo de Fernández ha sido dominante en el ciclo del post caudillismo ilustrado, y por el momento luce sin contendientes de su estatura.

Los caudillos eran centralizadores y con fuertes dosis de autoritarismo. El Presidente Fernández, por el contrario, busca crear un entorno donde las personas participen de verdad, sin la necesidad de ser controlados, que sepan lo que debe hacerse, y lo hagan. No busca obediencia ciega. Procura encontrar hombres y mujeres que por iniciativa propia anhelen hacer su trabajo, porque lo estiman y lo consideran una meta valiosa. Herb Kelleher (2009, p.62) aduce “siempre ha creído que el más servicial es el mejor líder. Y si eres servicial, no controlas”.

En el PLD hay dirigentes que jerárquicamente estaban por encima de Leonel Fernández en los años 80 y principios de los años 90 del siglo pasado. En principio, algunos de ellos ni siquiera mostraron interés en ser parte del primer gabinete en el periodo 1996-2000. Se percibe que dudaban que el joven gobernante pudiera dirigir con éxitos los destinos nacionales, o quizás, estaban siendo sacudidos por la inquina a que hace alusión el Padre de las Ciencias Políticas, don Nicolás Maquiavelo, en su obra El Príncipe.

Había razones para poner en duda que Leonel Fernández pudiera hacer un buen gobierno en su primer periodo. Era un hombre decente, educado, buen orador, que caía bien, pero no exhibía el currículo vitae que por lo regular tienen los presidentes. No había dirigido ninguna institución ni pública ni privada, en la que dejara constancia de su capacidad gerencial. No había sido legislador.

En el 1996, Leonel era un retrato de lo que fue Obama en el 2004 cuando entró en campaña electoral para el senado de los Estados Unidos. Obama (2007, p.21) relata: “Yo era un desconocido, un fenómeno puntual. Para los expertos políticos mi victoria no demostraba nada.” Esa misma percepción tenia parte de la intelectualidad y del liderazgo político sobre Leonel Fernández después de la victoria del 1996.

Cuando se produce ese tipo de fenómenos de personas sin herencia política que llegan a la cima, muchos comienzan a clamar por su fracaso. Tanto adversarios como aliados, inclusive personas de su misma organización política. La envidia es cónsona del ser humano. Obama (2007, p.51) cuando fue electo senador, relata un consejo que le dio el presidente Bush en una visita que hicieron los miembros del senado a la Casa Blanca: “Espero que no te importe que te dé un consejo. –Por supuesto que no, señor Presidente. –Tienes un futuro brillante- dijo-. Muy brillante. Pero llevo tiempo en esta ciudad y, permíteme que te lo diga, puede ser muy dura. Cuando llamas mucho a la atención, como la has llamado tú, la gente empieza a ponerte en su punto de mira. Y no será algo que venga sólo de mi lado, compréndelo. También vendrá del tuyo. Todo el mundo espera que tropieces, ¿sabes lo que quiero decir? Así que ándate con cuidado.”

Interesante consejo de Bush al senador Obama. Así mismo el Presidente Joaquín Balaguer aconsejó a Leonel Fernández cuando le traspasó el mando de la Nación en 1996.

Leonel Fernández actuó con humildad y paciencia. Ese joven Presidente, al igual que Balaguer no se inmuta. Entiende la naturaleza humana, ha leído las obras: El hombre mediocre de don José Ingenieros y el Arte de la prudencia de don Baltasar Gracián. Solo se remite a jugar con el tiempo, a esperar, a dejar que la historia y los ciudadanos hagan la evaluación justa de todos los actores políticos, de modo que cada quien termine colocado en el pedestal que le corresponde, y en efecto, así está sucediendo.

Ahora, Leonel Fernández, no solo es el líder máximo e indiscutible del PLD, sino que en las elecciones presidenciales del 2008 fue postulado por catorce partidos aliados, y todos quieren permanecer bajo la sombrilla de su liderazgo.

Fernández es uno de los pocos gobernantes de América Latina que llegó a la presidencia postulado por una alianza electoral o un Frente Amplio, y logró que el mismo se mantenga totalmente cohesionado. Es más, mejor lo amplió desde el poder, lo que significa que su estilo de dirigir es incluyente. Los partidos integrantes del Bloque Progresista dicen que su alianza es con el presidente Fernández.

Todos repiten: “Si Leonel no es candidato en el 2012, iremos con nuestras propias candidaturas.” Otros han dicho: “Si el candidato no es Leonel, tenemos que conversar de nuevo.” ¿Por qué se apegan a Leonel como persona y no a la organización que él preside?

Reaccionan de este modo, porque en Leonel Fernández es que confían. Hay una relación de confianza mutua entre Leonel y sus aliados. El líder es el depositario de la credibilidad. Hughes y otros (2007, p.524) subrayan que los dos componentes de la credibilidad son la experiencia multiplicada por la confianza.

En la relación que existe entre el presidente Fernández y sus aliados, cientos de miles de personas que depositan sus votos por él sin estar identificados con su partido, se consuma una mezcla de carisma y seducción. Robert Greene (2008, p.60) dice que “el carisma es la seducción de las masas. Los carismáticos hacen que las multitudes se enamoren de ellos y luego las dirigen. El proceso de conseguir que se enamoren es simple y sigue un camino similar al de la seducción uno a uno. Los carismáticos poseen ciertas cualidades que resultan muy atractivas y que los hacen destacar. Puede ser su confianza en sí mismos, su osadía, su serenidad. Mantienen misteriosa la fuente de estas cualidades. No explican de donde procede su satisfacción o seguridad, pero todos pueden percibirlas: se irradian hacia fuera sin que parezca un esfuerzo consciente.”

*EL AUTOR es escritor, abogado, politólogo y profesor universitario.

Balaguer y Leonel: hombres de Estado

POR BELARMINIO RAMIREZ MORILLO*


“El potencial de un líder se determina por aquellos que están más cerca de él. Lo que marca la diferencia es el círculo íntimo de un líder.” John Maxwell

En la sociedad dominicana construir un liderazgo político amerita de extraordinarios esfuerzos. En la era de la partidocracia en que vivimos se puede llegar a ser Presidente de una Nación, sin reunir los atributos elementales de un líder. En la República Dominicana existen de sobra ejemplos de esa naturaleza. También, se puede llegar a ser líder, pero a la vez fracasar cuando se llega al poder. John C. Maxwell señala “no es el tamaño del proyecto lo que determina su aceptación, apoyo y éxito, sino el tamaño del líder. Es por eso que digo que cualquiera puede gobernar un barco, pero se necesita que un líder planee la ruta. Los lideres que son buenos navegantes pueden llevar a su gente casi a cualquier parte.”

Ser un líder y al mismo tiempo un gerente eficaz, son cualidades que han reunido pocos en la historia dominicana. Albert J. Jovell (2007, pp.60-61) subraya que “el liderazgo no produce los resultados deseados sin la existencia de una buena gestión en la ejecución de las actividades. Una ejecución correcta permite a una organización alcanzar sus objetivos. Por otra parte, la gestión sólo puede ejecutarse si existe una visión, una misión y unos valores explícitos que permitan al gestor determinar prioridades en las estrategias que se orientan a conseguir sus objetivos. En este sentido, todo líder ha de tener algunas de las cualidades propias de un gestor y todo gestor ha de saber liderar procesos de ejecución, pero es muy difícil ser gestor y líder al mismo tiempo. Esta dificultad para conciliar la gestión con el liderazgo viene en parte determinada por lo difícil que resulta para un ser humano dedicar la misma atención a las necesidades y resultados a alcanzar en el presente inmediato, y a las necesidades y resultados potenciales a conseguir en el futuro.”

El liderazgo, como plantea James M. Kouzes (2009, p.55), “es un proceso, no un cargo. Es un conjunto de habilidades y prácticas que todos pueden observar, entender y aprender en cualquier nivel de la organización,” pero que en la práctica, no todos aprenden y desarrollan. Se es líder, no porque tu crea que lo es. Debe serlo en la vida real y cotidiana. Debe sentirlo y aplicarlo. Los demás deben percibirte como tal.

Los líderes reúnen una serie de atributos, que a simple vista, hacen que sobresalgan sobre los demás. Por lo regular, son visionarios, su accionar está focalizado al alcance de una misión, -o sea que no buscan el poder pura y simplemente por un deseo vago y vanidoso de convertirse en los personajes más poderosos de la Nación-. Tienen pudor, vigor, carisma, magnetismo, corazón, sentido común, y lo más importante aún, se desenvuelven dentro de una escala de valores.

Cuando un líder adquiere la categoría de Estadista, su estatura es mucho mayor. No existe ningún título de universidad, certificado o resolución de las cámaras legislativas que especifique cuales presidentes de la República son estadistas y cuáles no. Esta identificación, apreciación o valoración se les ha dado a muy pocos presidentes en la historia dominicana, ya que gobernantes hemos tenido muchos, pero que hayan escrito su nombre con tinta indeleble en el tribunal de la historia, que hayan dejado su impronta en la geografía nacional y en las instituciones públicas, hemos tenido pocos.

Estadistas son aquellos que trascienden las fronteras del presidente común y corriente, y que han llevado a cabo una obra bienhechora, que les hace dignos de considerarlos como modelos o paradigmas a seguir. Estos prohombres se ganan el respeto y la admiración hasta de sus propios adversarios.

Una cualidad de los hombres de Estado que actúan dentro de los valores de la democracia, es que sienten respeto por sus adversarios, e inclusive por sus críticos más descarnados. Noté que Balaguer sentía respeto por José Israel Cuello y el padre Roble Toledanos, entre otros, quienes eran críticos filosóficos de su régimen y de su liderazgo. Percibo en Leonel Fernández una actitud similar, cuando está frente a sus adversarios pasionales actúa de forma amable, serena y cordial como si estuviera al frente de sus mejores amigos.

Este tipo de líderes, con ese trato confunden a los adversarios y hacen que estos se ahoguen en su propio manantial de odio. Estos liderazgos están conscientes de que es importante tener ese tipo de oposición, puesto que de los labios de estas personas salen informaciones importantes de los desafueros que comenten los allegados a todos los lideres, temas que jamás les son tratados a los líderes por sus seguidores. Además, como plantea Maxwell (2008, p.14) “la naturaleza humana parece dotarnos de la capacidad de evaluar a todo el mundo, menos a nuestra persona.”

Un dirigente del Movimiento al Socialismo, de Venezuela, me contó en 1990, mientras estudiaba formación política en ese país, que un día se presentaron a la oficina de don Rafael Cardera para proponerle que aceptara ser postulado candidato presidencial por ese movimiento político, y cuando estuvieron frente a él no sabían cómo pedírselo. Cardera inspiraba tanto respeto, era tan grande, que cuando se vieron frente a su persona, no le salían las palabras. Científicamente, todavía no ha sido posible definirlo, pero los grandes líderes poseen a veces, una especie de misterio.

Don Max Puig, Presidente del Partido Alianza por la Democracia, me contó que siendo senador de la República en representación de la provincia de Puerto Plata, un día visitó a Joaquín Balaguer en su residencia para tratar un tema relacionado con el medio ambiente, y al saludarlo Balaguer le dijo: “Senador, dicen que dos montañas no se juntan, pero usted y yo estamos juntos conversando en esta habitación”.

El sociólogo Max Puig me relató que cuando se despidió de Balaguer, del político conservador, a quien él, como dirigente de izquierda había adversado en todos los terrenos, en unos cuantos minutos de conversación, cambió totalmente su percepción.

Un día también, vi al entonces Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo en el Gobierno de Hipólito Mejía, doctor Guido Gómez Mazara entrar a la habitación de Balaguer, en su residencia de la Máximo Gómez 25, y el Guido Gómez que entró no fue el mismo Guido Gómez que salió. Al entrar a la reunión su rostro parecía tenso y angustioso, y cuando salió del encuentro, lucia alegre y relajado como si hubiera dejado una carga emocional en el lugar.

En varias ocasiones me he detenido a observar al Presidente Leonel Fernández conversar con personalidades diversas, y me he dado cuenta, que a este hombre, las personas ya no simplemente lo siguen, sino que también lo aman. A pesar de su juventud, tiene ya un poder paternal, similar al que tenía Joaquín Balaguer, una conexión con los ciudadanos y ciudadanas, y cuando este vinculo se construye, los liderazgos se eternizan. Pienso que el liderazgo de Leonel Fernández se encamina a lograr una transición que no pudo lograr el liderazgo de Balaguer, y es convertirse en un líder de líderes.

El caudillo reformista fue un líder de seguidores, y cuando debió actuar como un líder de líderes, no lo hizo, y entonces produjo una involución en su partido. La emergencia de Luis Toral, Johnny Jones y Ramón Rogelio Genao, muchachos sacados de la nada para ponerlos al frente del PRSC, fue para quitarle fuerza al liderazgo de relevo. Esta fue una de las razones por las que el PRSC no pudo sobrevivir a la muerte de su líder: La entidad desde hacia varios procesos venía siendo gerenciada por dirigentes que eran personas buenas, pero carentes de legitimidad, de un respeto que se consigue sólo con el trabajo y que se gana con el tiempo. El presidente Fernández siente mucho respeto por el trabajo de los dirigentes del PLD.

En la Cuarta República, en la que se inicia luego de la salida de las tropas de ocupación de los Estados Unidos de Norteamérica en 1965, apenas hemos tenido cinco (5) presidentes, debido al liderazgo prolongado de Joaquín Balaguer, quien gobernó 22 años en ese estadio de la historia, y el presidente Leonel Fernández, su relevo y heredero que se encamina al cumplimiento de su tercer periodo (12 años). Los demás presidentes, electos por el voto popular, han sido: Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía.

Los tres presidentes nominados por el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) no terminaron bien, no dejaron una obra trascendente, ni tampoco un legado. Por tanto, no son presentados como paradigmas ni siquiera por los candidatos presidenciales de esa organización política.

Joaquín Balaguer dejo una obra imperecedera que lo inmortaliza, y Leonel Fernández, a pesar de su juventud, con apenas 56 años de edad, cuatro años menos que los que tenía Balaguer en 1966, cuando ganó sus primeras elecciones, se encamina por la misma trayectoria. Balaguer fue el referente no solo de Leonel Fernández Reyna, sino también del ingeniero Hipólito Mejía, quien en determinadas ocasiones rindió tributos al autor de La marcha hacia el capitolio. En síntesis, hasta ahora, el galardón asegurado de estadista en la Cuarta República, lo tiene Joaquín Balaguer, proclamado Padre de la Democracia Dominicana, a unanimidad, por los legisladores de todos los partidos políticos en el 2002.

Leonel Fernández, es bastante joven, aún gobierna, está todavía en la fase de crecimiento político. Hasta ahora se ha colocado a la altura de la Primera Magistratura de la Nación, con su altruismo excepcional, civilista, deferente, educado, decente, humilde y sencillo. Se ha ganado el aprecio, respeto y consideración de la inmensa mayoría de los dominicanos, ningún otro gobernante como él, había tenido niveles de aprobación tan altos, pero tampoco, ningún otro gobernante dominicano como él, había recibido tantos reconocimientos de sus colegas presidentes de América Latina y del mundo.

Leonel Fernández es el único de los líderes del pos caudillismo ilustrado que logro que su imagen positiva se convirtiera en reputación. El punto está, y es lo que lo hace más implacable, más invencible y más poderoso frente a sus adversarios, en que el fundamento de su liderazgo radica en su credibilidad. Las personas no solo lo siguen a él, a su persona, sino también a su mensaje. Los demás políticos lucen pobres y vacios frente a él, y esa es una debilidad que jamás podrán superar, puesto que el conocimiento no se compra en farmacias y supermercados. Pueden leer todos los libros del mundo y hacerse asistir de los mejores asesores y consultores, y no podrán alcanzarlo, porque la formación de un gobernante, lo que define su personalidad se adquiere antes de los 25 años de edad. Ahí es cuando verdaderamente se construyen los sueños.

De proseguir sembrando su legado y cultivando sus enseñanzas, estamos en presencia de un gobernante, que podría convertirse en el Estadista modelo del siglo XXI dominicano, y que inclusive será un candidato a considerar para presidir a la Organización de los Estados Americanos (OEA) o cualquier otro puesto dentro de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

En 1987, el doctor Juan Arístides Taveras Guzmán publicó un libro con un titulo interesante: La Cuarta República, la de Balaguer. Hasta el momento la historia dominicana para su estudio, es dividida por algunos historiadores en cuatro ciclos o estadios tomando como parámetro el momento histórico en que se recobra la soberanía nacional. La Primera República comienza con la Independencia y termina con la Anexión a España; la Segunda República comienza con la Restauración y termina con la Ocupación Norteamericana de 1916; la Tercera República comienza con la desocupación en 1924 y termina con la Intervención Norteamericana de 1965, y la Cuarta República se inicia con la desocupación de las fuerzas norteamericanas de 1965.

El planteamiento del doctor Taveras Guzmán es fácilmente entendible, ya que de los veinte años de historia de la Cuarta República, en ese momento en que él publicó el libro, Balaguer había gobernado doce, y acababa de dar inicio a un nuevo periodo de gobierno que terminaría en el 1990, o sea que de 24 años de historia republicana, al régimen del estadista les tocaban 16. Balaguer logró perpetuarse en el poder por tres periodos más después de su retorno en 1986.

La tesis del doctor Juan Arístides Taveras Guzmán, ahora necesariamente debe ser reformulada, puesto que la Cuarta República, no es solo la de Balaguer, es también, la de Leonel Fernández, quien a pesar de su juventud, gobierna su tercer periodo, igualando al Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Según el doctor Taveras Guzmán tuvo esa acertada visión, así mismo se percibe claramente que a Leonel Fernández le quedan varios periodos más de gobierno, por lo que adquiere vigencia la tesis del historiador Miguel Ángel Monclus, de que la historia dominicana puede estudiarse a través de la lectura de las biografías de sus líderes, y yo agrego, de sus estadistas. Afirmo sin temor a ningún tipo de equivocaciones que sin Balaguer y sin Leonel la República Dominicana hubiera sido otra. Ni en términos políticos, ni económicos nos hubiéramos colocados como Nación en el lugar privilegiado que estamos hoy en América Latina y el Caribe.

Los intelectuales del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) han sido muy tímidos en conceptualizar sobre el liderazgo y la dimensión de la obra de gobierno de Leonel Fernández. En ningún gobierno como en el del PLD la intelectualidad había tenido una participación tan significativa en el Estado. Me llama a la atención el hecho de que el primer estudio profundo sobre el legado de Leonel Fernández fuera escrito por un extranjero, y no por un intelectual dominicano. El lunes 15 de marzo del 2010, en el auditorio de la Fundación Global Democracia y Desarrollo fue presentado el libro “Caribeña Crusader: Leonel Fernández and the transformation of the Dominican Republic” de Ronald M. Schneider, Profesor Emérito de Ciencia Política en Queens College, City University of New York. Esta es una obra extraordinaria que debe convertirse en un estimulo a la intelectualidad dominicana.

Desde mi punto de vista, este hecho se debe a dos razones: Primero es posible que los intelectuales del PLD o los allegados del presidente Leonel Fernández estén muy ocupados en los puestos públicos que se desempeñan; y Segundo, es posible que le tengan miedo a la agresiva maquinaria propagandística y métodos que utilizan los intelectuales y comunicadores allegados al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), quienes satanizaron a Balaguer, y han intentado construir una imagen negativa de Leonel Fernández, por el hecho de que heredó el voto balaguerista. Existen círculos de opinión en la República Dominicana que no tienen ningún tipo de consideración con los intelectuales que no compartan sus intereses y sus puntos de vistas.

Joaquín Balaguer, en donde quiera que esté, deberá sentirse satisfecho por la labor ejecutada por el presidente Leonel Fernández. No hay dudas de que el caudillo reformista, tuvo un gran acierto con darle su apoyo en el proceso electoral del 1996. Las personas del pueblo asimilan a Leonel como un discípulo de Balaguer, como su heredero, y tienen razones para pensar de ese modo, ya que entre los dos personajes existe un don natural. Nunca olvido, un domingo del mes de abril del 2004 en que visité a mi madre, Maximinia Morillo, que estaba en la casa de mi hermano Manuel Ramírez en la carretera de Mendoza del Municipio Santo Domingo Este. En el programa Proceso producido por Danny Alcántara, transmitido en ese entonces por Tele micro, canal 5, estaban pasando las reseñas de las actividades políticas del fin de semana, y mi madre una mujer evangélica que vive un mundo desconectado de la política, al ver las reseñas de las actividades del PLD, dijo: “Ese hombre está poseído del espíritu de Balaguer”.

Joaquín Balaguer y Leonel Fernández tienen estilos distintos con respecto a la protección de los funcionarios ante los errores y las críticas de la opinión pública. Balaguer, aunque sentía afectos y cariño por sus colaboradores, lo quitaba de los cargos con facilidad. Mandar a un funcionario para su casa o trasladarlo, era para Balaguer, algo normal. Con él nadie estaba seguro, y por tanto, todos sin excepción hilaban fino con sus comportamientos.

Cuando el liderazgo afectivo sobreprotege a colaboradores que no lo merecen, al mismo tiempo está descuidando el valor de los seguidores ejemplares. Actuar incorrectamente, debe tener un costo, como también, actual de manera ejemplar, debe tener un reconocimiento, una valoración. Como aconseja Hughes (2007, p.25) “los seguidores ejemplares con elevadas dimensiones de seguimiento son esenciales para el éxito organizacional. Los líderes, por tanto, harían bien en seleccionar personas que tienen estas características y, quizá de mayor importancia, crear las condiciones que alientan estos comportamientos.”

Balaguer ante su avanzada edad y la carencia de vista, se dio a respetar, porque no dudaba en destutanar a cualquier funcionario. No importaba su jerarquía. Cuando la opinión pública se volcaba en contra de un funcionario, y el gobernante comprobaba que había cometido faltas, lo sacaba, pero primero daba a entrever que actuó movido por el clamor popular. Los Césares en el Imperio Romano utilizaban mucho esa técnica. Balaguer comprendía la función del teatro en la política, y las inauguraciones y encuentros con la prensa abría un espacio para que los líderes cristianos y comunitarios se expresaran sin ningún tipo de temor, denunciaran anomalías y disgustos con las gestiones de algunos funcionarios. Balaguer montaba un teatro, ya que por lo regular, de antemano era conocedor de cada situación, pero prefería dar la impresión de que se enteraba por esas vías y en esos momentos.

El Presidente Fernández, por el contrario, es más cauto en quitar un funcionario, a veces inclusive, ignora a la opinión pública. Con su estilo, en ciertas medidas les lleva confianza y estabilidad a sus colaboradores, pero se olvida de que no todas las personas son merecedoras de confianza extrema. Maxwell (2008, p.87) dice “si desea saber si un líder es exitoso y eficaz, no mire ni escuche al líder. Sencillamente mire a su gente.” Los funcionarios eficaces procuran interpretar la visión del líder para que sus actuaciones sean cónsonas con esta. Los funcionarios eficaces saben que actuando correctamente están cuidando la imagen del líder y la reputación del régimen a que sirven.

Además de inmensos, Balaguer y Leonel han tenido la suerte a su favor. El emperador Napoleón Bonaparte dijo: “Todo lo que soy se lo debo a mi estrella.” Joaquín Balaguer dijo: “Yo solo soy un instrumento del destino.” El presidente Fernández no se ha proclamado destinista, pero sin lugar a dudas es un personaje con suerte. Para alcanzar la cima no basta con ser grande, es necesario también tener el viento a su favor. José Francisco Peña Gómez es uno de los líderes más extraordinarios del siglo XX latinoamericano, y sin embargo, no pudo llegar a la presidencia de la República, galardón que fue alcanzado por Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía, postulados por el partido del cual él era su máximo líder.

A Leonel Fernández, hasta el momento todo le ha salido bien. Les llegó la presidencia de la República en 1996 sin haber tenido que librar una gran batalla. Retornó al poder en el 2004 de una forma tan fácil como nadie lo esperaba, ya que la crisis económica en que se sumergió el país como consecuencia de la crisis bancaria del 2002 sacó de circulación al presidente Hipólito Mejía y al PRD. En el 2008 ganó fácil, puesto que había llevado a cabo una excelente gestión, pero a la vez, compitió con un candidato inferior –el ingeniero Miguel Vargas Maldonado-, y a la vez todavía los electores tenían frescos en sus mentes los recuerdos trágicos de la debacle económica del gobierno de Mejía.

Los vientos siguen aún soplando a favor del presidente Leonel Fernández. El escenario político luce despejado a su favor. Todo depende de que el PLD entienda la coyuntura histórica que tiene en frente y le abra el camino al único líder que tiene el país para que siga cumpliendo con la misión que le encomienda el destino.

Bibliografía consultada

Maxwell, John C.: Las 21 cualidades indispensables de un líder, Editorial Caribe, 2000, Estados Unidos de América.

Maxwell, John C.: Las 21 leyes irrefutables del liderazgo, Estados Unidos, 2007, Grupo Nelson.

Maxwell, John C.: Liderazgo, principios de oro, Estados Unidos, 2008, 4ta reimpresión, Grupo Nelson.

Jovell, Albert J.: Liderazgo afectivo. España, 2007, Alienta Editorial.

Kouzes, James M: Descubre tu voz de líder, en De Líder a Líder. Ediciones Granica, 2009.

Taveras Guzmán, Juan Arístides: La IV República -La de Balaguer-, Santo Domingo, R.D., 1987, Editora Corripio.

Hughes, Richard L., Ginnett, Robert C. y Curphy, Gordon J.: Liderazgo –Cómo aprovechar las lecciones de la experiencia-. 2007, quinta edición, editorial Mc Graw Hill.


*EL AUTOR es escritor, abogado, politólogo y profesor universitario. Reside en Santo Domingo.

Leonel: Un liderazgo visionario

POR BELARMINIO RAMIREZ MORILLO*


Dudo que en América Latina exista otro gobernante que tenga una visión de futuro tan objetiva y cierta como la del presidente Leonel Fernández. Todos los líderes saben dónde estamos, pero son muy pocos, dentro de los cuales se encuentra el presidente Fernández, que saben hacia dónde vamos. En su primer gobierno, el Presidente Leonel Fernández fue víctima del chantaje de la partidocracia. Fue muy difícil para el Partido de la Liberación Dominicana gobernar con apenas un senador y unos cuantos diputados. Todas las iniciativas de leyes del Poder Ejecutivo debieron ser negociadas con los partidos de oposición.

El Presidente Fernández lidera con el ejemplo y transmite una visión de futuro con una intención clara y posible. John P. Kotter en su estudio titulado Provocar cambios (2009, p.99) plantea que “para ser eficaces y guiar el proceso de toma de decisiones, las visiones de futuro deben ser acotadas pero también flexibles: acomodar las iniciativas individuales y las circunstancias cambiantes.”

Como no tenia Congreso, el presidente Fernández activó la organización social y creó un órgano enlace entre el gobierno y la sociedad civil organizada que recibió el nombre de Oficina del Diálogo Nacional. Fue una actitud inteligente, puesto que era necesario incrementar los niveles de legitimidad del gobierno y de sus actuaciones.

El mayor aliado de Leonel Fernández en el camino que se había propuesto recorrer era su gran confianza en sí mismo. Estaba convencido de que las virtudes de la integridad, la iniciativa, la decencia, la dedicación, la entereza, la humildad, que había asimilado en su vida, eran precisamente los remedios para los males que afligían a la República Dominicana. Estuvo claro en que el bienestar de la Nación iba a depender mucho de su visión, y su visión no podía ser una perspectiva extraña de lo que él era, y de lo que había sido su vida.

Leonel Fernández es presidente del principal partido de la nación (PLD), y a la vez, en las elecciones del 2008 fue postulado por catorce partidos, pero él se mueve más allá de los partidos, procura siempre crear escenarios de discusión de los temas de interés nacional donde participen empresarios, iglesias, sindicalistas, universidades y todo el abanico de instituciones de la sociedad civil.

Es visionario, tiene un diagnóstico del futuro que aspira a construir. A esa visión le da un sentido de misión, tiene propósitos, tiene una razón de ser que va mucho más allá del simple deseo de ser gobernante. La misión como plantea Peter M. Senge, en su análisis titulado Práctica de la innovación (2009, p.79), “suministra una orientación, no un detalle de logros. Define una dirección, no un destino. Dice a los miembros de una organización por qué trabajan juntos y cómo intentan contribuir en el mundo. Sin un sentido de misión no hay fundamento para establecer por qué algunos resultados son más importantes que otros.”

Leonel Fernández ha identificado los desafíos cruciales de la economía, del sistema político y de la sociedad dominicana en su conjunto. En todas las esferas del Estado ha motorizado un proceso continuo de cambio en múltiples facetas. La extraordinaria obra de gobierno que ejecuta y los cambios estructurales e institucionales que ha promovido, muchos de los cuales están consagrados en la nueva constitución, son una señal obvia de que él tiene una visión, un plan, un propósito, que no necesariamente es conocido y compartido por su partido político y por las mayorías de sus funcionarios. El Presidente Fernández sabe con precisión hacia donde se dirige la Nación, pero ni el PLD, ni las mayorías de los funcionarios de su gobierno pueden asimilar con profundidad su pensamiento y moverse al ritmo de su velocidad conceptual.

El líder para ser eficaz debe mirar mucho más allá de las paredes de su empresa y de su organización. Deben entender el hoy y visualizar el mañana y el pasado mañana. Fernández está totalmente consciente del impacto que tendrá en el sistema político la creación de una serie de instituciones como el Plebiscito, el Referéndum, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Superior Electoral, el Tribunal Administrativo, el Consejo del Poder Judicial, el Defensor del Pueblo, el Presupuesto Participativo y el Consejo Económico y Social, entre otros. Solo hay que leer su libro El nuevo paradigma, escudriñar sus discursos y sus ponencias en la Fundación Global Democracia y Desarrollo, para conocer lo que hay en su interior.

Leonel Fernández sabe muy bien que este proceso por él estimulado conducirá a una concertación entre la partidocracia y la sociedad civil, a un real y verdadero tránsito de la democracia representativa a la democracia participativa, donde el liderazgo necesariamente deberá ser incluyente, portador de habilidades y destrezas para organizar social y comunitariamente a los ciudadanos, y luego activarlos y movilizarlos para que sean agentes activos en la gobernabilidad y búsqueda de solución a los problemas de las comunidades. Ahí nos encaminamos desde el momento en que todas estas instituciones incorporadas a la Carta Magna en la reforma del 26 de enero del 2010 entren en vigencia.

Cuando se estudia el pensamiento de Leonel Fernández, es fácil percibir su estilo de líder educador interesado en edificar a los ciudadanos en el enfoque de que los problemas de la sociedad, sin importar su dimensión y gravedad, pueden ser solucionados por el conjunto social. Es una persona mentalmente activa. Lector agudo de literaturas recientes, lo que le mantiene actualizado. Se dice de Balaguer que descansaba de las jornadas cotidianas de dirigir el Estado, leyendo en su biblioteca, y la verdad es que Leonel Fernández, parece que se relaja y renueva sus energías participando en los foros que se llevan a cabo en FUNGLODE. Los verdaderos liderazgos tienden a tener comportamientos extraños, esto los hace diferentes al resto del conglomerado humano, y por tanto, son más admirados.

Posiblemente, la Constitucion del 2010 sea el logro más significativo y trascendente del liderazgo político en el siglo XXI dominicano, y cuando este acontecimiento sea validado por el tribunal de la historia en su justa dimensión, el nombre del presidente Leonel Fernández será colocado en un pedestal, puesto que sin duda alguna, el gobernante fue su principal arquitecto. Arribar a ese producto normativo de forma consensuada, sin que fuera ni siquiera necesaria la mediación de la Iglesia Católica para lograr que los dos principales líderes políticos de la nación –Leonel Fernández y Miguel Vargas Maldonado- pactaran los puntos que tenían empantanado el proceso, es un mensaje de madurez política que no había mandado el liderazgo dominicano, nunca antes, en el pasado histórico.

Cuando el liderazgo es impulsado por una misión, difícilmente se detiene, puesto que como aduce Peter M. Senge (2009, p.80) “la piedra angular de un genuino sistema democrático de gobierno no es el voto u otro mecanismo singular: es la creencia en que el poder, en último término, surge de las ideas, no de la gente. Basarse en una misión es ser genuinamente democrático, es decir, dar más importancia a la misión que al jefe, a lo que muchas organizaciones cumplen… Basarse en una misión, en una escala de valores, es defender parámetros de excelencia con que se puede compulsar la conducta de cualquiera. Además, el vocablo misión es intrínsecamente impreciso y abstracto. Es mucho más fácil tomar decisiones apoyándose en números, hábitos o emociones no analizadas. Basarse en una misión obliga a pensar sin tregua.”

El Presidente Fernández ha sido un educador del pueblo dominicano. Es el político dominicano más recurrente en utilizar la palabra futuro. “Llegó el momento de que todos los dominicanos y dominicanos sean arquitectos de su propio destino”. Esa es una frase de fuerte y profunda dimensión. Es un constructor de sueños, consciente que sólo triunfa quien aspira a triunfar. Estimula los sueños en el conocimiento, en el deporte, en el arte. Por eso premia a los más sobresalientes y meritorios.

El presidente Fernández acuñó las palabras “cambio” y “futuro” como elementos centrales de su discurso. Howard Gardner y Emma Laskin, en su obra extraordinaria Mentes Lideres –Una anatomía del liderazgo-, (1998, p.376) puntualizan, que “un líder debe tener una historia o mensaje central. En un grupo amplio y heterogéneo, es más probable que la historia sea eficaz si puede interpelar directamente a la mente no formada: la mente que se desarrolla de forma natural en los primeros años de vida de los niños sin la necesidad de educación formal. Las historias deben abordar el sentido de identidad individual y grupal, “nosotros” y “ellos”, aunque dicho sentido en realidad puede quedar ampliado o restringido por la historia. No solo deben ofrecer antecedentes, sino que deben ayudar a los miembros del grupo a construir futuras opciones.”

Cuando analizo las ejecutorias del gobierno que preside Leonel Fernández, percibo un objetivo directo en su accionar de mandar un mensaje claro de cambio, no solo a los jóvenes, sino también a los niños. En el 2004, Fernández comenzó a cosechar lo que sembró en el periodo 1996-2000, y en períodos futuros cosechará lo que está sembrando en los niños del presente. Para que su visión sea más completa, el Despacho de la Primera Dama, bajo las orientaciones precisas de la doctora Margarita Cedeño de Fernández, ha logrado colocar en las mentes de los dominicanos un mensaje que procura construir un mejor porvenir apoyado en los valores de la familia.

Senge (2009, p.88) subraya que considerados en conjunto, misión, visión y evaluación generan una ecología, unas relaciones fundamentales que constituyen el cimiento del liderazgo real. Estas herramientas permiten que las personas, sin que importe su titulo ayuden a modelar el futuro. Barack Obama en su obra La audacia de la esperanza (2007, p.158) puntualiza que lo que nos impide dar forma a ese futuro no es la falta de ideas, sino la falta de compromiso nacional para adoptar los difíciles pasos que hay que dar.

El Presidente Fernández ha tenido la suerte de percibir los buenos resultados de su visión. Su visión ha sido efectiva tanto en lo político como en lo económico. Sus triunfos electorales y los altos niveles de agrado que tiene como liderazgo se deben fundamentalmente a que las familias viven mejor. El Estado Social de Derecho ha traído justicia social. Cuando se evalúan los alcances de los programas de asistencia social: Solidaridad, Desayuno Escolar, bono gas, comunidad digna, entre otros, se colige que millones de familias pobres que 20 años atrás no recibían prácticamente nada del Estado, ahora están siendo asistidos mensualmente. John P. Kotter (2009, p.101) aduce que la mayoría de los lideres invierte enormes talentos, energías y preocupación en su esfuerzo por cambiar, pero pocos ven los resultados que esperaron.

El siglo XXI es para líderes visionarios, debido a que los pueblos y el mundo van cambiando a una velocidad rápida. Hemos salido de los ciclos estáticos que vivió la humanidad en el pasado. Las nuevas tecnologías han inducido celeridad en todo, comenzando por el conocimiento. Algunos alumnos me dicen: “Profesor como que Obama y Leonel Fernández se parecen.” Yo le contesto: “Como se parecían Franklin Delano Roosevelt, Charles de Gaulle, Winston Churchill y Konrad Adenauer.” Esto es así, puesto que cada estadio de la historia demanda de un liderazgo con ciertas particularidades. Observé detenidamente las imágenes del encuentro entre Barack Obama y Leonel Fernández sostenido en el mes de Julio del 2010 en la Casa Blanca en Washington. Ambos aparecen relajados, conversando dinámicamente e inclusive riendo hasta más no poder. A simple vista se percibe que estos personajes hacen buena química.

Es verdad que existe un parecido entre Barack Obama y Leonel Fernández, pero este parecido no es sencillamente de imagen física o de color, que es lo que la mayoría pueden percibir. El parecido es de visión. Ambos líderes han puesto su mirada en el futuro y se han trazado como propósitos guiar a sus pueblos hacia metas específicas.

El liderazgo del pasado, a grandes rasgos, era conservador. Su mística fundamental era preservar el orden público, garantizar el statu quo. Pretender ser muy visionario y dar señales de querer cambiarlo todo de la noche a la mañana, le costó su carrera a muchos líderes de cualidades extraordinarias. El liderazgo del presente tiene que viajar mentalmente a la velocidad de un rayo, porque el mundo está cambiando muy rápido. En términos tecnológicos de 1980 hasta la fecha se ha avanzado más que todo lo logrado desde el origen del hombre hasta ese entonces.

En un memorable discurso pronunciado en Springfield, Illinois, el 10 de febrero del 2007, en momentos en que la economía de los Estados Unidos se caía a pedazos y la población se ahogaba en la desesperación y la incertidumbre, Obama dijo:

“Si os unís a mí en esta aventura improbable, si sentís que os llama el destino y veis, como yo veo, extenderse ante vosotros un futuro de posibilidades sin límite; si sentís como yo siento, que ahora ha llegado el momento de sacudirnos la inercia, de hacernos del miedo y de cumplir la obligación que debemos a las generaciones pasadas y futuras, entonces estoy listo para aceptar la causa, caminar con vosotros y trabajar con vosotros. Juntos, empezando hoy mismo, finalizaremos el trabajo y marcaremos el comienzo de un nuevo nacimiento de libertad en esta Tierra…”

El 30 de agosto del 2003, momentos en que la República Dominicana vivía una crisis económica sin precedentes, en su discurso de proclamación como candidato presidencial del PLD, Leonel Fernández dijo:

“Compañeras y Compañeros, el pueblo dominicano puede mirar hacia el futuro con esperanza y optimismo, porque en toda la historia nacional no ha habido un solo momento en que nuestro pueblo no haya podido superar sus adversidades y colocarse por encima de sus infortunios. No ha habido un solo momento en más de ciento cincuenta años de vida republicana, un solo instante, en que no hayamos vencido nuestras desgracias y sofocado nuestras calamidades.

La crisis actual que estamos padeciendo, también será superada. Será superada con la inteligencia, el trabajo y la perseverancia del pueblo dominicano. Pero además, con la visión, el sacrificio, la prudencia y la experiencia que ya tienen en el arte de gobernar muchos hombres y mujeres de la República Dominicana.”

El triunfo de Barack Obama y de Leonel Fernández no es el resultado de una casualidad histórica. Han triunfado porque ellos encarnan el perfil del liderazgo que demandan los tiempos actuales. Estos liderazgos dividen las historias de sus respectivas naciones en un antes y un después. Ambos sin proponérselo pondrán en retiro a una camada de políticos que venían preparándose para Presidentes, pero que ahora no tendrán espacio. Las gentes no pondrán las miradas en ellos, porque en un abrir y cerrar de ojos se han vuelto obsoletos.

Dudo que en América Latina exista otro gobernante que tenga una visión de futuro tan objetiva y cierta como la del presidente Leonel Fernández. Esto hay que decirlo aunque muchas personas sufran y le duela, a pesar de que se benefician del desempeño eficaz de su liderazgo. Quien tenga alguna duda al respecto, solo tiene que escuchar la conferencia que dictó en la Universidad de la Habana, Cuba, en Julio del 2010, donde hizo una conceptualización magistral sobre la revolución del futuro, sobre el nuevo orden sociopolítico y económico que resurgirá como resultado de la crisis financiera global que se agudizo a partir del 2007. Todos los líderes del Continente saben dónde estamos, pero son muy pocos, dentro de los cuales se encuentra el presidente Fernández, que saben, hacia dónde vamos. Obama y Leonel representan paradigmas de liderazgos. Son líderes del presente que ejecutan la misión de ser arquitectos del futuro. Están locos quienes piensan que este pueblo volverá a poner la mirada en Hipólito Mejía después de estas fructíferas gestiones del presidente Fernández. Es como pensar que Bush (hijo) volverá a la presidencia de los Estados Unidos. ¿En que cabeza puede caber eso?


*EL AUTOR es escritor, abogado, politólogo y profesor universitario