Balaguer aceptó con frialdad los reproches al libro y su cancelación. Balaguer aceptó con frialdad los reproches al libro y su cancelación.
(Sexto Paso: Utilizó el recurso tiempo como arma política)
Balaguer manejó muy bien todo el escándalo suscitado con la publicación del libro Trujillo y Su Obra. Es posible que una persona sin sus cualidades hubiera asumido una actitud de desbordamiento verbal. Mientras Bazil envió un cable diciendo que escribió prólogo, pero no leyó libro. Balaguer aceptó con frialdad los reproches al libro y su cancelación.
Desde ese momento empezó a emplear con éxito el recurso tiempo. En lo adelante utilizó ese recurso como su principal arma para vencer a sus adversarios.
Nadie, absolutamente nadie, estaba en capacidad de predecir cómo y cuándo reaccionaría Balaguer ante un acontecimiento. Balaguer demostró ser inteligente y diligente. Actuó con calma, sabía lo que estaba haciendo. Procedió con cautela.
El 25 de septiembre de 1934, Balaguer fue informado de que Trujillo le había perdonado y podía reintegrarse a su trabajo, pero de toda forma, debía enviar los libros, y estos fueron quemados inmediatamente llegaron a territorio dominicano.
Si antológica es la carta de Balaguer a Logroño de fecha 22 de septiembre, mucho más antológica es la carta remitida por Balaguer a Trujillo el 24 de septiembre.
En una extensa comunicación de cinco páginas, Balaguer explicó a Trujillo de forma detallada el contenido y el objetivo perseguido al insertar en la obra un capítulo sobre las virtudes del licenciado Estrella Ureña. De forma precisa, le manifestó que personas amigas hicieron una interpretación superficial y mal intencionada del libro. A pesar de los aprietos y sinsabores, el joven diplomático siguió su rutina de trabajo como si nada hubiera pasado. Santayana dijo: La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla.
A Balaguer ya perdonado, se le presentó la histórica oportunidad de informar sin temor al Jefe sobre el contenido del libro, y encarar la delicada tarea de convencerlo de que había sido desinformado por colaboradores mal intencionados, interesados en distanciarlo de Su Excelencia. Ahora él, sólo tenía las de ganar, nada que perder, y como era de esperarse por la habilidad y sapiencia demostrada hasta la fecha, ganaría.
Tenía a su favor un punto, y es que conocía el perfil psicológico del tirano más que muchos de los encumbrados colaboradores del régimen. Por eso le dijo a Trujillo, que si resaltó algunas virtudes de Estrella Ureña, lo hizo sólo para que el libro no perdiera la esencia de imparcialidad que debe caracterizar a toda investigación seria, y para no ser juzgado como una pluma pagada por el régimen, ya que de ocurrir lo contrario la obra no cumpliría su cometido.
El último párrafo de la carta es penetrante y de seguro que fue meditado por Trujillo al momento de leerlo. De forma simulada Balaguer alertó a Trujillo para que establezca diferencias entre adulones y personas dotadas del conocimiento y la razón. Sencillamente trató de explicarle que él no era igual que los demás colaboradores, ni en el fondo de sus pensamientos ni en su forma de actuar. Acaso no sea oportuno que termine haciéndole protestas de fidelidad. Usted, que es ya maestro insuperable en el manejo y el conocimiento de los hombres, cuyos egoísmos, cuyas concuspiciencias y cuyas debilidades está usted palpando cada día, no ignora que las adhesiones políticas se logran y se mantienen a base de interés, pero no puedo dejar de recordarle que mi adhesión a usted es la de un hombre menos adicto al Poder que adicto a su persona, y menos política que sentimental y afectiva. Más que una dádiva que se pone en una mano insaciable o veleidosa vale a veces una flor que se hace brotar suavemente en un corazón agradecido.",1]
Ahora él, sólo tenía las de ganar, nada que perder, y como era de esperarse por la habilidad y sapiencia demostrada hasta la fecha, ganaría. Tenía a su favor un punto, y es que conocía el perfil psicológico del tirano más que muchos de los encumbrados colaboradores del régimen. Por eso le dijo a Trujillo, que si resaltó algunas virtudes de Estrella Ureña, lo hizo sólo para que el libro no perdiera la esencia de imparcialidad que debe caracterizar a toda investigación seria, y para no ser juzgado como una pluma pagada por el régimen, ya que de ocurrir lo contrario la obra no cumpliría su cometido.
El último párrafo de la carta es penetrante y de seguro que fue meditado por Trujillo al momento de leerlo. De forma simulada Balaguer alertó a Trujillo para que establezca diferencias entre adulones y personas dotadas del conocimiento y la razón. Sencillamente trató de explicarle que él no era igual que los demás colaboradores, ni en el fondo de sus pensamientos ni en su forma de actuar.
Acaso no sea oportuno que termine haciéndole protestas de fidelidad. Usted, que es ya maestro insuperable en el manejo y el conocimiento de los hombres, cuyos egoísmos, cuyas concuspiciencias y cuyas debilidades está usted palpando cada día, no ignora que las adhesiones políticas se logran y se mantienen a base de interés, pero no puedo dejar de recordarle que mi adhesión a usted es la de un hombre menos adicto al Poder que adicto a su persona, y menos política que sentimental y afectiva. Más que una dádiva que se pone en una mano insaciable o veleidosa vale a veces una flor que se hace brotar suavemente en un corazón agradecido.
A partir de entonces, Balaguer se movía como el pez en el agua. Poseía conocimientos suficientes para polemizar y vencer. El sabio griego Aristóteles dijo: Si nos parece vergonzoso que no pueda el hombre defenderse con su cuerpo en la pelea, extraño en verdad sería que no se pudiera defender con la palabra, cosa mucho más propia del ser humano que utilizar su energía corporal.
La capacidad, genialidad y creatividad triunfaron ante el egoísmo y la mezquindad. Los conocimientos adquiridos en las aulas universitarias les ayudaron a que en el ejercicio de la política adoptara acciones razonables.
Precisamente, una de las grandes virtudes de Trujillo fue poseer el don de diferenciar entre una cosa y la otra. Para sorpresa de los críticos del libro Trujillo y su Obra, ocho meses más tarde de ser publicado, el 22 de mayo de 1935, Balaguer es designado Subsecretario de Estado de Educación y Bellas Artes.
En ese entonces había finalizado los estudios de Derecho Público de la Universidad de París, que con tanta ansiedad había solicitado a Su Excelencia una licencia.
Escribió Ralph W. Emerson que la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito. Balaguer salió bien del conflicto, porque no se dejó dominar por el mal humor, y porque era un hombre verdaderamente superior que no estaba sujeto a cambios de estado de ánimo.
El objetivo fundamental de Joaquín Balaguer al escribir el libro Trujillo y su obra, no era alabar al generalísimo. Balaguer escribió la historia de Trujillo para promoverse a sí mismo. A temprana edad, concibió la política como la persecución del poder, y concibió la historia como el relato de esa persecución.
(Sexto Paso: Utilizó el recurso tiempo como arma política)
Balaguer manejó muy bien todo el escándalo suscitado con la publicación del libro Trujillo y Su Obra. Es posible que una persona sin sus cualidades hubiera asumido una actitud de desbordamiento verbal. Mientras Bazil envió un cable diciendo que escribió prólogo, pero no leyó libro. Balaguer aceptó con frialdad los reproches al libro y su cancelación.
Desde ese momento empezó a emplear con éxito el recurso tiempo. En lo adelante utilizó ese recurso como su principal arma para vencer a sus adversarios.
Nadie, absolutamente nadie, estaba en capacidad de predecir cómo y cuándo reaccionaría Balaguer ante un acontecimiento. Balaguer demostró ser inteligente y diligente. Actuó con calma, sabía lo que estaba haciendo. Procedió con cautela.
El 25 de septiembre de 1934, Balaguer fue informado de que Trujillo le había perdonado y podía reintegrarse a su trabajo, pero de toda forma, debía enviar los libros, y estos fueron quemados inmediatamente llegaron a territorio dominicano.
Si antológica es la carta de Balaguer a Logroño de fecha 22 de septiembre, mucho más antológica es la carta remitida por Balaguer a Trujillo el 24 de septiembre.
En una extensa comunicación de cinco páginas, Balaguer explicó a Trujillo de forma detallada el contenido y el objetivo perseguido al insertar en la obra un capítulo sobre las virtudes del licenciado Estrella Ureña. De forma precisa, le manifestó que personas amigas hicieron una interpretación superficial y mal intencionada del libro. A pesar de los aprietos y sinsabores, el joven diplomático siguió su rutina de trabajo como si nada hubiera pasado. Santayana dijo: La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla.
A Balaguer ya perdonado, se le presentó la histórica oportunidad de informar sin temor al Jefe sobre el contenido del libro, y encarar la delicada tarea de convencerlo de que había sido desinformado por colaboradores mal intencionados, interesados en distanciarlo de Su Excelencia. Ahora él, sólo tenía las de ganar, nada que perder, y como era de esperarse por la habilidad y sapiencia demostrada hasta la fecha, ganaría.
Tenía a su favor un punto, y es que conocía el perfil psicológico del tirano más que muchos de los encumbrados colaboradores del régimen. Por eso le dijo a Trujillo, que si resaltó algunas virtudes de Estrella Ureña, lo hizo sólo para que el libro no perdiera la esencia de imparcialidad que debe caracterizar a toda investigación seria, y para no ser juzgado como una pluma pagada por el régimen, ya que de ocurrir lo contrario la obra no cumpliría su cometido.
El último párrafo de la carta es penetrante y de seguro que fue meditado por Trujillo al momento de leerlo. De forma simulada Balaguer alertó a Trujillo para que establezca diferencias entre adulones y personas dotadas del conocimiento y la razón. Sencillamente trató de explicarle que él no era igual que los demás colaboradores, ni en el fondo de sus pensamientos ni en su forma de actuar. Acaso no sea oportuno que termine haciéndole protestas de fidelidad. Usted, que es ya maestro insuperable en el manejo y el conocimiento de los hombres, cuyos egoísmos, cuyas concuspiciencias y cuyas debilidades está usted palpando cada día, no ignora que las adhesiones políticas se logran y se mantienen a base de interés, pero no puedo dejar de recordarle que mi adhesión a usted es la de un hombre menos adicto al Poder que adicto a su persona, y menos política que sentimental y afectiva. Más que una dádiva que se pone en una mano insaciable o veleidosa vale a veces una flor que se hace brotar suavemente en un corazón agradecido.",1]
Ahora él, sólo tenía las de ganar, nada que perder, y como era de esperarse por la habilidad y sapiencia demostrada hasta la fecha, ganaría. Tenía a su favor un punto, y es que conocía el perfil psicológico del tirano más que muchos de los encumbrados colaboradores del régimen. Por eso le dijo a Trujillo, que si resaltó algunas virtudes de Estrella Ureña, lo hizo sólo para que el libro no perdiera la esencia de imparcialidad que debe caracterizar a toda investigación seria, y para no ser juzgado como una pluma pagada por el régimen, ya que de ocurrir lo contrario la obra no cumpliría su cometido.
El último párrafo de la carta es penetrante y de seguro que fue meditado por Trujillo al momento de leerlo. De forma simulada Balaguer alertó a Trujillo para que establezca diferencias entre adulones y personas dotadas del conocimiento y la razón. Sencillamente trató de explicarle que él no era igual que los demás colaboradores, ni en el fondo de sus pensamientos ni en su forma de actuar.
Acaso no sea oportuno que termine haciéndole protestas de fidelidad. Usted, que es ya maestro insuperable en el manejo y el conocimiento de los hombres, cuyos egoísmos, cuyas concuspiciencias y cuyas debilidades está usted palpando cada día, no ignora que las adhesiones políticas se logran y se mantienen a base de interés, pero no puedo dejar de recordarle que mi adhesión a usted es la de un hombre menos adicto al Poder que adicto a su persona, y menos política que sentimental y afectiva. Más que una dádiva que se pone en una mano insaciable o veleidosa vale a veces una flor que se hace brotar suavemente en un corazón agradecido.
A partir de entonces, Balaguer se movía como el pez en el agua. Poseía conocimientos suficientes para polemizar y vencer. El sabio griego Aristóteles dijo: Si nos parece vergonzoso que no pueda el hombre defenderse con su cuerpo en la pelea, extraño en verdad sería que no se pudiera defender con la palabra, cosa mucho más propia del ser humano que utilizar su energía corporal.
La capacidad, genialidad y creatividad triunfaron ante el egoísmo y la mezquindad. Los conocimientos adquiridos en las aulas universitarias les ayudaron a que en el ejercicio de la política adoptara acciones razonables.
Precisamente, una de las grandes virtudes de Trujillo fue poseer el don de diferenciar entre una cosa y la otra. Para sorpresa de los críticos del libro Trujillo y su Obra, ocho meses más tarde de ser publicado, el 22 de mayo de 1935, Balaguer es designado Subsecretario de Estado de Educación y Bellas Artes.
En ese entonces había finalizado los estudios de Derecho Público de la Universidad de París, que con tanta ansiedad había solicitado a Su Excelencia una licencia.
Escribió Ralph W. Emerson que la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito. Balaguer salió bien del conflicto, porque no se dejó dominar por el mal humor, y porque era un hombre verdaderamente superior que no estaba sujeto a cambios de estado de ánimo.
El objetivo fundamental de Joaquín Balaguer al escribir el libro Trujillo y su obra, no era alabar al generalísimo. Balaguer escribió la historia de Trujillo para promoverse a sí mismo. A temprana edad, concibió la política como la persecución del poder, y concibió la historia como el relato de esa persecución.
