El propósito de Balaguer iba más allá de la búsqueda del voto. Estaba consciente de que el país requería de una reconstrucción nacional.
( “Es imposible medir hasta dónde llega el poder creador de una idea” Alejandro Casona).
El discurso de Balaguer en la campaña electoral de 1966 buscaba más convencer que persuadir. Ofertaba una visión, y mediante el discurso influía en los dominicanos para que hicieran causa común con el él en la realización, por medios no coercitivos.
Dice Perelman, que “persuasiva es la argumentación que sólo pretende servir para un auditorio particular, en tanto que convincente sería aquella argumentación capaz de obtener la adhesión de todo ente de razón”.
El propósito de Balaguer iba más allá de la búsqueda del voto. Estaba consciente de que el país requería de una reconstrucción nacional, y esto sólo era posible orientando a los actores de los tradicionales centros de poder político de la nación.
Balaguer fue el primer político dominicano en presentar un mapa de futuro, sin desatender los conflictos de valores, ni ofrecer salida fácil que pasara por alto la realidad de la crisis. La gente descubre y responde al futuro en la medida en que lo planifica. Para que el país entrara en el progreso era necesario un cambio en las creencias, valores y conductas de una gran parte de la población. En la campaña electoral ofreció ese cambio, y una vez llegó al poder, motorizó la acción para ejecutarlo.
La visión de Balaguer sobre la nueva sociedad a construir, fue posible y viable, debido a que las metas estaban orientadas más a la satisfacción de las necesidades y deseos de la población, que a las de él como persona.
Movilizó espectacularmente a la sociedad, tanto desde el punto de vista social como desde el contexto económico. En su régimen el progreso llegó a todos los dominicanos. Las familias vieron crecer sus fortunas materiales, al mismo tiempo, que sus descendientes encontraban oportunidades de progreso que les convertían en los cimientos de una mejor sociedad.
Trujillo fue el primer líder transformador de la sociedad dominicana en tiempos de dictadura. Balaguer fue el primer líder transformador de la sociedad dominicana en tiempos de paz.
La revolución sin sangre fue la principal consigna enarbolada por Balaguer en la campaña electoral de 1966. En reiteradas apariciones ante las multitudes durante la campaña electoral de 1966, pronunció frases que parecían una repetición de la Oración de la Paz de Isócrates. “Pues la guerra de todo lo dicho nos ha privado; porque nos ha empobrecido, nos ha hecho padecer muchos trabajos, nos ha desacreditado con los griegos, y por todos los caminos nos ha hecho miserables”. Se puede decir que este fue el slogan de campaña del Partido Reformista.
En ese momento no existían las técnicas de marketing político que se utilizan en la actualidad para determinar los deseos y las necesidades del electorado. Pero tampoco existían las técnicas publicitarias para vender a los candidatos.
En procesos electorales como el de 1966, los contendientes para tener éxito debían ser prohombres, genios, hombres cultos con el suficiente manejo de la psicología política para convencer a los electores.
Aunque Balaguer contó con un amplio equipo de colaboradores, nadie puede demostrar que aportó elementos al discurso de Balaguer en esa contienda para historia.
Balaguer más que nadie sabía muy bien que la familia dominicana estaba cansada de tanta violencia, y que en el estadio turbulento iniciado a posteriori de la muerte de Trujillo, la sociedad en vez de desarrollarse en términos económicos, lo que hizo fue retroceder en todos los órdenes. Por tanto, la promesa más acertada y más inteligente era ofrecer cambios, pero sin violencia.
Esa estrategia le permitió ganarse de inmediato el respaldo de las fuerzas conservadoras de la sociedad, y sobre todo de la mujer dominicana, por lo regular de convicción cristiana, y que en el fondo era la principal víctima de los sufrimientos por la persecución, encarcelamiento, maltrato y muerte de sus hijos por motivos que a sus ojos eran inexplicables.
Para dar respuesta frontal a ese desconcierto, el candidato reformista sentenció: “Los cambios estructurales que nuestro país requiere no pueden ser obra de una revolución ni de una evolución. La revolución supone un cambio violento y rápido y la evolución postula a su vez una marcha gradual, y que se produciría sin ruptura drásticas en virtud de la simple continuidad progresiva de la situación imperante.”
Balaguer sabía que para que su discurso llegara al subconsciente del electorado y surtiera los efectos esperados, el mensaje empleado debía ser claro y lo más digerible posible. “Si escogemos el primer camino, el de la revolución violenta nos expondríamos a hacer más triste y más precaria la situación de nuestras clases pauperadas”.
Conocía la inquebrantable convicción cristiana del pueblo dominicano. Por eso, más que como político, actuó como maestro, como cristiano, como apóstol. Veamos: “Pero cuando de lo que se trata es de librar a un pueblo del yugo de la miseria, entonces la violencia no actúa como una fuerza edificante, sino como una fuerza destructiva. Si lo que queremos, Señores, es modificar nuestras estructuras para mejorar la suerte de nuestras clases necesitadas, no podemos perder de vista que mientras más difíciles sean las condiciones en que se desenvuelva nuestra economía, más difícil será también cualquier medida destinada a combatir la pobreza”.
Este gran político, adversario tenaz de la anarquía, supo armonizar la reforma de las leyes y el mejoramiento de las costumbres con el constante anhelo de infundir al pueblo altos ideales de justicia y cultura. Tiene la gloria de haber levantado el espíritu nacional de los dominicanos. Balaguer fue el único político de entonces en entender que dentro de la democracia el sistema supone respeto al adversario. Como dijo Jaime Durán Barba, “la política ya no es una guerra a muerte entre amigos, si no un enfrentamiento entre diversas posiciones políticas que se alternan en el poder y que, en su conjunto representan al país.”
( “Es imposible medir hasta dónde llega el poder creador de una idea” Alejandro Casona).
El discurso de Balaguer en la campaña electoral de 1966 buscaba más convencer que persuadir. Ofertaba una visión, y mediante el discurso influía en los dominicanos para que hicieran causa común con el él en la realización, por medios no coercitivos.
Dice Perelman, que “persuasiva es la argumentación que sólo pretende servir para un auditorio particular, en tanto que convincente sería aquella argumentación capaz de obtener la adhesión de todo ente de razón”.
El propósito de Balaguer iba más allá de la búsqueda del voto. Estaba consciente de que el país requería de una reconstrucción nacional, y esto sólo era posible orientando a los actores de los tradicionales centros de poder político de la nación.
Balaguer fue el primer político dominicano en presentar un mapa de futuro, sin desatender los conflictos de valores, ni ofrecer salida fácil que pasara por alto la realidad de la crisis. La gente descubre y responde al futuro en la medida en que lo planifica. Para que el país entrara en el progreso era necesario un cambio en las creencias, valores y conductas de una gran parte de la población. En la campaña electoral ofreció ese cambio, y una vez llegó al poder, motorizó la acción para ejecutarlo.
La visión de Balaguer sobre la nueva sociedad a construir, fue posible y viable, debido a que las metas estaban orientadas más a la satisfacción de las necesidades y deseos de la población, que a las de él como persona.
Movilizó espectacularmente a la sociedad, tanto desde el punto de vista social como desde el contexto económico. En su régimen el progreso llegó a todos los dominicanos. Las familias vieron crecer sus fortunas materiales, al mismo tiempo, que sus descendientes encontraban oportunidades de progreso que les convertían en los cimientos de una mejor sociedad.
Trujillo fue el primer líder transformador de la sociedad dominicana en tiempos de dictadura. Balaguer fue el primer líder transformador de la sociedad dominicana en tiempos de paz.
La revolución sin sangre fue la principal consigna enarbolada por Balaguer en la campaña electoral de 1966. En reiteradas apariciones ante las multitudes durante la campaña electoral de 1966, pronunció frases que parecían una repetición de la Oración de la Paz de Isócrates. “Pues la guerra de todo lo dicho nos ha privado; porque nos ha empobrecido, nos ha hecho padecer muchos trabajos, nos ha desacreditado con los griegos, y por todos los caminos nos ha hecho miserables”. Se puede decir que este fue el slogan de campaña del Partido Reformista.
En ese momento no existían las técnicas de marketing político que se utilizan en la actualidad para determinar los deseos y las necesidades del electorado. Pero tampoco existían las técnicas publicitarias para vender a los candidatos.
En procesos electorales como el de 1966, los contendientes para tener éxito debían ser prohombres, genios, hombres cultos con el suficiente manejo de la psicología política para convencer a los electores.
Aunque Balaguer contó con un amplio equipo de colaboradores, nadie puede demostrar que aportó elementos al discurso de Balaguer en esa contienda para historia.
Balaguer más que nadie sabía muy bien que la familia dominicana estaba cansada de tanta violencia, y que en el estadio turbulento iniciado a posteriori de la muerte de Trujillo, la sociedad en vez de desarrollarse en términos económicos, lo que hizo fue retroceder en todos los órdenes. Por tanto, la promesa más acertada y más inteligente era ofrecer cambios, pero sin violencia.
Esa estrategia le permitió ganarse de inmediato el respaldo de las fuerzas conservadoras de la sociedad, y sobre todo de la mujer dominicana, por lo regular de convicción cristiana, y que en el fondo era la principal víctima de los sufrimientos por la persecución, encarcelamiento, maltrato y muerte de sus hijos por motivos que a sus ojos eran inexplicables.
Para dar respuesta frontal a ese desconcierto, el candidato reformista sentenció: “Los cambios estructurales que nuestro país requiere no pueden ser obra de una revolución ni de una evolución. La revolución supone un cambio violento y rápido y la evolución postula a su vez una marcha gradual, y que se produciría sin ruptura drásticas en virtud de la simple continuidad progresiva de la situación imperante.”
Balaguer sabía que para que su discurso llegara al subconsciente del electorado y surtiera los efectos esperados, el mensaje empleado debía ser claro y lo más digerible posible. “Si escogemos el primer camino, el de la revolución violenta nos expondríamos a hacer más triste y más precaria la situación de nuestras clases pauperadas”.
Conocía la inquebrantable convicción cristiana del pueblo dominicano. Por eso, más que como político, actuó como maestro, como cristiano, como apóstol. Veamos: “Pero cuando de lo que se trata es de librar a un pueblo del yugo de la miseria, entonces la violencia no actúa como una fuerza edificante, sino como una fuerza destructiva. Si lo que queremos, Señores, es modificar nuestras estructuras para mejorar la suerte de nuestras clases necesitadas, no podemos perder de vista que mientras más difíciles sean las condiciones en que se desenvuelva nuestra economía, más difícil será también cualquier medida destinada a combatir la pobreza”.
Este gran político, adversario tenaz de la anarquía, supo armonizar la reforma de las leyes y el mejoramiento de las costumbres con el constante anhelo de infundir al pueblo altos ideales de justicia y cultura. Tiene la gloria de haber levantado el espíritu nacional de los dominicanos. Balaguer fue el único político de entonces en entender que dentro de la democracia el sistema supone respeto al adversario. Como dijo Jaime Durán Barba, “la política ya no es una guerra a muerte entre amigos, si no un enfrentamiento entre diversas posiciones políticas que se alternan en el poder y que, en su conjunto representan al país.”
