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Dr. Belarminio Ramírez Morillo
Director General

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Esq. Casimiro de Moya, Gazcue,
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La enciclopedia del periodismo dominicano


martes, 16 de mayo de 2006

Balaguer heredó la tiranía obedeciéndola

La gestión de Balaguer como Secretario de Educación marcó una época de esplendor para la educación en la República Dominicana.


Balaguer estudió en varios países de Europa. Conoció las culturas inglesa, española y francesa. Se fascinó con los avances, bellezas y encantos de esas sociedades, pero sin renunciar a su condición de dominicano.


A su regreso del servicio diplomático y reintegro a la burocracia de la administración pública, siguió siendo el mismo servidor humilde, sencillo y servicial. En ningún momento hizo gala de su acervo intelectual para humillar a sus compañeros de labores. Sabía que para no meterse en problemas debía administrar el conocimiento.


La designación de Balaguer en la Secretaría de Educación se produjo en una etapa en que el poder del clan Trujillo se incrementaba en todas las estructuras productivas del país. Auspició el incremento del rol de la iglesia católica en la educación, poniendo bajo su control el Instituto Politécnico Loyola, centro de enseñanza técnica más importante del país. Desde ese entonces, hasta el último momento de su accionar político, Balaguer fue coherente en el mantenimiento de buenas relaciones con la iglesia católica.


La gestión de Balaguer como Secretario de Educación marcó una época de esplendor para la educación en la República Dominicana. Implementó una serie de acciones, dentro de las cuales sobresalen:

a) ejecución del plan bienal de construcciones escolares, modificando y construyendo nuevas plantas físicas en las principales ciudades del país;

b) establecimiento del desayuno escolar en beneficio de los estudiantes de escasos recursos;

c) establecimiento de un sistema de ahorro escolar, para incentivar los alumnos al ahorro y así poder costear sus estudios superiores;

d) creación de las escuelas de artes y oficios; e) construcción del edificio de la Secretaría de Educación;

f) construcción del Palacio de Bellas Artes; g) puesta en marcha de los Liceos Normales;

h) creación de un programa de viviendas para los maestros;

i) establecimiento de bibliotecas ambulantes y barriales;

j) creación de las sociedades de padres y amigos de las escuelas;

k) inicio de las celebraciones de las ferias del libro, así como una ingente labor orientada a resaltar los valores y símbolos patrios.


El prestigio alcanzado por Balaguer en la Secretaría de Educación fue de tal magnitud que el más prestigioso periódico de circulación nacional, el matutino El Caribe, le dedicó el editorial del 22 de febrero de 1955, resaltando la decisión del gobierno de poner en marcha el Plan elaborado por el Secretario de Educación para erradicar el analfabetismo.


Fue la primera vez que un periódico, sobre todo el medio informativo más prestigioso de la nación, que además era propiedad del régimen, utilizó su página editorial para alabar a una persona que no fuera el Jefe.


El editorial pasó desapercibido, pero un desliz como ese, el desenlace que se producía sería la cancelación tanto de quien hacía el homenaje como de quien lo recibía. Y para sorpresa de muchos, inclusive del propio Balaguer que vio su carrera en peligro, meses más tarde fue nombrado miembro de la Comisión Organizadora de la Feria de la Paz.


Balaguer conocía muy bien el terreno movedizo en que pisaba. Por un lado propiciaba el levantamiento de la infraestructura física y la creación de nuevas estructuras educacionales orientadas a erradicar el analfabetismo, mejorar la educación técnica y la calidad del personal docente, y por otro lado, legitimaba sus acciones al máximo logrando que cada una de sus actividades fueran encabezadas por el Presidente Trujillo ó por alguno de sus familiares cercanos.


Siempre leal y agradecido de la oportunidad brindada por el Jefe, el 30 de junio de 1955 organizó el desfile de maestros, donde los diez mil maestros del país desfilaron en Ciudad Trujillo para hacerle entrega al Generalísimo de la “Medalla de Honor de Educación”.


Balaguer sabía la importancia que tenía este tipo de manifestaciones que alimentaban el ego de Trujillo, sobre todo en esa etapa de endiosamiento en que estaba sumergido. Actuó convencido, como dijo Francis Bacón de que, “a la naturaleza se le domina obedeciéndola”. Al mismo tiempo, esos escenarios sirvieron para detener a sus rivales en el seno del gobierno que esperaban de forma vigilante que cometiera algún error para utilizarlo como pretexto para indisponerlo ante el tirano.

martes, 9 de mayo de 2006

El legado de Pedro Henríquez Ureña

Don Pedro Henríquez Ureña es uno de los personajes que hizo mayores aportes a la educación dominicana. Educador, crítico literario, humanista y filósofo. Nació el 29 de julio de 1884 en la ciudad de Santo Domingo. Hijo de don Francisco Henríquez y Carvajal y doña Salomé Ureña, dos de las personalidades más extraordinarias de la vida nacional.

La familia Henríquez Ureña fue un símbolo de sabiduría, inteligencia y dedicación al servicio de la educación y los sagrados intereses de la patria.

La familia Henríquez Ureña y sus amigos, constituyen una genuina representación de la intelectualidad dominicana. Fueron personas que nacieron con alto coeficiente de inteligencia, pero que a la vez supieron escoger sus amigos.

Una muestra la constituye el hecho de que el padrino de confirmación de Pedro Henríquez Ureña fuera Emilio Prud’Homme, autor de las letras del Himno Nacional de los dominicanos.

La inteligencia de Pedro Henríquez Ureña era de tal dimensión que a los cinco años de edad leía y escribía correctamente. Nació con el espíritu y el arte del educador. A los siete años se había convertido en maestro de su hermano Max, a quien enseñó a contar, leer y escribir.

Enriqueció su conocimiento visitando varios países, donde compartió con intelectuales de diversos géneros. Estuvo en Cuba, México, Francia, Estados Unidos, España y Argentina.

Siendo un joven se dedicó al oficio de crítico literario. Su capacidad era tan inmensa que con la autoridad que le daba el conocimiento leía los libros y les hacia críticas profundas, resaltando los aportes y las debilidades de cada obra.

En su crítica precisaba si la obra evaluada estaba bien escrita, si hubo un uso correcto de la gramática y de la lengua.

Era un filósofo. Un escritor creativo que escribía acerca de cómo debía vivir y comportarse el hombre americano. Pensaba mucho en el porvenir, en la sociedad del mañana, y sus escritos estaban orientados a educar los hombres del presente para forjar un mejor futuro.

Era un humanista. Uno de los más grandes humanistas de América. Su misión era defender a la humanidad. Amaba y defendía a los humildes, y sobre todo a los ignorantes, a los que no tenían ni siquiera un poco de conocimiento.

A la llegada de Trujillo al poder, Pedro Henríquez Ureña se marchó del país. Los hombres de su dimensión humana no podían convivir con la dictadura. Vivió en varios países de América: Argentina, Chile, México, Cuba y Estados Unidos.

En todas esas naciones dejó su huella de genio, maestro, humanista, filósofo y hombre consagrado a trabajar por el bienestar de la humanidad.

La producción literaria de Pedro Henríquez Ureña comprende unas 35 obras. Sus escritos son un gran legado que enriquecen la cultura y la bibliografía de América.

Era un hombre laborioso, una persona de esas que nunca están cansadas. Un día, mientras caminaba de prisa para tomar el tren que le llevaría a la Universidad donde era catedrático, sufrió un ataque al corazón, y no pudo volver a las aulas. Falleció en Buenos Aires, Argentina, el 11 de mayo de 1946.

La estrella de Balaguer en el proceso político de 1930

( “Hay una mano invisible que lo encadena todo, sólo gracias a mi estrella he llegado a ser grande” Napoleón Bonaparte).

A pesar de su juventud, Balaguer se convirtió en el centro y eje de lo mejor de su generación. Estuvo al lado de los hombres más inteligentes, más inquietos, y de más nobles sentimientos de su época.


Era superior a sus correligionarios, porque aún en su adolescencia política demostró que conjugaba el arte de orador con el filósofo y pensador. Como apuntó Hermann Keyserling: “Pensar no es un don. Es un arte. Una técnica. La facultad de pensar se ejercita como el pintor ejercita los dedos al mover el pincel. Un filósofo es el hombre que ha ejercitado la facultad de pensar”


La concertación política entre Trujillo y Estrella Ureña favoreció a Balaguer, puesto que le unían lazos familiares con el primero, y era el discípulo más connotado del segundo. Las circunstancias empezaron a favorecerle, y él estaba preparado para aprovechar la más mínima oportunidad para crecer políticamente.


La campaña proselitista para promover al binomio “Trujillo-Estrella Ureña” se inició con una concentración en Montecristi, donde por primera vez Trujillo mencionó la frase: “No hay peligro en seguirme”. Este acto fue un derroche de oratoria, allí expusieron brillantes tribunos, entre ellos Estrella Ureña, quien era y sigue siendo considerado como uno de los más excitantes oradores que ha tenido la República en toda su historia.


Pero, como relata el historiador Francisco Rodríguez de León, “sucedió entonces la apoteosis, cuando desde la parte atrás de la tribuna, apareció con su paso infalible y su figura erguida, juvenil y arrogante, el hombre por el que todos estaban allí, bajo aquel sol nadie es perfecto, y la oratoria no era precisamente su fuerte, pues tenía una voz que, en realidad, era una vocecita”.¿Cómo debía sentirse el futuro tirano al estar rodeado de prominentes oradores, y él, sin embargo, siendo la figura principal carecía de esas virtudes? Quizás, una vez juramentado presidente de la República trataría de vengarse humillando a estos prestigiosos políticos e intelectuales que en el fondo eran la antítesis del hombre que promovían.


Desde Montecristi la caravana se trasladó a Santiago de los Caballeros, y para suerte del joven Joaquín Balaguer, el licenciado Estrella Ureña, no pudo hablar debido a una afección en las cuerdas vocales, y él fue escogido para que hablara en su lugar. Pareció como si Balaguer se había preparado para esa oportunidad. Improvisó un discurso que despertó el interés de todos los presentes, inclusive del candidato presidencial, quien desde ese momento lo reclutó para su causa.


Aunque el binomio Trujillo-Estrella Ureña salió airoso, era de esperarse que los seguidores de éste último pasaran a ser colaboradores del primero, puesto que, para nadie es un secreto que la figura del vicepresidente de la República, en nuestro país, no es más que un puesto decorativo. De ahí que, Estrella Ureña, de un gran líder político pasó a convertirse en subalterno de un guardia. Automáticamente, allí terminaba la carrera de uno de los políticos más brillantes del siglo XX dominicano.


Balaguer aun joven, pero con visión de estadista, tenia el corazón en la cabeza. Conocía las virtudes de Estrella Ureña. Estaba consciente de que el abogado santiagués era el político más brillante que había emergido durante la lucha por la desocupación de las tropas norteamericanas y los años posteriores. Orador avasallante y hombre desconocedor del miedo, fueron atributos necesarios para la creación del Movimiento Cívico que derrocó a Horacio Vásquez.


Balaguer pudo apreciar que Estrella Ureña era de aquellos políticos que son muy brillantes en la oposición, pero ineficientes en el momento en que le correspondió dirigir los destinos de la nación. En vez de utilizar su estada en el poder para consolidarse como el principal líder del país, Estrella Ureña cometió el error de organizar unas elecciones, donde él, siendo el presidente de la República, se presentó como candidato vicepresidencial, acompañando a Trujillo.


Balaguer al igual que los demás discípulos de Estrella Ureña se convirtió en colaboradores de Trujillo. Y en su caso particular, la coyuntura resultaba más favorable debido a que era sobrino de una de las mujeres del Jefe. Pero Balaguer, siempre reconoció las virtudes de Estrella Ureña. Precisamente le causó muchos problemas a Balaguer, un libro que publicó en el año 1934 donde elogiaba a Estrella Ureña, en un momento en que este estaba en desgracia.


El principal acierto de Balaguer como político e intelectual en ese entonces, es que supo valorar las virtudes y los defectos de los dos hombres que se habían juramentado juntos el 16 de agosto de 1930, pero que definitivamente no cabrían en el mismo gobierno, porque, uno era la negación del otro.


En un artículo publicado en el periódico “La Evolución” del 7 de noviembre de 1931, en unas cuantas pinceladas, Balaguer estableció las diferencias entre Trujillo y Estrella Ureña. Dice el escritor de Navarrete: “El mejor gobernante, es el mejor administrador. No se puede ser un buen gobernante, cuando se es un mal administrador. Son condiciones humanas evidentemente incompatibles”.


Y en seguida hizo fuertes críticas a la gestión administrativa del abogado santiagués: “En el gobierno de Estrella Ureña se gastaron los dineros del Estado sin control alguno. Las apropiaciones para gastos de la presidencia de la República durante un año, fueron inconsultamente lapidadas durante el primer semestre. Las rentas internas bajaron de una manera escandalosa”.


Prosiguió con un análisis objetivo no característico del poeta: “La República estuvo -y aún muchos lo ignoran al borde del suicidio- debido a la fantochería de un mandatario que más se preocupaba de la POSE, y de gestos estudiados que arrancan fáciles aplausos, -pero insinceros,- de las multitudes inconscientes, que no se preocupan del fondo de las cosas, sino que aplauden frases altisonantes y de relumbrón, casi siempre no sentidas por los falsos apóstoles que la predican”.


Después de hacer esa evaluación de la gestión de Estrella Ureña, entonces, procedió a resaltar las virtudes que a su juicio poseía Trujillo. “El Gral. Trujillo es la antítesis de Estrella Ureña. El primero dice lo que siente, y hace lo que dice. El segundo ni dice lo que siente ni hace lo que dice”. “El Gral. Trujillo se debe a sus propias y arraigadas convicciones. Estrella Ureña gira de acuerdo con influencias provinciales”. “El Gral. Trujillo es enemigo jurado del provincialismo. Estrella Ureña es la bandera del provincialismo. El Gral. Trujillo no habla, y ejecuta. Estrella Ureña, piensa siempre en alta voz. El Gral. Trujillo no va hacia la gloria, la gloria va hacia él. Estrella Ureña quiere alcanzar la gloria por caminos tortuosos”. “El Gral. Trujillo y Estrella Ureña son temperamentalmente antagónicos, aunque el afecto particular más grande lo una”.


Balaguer hizo lo correcto al abandonar a Estrella Ureña y entregarse en cuerpo y alma al régimen de Trujillo. Con esa actitud demostró que estaba consciente del proceso en que se adentraba la sociedad dominicana. Era un intelectual, pero a la vez, un político con los pies sobre la tierra. Su actitud fue coherente con las palabras que pronunciara en el Baluarte de El Conde, para anunciar el triunfo del Movimiento Cívico de 1930: “Las revoluciones no nacen de las universidades, sino que nacen de los cuarteles”.


Aunque utilizó el movimiento estudiantil para incitar a las masas, estaba seguro de que no era desde allí donde se gestarían los cambios sociopolíticos y económicos que requería el país. Quizás, si los jóvenes que dirigieron el movimiento estudiantil después de la muerte de Trujillo hubiesen tenido esas mismas convicciones, es seguro que no hubiese habido tantos baños de sangre y el futuro de la democracia hubiese sido mejor.


Balaguer no abandonó al amigo Estrella Ureña, sino al político, que a su entender, aunque con virtudes excepcionales, no era el hombre que se ajustaba a la coyuntura del momento para dirigir la nación.


Es que, un político en crecimiento, aconseja Izquierdo Navarro “debe adquirir la habilidad necesaria para mantenerse en una línea muy general, de forma que pueda decidirse a apostar por un bando sólo cuando pueda apreciarse claramente que ese bando va a ser el vencedor. Ni antes ni después, sino en el momento en que se decanta la victoria. Porque el instinto y el olfato políticos, que no se pueden enseñar en ningún manual, consisten en saber apostar exactamente por el bando que ganará. Un error en la apuesta política es difícilmente recuperable”

Balaguer tuvo ese olfato, del que careció Rafael Bonelly y otros jóvenes talentosos de la época.

martes, 28 de marzo de 2006

Técnicas de Balaguer para triunfar en la Era de Trujillo VI

Balaguer aceptó con frialdad los reproches al libro y su cancelación. Balaguer aceptó con frialdad los reproches al libro y su cancelación.


(Sexto Paso: Utilizó el recurso tiempo como arma política)


Balaguer manejó muy bien todo el escándalo suscitado con la publicación del libro Trujillo y Su Obra. Es posible que una persona sin sus cualidades hubiera asumido una actitud de desbordamiento verbal. Mientras Bazil envió un cable diciendo que escribió prólogo, pero no leyó libro. Balaguer aceptó con frialdad los reproches al libro y su cancelación.


Desde ese momento empezó a emplear con éxito el recurso tiempo. En lo adelante utilizó ese recurso como su principal arma para vencer a sus adversarios.


Nadie, absolutamente nadie, estaba en capacidad de predecir cómo y cuándo reaccionaría Balaguer ante un acontecimiento. Balaguer demostró ser inteligente y diligente. Actuó con calma, sabía lo que estaba haciendo. Procedió con cautela.


El 25 de septiembre de 1934, Balaguer fue informado de que Trujillo le había perdonado y podía reintegrarse a su trabajo, pero de toda forma, debía enviar los libros, y estos fueron quemados inmediatamente llegaron a territorio dominicano.


Si antológica es la carta de Balaguer a Logroño de fecha 22 de septiembre, mucho más antológica es la carta remitida por Balaguer a Trujillo el 24 de septiembre.


En una extensa comunicación de cinco páginas, Balaguer explicó a Trujillo de forma detallada el contenido y el objetivo perseguido al insertar en la obra un capítulo sobre las virtudes del licenciado Estrella Ureña. De forma precisa, le manifestó que personas amigas hicieron una interpretación superficial y mal intencionada del libro. A pesar de los aprietos y sinsabores, el joven diplomático siguió su rutina de trabajo como si nada hubiera pasado. Santayana dijo: La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla.


A Balaguer ya perdonado, se le presentó la histórica oportunidad de informar sin temor al Jefe sobre el contenido del libro, y encarar la delicada tarea de convencerlo de que había sido desinformado por colaboradores mal intencionados, interesados en distanciarlo de Su Excelencia. Ahora él, sólo tenía las de ganar, nada que perder, y como era de esperarse por la habilidad y sapiencia demostrada hasta la fecha, ganaría.


Tenía a su favor un punto, y es que conocía el perfil psicológico del tirano más que muchos de los encumbrados colaboradores del régimen. Por eso le dijo a Trujillo, que si resaltó algunas virtudes de Estrella Ureña, lo hizo sólo para que el libro no perdiera la esencia de imparcialidad que debe caracterizar a toda investigación seria, y para no ser juzgado como una pluma pagada por el régimen, ya que de ocurrir lo contrario la obra no cumpliría su cometido.


El último párrafo de la carta es penetrante y de seguro que fue meditado por Trujillo al momento de leerlo. De forma simulada Balaguer alertó a Trujillo para que establezca diferencias entre adulones y personas dotadas del conocimiento y la razón. Sencillamente trató de explicarle que él no era igual que los demás colaboradores, ni en el fondo de sus pensamientos ni en su forma de actuar. Acaso no sea oportuno que termine haciéndole protestas de fidelidad. Usted, que es ya maestro insuperable en el manejo y el conocimiento de los hombres, cuyos egoísmos, cuyas concuspiciencias y cuyas debilidades está usted palpando cada día, no ignora que las adhesiones políticas se logran y se mantienen a base de interés, pero no puedo dejar de recordarle que mi adhesión a usted es la de un hombre menos adicto al Poder que adicto a su persona, y menos política que sentimental y afectiva. Más que una dádiva que se pone en una mano insaciable o veleidosa vale a veces una flor que se hace brotar suavemente en un corazón agradecido.",1]


Ahora él, sólo tenía las de ganar, nada que perder, y como era de esperarse por la habilidad y sapiencia demostrada hasta la fecha, ganaría. Tenía a su favor un punto, y es que conocía el perfil psicológico del tirano más que muchos de los encumbrados colaboradores del régimen. Por eso le dijo a Trujillo, que si resaltó algunas virtudes de Estrella Ureña, lo hizo sólo para que el libro no perdiera la esencia de imparcialidad que debe caracterizar a toda investigación seria, y para no ser juzgado como una pluma pagada por el régimen, ya que de ocurrir lo contrario la obra no cumpliría su cometido.


El último párrafo de la carta es penetrante y de seguro que fue meditado por Trujillo al momento de leerlo. De forma simulada Balaguer alertó a Trujillo para que establezca diferencias entre adulones y personas dotadas del conocimiento y la razón. Sencillamente trató de explicarle que él no era igual que los demás colaboradores, ni en el fondo de sus pensamientos ni en su forma de actuar.


Acaso no sea oportuno que termine haciéndole protestas de fidelidad. Usted, que es ya maestro insuperable en el manejo y el conocimiento de los hombres, cuyos egoísmos, cuyas concuspiciencias y cuyas debilidades está usted palpando cada día, no ignora que las adhesiones políticas se logran y se mantienen a base de interés, pero no puedo dejar de recordarle que mi adhesión a usted es la de un hombre menos adicto al Poder que adicto a su persona, y menos política que sentimental y afectiva. Más que una dádiva que se pone en una mano insaciable o veleidosa vale a veces una flor que se hace brotar suavemente en un corazón agradecido.


A partir de entonces, Balaguer se movía como el pez en el agua. Poseía conocimientos suficientes para polemizar y vencer. El sabio griego Aristóteles dijo: Si nos parece vergonzoso que no pueda el hombre defenderse con su cuerpo en la pelea, extraño en verdad sería que no se pudiera defender con la palabra, cosa mucho más propia del ser humano que utilizar su energía corporal.


La capacidad, genialidad y creatividad triunfaron ante el egoísmo y la mezquindad. Los conocimientos adquiridos en las aulas universitarias les ayudaron a que en el ejercicio de la política adoptara acciones razonables.


Precisamente, una de las grandes virtudes de Trujillo fue poseer el don de diferenciar entre una cosa y la otra. Para sorpresa de los críticos del libro Trujillo y su Obra, ocho meses más tarde de ser publicado, el 22 de mayo de 1935, Balaguer es designado Subsecretario de Estado de Educación y Bellas Artes.


En ese entonces había finalizado los estudios de Derecho Público de la Universidad de París, que con tanta ansiedad había solicitado a Su Excelencia una licencia.


Escribió Ralph W. Emerson que la confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito. Balaguer salió bien del conflicto, porque no se dejó dominar por el mal humor, y porque era un hombre verdaderamente superior que no estaba sujeto a cambios de estado de ánimo.


El objetivo fundamental de Joaquín Balaguer al escribir el libro Trujillo y su obra, no era alabar al generalísimo. Balaguer escribió la historia de Trujillo para promoverse a sí mismo. A temprana edad, concibió la política como la persecución del poder, y concibió la historia como el relato de esa persecución.

martes, 21 de marzo de 2006

Técnicas de Balaguer para triunfar en la Era de Trujillo V

Quinto Paso: Escribió un libro conflictivo para llamar a la atención.


Balaguer conocía a Trujillo. Estaba seguro de que la mejor forma de ascender en su régimen era siendo eficiente, y al mismo tiempo dando muestra de agradecimiento y amistad. Era una época en que para crecer políticamente había que seguir el consejo de René Descartes: Pienso, luego existo.


En realidad, Balaguer sentía agradecimiento por Trujillo, y trató de compensar esa gratitud publicando un libro que vendiera una imagen positiva del régimen en el exterior.


En comunicación enviada a Trujillo desde París, en marzo de 1932, le informó del proyecto investigativo que desarrollaba. Conocedor de las ciencias políticas al fin, visualizaba que el perfil aristocrático del régimen iba a suscitar problemas en el exterior.


Y es que, como dijo Henry Kissinger, los intelectuales analizan las operaciones de los sistemas internacionales; los estadistas los construyen. Y hay una gran diferencia entre la perspectiva de una analista y la de un estadista. El analista puede elegir el problema que desee estudiar, mientras que al estadista los problemas se le imponen.


De los colaboradores e intelectuales de Trujillo, sólo Balaguer un simple empleado de una embajada en el exterior, dio la impresión de que tenía una visión certera sobre el futuro político del régimen. Ni siquiera el propio Trujillo pensaba en lo importante que era mantener una buena imagen en el plano internacional.


Pero, esa visión de futuro significó un serio problema para Balaguer. Fue la causante del primer conflicto en que se vio envuelto desde que Trujillo asumió la presidencia. Como consecuencia de ese libro perdió su empleo y vivió los momentos de mayor angustia e incertidumbre de su vida.


La idea de publicar el libro fue recibida con beneplácito por Trujillo. Así se lo hizo saber a Balaguer mediante comunicación de fecha 4 de mayo de 1933, donde a la vez autorizó el envío de 300 dólares solicitados por el autor, para ser utilizados en la impresión del mismo.


Balaguer siguió incrementando sus espacios en la mente y el corazón de Trujillo. Una muestra lo constituye el hecho de que los primeros acuse de recibo eran firmados por el Subsecretario de la Presidencia, pero éste fue calzado con la firma del Secretario de Estado de la Presidencia, Don Jacinto B. Peynado.


Es posible que en ese mismo instante empezaran los celos de altos funcionarios del régimen, quienes más tarde intentaron descalificar el libro con el propósito de detener el crecimiento del autor de Claros de Luna.


El 22 de febrero de 1934, diez meses después de Balaguer recibir la aprobación para imprimir el libro, todavía no había recibido los 300 dólares de que hacía mención en la comunicación, lo que le condujo a dirigirse de nuevo al Jefe informándole que no había recibido dichos recursos.


Trujillo le contestó el 26 de marzo por intermedio del Secretario de Estado de la Presidencia, le envió un cheque por el monto de 300 dólares, le manifestó su interés de que publicara la obra, y el tercer párrafo de esta carta contiene un juicio de valor interesante que no constaba en ninguna de las cartas anteriores:

El Honorable Presidente tiene de Usted un concepto justo y elevado y siempre le cree el amigo sincero, leal y entusiasta, y así me encarga manifestárselo.
Ese concepto que tenía Trujillo de Balaguer cambió meses después, aunque por pocos días. A principios del mes de agosto del mismo año, Balaguer recibió los primeros ejemplares de su libro: Trujillo y su obra. Esa fue su primera obra de contenido político.


El medio en que desarrolló la investigación, los conocimientos adquiridos en los estudios de política, economía y derecho público, y el estilo claro empleado por el escritor, dieron por resultado un producto de alta calidad. El autor estaba regocijado, no tanto por el libro en sí, sino por el afecto y la consideración de que gozaba de parte de Su Excelencia.


El 3 de agosto de 1934, escribió a Trujillo, y le envió dos ejemplares del libro que acababa de salir a la luz pública.


El día 23 del mismo mes y del mismo año, recibió contesta en una carta que su segundo párrafo dice: También me encarga el Jefe darle sinceras gracias por el envío de la bien escrita obra mencionada.


Los bonos de Balaguer estaban altos ante los ojos de Trujillo. En pocos días la situación cambió, debido a que las personas de mayor prestigio en el mundo político y social dominicano, se encargaron de desvirtuar el libro, quizás con el único objetivo de indisponer a su autor con el tirano y cerrarle el paso a éste emergente político e intelectual de estilo inigualable.


La alegría que embargaba a Balaguer, la misma que embarga a todo escritor cuando produce una obra, duró poco.


Con fecha 7 de agosto de 1934, aunque llegó a sus manos a mediados de septiembre, Balaguer recibió una comunicación decepcionante calzada con la firma del Secretario de Estado de Relaciones Exteriores, Don Arturo Logroño, donde se dejó entrever la indignación y envidia que envolvía al suscribiente:

Sin ninguna tuya por delante, te escribo las letras presentes para enviarte mi afecto y mis saludos más cordiales. He leído el libro, muy interesante por cierto, que acabas de publicar Trujillo y su obra, y la lectura de las noventa y tantas páginas cuya paternidad te corresponden, me ha sido singularmente grata. Pero somos amigos, socio, y no puedo dejar de darte una impresión franca: a los amigos del Jefe nos ha sorprendido mucho el elogio desmesurado que haces de Estrella Ureña, y esperábamos que en ningún capítulo posterior harías notar la enorme deslealtad y la ingratitud traidora de dicho Clown político, en contraposición de los servicios eminentes que le prestó el Jefe, salvándole la vida.


Con gran sorpresa, continua diciendo don Arturo Logroño: nuestra anatema contra el malo no aparece en tu libro, mientras quedan en pié en él los conceptos en que pintas a Estrella Ureña como un semidiós de la política y de la oratoria. Tú que eres del oficio como yo, sabe que la oratoria de este tribuno es una charla barata y con ventanas abiertas al rabopuerquismo. Perdona que haya sido sincero diciéndote la impresión real que nos ha producido el libro, impresión a la cual es extraño en absoluto el Jefe.


El canciller de la República acompañó los reproches por el contenido del libro con el acto descortés de sacarle en cara un favor personal: Deseo que tú mamá haya llegado bien y que de algún beneficio le haya servido la cooperación administrativa que presté con mucho gusto para su viaje, mientras tanto, recibe el abrazo de invariable amigo.


El joven de Navarrete, aunque no se asustó, tampoco minimizó la situación embarazosa en que estaba envuelto. Estaba consciente de que tal como señala Noel Clarasó: Uno de los grandes secretos del trato con los hombres consiste, para los inteligentes, en fingir menos inteligencia de la que tienen, y para los tontos, en fingir más.


Si el concepto de Arturo Logroño sobre la obra era el de los demás integrantes de la elite política e intelectual trujillista, entonces, cabría suponerse que la carrera de Balaguer había terminado. Balaguer, como era de esperarse, contestó de inmediato a Logroño.


Actuó movido con la firmeza del conocimiento que sintetizara Francis Bacón en su célebre frase de que: Un hombre no es sino lo que sabe. Le envió una carta al Canciller de la República que por su contenido merece el calificativo de antológica. Le señaló que en ningún momento se arrepentía del contenido de su libro, por el contrario, lo justificaba y lo defendía con argumentos intelectuales.


Esa carta deja entrever la madurez, frialdad, objetividad, sinceridad y humildad de Joaquín Balaguer.


Ese libro creó un torbellino que no sólo envolvió a su autor, sino también a su prologuista.


El prólogo de la obra fue escrito de forma compartida entre Don Pedro de Réspide, prestigioso cronista español, y el laureado poeta dominicano, Don Osvaldo Bazil, quién consideró que el modernismo se personificó en Rubén Darío.


En ese entonces, el poeta Bazil ocupaba las el cargo de Embajador de la República Dominicana en España y era el jefe inmediato de Balaguer, pero quien a su vez, era subalterno de Arturo Logroño.


Don Osvaldo Bazil al enterarse del escándalo generado por el libro, de inmediato se disculpó por haber escrito el prólogo del mismo. Estaba consciente de que de no hacerlo, corría el riesgo de ser suspendido de sus funciones.


El 30 de agosto de 1934, Balaguer recibió un cablegrama enviado por el canciller de la República al autor del libro que decía: Suspendida circulación libro y remita aquí edición completa.


Bazil de inmediato escribió a Logroño una carta que en su segundo párrafo decía:
Balaguer es un tipo raro, no pude conseguir que me mostrara ningún capítulo de su obra antes de imprimir. Desde París me escribía pidiéndome un prólogo y se lo mandé a París sin conocer el libro. Después de editarlo me sorprendió que había oceánicos ditirambos para Estrella Ureña, cuando él, por carta me afirmaba que todo el libro estaba consagrado al Presidente Trujillo y a su obra de gobierno. Le endilga al mamarracho de Estrella Ureña un valor para la temeridad. ¿Donde lo ha probado? Ni personal ni colectivamente ha dado muestra de ese inmenso valor.


Continúa exponiendo Bazil: Tampoco él es el tribuno que él pinta. Estrella Ureña solo tiene un discurso y una sola imagen en su oratoria. El carece de imaginación, por eso es un orador de un sólo disco y por eso es un político fracasado. Si yo hubiera visto el libro antes de imprimir le hubiera hecho quitar ese capítulo no le hubiera escrito el prólogo. Pero no hubo forma de que me enseñara los originales. También le hubiera hecho quitar otros detalles que no tenía porque traer para su libro como las campañas de Puerto Rico, que la mayoría en extranjero ignora y no había porque enterar de ellos a los lectores extranjeros.


Esos argumentos de Bazil, tratando de salvar el pellejo, diciendo que escribió el prólogo sin leer el libro, eran inciertos. Con razón dijo Max Weber que no se puede ser al mismo tiempo hombre de acción y hombre de estado sin atentar contra la dignidad de una u otra profesión, sin faltar a la vocación de ambas.


Balaguer había quedado solo y desamparado. Como escribió Ovidio, mientras sea feliz, contarás con numerosos amigos; si el tiempo se nublara, te hallarás solo.


Como es normal que suceda en este tipo de trance, sus amigos les sacaron el cuerpo, a fin de evitar caer en desgracia con el régimen. Ni Bazil, ni Logroño tratarían de ayudar a Balaguer después que éste joven demostró poseer tantos conocimientos, y sobre todo, tantas agallas para defender sus ideas. Porque como escribió Francisco Izquierdo Navarro, existe una ley de la jungla política que dice que nadie ayuda a ascender a quien aparenta ser más que uno.


Con ese debate, Balaguer logró llamar a la atención sobre su persona y consolidó su prestigio intelectual. Provocó el escándalo, y logró un brillo intelectual que le colocó por encima de quienes le rodeaban. Fue difamado y agredido por el contenido del libro, pero en el porvenir jamás fue ignorado. La mirada de la intelectualidad del régimen quedó fijada sobre él.


El conflicto logró que fijaran la atención sobre su persona, y sus pasos posteriores estuvieron orientados a que esa atención no fuera desviada. Robert Greene dice que: Brillar con más esplendor que quienes lo rodean es una habilidad con la que nadie ha nacido. Usted tiene que aprender a atraer la atención con la misma fuerza con que un imán atrae al hierro. Al principio de su carrera, deberá ligar su nombre a la reputación de poseer una cualidad o una imagen que lo diferencie de los demás. Esa imagen puede ser una forma característica de vestir, o una gracia personal que divierta a la gente y dé que hablar. Una vez establecida su imagen, usted poseerá una apariencia, un lugar en el cielo para su estrella.


Balaguer procedió a recoger el libro, y el 2 de septiembre de 1934 contestó el cablegrama al Canciller, mediante una pequeña carta de dos reducidos párrafos, donde les dijo que el 20 de octubre enviar ía el libro por barco en una caja de madera, y que, en la medida de lo posible procedía a recoger la parte que ya había circulado. Era difícil recogerlo todo, ya que el libro había sido despachado a Bibliotecas de varios países de Europa y América.


El 19 de septiembre de 1934, Balaguer fue cancelado como Primer Secretario de la Embajada de República Dominicana en Madrid.


¿Qué extraño es, que un joven, simplemente un empleado de una Embajada se vea envuelto en un conflicto de esta magnitud, sólo por pretender crecer intelectualmente y proyectar una buena imagen del régimen del que se siente tan agradecido en el exterior?


¿Qué dolor embargaría a Balaguer, al recibir su cancelación en un momento en que su madre estaba enferma, recién operada e internada en un centro médico de Madrid?


Para sus adversarios Balaguer había llegado a su final, habían quitado esa pequeña piedra del camino, pero no fue así. Como dice Leonardo de León Miranda: Aquel que no haya llegado a un punto muerto en su carrera, que no haya llegado a lo más bajo y tocado el fondo, no podrá afianzar sus fuerzas y ramificar sus conocimientos y nunca será el más grande.


El 20 de septiembre Balaguer acusó recibo del cablegrama de su cancelación, y en el segundo párrafo de su carta a Bazil le dijo: Le ruego que se me digne solicitar el dinero correspondiente a mi repatriación y le manifiesto que a causa del estado de salud de mi madre, quien fue operada hace apenas quince días por el Dr. Dossot, de París, me encuentro imposibilitado para tomar el vapor que sale de Cádiz el 24 del cursante.

Esta cancelación, más que un castigo por haber elogiado a Estrella Ureña, era una trama de intelectuales del régimen que veían en el joven Balaguer, a un rival peligroso, y por tanto, entendían que el momento era oportuno para salir de él. Esta reacción es normal en política, debido a que como escribió José Ortega y Gasset: Si usted no es como todo el mundo, si no piensa como todo el mundo, corre usted el riesgo de ser eliminado.

martes, 14 de marzo de 2006

Técnicas de Balaguer para triunfar en la Era de Trujillo IV

Quizás Balaguer se sentía amparado en el hecho de ser sobrino de una de las esposas de Trujillo.


Cuarto Paso: Puso sus conocimientos al servicio del régimen.


(Con los dictadores uno no puede adivinar lo que harán; pero uno sabe siempre lo que no harán. Georges Bernard Shaw).


Balaguer estaba apasionado con sus estudios. Estaba disfrutando de un privilegio que se les había presentado a muy pocos dominicanos. La negativa del Jefe de concederle licencia para permanecer en París hasta que terminara los estudios de derecho público y medicina legal, le había decepcionado.


El hecho de que se atreviera nueva vez a dirigirse a Trujillo implorándole para que le conceda dicho permiso, es una prueba de su ambición por el conocimiento.
Enriquecer su acerbo intelectual era lo más importante para él en esos momentos. Además el contenido de la comunicación refleja la confianza entre los dos personajes.


Es como una súplica de un hijo a su padre: “Sería para mí muy penoso dejar trunca e inconclusa la obra de dos años y medio de esfuerzos. Comprendo que Usted tiene compromisos políticos que atender y por eso solo me permito suplicarle una nueva ayuda por un plazo relativamente breve. Yo no tengo en la vida nadie a quien pueda recurrir en solicitud de favores y es esa la razón por la cual me expongo a proporcionarle una molestia acaso pueda ser para Usted enojosa”.


Su petición fue nuevamente rechazada. En esta ocasión, sin ningún tipo de detalle como en la primera respuesta, donde Trujillo alegó que haría cambios en su política exterior.


En acuse de recibo de fecha 26 de diciembre de 1934, bajo la firma del Subsecretario de la Presidencia, Julián A. Barinas hijo, Balaguer sólo recibe la noticia de que Trujillo fue enterado de contenido de su carta.


Es posible que ningún otro colaborador de Trujillo tuviera la confianza de insistir tanto sobre un asunto negado. Quizás Balaguer se sentía amparado en el hecho de ser sobrino de una de las esposas de Trujillo y de haber servido con tanto ahínco durante la campaña electoral que le llevó al poder.


Balaguer continuaba inquieto, sin paz y sin sosiego al no poder concluir una meta.


Por tercera vez decidió insistir sobre el asunto. El 17 de octubre de 1934 escribió de nuevo a Trujillo, donde le explicó los motivos por que solicitaba la licencia. A la vez, le expresó que no sentía ninguna molestia por el motivo de no haber sido complacido:

Yo acojo con el mayor respeto la negativa tácita que ha merecido la licencia extraordinaria ya mencionada y me sentiría satisfecho si alguna vez la vida, que está llena de azares, me ofreciera la oportunidad de confirmar con hechos la sinceridad de las afirmaciones que me he permitido en esta carta.


Trujillo contestó a Balaguer, mediante comunicación de fecha 9 de noviembre de 1934, expresándole que no se preocupe en justificar una aptitud asumida anteriormente, de la cual está bien compenetrado. Pero, en esa misma misiva, le reitera que su solicitud de licencia no fue aprobada, en razón de que próximamente se recomendará la introducción de reformas en el servicio diplomático exterior.


Balaguer actuaba de ese modo porque estaba convencido de que gozaba de afectos de parte de Trujillo, y como dijo Baltasar Gracián, la estima es a las cualidades exitosas lo que el aire a la flor. Es aliento, es vida.


Se observa en el intercambio de cartas, la insistencia de Balaguer y la actitud comprensiva y respetuosa de Trujillo, a pesar de no complacer a su colaborador.


Ahí se dejó entrever el trato afectivo entre estos dos hombres. Esto explica en parte, porqué, Trujillo permaneció por tanto tiempo en el poder, consiguiendo el respaldo de casi todos los intelectuales de la época; y porqué, Balaguer, ese humilde y romántico joven se convirtió más tarde en figura estelar del régimen y en heredero político del tirano.


El libro La Fiesta del Chivo del reputado escritor peruano, Mario Vargas Llosa, es una mezcla de novela con historia, donde el autor enfoca a profundidad la compenetración que existía entre estos dos personajes, y la forma cómo Balaguer salía invicto de los trances en que se vio envuelto en los años difíciles del régimen de Trujillo.

Es acertado el planteamiento de Ernest Hemingway en el sentido de que conocer a un hombre y conocer lo que tiene dentro de la cabeza son asuntos distintos

martes, 7 de marzo de 2006

Técnicas de Balaguer para triunfar en la Era de Trujillo III

A pesar de su juventud, Balaguer fue una de las figuras políticas más estelares en el desarrollo de la campaña electoral de 1930.


Tercer Paso: La carrera diplomática le ayudó a adquirir una visión de los procesos políticos.


En el mes de junio de 1932, Balaguer fue designado Secretario de la Legación Dominicana en Madrid, España. En principio rechazó la designación poniendo como excusa un viaje que debía realizar a Puerto Rico. Es posible que el motivo real de su rechazo fuera por disconformidad por la poca jerarquía del puesto.


A pesar de su juventud, Balaguer fue una de las figuras políticas más estelares en el desarrollo de la campaña electoral de 1930.


Meses después, Trujillo le ofertó de nuevo el cargo, y en esta ocasión decidió aceptarlo. Esa designación fue un premio para un joven profesional sin ambición por el dinero, pero sí con mucha ambición por el conocimiento.


Comparto las aseveraciones del historiador Rodríguez de León, de que: A riesgo de errar, podríamos especular que la aceptación de este cargo diplomático, además de los beneficios académicos y culturales que significaba, salvó la carrera política de Balaguer. De haberse quedado en el país, muy probablemente hubiese seguido la suerte que corrieron casi todos los funcionarios trujillistas, es decir, subieron y bajaron, y luego desaparecieron o fueron relegados a la condición de fichas de reserva, a ser usadas a conveniencia y antojo del despótico mandatario.


Dijo Johann Wolfgang Von Goethe que el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad. Por eso, desde su arribo a Madrid, Balaguer empezó a visitar las bibliotecas y centros culturales -teatros, catedrales, museos y universidades- donde estableció relaciones con prestigiosos poetas y literatos. Interesado en el estudio y conocimiento del poder como factor social y político, estudió a Maquiavelo, Azorín, Baltasar Gracián, y a otros renombrados consejeros en la prudencia política y el arte de gobernar.


El 27 de diciembre de 1932, escribió una carta a Trujillo, y en el segundo párrafo le dice: Durante estos seis meses, he asistido como oyente, a las cátedras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, y he estado haciendo un curso de francés; y, en estos días, he tenido, juntamente con Don Elías, la satisfacción de que el Ministerio de Instrucción Pública de Francia haya tenido a bien acordarnos la equivalencia en nuestros estudios de derecho y autorizado, en consecuencia, nuestra inscripción en dos cursos correspondientes al Doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas.


Como orador ya se había ganado el agrado de Trujillo, y ahora como servidor público comenzaba a caerle bien. El 24 de enero de 1933, Trujillo contestó su carta, y meses después lo designó Secretario de Primera Clase de las Legaciones de República Dominicana en Francia, Italia, Suiza y Bélgica, en adición de Secretario de Primera Clase de la Embajada de Madrid.


Esa designación fue uno de los mayores premios recibidos por Balaguer hasta entonces, puesto que le permitió viajar a París donde completó sus estudios en el idioma francés, y el 27 de noviembre de 1934 se tituló en Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de París.


De inmediato se matriculó en la cátedra de Derecho Público, y solicitó a Trujillo una licencia para permanecer en París hasta tanto cursara sus estudios, petición que fue rechazada, aunque esos estudios fueron completados posteriormente. A su regreso de nuevo a Madrid, después de permanecer dos años en París, se matriculó como oyente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid.


Balaguer se comportaba como un hombre agradecido, sin caer en el servilismo barato. Trujillo era un dictador, pero Balaguer no era su esclavo, porque como dice Rabindranath Tagore: Únicamente nos ayuda aquel que nos hace comprender que las cosas pierden para nosotros su valor ficticio y su poder tiránico, tan pronto como llegamos a libertar de ellas nuestro espíritu.


En comunicación de fecha 28 de noviembre de 1934, informó a Trujillo de los logros alcanzados, y el último párrafo de esta carta dice: Después de darle las explicaciones anteriores solo me resta decirle que yo no olvido ni olvidaré nunca la satisfacción que hoy recibo, la debo exclusivamente a su protección y a su amistad y que para mí ha sido y será siempre un deber, que siempre deberé considerar como sagrado, corresponder con una indesviable devoción personal a los beneficios que obligan mi gratitud de modo no perecedero.


Desde el mismo instante en que fue designado Secretario de Primera Clase en la Legación Dominicana en Madrid, Balaguer empezó a trabajar con cautela su crecimiento político dentro del régimen de Trujillo.

Fue muy inteligente al mantener informado al Jefe de todos sus pasos, como también tuvo resultados favorables el hecho de que su padre, Don Joaquín Balaguer Lespier, se dirigiera a Su Excelencia externándole su agradecimiento por todo cuanto estaba haciendo por su hijo.