La gestión de Balaguer como Secretario de Educación marcó una época de esplendor para la educación en la República Dominicana.
Balaguer estudió en varios países de Europa. Conoció las culturas inglesa, española y francesa. Se fascinó con los avances, bellezas y encantos de esas sociedades, pero sin renunciar a su condición de dominicano.
A su regreso del servicio diplomático y reintegro a la burocracia de la administración pública, siguió siendo el mismo servidor humilde, sencillo y servicial. En ningún momento hizo gala de su acervo intelectual para humillar a sus compañeros de labores. Sabía que para no meterse en problemas debía administrar el conocimiento.
La designación de Balaguer en la Secretaría de Educación se produjo en una etapa en que el poder del clan Trujillo se incrementaba en todas las estructuras productivas del país. Auspició el incremento del rol de la iglesia católica en la educación, poniendo bajo su control el Instituto Politécnico Loyola, centro de enseñanza técnica más importante del país. Desde ese entonces, hasta el último momento de su accionar político, Balaguer fue coherente en el mantenimiento de buenas relaciones con la iglesia católica.
La gestión de Balaguer como Secretario de Educación marcó una época de esplendor para la educación en la República Dominicana. Implementó una serie de acciones, dentro de las cuales sobresalen:
a) ejecución del plan bienal de construcciones escolares, modificando y construyendo nuevas plantas físicas en las principales ciudades del país;
b) establecimiento del desayuno escolar en beneficio de los estudiantes de escasos recursos;
c) establecimiento de un sistema de ahorro escolar, para incentivar los alumnos al ahorro y así poder costear sus estudios superiores;
d) creación de las escuelas de artes y oficios; e) construcción del edificio de la Secretaría de Educación;
f) construcción del Palacio de Bellas Artes; g) puesta en marcha de los Liceos Normales;
h) creación de un programa de viviendas para los maestros;
i) establecimiento de bibliotecas ambulantes y barriales;
j) creación de las sociedades de padres y amigos de las escuelas;
k) inicio de las celebraciones de las ferias del libro, así como una ingente labor orientada a resaltar los valores y símbolos patrios.
El prestigio alcanzado por Balaguer en la Secretaría de Educación fue de tal magnitud que el más prestigioso periódico de circulación nacional, el matutino El Caribe, le dedicó el editorial del 22 de febrero de 1955, resaltando la decisión del gobierno de poner en marcha el Plan elaborado por el Secretario de Educación para erradicar el analfabetismo.
Fue la primera vez que un periódico, sobre todo el medio informativo más prestigioso de la nación, que además era propiedad del régimen, utilizó su página editorial para alabar a una persona que no fuera el Jefe.
El editorial pasó desapercibido, pero un desliz como ese, el desenlace que se producía sería la cancelación tanto de quien hacía el homenaje como de quien lo recibía. Y para sorpresa de muchos, inclusive del propio Balaguer que vio su carrera en peligro, meses más tarde fue nombrado miembro de la Comisión Organizadora de la Feria de la Paz.
Balaguer conocía muy bien el terreno movedizo en que pisaba. Por un lado propiciaba el levantamiento de la infraestructura física y la creación de nuevas estructuras educacionales orientadas a erradicar el analfabetismo, mejorar la educación técnica y la calidad del personal docente, y por otro lado, legitimaba sus acciones al máximo logrando que cada una de sus actividades fueran encabezadas por el Presidente Trujillo ó por alguno de sus familiares cercanos.
Siempre leal y agradecido de la oportunidad brindada por el Jefe, el 30 de junio de 1955 organizó el desfile de maestros, donde los diez mil maestros del país desfilaron en Ciudad Trujillo para hacerle entrega al Generalísimo de la “Medalla de Honor de Educación”.
Balaguer sabía la importancia que tenía este tipo de manifestaciones que alimentaban el ego de Trujillo, sobre todo en esa etapa de endiosamiento en que estaba sumergido. Actuó convencido, como dijo Francis Bacón de que, “a la naturaleza se le domina obedeciéndola”. Al mismo tiempo, esos escenarios sirvieron para detener a sus rivales en el seno del gobierno que esperaban de forma vigilante que cometiera algún error para utilizarlo como pretexto para indisponerlo ante el tirano.
Balaguer estudió en varios países de Europa. Conoció las culturas inglesa, española y francesa. Se fascinó con los avances, bellezas y encantos de esas sociedades, pero sin renunciar a su condición de dominicano.
A su regreso del servicio diplomático y reintegro a la burocracia de la administración pública, siguió siendo el mismo servidor humilde, sencillo y servicial. En ningún momento hizo gala de su acervo intelectual para humillar a sus compañeros de labores. Sabía que para no meterse en problemas debía administrar el conocimiento.
La designación de Balaguer en la Secretaría de Educación se produjo en una etapa en que el poder del clan Trujillo se incrementaba en todas las estructuras productivas del país. Auspició el incremento del rol de la iglesia católica en la educación, poniendo bajo su control el Instituto Politécnico Loyola, centro de enseñanza técnica más importante del país. Desde ese entonces, hasta el último momento de su accionar político, Balaguer fue coherente en el mantenimiento de buenas relaciones con la iglesia católica.
La gestión de Balaguer como Secretario de Educación marcó una época de esplendor para la educación en la República Dominicana. Implementó una serie de acciones, dentro de las cuales sobresalen:
a) ejecución del plan bienal de construcciones escolares, modificando y construyendo nuevas plantas físicas en las principales ciudades del país;
b) establecimiento del desayuno escolar en beneficio de los estudiantes de escasos recursos;
c) establecimiento de un sistema de ahorro escolar, para incentivar los alumnos al ahorro y así poder costear sus estudios superiores;
d) creación de las escuelas de artes y oficios; e) construcción del edificio de la Secretaría de Educación;
f) construcción del Palacio de Bellas Artes; g) puesta en marcha de los Liceos Normales;
h) creación de un programa de viviendas para los maestros;
i) establecimiento de bibliotecas ambulantes y barriales;
j) creación de las sociedades de padres y amigos de las escuelas;
k) inicio de las celebraciones de las ferias del libro, así como una ingente labor orientada a resaltar los valores y símbolos patrios.
El prestigio alcanzado por Balaguer en la Secretaría de Educación fue de tal magnitud que el más prestigioso periódico de circulación nacional, el matutino El Caribe, le dedicó el editorial del 22 de febrero de 1955, resaltando la decisión del gobierno de poner en marcha el Plan elaborado por el Secretario de Educación para erradicar el analfabetismo.
Fue la primera vez que un periódico, sobre todo el medio informativo más prestigioso de la nación, que además era propiedad del régimen, utilizó su página editorial para alabar a una persona que no fuera el Jefe.
El editorial pasó desapercibido, pero un desliz como ese, el desenlace que se producía sería la cancelación tanto de quien hacía el homenaje como de quien lo recibía. Y para sorpresa de muchos, inclusive del propio Balaguer que vio su carrera en peligro, meses más tarde fue nombrado miembro de la Comisión Organizadora de la Feria de la Paz.
Balaguer conocía muy bien el terreno movedizo en que pisaba. Por un lado propiciaba el levantamiento de la infraestructura física y la creación de nuevas estructuras educacionales orientadas a erradicar el analfabetismo, mejorar la educación técnica y la calidad del personal docente, y por otro lado, legitimaba sus acciones al máximo logrando que cada una de sus actividades fueran encabezadas por el Presidente Trujillo ó por alguno de sus familiares cercanos.
Siempre leal y agradecido de la oportunidad brindada por el Jefe, el 30 de junio de 1955 organizó el desfile de maestros, donde los diez mil maestros del país desfilaron en Ciudad Trujillo para hacerle entrega al Generalísimo de la “Medalla de Honor de Educación”.
Balaguer sabía la importancia que tenía este tipo de manifestaciones que alimentaban el ego de Trujillo, sobre todo en esa etapa de endiosamiento en que estaba sumergido. Actuó convencido, como dijo Francis Bacón de que, “a la naturaleza se le domina obedeciéndola”. Al mismo tiempo, esos escenarios sirvieron para detener a sus rivales en el seno del gobierno que esperaban de forma vigilante que cometiera algún error para utilizarlo como pretexto para indisponerlo ante el tirano.
