El principal reto de un político es crear su reputación. Si la reputación es mala resulta difícil sustituirla por una reputación buena.
En la creación de su imagen, el político debe estimular discusiones sobre aquellos temas en los que saldrá ganancioso, o en aquellos que afectan a sus adversarios. El estímulo es un incitamiento para obrar o funcionar. Desde el punto de vista biológico es cualquier agente que provoca la respuesta de un organismo u órgano. Las causas que generarán la imagen serán los estímulos recibidos a través de los sentidos los cuales también incitarán a actuar.
Existen diversas clases de estímulos, pero es necesario para todo político el conocimiento de tres grandes grupos, que son: Verbales, no verbales y mixtos.
Los estímulos verbales son aquellos que generan percepción mediante el uso de la palabra oral o escrita. Los estímulos no verbales son aquellos que generan la percepción utilizando recursos ajenos a la palabra. El presidente Joaquín Balaguer utilizó con mucho éxito en las contiendas políticas y en el ejercicio del poder el recurso del silencio. El silencio de Balaguer ante cualquier interrogante o acontecimiento implicaba un mensaje que desataba una lluvia contradictoria de interpretaciones y opiniones de diversos sectores de la sociedad.
Los estímulos mixtos generan percepción utilizando simultáneamente estímulos verbales y no verbales. Existen personas que comunican un mensaje hablado, y al mismo tiempo hacen gestos premeditados para poner en duda su propio mensaje. O sea, están diciendo algo que no quieren decir, pero que deben decir por las razones que fuesen.
El éxito y el buen manejo político dependen en parte de que entendamos que la imagen es una ecuación. La imagen es percepción que se convierte en la identidad y con el tiempo en la reputación”. La reputación es la opinión que las personas tienen sobre una persona, institución o cosa.
El principal reto de un político es crear su reputación. Si la reputación es mala resulta difícil sustituirla por una reputación buena. Si la reputación es buena resulta difícil destruirla, porque la reputación se forma durante toda una vida. Un ejemplo de buena reputación son los liderazgos de Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez.
Sobre la imagen de estos tres líderes fueron lanzados todo tipo de argumentos soeces, invectivas e improperios, y sin embargo, sus atacantes no lograron los propósitos de dañarle la reputación. Juan Bosch era el maestro, el genio, el hombre honesto a carta cabal, el político que predecía el futuro. Peña Gómez era la víctima de las injusticias raciales -Con frecuencia se escuchaba a personas decir: Si no fuera prieto hace tiempo que hubiera sido presidente-, el político honesto. Joaquín Balaguer es el político honesto, el estadista que hace las obras que necesita el país, el intelectual, el genio, el mago que no debe ser atacado, porque al final logra vengarse, el hombre humilde y solidario.
Existe un refrán popular que dice: “Cría fama y échate a dormir”. En este refrán se expresa la sabiduría del pueblo. No basta con ser bueno, con ser el mejor. Es necesario tener la fama de bueno y de que es el mejor. Si usted tiene la fama, tiene el triunfo asegurado. A veces quien tiene la fama de bueno, resulta ser el peor. Y quien tiene la fama de malo, resulta ser mejor. El éxito político depende esencialmente de criar buena fama y lograr conservarla en el tiempo hasta el punto que se convierta en reputación.
Víctor Gordoa hace la clasificación más precisa hasta el momento sobre los tipos de imágenes. Aduce que la ingeniería en imagen pública sirve para construir dos grandes grupos de imágenes, que son: La imagen personal y la imagen institucional. La imagen personal es la percepción que sobre un individuo tiene su grupo objetivo mediante la cual éste le otorga una identidad. La imagen institucional es la percepción que sobre una persona moral tiene su grupo objetivo, y con la cual le identifica. Gordoa identifica dos axiomas de la imagen pública que deben ser tomados muy en cuenta por los actores políticos: “La imagen de la titularidad permea en la institución” y la “imagen de la institución afectará la de todos sus miembros”.
Las imágenes personal e institucional se apoyan en un conjunto de imágenes subordinadas, que son: Imagen física, profesional, verbal, visual, audiovisual y ambiental. Es vital en una campaña electoral determinar las diversas imágenes subordinadas del candidato, y así elaborar un plan maestro de imagen pública que tenga como “objetivo primordial regir la producción coherente de estímulos clasificados dentro de diferentes tipos de imágenes de tal manera que todos transmitan el mismo mensaje, evitando así crear confusión y venciendo el reto de posicionar con claridad y fuerza al emisor dentro de la mente del receptor.
En la creación de su imagen, el político debe estimular discusiones sobre aquellos temas en los que saldrá ganancioso, o en aquellos que afectan a sus adversarios. El estímulo es un incitamiento para obrar o funcionar. Desde el punto de vista biológico es cualquier agente que provoca la respuesta de un organismo u órgano. Las causas que generarán la imagen serán los estímulos recibidos a través de los sentidos los cuales también incitarán a actuar.
Existen diversas clases de estímulos, pero es necesario para todo político el conocimiento de tres grandes grupos, que son: Verbales, no verbales y mixtos.
Los estímulos verbales son aquellos que generan percepción mediante el uso de la palabra oral o escrita. Los estímulos no verbales son aquellos que generan la percepción utilizando recursos ajenos a la palabra. El presidente Joaquín Balaguer utilizó con mucho éxito en las contiendas políticas y en el ejercicio del poder el recurso del silencio. El silencio de Balaguer ante cualquier interrogante o acontecimiento implicaba un mensaje que desataba una lluvia contradictoria de interpretaciones y opiniones de diversos sectores de la sociedad.
Los estímulos mixtos generan percepción utilizando simultáneamente estímulos verbales y no verbales. Existen personas que comunican un mensaje hablado, y al mismo tiempo hacen gestos premeditados para poner en duda su propio mensaje. O sea, están diciendo algo que no quieren decir, pero que deben decir por las razones que fuesen.
El éxito y el buen manejo político dependen en parte de que entendamos que la imagen es una ecuación. La imagen es percepción que se convierte en la identidad y con el tiempo en la reputación”. La reputación es la opinión que las personas tienen sobre una persona, institución o cosa.
El principal reto de un político es crear su reputación. Si la reputación es mala resulta difícil sustituirla por una reputación buena. Si la reputación es buena resulta difícil destruirla, porque la reputación se forma durante toda una vida. Un ejemplo de buena reputación son los liderazgos de Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez.
Sobre la imagen de estos tres líderes fueron lanzados todo tipo de argumentos soeces, invectivas e improperios, y sin embargo, sus atacantes no lograron los propósitos de dañarle la reputación. Juan Bosch era el maestro, el genio, el hombre honesto a carta cabal, el político que predecía el futuro. Peña Gómez era la víctima de las injusticias raciales -Con frecuencia se escuchaba a personas decir: Si no fuera prieto hace tiempo que hubiera sido presidente-, el político honesto. Joaquín Balaguer es el político honesto, el estadista que hace las obras que necesita el país, el intelectual, el genio, el mago que no debe ser atacado, porque al final logra vengarse, el hombre humilde y solidario.
Existe un refrán popular que dice: “Cría fama y échate a dormir”. En este refrán se expresa la sabiduría del pueblo. No basta con ser bueno, con ser el mejor. Es necesario tener la fama de bueno y de que es el mejor. Si usted tiene la fama, tiene el triunfo asegurado. A veces quien tiene la fama de bueno, resulta ser el peor. Y quien tiene la fama de malo, resulta ser mejor. El éxito político depende esencialmente de criar buena fama y lograr conservarla en el tiempo hasta el punto que se convierta en reputación.
Víctor Gordoa hace la clasificación más precisa hasta el momento sobre los tipos de imágenes. Aduce que la ingeniería en imagen pública sirve para construir dos grandes grupos de imágenes, que son: La imagen personal y la imagen institucional. La imagen personal es la percepción que sobre un individuo tiene su grupo objetivo mediante la cual éste le otorga una identidad. La imagen institucional es la percepción que sobre una persona moral tiene su grupo objetivo, y con la cual le identifica. Gordoa identifica dos axiomas de la imagen pública que deben ser tomados muy en cuenta por los actores políticos: “La imagen de la titularidad permea en la institución” y la “imagen de la institución afectará la de todos sus miembros”.
Las imágenes personal e institucional se apoyan en un conjunto de imágenes subordinadas, que son: Imagen física, profesional, verbal, visual, audiovisual y ambiental. Es vital en una campaña electoral determinar las diversas imágenes subordinadas del candidato, y así elaborar un plan maestro de imagen pública que tenga como “objetivo primordial regir la producción coherente de estímulos clasificados dentro de diferentes tipos de imágenes de tal manera que todos transmitan el mismo mensaje, evitando así crear confusión y venciendo el reto de posicionar con claridad y fuerza al emisor dentro de la mente del receptor.

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