El prestigioso intelectual mexicano Oscar Ochoa recomienda evitar despertar la atención del auditorio desde el principio
En la era de la información el éxito en cualquier tipo de campaña depende del uso correcto del lenguaje, que es lo que le da al hombre una cualidad que lo hace totalmente distinto a otras criaturas del universo.
Un buen orador por lo regular se desenvuelve dentro de una serie de reglas. Para hablar bien en público existen seis reglas básicas:
1) La presentación es una regla que nunca debe faltar en un discurso. Una presentación apropiada es indispensable, puesto que bien implementada sirve para dar la impresión a la audiencia de que quién se va a dirigir a esta es lo mejor que le puede pasar.
En la presentación se debe transmitir sentimientos, sensibilidad, confianza y cariño. Llegar a la audiencia con actitud de humildad y sencillez. Muchas veces se aconseja admitir nerviosismo o limitaciones para ganarse la amistad del auditorio. Esa es la primera impresión, algo muy importante.
En la presentación o introducción hay que evitar los siguientes errores: No te disculpes, no discurras, no ofendas a tu público, no utilice información irrelevante; y no provoques una actitud negativa hacia el tema.
El prestigioso intelectual mexicano Oscar Ochoa recomienda evitar despertar la atención del auditorio desde el principio. Procure que su lenguaje sea directo, es decir, que vaya al grano, con voz activa.
Existen cinco reglas de oro para hacer una introducción efectiva: Capta la atención del público ante todo, demuestra una actitud de seguridad y confianza en ti mismo, toma tiempo para organizarte antes de hablar, ofrece comentarios apropiados y relevantes para la ocasión, manteen un lenguaje y estilo consistentes.
2) Comodidad personal. El orador debe dar la impresión al auditorio de que tiene control de si mismo, que sabe lo que dice, que domina su cuerpo, su voz, su gesto, sus movimientos. Es recomendable utilizar ilustraciones, parábolas o símbolos que permitan a quienes escuchan seguir sus comentarios. Dar vida, congruencia e ingenio al discurso.
3) Informativo. Un buen discurso debe ser informativo. De nada sirve un discurso vacío, sin sustancia, que no diga nada. Hay que saber insertar la información. El discurso informativo tiene como propósito informar. Es recomendable concluir haciendo un resumen de la información presentada o una reflexión acerca de una idea determinada.
4) El discurso debe ser dividido en fases.
5) El discurso debe ser claro. La gente califica como inteligente a las personas que entiende,
6) Mantener el interés de la audiencia . La presencia física y la vestimenta son elementos importantes. Si el orador no se siente seguro y cómodo con sus gestos debe optar por no utilizarlos. No se debe temer al silencio. No tener las manos en los bolsillos mientras conversa en público. No agarrar el micrófono mientras se habla. Acomodar el micrófono antes de iniciar el discurso. Siempre mirar al público. No fijar la vista en un sólo ámbito del auditorio. Evitar transmitir emociones y conmociones tratando de evitar levantar la voz. No hablar gritando. Evitar el otro extremo, personas que son tan pasivas que no se le escucha. Evitar tener un ritmo plano. Aprender a cambiar de ritmo. Aprender a alterar el ritmo. Es recomendable utilizar palabras cortas, preferiblemente monosílabas.
En cuanto a la estructura y contenido del discurso se aconseja comenzar con una anécdota que llame la atención del público: "Quiero contarle algo que me sucedió mientras venía para acá". "Quiero contarle algo que le sucedió a un amigo presente hace unos días".
Se puede también comenzar el discurso formulando preguntas para responderla usted mismo. Un buen gancho para comenzar puede ser también el humor, contar un chiste. En este caso se debe tener algo planificado por si el chiste no produce la reacción esperada.
Hay que saber utilizar las emociones. Hay momentos en que hay que dar la impresión de alegría, y en otros dar la impresión de incomodidad. En otras palabras, manejar las emociones. Cuando se quiere seducir al electorado hay que convencerlo con emociones.
Hay que repetir frases, entonar la voz, ser concluyente al culminar cada párrafo.
En la era de la información el éxito en cualquier tipo de campaña depende del uso correcto del lenguaje, que es lo que le da al hombre una cualidad que lo hace totalmente distinto a otras criaturas del universo.
Un buen orador por lo regular se desenvuelve dentro de una serie de reglas. Para hablar bien en público existen seis reglas básicas:
1) La presentación es una regla que nunca debe faltar en un discurso. Una presentación apropiada es indispensable, puesto que bien implementada sirve para dar la impresión a la audiencia de que quién se va a dirigir a esta es lo mejor que le puede pasar.
En la presentación se debe transmitir sentimientos, sensibilidad, confianza y cariño. Llegar a la audiencia con actitud de humildad y sencillez. Muchas veces se aconseja admitir nerviosismo o limitaciones para ganarse la amistad del auditorio. Esa es la primera impresión, algo muy importante.
En la presentación o introducción hay que evitar los siguientes errores: No te disculpes, no discurras, no ofendas a tu público, no utilice información irrelevante; y no provoques una actitud negativa hacia el tema.
El prestigioso intelectual mexicano Oscar Ochoa recomienda evitar despertar la atención del auditorio desde el principio. Procure que su lenguaje sea directo, es decir, que vaya al grano, con voz activa.
Existen cinco reglas de oro para hacer una introducción efectiva: Capta la atención del público ante todo, demuestra una actitud de seguridad y confianza en ti mismo, toma tiempo para organizarte antes de hablar, ofrece comentarios apropiados y relevantes para la ocasión, manteen un lenguaje y estilo consistentes.
2) Comodidad personal. El orador debe dar la impresión al auditorio de que tiene control de si mismo, que sabe lo que dice, que domina su cuerpo, su voz, su gesto, sus movimientos. Es recomendable utilizar ilustraciones, parábolas o símbolos que permitan a quienes escuchan seguir sus comentarios. Dar vida, congruencia e ingenio al discurso.
3) Informativo. Un buen discurso debe ser informativo. De nada sirve un discurso vacío, sin sustancia, que no diga nada. Hay que saber insertar la información. El discurso informativo tiene como propósito informar. Es recomendable concluir haciendo un resumen de la información presentada o una reflexión acerca de una idea determinada.
4) El discurso debe ser dividido en fases.
5) El discurso debe ser claro. La gente califica como inteligente a las personas que entiende,
6) Mantener el interés de la audiencia . La presencia física y la vestimenta son elementos importantes. Si el orador no se siente seguro y cómodo con sus gestos debe optar por no utilizarlos. No se debe temer al silencio. No tener las manos en los bolsillos mientras conversa en público. No agarrar el micrófono mientras se habla. Acomodar el micrófono antes de iniciar el discurso. Siempre mirar al público. No fijar la vista en un sólo ámbito del auditorio. Evitar transmitir emociones y conmociones tratando de evitar levantar la voz. No hablar gritando. Evitar el otro extremo, personas que son tan pasivas que no se le escucha. Evitar tener un ritmo plano. Aprender a cambiar de ritmo. Aprender a alterar el ritmo. Es recomendable utilizar palabras cortas, preferiblemente monosílabas.
En cuanto a la estructura y contenido del discurso se aconseja comenzar con una anécdota que llame la atención del público: "Quiero contarle algo que me sucedió mientras venía para acá". "Quiero contarle algo que le sucedió a un amigo presente hace unos días".
Se puede también comenzar el discurso formulando preguntas para responderla usted mismo. Un buen gancho para comenzar puede ser también el humor, contar un chiste. En este caso se debe tener algo planificado por si el chiste no produce la reacción esperada.
Hay que saber utilizar las emociones. Hay momentos en que hay que dar la impresión de alegría, y en otros dar la impresión de incomodidad. En otras palabras, manejar las emociones. Cuando se quiere seducir al electorado hay que convencerlo con emociones.
Hay que repetir frases, entonar la voz, ser concluyente al culminar cada párrafo.

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