Debemos apoyarnos en los resultados del sondeo para tomar esta decisión. No debemos apoyarnos en los caprichos del candidato o de cualquier otro miembro influyente de la campaña.
Existen dos tipos de avisos -mensajes- a utilizar en una campaña electoral, y son: Mensajes positivos y mensajes negativos.
Determinar el tipo de mensaje que se utilizará es una de las decisiones más delicadas de la campaña electoral. Esta decisión no se debe tomar al azar. Es necesario hacer una encuesta cuyos resultados nos permitan determinar las ventajas o desventajas de utilizar avisos positivos o negativos.
Debemos apoyarnos en los resultados del sondeo para tomar esta decisión. No debemos apoyarnos en los caprichos del candidato o de cualquier otro miembro influyente de la campaña.
La investigación realizada debe arrojarnos luces que nos permitan determinar qué más nos conviene: Si utilizar mensajes positivos ofertando solución a los problemas de las personas; ó por el contrario, utilizar mensajes negativos acusando al candidato adversario de ser el responsable de esos problemas.
Desde luego que la utilización de mensajes positivos o negativos dependerá de su ubicación en la contienda electoral. Si usted es el candidato del partido de poder que opta por la reelección, no podrá acusar al candidato opositor de ser el culpable de los problemas. En este caso su mensaje deberá estar enfocado a presentar sus logros.
En cuanto al candidato de oposición, por lo regular tiene elementos para focalizar una campaña negativa, presentando los problemas y culpando al candidato oficialista o al partido de gobierno de los mismos.
Los votantes prefieren los mensajes positivos. Los mensajes negativos muchas veces afectan a quienes los usan. Los consultores y estrategas políticos prefieren alternar avisos positivos y negativos en las batallas políticas.
Los votantes reciben la información negativa con suspicacia. Son cautos. Consideran que los mensajes negativos sólo persiguen dañar al adversario. Por eso, en muchos casos, los electores perciben que el mensaje negativo enfoca la verdad, pero sin embargo no cambian de preferencias, prefieren votar por su candidato independientemente de lo que digan.
Los mensajes negativos pocas veces le quitan adeptos a un candidato. Estos se utilizan más bien para dañar su imagen o afectar su credibilidad, y así tratar de evitar que otros que no se han declarados simpatizantes del candidato lo hagan.
No es posible ganar unas elecciones si la campaña está basada en un mensaje negativo. A veces estos deben ser utilizados, puesto que tienen su importancia, pero jamás debemos pensar que constituyen la estructura esencial de una campaña ganadora. Los mensajes negativos sólo se justifican si la razón de ser de la propia candidatura -sus promesas y ofertas- han sido planteados en mensajes positivos. De lo contrario, usarlos es como escupir para arriba.
Antes de optar por lanzar avisos negativos sobre un candidato hay que pensarlo muy bien. Si los avisos negativos no funcionan, como señala Dick Morris, tienen un creciente potencial de estallarle en la cara al candidato que los auspició. En la actualidad, la regla es: Aquel que afirma algo, debe probarlo.
Cuando un aviso negativo fracasa en estar a la altura de su peso sustancial, o es destruido por un aviso que lo desautoriza, la campaña que lanzó el aviso negativo pone en peligro su propia credibilidad. Si se desautoriza el aviso negativo, la campaña opositora no sólo ha perdido una escaramuza sino que ha sufrido un daño casi irreparable. Una desautorización eficiente hace difícil que se le vuelva a creer algo a la campaña cuyo aviso negativo ha quedado destruido.
Es aconsejable responder los mensajes negativos. Quién calla otorga. Si no se les responde, los avisos negativos funcionan.
Las campañas electorales, a veces, se ganan y se pierden en el arranque, o sea al comienzo de las mismas. Todas las campañas se inician con un enfrentamiento de mensajes. En las mayorías de los casos gana el candidato que se presenta con un mensaje afirmativo que le saca ventaja al adversario.
No entender lo anterior, implica una gran pérdida de tiempo y de dinero, que muchas veces se traduce en perder unas elecciones en las que se pudo triunfar. La clave del éxito en una campaña electoral radica en presentar el mensaje afirmativo apropiado en el comienzo de la contienda.
Las campañas se inician con una guerra entre mensajes positivos. Cuando el mensaje positivo de una campaña supera a la otra, al candidato en desventaja no le queda otra alternativa que utilizar mensajes negativos. La suerte se decide en ese momento, y no necesariamente el día de las elecciones.
Mientras el candidato en desventaja lanza mensajes negativos, el candidato que está a la cabeza sólo tiene que limitarse a refutarle los ataques, propinándole un golpe de gracia que destruya la credibilidad de la campaña. En estos casos se utiliza el siguiente argumento: Cómo el candidato X no tiene nada que ofrecerles a la población, recurre a la mentira.
Existen dos tipos de avisos -mensajes- a utilizar en una campaña electoral, y son: Mensajes positivos y mensajes negativos.
Determinar el tipo de mensaje que se utilizará es una de las decisiones más delicadas de la campaña electoral. Esta decisión no se debe tomar al azar. Es necesario hacer una encuesta cuyos resultados nos permitan determinar las ventajas o desventajas de utilizar avisos positivos o negativos.
Debemos apoyarnos en los resultados del sondeo para tomar esta decisión. No debemos apoyarnos en los caprichos del candidato o de cualquier otro miembro influyente de la campaña.
La investigación realizada debe arrojarnos luces que nos permitan determinar qué más nos conviene: Si utilizar mensajes positivos ofertando solución a los problemas de las personas; ó por el contrario, utilizar mensajes negativos acusando al candidato adversario de ser el responsable de esos problemas.
Desde luego que la utilización de mensajes positivos o negativos dependerá de su ubicación en la contienda electoral. Si usted es el candidato del partido de poder que opta por la reelección, no podrá acusar al candidato opositor de ser el culpable de los problemas. En este caso su mensaje deberá estar enfocado a presentar sus logros.
En cuanto al candidato de oposición, por lo regular tiene elementos para focalizar una campaña negativa, presentando los problemas y culpando al candidato oficialista o al partido de gobierno de los mismos.
Los votantes prefieren los mensajes positivos. Los mensajes negativos muchas veces afectan a quienes los usan. Los consultores y estrategas políticos prefieren alternar avisos positivos y negativos en las batallas políticas.
Los votantes reciben la información negativa con suspicacia. Son cautos. Consideran que los mensajes negativos sólo persiguen dañar al adversario. Por eso, en muchos casos, los electores perciben que el mensaje negativo enfoca la verdad, pero sin embargo no cambian de preferencias, prefieren votar por su candidato independientemente de lo que digan.
Los mensajes negativos pocas veces le quitan adeptos a un candidato. Estos se utilizan más bien para dañar su imagen o afectar su credibilidad, y así tratar de evitar que otros que no se han declarados simpatizantes del candidato lo hagan.
No es posible ganar unas elecciones si la campaña está basada en un mensaje negativo. A veces estos deben ser utilizados, puesto que tienen su importancia, pero jamás debemos pensar que constituyen la estructura esencial de una campaña ganadora. Los mensajes negativos sólo se justifican si la razón de ser de la propia candidatura -sus promesas y ofertas- han sido planteados en mensajes positivos. De lo contrario, usarlos es como escupir para arriba.
Antes de optar por lanzar avisos negativos sobre un candidato hay que pensarlo muy bien. Si los avisos negativos no funcionan, como señala Dick Morris, tienen un creciente potencial de estallarle en la cara al candidato que los auspició. En la actualidad, la regla es: Aquel que afirma algo, debe probarlo.
Cuando un aviso negativo fracasa en estar a la altura de su peso sustancial, o es destruido por un aviso que lo desautoriza, la campaña que lanzó el aviso negativo pone en peligro su propia credibilidad. Si se desautoriza el aviso negativo, la campaña opositora no sólo ha perdido una escaramuza sino que ha sufrido un daño casi irreparable. Una desautorización eficiente hace difícil que se le vuelva a creer algo a la campaña cuyo aviso negativo ha quedado destruido.
Es aconsejable responder los mensajes negativos. Quién calla otorga. Si no se les responde, los avisos negativos funcionan.
Las campañas electorales, a veces, se ganan y se pierden en el arranque, o sea al comienzo de las mismas. Todas las campañas se inician con un enfrentamiento de mensajes. En las mayorías de los casos gana el candidato que se presenta con un mensaje afirmativo que le saca ventaja al adversario.
No entender lo anterior, implica una gran pérdida de tiempo y de dinero, que muchas veces se traduce en perder unas elecciones en las que se pudo triunfar. La clave del éxito en una campaña electoral radica en presentar el mensaje afirmativo apropiado en el comienzo de la contienda.
Las campañas se inician con una guerra entre mensajes positivos. Cuando el mensaje positivo de una campaña supera a la otra, al candidato en desventaja no le queda otra alternativa que utilizar mensajes negativos. La suerte se decide en ese momento, y no necesariamente el día de las elecciones.
Mientras el candidato en desventaja lanza mensajes negativos, el candidato que está a la cabeza sólo tiene que limitarse a refutarle los ataques, propinándole un golpe de gracia que destruya la credibilidad de la campaña. En estos casos se utiliza el siguiente argumento: Cómo el candidato X no tiene nada que ofrecerles a la población, recurre a la mentira.

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