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martes, 6 de junio de 2006

Ejecutorias del gobierno de Balaguer en 1961

A Balaguer no se le debe regatear el rol de principal actor de la pacificación y democratización de la sociedad dominicana.


Muchos intelectuales e historiadores movidos por el sectarismo y la pasión propia de la política y de la conducta humana han tratado de tergiversar los aportes hechos por Balaguer a los más sanos y sagrados intereses de la nación durante la crisis que desencadenó la muerte de Trujillo.


Como escribió Richard Níxon, “por lo común, ponemos a los líderes de tiempo de guerra por encima de los tiempos de paz. Esto se debe, en parte a lo dramático de la guerra y en parte a que la historia trata con gran detenimiento las guerras.


Pero es también porque sólo podemos medir la verdadera grandeza de un hombre de estado cuando ha de hacer frente a desafíos que les fuerzan a dar medida máxima de sus capacidades. En los dirigentes, el desafío de la guerra pone de relieve cualidades que podemos medir con facilidad. Los desafíos de la paz pueden ser igualmente trascendentales, pero el triunfo de un líder frente a ellos no es tan dramático ni tan visible”.


A Balaguer no se le debe regatear el rol de principal actor de la pacificación y democratización de la sociedad dominicana. Como señala Ellen Bos, “las democracias no necesariamente se dan como consecuencia de ciertas condiciones económicas y sociales, sino que son literalmente producidas o causadas por los actores políticos”.


En medio del torbellino de crisis y anarquía que vivía el país, la meta de Balaguer era lograr la transición de la tiranía a la democracia, pero sin convertirse en un tirano. Siguió en consejo sabio de George Washington de que “la dominación alternativa de las pasiones políticas, agitadas entre sí por el espíritu de venganza y las disensiones de partido es causa del espantoso despotismo que ha cometido los más horribles excesos durante muchos siglos en diferentes países. Esa dominación conduce a otro despotismo más visible y permanente, pues los desórdenes y miserias de aquél predisponen el espíritu a buscar seguridad y descanso en el poder absoluto de un individuo; y, tarde o temprano, el jefe de algún sector dominante, más hábil o más afortunado que sus rivales, acaba por aprovechar esa inclinación de los ánimos para elevar su poderío sobre las ruinas de la libertad pública”.


La acción de Balaguer fue mucho más allá de una simple maniobra para mantener la paz y la estabilidad. Promulgó la ley que rebajaba el pago de los impuestos de patente en un cincuenta por ciento; repartió entre los campesinos pobres de Bonao las tierras propiedad de José Arismendy Trujillo Molina; pasó al Estado quince empresas que eran propiedad de la familia Trujillo; pagó a los contratistas de obras del Estado las deudas pendientes del régimen anterior; creó la Dirección de Control y Recuperación de Bienes; regaló 227 vehículos de motor a chóferes de la capital y Santiago; distribuyó 2,000 tareas de tierras que pertenecían al ex-mayor Danilo Trujillo Tejada en el Municipio de Guayubin; repartió 10,000 tareas de tierra en Bayaguana y Cojobal que pertenecían al ex-general César Oliva García; ordenó el depósito en el Banco de Reservas de RD$4,560,937.00 incautados a la familia Trujillo en varias maletas del yate “Angelita”; pensionó las viudas de los asesinos de Trujillo; ordenó el arresto de los asesinos de las hermanas Mirabal; liberó los impuestos que gravaban a los productos de consumo navideño; entregó cientos de motonetas y triciclos a personas de escasos recursos; rebajó los artículos de consumo diario; ordenó la devolución de propiedades que habían sido usurpadas por los Trujillo; creó un fondo para ayudar a los billeteros y quinieleros; sometió un proyecto de ley para liberar de impuestos al café y al cacao; pagó las deudas de hipotecas así como un sinnúmero de medidas que constituyen la prueba más fehaciente del humanismo y la justicia social practicada por este hombre público.


Mientras otros políticos luchaban por tomar el poder para satisfacer ambiciones personales y grupales, Balaguer durante su estada en el mando, encabezando un gobierno de facto, actuó en socorro de los más necesitados. Como era de esperarse, más tarde cosechó los frutos de sus actuaciones. Esos sectores pobres que favoreció en 1961 fueron decisivos para sus triunfos en los futuros torneos electorales, debido a que como dijo Maquiavelo, “muchas veces pesa más en el ánimo de los hombres un acto humano y caritativo que otro feroz y violento.”


Esa acción de Balaguer fue meditada. Los repartos que hizo eran con el propósito de darse a querer en los sectores más pobres de la población, que de hecho constituían la inmensa mayoría. “Es preciso darse a querer -dijo Joubert- porque los hombres sólo son justos con aquellos a quienes aman.” Sabía que si no repartía estos bienes en beneficio de los pobres, pronto terminarían en manos de sectores poderosos que históricamente se han dado a la tarea de hacer fortuna privada desfalcando al erario público. Con esta actitud aplicó la frase de Gabriel Alomar: “Hay que acomodar la acción a la palabra y la palabra a la idea”.


La muerte de Trujillo no sorprendió a Balaguer. La forma cómo manejó los asuntos públicos en medio de ese torbellino es una muestra de que estaba preparado para el acontecimiento. Actuó con coraje y con cautela, dependiendo del momento. Sabía que la esencia del poder es la capacidad de mantener la iniciativa, de lograr que los demás reaccionen frente a sus acciones. Con ese estilo puso a sus adversarios a la defensiva. Salió bien porque vio con claridad todos los pasos que tenía por delante y planeó su accionar hasta el desenlace final. No se vio tentado por emociones ni por los deseos de improvisar. Su claridad lo liberó de la angustia y de la vaguedad, situaciones que impiden que muchos lleven exitosamente a término su accionar. Tenía en vista el desenlace final.


La actitud de Balaguer de acudir en respaldo de los más desposeídos causó preocupación en los partidos Unión Cívica Nacional y Movimiento 14 de Junio. La UCN que anteriormente había rechazado integrarse a un gobierno de coalición, al ver la forma como Balaguer iba enfrentando los problemas nacionales, cambió de parecer y propuso la integración de un Consejo de Estado, el cual fue creado el 30 de diciembre de 1961, integrado por el Dr. Joaquín Balaguer, quien lo presidía; Lic. Rafael F. Bonelly, Lic. Eduardo Read Barrera, Monseñor Eliseo Pérez, Don Luís Amiama Tío, Dr. Nicolás Pichardo y General Antonio Imbert Barrera.


Los dirigentes de la UCN se dieron cuenta que Balaguer tenía habilidad y capacidad para concretizar el proyecto de transición democrática. A pesar de las acusaciones de trujillista, Balaguer se había mantenido en el poder y estaba realizando los cambios que ellos ofertaban como entidad de oposición. Balaguer no se perdió en la sombra de Trujillo, encontró su propia identidad y la reafirmó con un estilo de accionar diferente. Comenzó a ganar poder a través de sus propios méritos. Estaba llenando un vacío. Estaba sentando las bases para crear su propio reino. Se formó en el trujillismo, pero actuaba de forma distinta, y esto llenó de confusión a sus adversarios.


El 4 de enero de 1962, la OEA levantó las sanciones que gravitaban sobre el país, hecho muy significativo para el pueblo dominicano, ya que creó nuevas expectativas económicas, y al mismo tiempo, quedaron restablecidas las relaciones entre los Estados Unidos y la República Dominicana. El levantamiento de las sanciones impuestas por la ONU, el inicio de una gran cantidad de obras públicas, el reparto de millares de carros, guaguas, motores y triciclos, el reparto de cientos de miles de tareas de tierras, entre otras acciones, no fueron suficientes para detener la ola de agitadores que no les interesaba el progreso y la estabilidad de la República.


Mientras Balaguer se entregaba en cuerpo y alma a una causa noble y justa, recibió la desconsideración de ser destituido como Profesor de la Universidad de Santo Domingo, el 10 de enero de 1962. Para ese entonces, ya el tribuno de Navarrete estaba consciente de su estada en el poder llegaba a su final.


El autor de La Isla al Revés, estaba consciente de que estaba rodeado de la sinrazón, y por tanto, su entrega a la solución de los problemas nacionales no sería valorada por los grupos interesados en la toma del poder.


Dijo Mon Taigne que, “al principio somos nosotros quienes guiamos los acontecimientos y lo mantenemos bajo nuestro poder, pero a menudo, una vez encaminados, son los hechos los que nos guían a nosotros y nos arrastran”. El 16 de enero del mismo año, Balaguer fue obligado a renunciar como Presidente de la República y del Consejo de Estado. El 19 de enero solicitó asilo en la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede, y el 8 de marzo fue enviado al exilio.

Tal como escribió Azorín, “la inconsecuencia y la contradicción son la misma esencia de la vida. El político habrá de conocer el tiempo y el país en que vive; con arreglo a ellos arreglará y ajustará sus actos. Y si él tiene tales o cuales ideas o doctrinas en pugna con las que dominan, bien está que, discreta y cautamente, las haga prevalecer en el gobierno; pero no se olvide de navegar de cuando en cuando con la corriente, de ir con el pueblo adonde el pueblo quiere ir, de pensar y sentir con los demás.”

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