POR BELARMINIO RAMIREZ MORILLO*
El doctor Leonel Fernández Reyna no es una réplica ni de Juan Bosch ni de Joaquín Balaguer. Aunque ha estudiado a ambos con mucha reflexión y detenimiento. Es recurrente en citar a Bosch. Se emociona cuando analiza el contenido de sus obras y las razones de índole histórica que tuvo el profesor para escribir a cada una de ellas. Es agradecido de Balaguer, en parte al caudillo reformista le debe su gloria política.
Leonel Fernández ha estudiado a Balaguer con perspicacia, lo que le ha servido de mucho, puesto que el estudio de Balaguer, debe ser el referente para el liderazgo del presente, como el estudio de Leonel Fernández será el referente para el liderazgo del futuro. Es un político auténtico, que ha desarrollado estilos y características propias. Fernández no es un imitador de ningún otro líder, ni tampoco se guía por un libreto tratando de interpretar qué harían otros en las crisis y situaciones difíciles que les ha tocado afrontar.
El presidente Fernández tiene una riqueza de la que carecen sus adversarios, y es su acervo cultural. Es portador de una riqueza de conocimiento que es el producto de una vida dedicada a la lectura. El encerramiento que implicó vivir parte de su niñez en los Estados Unidos contribuyó a que despertara en su persona un apetito voraz por leer todo material bibliográfico que llegara a sus manos. Aún con sus 56 años de edad, hace relatos de todo cuanto aprendió de la Revista Ahora, que cada semana compraba su madre Yolanda Reyna, y que llevaba al apartamento donde vivían en Nueva York. Leonel ha tenido la suerte de competir con políticos que comenzaron a leer después de ser candidatos, y por tanto, exhiben un temor, un miedo conceptual, comunican recetas.
El ciclo del caudillismo ilustrado será un proceso histórico con una característica muy particular, debido a que durante tres décadas compitieron –Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez- tres líderes con dominio de lo racional y lo emocional de forma inigualable. Para el estudio de la historia y los análisis de la política contemporánea, hubiera sido mejor, si el presidente Fernández contara con adversarios de su estirpe.
Los tres caudillos ilustrados en su niñez y juventud estudiaron las teorías políticas, pero sobre todo, a temprana edad, escogieron paradigmas. Leonel Fernández hizo lo mismo. En la campaña electoral del 2008 al candidato del PRD, ingeniero Miguel Vargas Maldonado una periodista le preguntó sobre sus pensadores y escritores favoritos, y quedó atrapado, no tuvo respuestas.
Usted le hace una pregunta de esa naturaleza a Leonel Fernández, y tiene que acomodarse en la silla, puesto que tiene una mente tan prodigiosa que no solo le habla de sus autores favoritos, sino que también, puede comentarle los textos leídos. Benjamín Disraeli dijo: “Nutra su mente con grandes pensamientos. Creer en lo heroico hace héroes.” Cuando los lideres de este estirpe entran en contacto con las masas o sostienen algún tipo de encuentro con los medios de comunicación, tienen una riqueza conceptual tan amplia, que el tiempo siempre resulta poco.
Algo que no sabe Leonel Fernández es que cuando él hace alusión a las virtudes y hazañas de Bosch y Balaguer, está exponiendo sus propias virtudes y grandezas. El auditorio lo escucha y automáticamente piensa en la conexión existente entre el joven Estadista y estos caudillos ilustrados. Howard Gardner (1998, p.25) hace un planteamiento interesante, cuando plantea que “los lideres transmiten sus historias con el tipo de vida que personalmente llevan y, mediante el ejemplo, procuran infundirlas a sus seguidores.” En la medida en que Leonel Fernández se ha convertido en un exponente del conocimiento y en promotor de la grandeza de los demás, se ha revestido de grandeza.
En el PLD hay dirigentes que permanentemente tratan de confrontar el estilo de Leonel Fernández con las enseñanzas políticas del fundador de ese partido, profesor Juan Bosch, y ese es un grave error. Percibo que todavía en algunos peledeistas existe resistencia en admitir la dimensión y el liderazgo de Leonel Fernández, y esta es la principal razón por la que tratan de confrontarlo con el prohombre, fundador de esa organización política y referente moral para todas las épocas y todos los tiempos.
El presidente Fernández no puede comportarse como si fuera una réplica o un imitador de Juan Bosch. Esto no es posible, puesto que ningún líder es igual a otro, y además porque estos liderazgos corresponden a épocas o estadios históricos distintos. Bosch, Balaguer y Peña Gómez fueron líderes ideales para la época de la Guerra Fría, en el ciclo del debate, la definición y las luchas ideológicas. Por sus atributos y grandezas se impusieron sobre los demás contendientes.
Leonel Fernández, por el contrario, es el modelo de liderazgo ideal para la era mediática, la sociedad del conocimiento, las tecnologías y la información. Por sus atributos y sus cualidades humanas, el liderazgo de Fernández ha sido dominante en el ciclo del post caudillismo ilustrado, y por el momento luce sin contendientes de su estatura.
Los caudillos eran centralizadores y con fuertes dosis de autoritarismo. El Presidente Fernández, por el contrario, busca crear un entorno donde las personas participen de verdad, sin la necesidad de ser controlados, que sepan lo que debe hacerse, y lo hagan. No busca obediencia ciega. Procura encontrar hombres y mujeres que por iniciativa propia anhelen hacer su trabajo, porque lo estiman y lo consideran una meta valiosa. Herb Kelleher (2009, p.62) aduce “siempre ha creído que el más servicial es el mejor líder. Y si eres servicial, no controlas”.
En el PLD hay dirigentes que jerárquicamente estaban por encima de Leonel Fernández en los años 80 y principios de los años 90 del siglo pasado. En principio, algunos de ellos ni siquiera mostraron interés en ser parte del primer gabinete en el periodo 1996-2000. Se percibe que dudaban que el joven gobernante pudiera dirigir con éxitos los destinos nacionales, o quizás, estaban siendo sacudidos por la inquina a que hace alusión el Padre de las Ciencias Políticas, don Nicolás Maquiavelo, en su obra El Príncipe.
Había razones para poner en duda que Leonel Fernández pudiera hacer un buen gobierno en su primer periodo. Era un hombre decente, educado, buen orador, que caía bien, pero no exhibía el currículo vitae que por lo regular tienen los presidentes. No había dirigido ninguna institución ni pública ni privada, en la que dejara constancia de su capacidad gerencial. No había sido legislador.
En el 1996, Leonel era un retrato de lo que fue Obama en el 2004 cuando entró en campaña electoral para el senado de los Estados Unidos. Obama (2007, p.21) relata: “Yo era un desconocido, un fenómeno puntual. Para los expertos políticos mi victoria no demostraba nada.” Esa misma percepción tenia parte de la intelectualidad y del liderazgo político sobre Leonel Fernández después de la victoria del 1996.
Cuando se produce ese tipo de fenómenos de personas sin herencia política que llegan a la cima, muchos comienzan a clamar por su fracaso. Tanto adversarios como aliados, inclusive personas de su misma organización política. La envidia es cónsona del ser humano. Obama (2007, p.51) cuando fue electo senador, relata un consejo que le dio el presidente Bush en una visita que hicieron los miembros del senado a la Casa Blanca: “Espero que no te importe que te dé un consejo. –Por supuesto que no, señor Presidente. –Tienes un futuro brillante- dijo-. Muy brillante. Pero llevo tiempo en esta ciudad y, permíteme que te lo diga, puede ser muy dura. Cuando llamas mucho a la atención, como la has llamado tú, la gente empieza a ponerte en su punto de mira. Y no será algo que venga sólo de mi lado, compréndelo. También vendrá del tuyo. Todo el mundo espera que tropieces, ¿sabes lo que quiero decir? Así que ándate con cuidado.”
Interesante consejo de Bush al senador Obama. Así mismo el Presidente Joaquín Balaguer aconsejó a Leonel Fernández cuando le traspasó el mando de la Nación en 1996.
Leonel Fernández actuó con humildad y paciencia. Ese joven Presidente, al igual que Balaguer no se inmuta. Entiende la naturaleza humana, ha leído las obras: El hombre mediocre de don José Ingenieros y el Arte de la prudencia de don Baltasar Gracián. Solo se remite a jugar con el tiempo, a esperar, a dejar que la historia y los ciudadanos hagan la evaluación justa de todos los actores políticos, de modo que cada quien termine colocado en el pedestal que le corresponde, y en efecto, así está sucediendo.
Ahora, Leonel Fernández, no solo es el líder máximo e indiscutible del PLD, sino que en las elecciones presidenciales del 2008 fue postulado por catorce partidos aliados, y todos quieren permanecer bajo la sombrilla de su liderazgo.
Fernández es uno de los pocos gobernantes de América Latina que llegó a la presidencia postulado por una alianza electoral o un Frente Amplio, y logró que el mismo se mantenga totalmente cohesionado. Es más, mejor lo amplió desde el poder, lo que significa que su estilo de dirigir es incluyente. Los partidos integrantes del Bloque Progresista dicen que su alianza es con el presidente Fernández.
Todos repiten: “Si Leonel no es candidato en el 2012, iremos con nuestras propias candidaturas.” Otros han dicho: “Si el candidato no es Leonel, tenemos que conversar de nuevo.” ¿Por qué se apegan a Leonel como persona y no a la organización que él preside?
Reaccionan de este modo, porque en Leonel Fernández es que confían. Hay una relación de confianza mutua entre Leonel y sus aliados. El líder es el depositario de la credibilidad. Hughes y otros (2007, p.524) subrayan que los dos componentes de la credibilidad son la experiencia multiplicada por la confianza.
En la relación que existe entre el presidente Fernández y sus aliados, cientos de miles de personas que depositan sus votos por él sin estar identificados con su partido, se consuma una mezcla de carisma y seducción. Robert Greene (2008, p.60) dice que “el carisma es la seducción de las masas. Los carismáticos hacen que las multitudes se enamoren de ellos y luego las dirigen. El proceso de conseguir que se enamoren es simple y sigue un camino similar al de la seducción uno a uno. Los carismáticos poseen ciertas cualidades que resultan muy atractivas y que los hacen destacar. Puede ser su confianza en sí mismos, su osadía, su serenidad. Mantienen misteriosa la fuente de estas cualidades. No explican de donde procede su satisfacción o seguridad, pero todos pueden percibirlas: se irradian hacia fuera sin que parezca un esfuerzo consciente.”
*EL AUTOR es escritor, abogado, politólogo y profesor universitario.
jueves, 5 de agosto de 2010
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