Por Belarminio Ramírez Morillo
Politólogo, abogado, escritor y profesor universitario
Leonel Fernández es un modelo de liderazgo democrático que estimula procesos y enfoca su accionar al fortalecimiento de la institucionalidad del Estado. Es democrático de convicción plena, cree en la democracia como sistema político y forma de vida, y por tanto la pone en práctica en la cotidianidad.
Consciente de la dimensión y alcance de su liderazgo, evita que este opaque a las personas que están a su alrededor. Sabe muy bien que su liderazgo se ha ido convirtiendo en el epicentro de la sociedad, hasta el punto de que no hay dudas de que cuando no tenga en sus manos el mando la nación, su oficina en la Fundación Global Democracia y Desarrollo será una especie de la Máximo Gómez 25 de la Era del presidente Balaguer.
Aunque como liderazgo eficaz disfruta plenamente y se siente a gusto con el desempeño del poder político, está consciente de que la verdadera dimensión de su liderazgo no descansa en la cantidad de senadores, diputados, alcaldes, concejales y dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana de todos los rincones del país que les manifiestan identificación y lealtad a su liderazgo.
La verdadera dimensión del liderazgo de Leonel Fernández y la fuerza de su poderío y perpetuidad histórica radica en que va modelando a la sociedad, y en que cada día que transcurre hay más sincronización entre su persona y su pueblo.
A diferencia de la inmensa mayoría de los líderes que son hechuras de la sociedad y de los patrones y valores de la cultura política vigente, Leonel ha dado pasos firmes y precisos para el tránsito hacia la sociedad del conocimiento, y al mismo tiempo, su liderazgo luce sin contendor en su propia Era.
En la medida en que avanzaba el periodo de gobierno (1996-2000), Leonel Fernández fue tentado y hasta presionado por sectores políticos para que acomodara la marcha del régimen a la conformación de un andamiaje de poder en torno a su persona como vía para protegerse de cara a las eventualidades del porvenir. Esa era la cultura política. Todos los que llegaban a la presidencia de la República, desde el mismo día que asumían el mando de la Nación comenzaban a ser embargados por el temor a perder el poder. Ese temor condicionaba desde la estructuración del gabinete hasta las decisiones de Estado.
La cultura del miedo a lo que pueda suceder después que pasaran a la oposición, era en parte expresión de la ausencia de una cultura democrática. Leonel fue el primer presidente dominicano en el ciclo de la democracia que gobernó en base a una visión sin preocuparse por el desenlace político del porvenir.
Cuando le damos una mirada retrospectiva a la historia y escudriñamos en los pasos que daba Joaquín Balaguer y su entorno antes de traspasar el mando, así como la conducta asumida por los presidentes del Partido Revolucionario Dominicano: Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía, nos damos cuenta que todos fueron temerosos del futuro, temían por persecuciones y represalias, cuando salieran del capitolio. Por tanto, sus enfoques estuvieron orientados a procurar tomar el control de sus partidos, incidir en la escogencia de los candidatos de sus organizaciones, y en ciertas medidas neutralizar a sus adversarios.
En el 1978 Joaquín Balaguer condicionó la entrega del poder al Partido Revolucionario Dominicano y se quedó con el control del Senado, lo que equivalía al control del Poder Judicial. En el 1982 el presidente Antonio Guzmán procuró que el vicepresidente Jacobo Majluta fuera el candidato presidencial, pero este fue derrotado por Salvador Jorge Blanco.
En el 1986, el presidente Jorge Blanco prefirió el retorno de Joaquín Balaguer antes que contribuir al triunfo del candidato de su partido, licenciado Jacobo Majluta. El gobernante perredeista y sus colaboradores pensaron que lo más favorable para ellos era viabilizar la llegada del anciano Joaquín Balaguer a la presidencia, por que en sus proyecciones, esa alternativa colocaba su retorno al poder al doblar la esquina, y no fue así.
Algunos de los directivos del PRSC pensaron que el apoyo al PLD en el 1996 era algo coyuntural y que cuatro años después los reformistas volverían al poder, y tampoco resultó así.
La gran enseñanza que nos han dejado estos acontecimientos históricos, es que los políticos dominicanos cuando tienen el poder en sus manos utilizan todos los mecanismos que la democracia pone a disposición para preservarlo, o para traspasarlo a una persona que no les represente amenazas. Algunos acertaron, otros se equivocaron.
En el 1996, Joaquín Balaguer incidió para que su sucesor fuera Leonel Fernández y no José Francisco Peña Gómez.
En el 2000, el presidente Leonel Fernández no incidió en el proceso interno de escogencia de la candidatura del PLD, dejó que las bases de la organización escogieran al candidato. Actuó sin ningún tipo de temor. Se sentía bien representado en la persona de cualquiera de sus compañeros, y esto contribuyó, a que todos, a unanimidad lo propusieran como presidente de la organización política poco después de terminar su mandato como Primer Mandatario de la Nación.
A menos de dos años de asumir como presidente del PLD, Leonel Fernández fue escogido prácticamente a unanimidad como candidato presidencial para las elecciones presidenciales del 2004.
Mientras los otros presidentes dominicanos del ciclo de la democracia dedicaron mucho tiempo a preocuparse por su futuro, Leonel Fernández sin recurrir a los amarres tradicionales de los políticos percibió el futuro como un aliado, y por tanto este se tradujo y se seguirá traduciendo en beneficio para su liderazgo.
Nunca antes, ningún otro liderazgo había tenido por delante un proceso que se traduce en futuro halagüeño y promisorio como el que tiene Leonel Fernández Reyna. Leonel no ha maltratado, no ha sacrificado, no ha marginado, no ha aislado, ni ha desconsiderado a los dirigentes de su partido que aspiran a convertirse en su relevo. Asume un comportamiento totalmente distinto al de los caudillos ilustrados que no toleraban de nadie el desafío a sus liderazgos, y que eran despiadados contra cualquier subalterno que expresara ambición de poder y deseo en sustituirles.
Leonel Fernández no ha diseñado ni ejecutado ningún plan para convertirse en el epicentro del PLD y hacer que la organización responda a su voluntad. En la construcción del liderazgo de Leonel Fernández no se ha puesto en práctica ninguna estrategia maquiavélica.
La consagración de Leonel Fernández como líder máximo del PLD y como principal activo de liderazgo con que cuenta la sociedad dominicana ha sido el resultado de un proceso reflexivo en que las personas –peledeistas y no peledeistas- se han convencido de que él es un líder superior, y por tanto, es el pueblo que lo ha escogido como guía.
Leonel no es de aquellos líderes que se comen a sus hijos cuando perciben que estos pueden superarles. Leonel se siente cómodo y feliz gobernando, pero no es un ambicioso de poder. Cuando surja en el PLD un liderazgo con capacidad, talento y legitimidad para sustituirle, percibo que Fernández no será un obstáculo. Pero mientras no emerja el discípulo que supere al maestro, el pueblo dominicano seguirá feliz y orgullosamente siendo guiado por un líder político con cualidades superiores, arquitecto del Estado Social y Democrático de Derecho y de la sociedad del conocimiento.
Leonel es el líder del presente y seguirá siendo el líder del futuro independientemente de que sea o no presidente de la República. Con apenas 57 años de edad no podrá tomar ni licencia ni vacaciones.
Leonel está compelido a seguir cumpliendo con su misión. El escenario está a su favor. Quienes pensaron que lo atajaban poniéndole un obstáculo en la Constitucion de la República se equivocaron, puesto que el PLD y el Bloque Progresista en vez de dispersarse como pensaban y soñaban sus adversarios, cada día que transcurre se aglutinan más en torno a su liderazgo.
¿Qué hará Leonel Fernández de cara al certamen electoral del 2012?
La respuesta es obvia: “Garantizar la continuidad de la armonía, la paz, el progreso, el bienestar y el desarrollo de la sociedad dominicana.”
¿Cuáles partidos garantizan la continuidad de esos propósitos?
El PLD con sus aliados del Bloque Progresista.
¿Cuál líder es la garantía del triunfo del PLD y del Bloque Progresista?
La garantía del triunfo y la continuidad del PLD y sus aliados al frente de los destinos nacionales descansa en el liderazgo de Leonel Fernández Reyna. En caso de que tome la decisión compartida y deseada por la mayoría de la población de presentarse como candidato en el 2012, ganará fácilmente las elecciones.
En caso de que Leonel decida no optar por ninguno de los mecanismos constitucionales para ir por la candidatura presidencial en el 2012, entonces deberá escoger sus sucesores, y estos resultarán electos, ya que serán beneficiarios de la popularidad, la confianza, la credibilidad y la legitimidad de que disfruta su líder.
Dado sus atributos de liderazgo responsable y efectivo, sólo una de esas dos alternativas tomará Leonel de cara al 2012, como garantía de que el PLD y sus aliados continúen en el poder, no por miedo de ninguna naturaleza, porque no tiene nada a que temerle, ni tampoco por temor a ser desplazado, porque la hegemonía de su liderazgo no tiene desafíos.
lunes, 7 de febrero de 2011
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