Fue uno de los pocos fundadores de la Sociedad Secreta La Trinitaria que no era de color blanco y no provenía de un hogar de la clase media urbana.
En los momentos actuales, cuando el destino de la nación dominicana está peligrosamente amenazado por pretensiones de grupos locales y foráneos, quienes se han puesto de acuerdo en el propósito de resolver los problemas del hermano pueblo haitiano a cambio de la disolución de la sociedad dominicana, es necesario hacer un recuento de la historia que nos permita valorar en su justa dimensión el costo en trabajo, esfuerzo, sacrificio, sangre y lagrimas que tiene esta Patria chica que nos alberga.
Varios historiadores han sustentado la tesis de que la forma mas coherente de estudiar la historia de un país es investigando sobre la vida y obra de sus protagonistas. Y en efecto, Francisco del Rosario Sánchez fue uno de aquellos personajes que dedicó su vida entera a luchar por una causa, que en los actuales momentos está siendo poco valorada.
Francisco del Rosario Sánchez fue un hombre de coraje y acción. Padre de la Patria Dominicana. Nació en la ciudad de Santo Domingo, el 9 de marzo de 1817. Descendiente de una familia humilde, fue uno de los pocos fundadores de la Sociedad Secreta La Trinitaria que no era de color blanco y no provenía de un hogar de la clase media urbana.
Hijo de don Narciso Sánchez (de ocupación tablajero) y de doña Olaya del Rosario. Existe poca información sobre la niñez y adolescencia de Francisco del Rosario Sánchez, como acontece con la mayoría de los hombres públicos de su época.
A temprana edad comenzó a trabajar como artesano (peinetero de conchas), y luego como escribiente. Existen documentos de 1839 donde figura firmando actos del estado civil. Tenía una formación intelectual inferior a la de Juan Pablo Duarte, pero poseía la fuerza del coraje. Era un hombre valiente. Jamás se amilanó ni le tembló el pulso al afrontar un hecho o circunstancia.
A pesar de que su nombre no aparece como asistente a la primera reunión de la fundación de La Trinitaria, fue uno de sus principales promotores y organizadores. Fue uno de los activistas más entusiasta de la causa republicana.
Su actitud nacionalista estuvo influenciada por el comportamiento de su padre (don Narciso Sánchez), quien era considerado por las autoridades haitianas como un peligroso enemigo de la ocupación.
Tuvo un papel protagónico en la organización de las actividades conspirativas para derrocar al gobierno de Boyer. Era un activista sobresaliente con virtudes de organizador y dirigente. Fue el hombre clave en la acción. Por eso, poco tiempo después de iniciada la lucha por la separación y la independencia, se convirtió en el segundo jefe del movimiento.
A posteriori del triunfo del movimiento reformista que derrocó al gobierno de Boyer, se enteró de que Charles Herard viajaba a la parte Este de la isla. Siendo aún perseguido por tropas haitianas, Francisco del Rosario Sánchez, logró salir de Los Llanos y llegar a Santo Domingo, cruzó nadando el río Ozama y avisó a Duarte de la llegada de Herard a la región Este.
Las nuevas autoridades haitianas, conocedoras de las virtudes de guerrero de Francisco del Rosario Sánchez, iniciaron una tenaz persecución, a la que pudo evadir, haciendo correr el rumor de su muerte y simulando sus amigos un funeral en el patio de la Iglesia del Carmen.
Ante la ausencia de Juan Pablo Duarte, asumió la dirección del Movimiento Independentista en su etapa más crucial. Desde la clandestinidad dirigió con fina inteligencia el proceso más difícil y peligroso del proyecto.
A pesar de que no era poseedor de un discurso laureado, como el de Duarte, el activismo le ayudó a desarrollar habilidades de liderazgo. Presidió las reuniones del movimiento y estableció contacto con el sector social más influyente de Santo Domingo.
Estando Duarte en el extranjero, firmó el Manifiesto de Independencia del 16 de enero, y a solicitud de Matías Ramón Mella, lo remitió a Tomás Bobadilla, a los fines de su corrección.
En la noche del 24 de febrero de 1844, después de culminar los preparativos de la Independencia de la República, el grupo independentista encabezado por Francisco del Rosario Sánchez, tomó una serie de decisiones trascendentales para la historia de la naciente República.
En reconocimiento a su inteligencia, coraje, jefatura política y militar, el grupo lo escogió como Comandante de Armas con rango de Coronel. En esa reunión estuvieron presentes: Vicente Celestino Duarte (hermano de Juan Pablo Duarte), los hermanos Puello, Jacinto y Tomás de la Concha, Juan Alejandro Acosta, Félix Mercenario, Manuel María Valverde, Manuel Jiménez y Mariano Echevarria.
Investido de la autoridad que le delegó el Movimiento Independentista, la noche del 27 de febrero de 1844 se dirigió a la puerta de El Conde y encabezó las actividades independentistas.
Esa misión, la más grande que se haya delegado en dominicano alguno, la llevó a acabo el joven Francisco del Rosario Sánchez con a penas 27 años de edad, quien en la madrugada del 28 de febrero izó la bandera nacional al amparo de la inmortal consigna: Dios, Patria y Libertad. En ese instante quedó fundada la República Dominicana.
Después de proclamada la Independencia Nacional, se procedió a la reorganización de la Junta Central Gubernativa, y para sorpresa de Sánchez y los demás miembros del Movimiento Independentista, el sector social más influyente de la naciente República, logró imponerse.
De inmediato afloraron las luchas, los intereses grupales y personales para tomar la dirección política del Estado. Los conservadores actuando en representación de los sectores económicos más poderosos, ignoraron las decisiones tomadas por el Movimiento Independentista en la noche del 24 de febrero. Tomás Bobadilla fue designado Presidente de la Junta Central Gubernativa en sustitución de Francisco del Rosario Sánchez. Este último quedó como Miembro de la misma.
La Junta Central Gubernativa tomó de inmediato una serie de medidas, con el objetivo de mantener el control de la situación política, y evitar volver a caer en el dominio de las fuerzas haitianas.
Dentro de las primeras decisiones se pueden señalar: Solicitar el regreso de Juan Pablo Duarte; darle garantía a los haitianos que se encontraban en territorio dominicano de que no serian objeto de persecución, ni tampoco se reestablecería la esclavitud.
Existen documentos históricos que dan testimonios de que pocos días después de juramentada la Junta Central Gubernativa, su Presidente en compañía de otros Miembros, dentro de los que se encontraba Sánchez, visitaron al cónsul francés Saint Denys.
Esa visita al representante diplomático demuestra que el control de la República había quedado en manos de los conservadores, y estos no tenían fe en los destinos nacionales.
Los anales de la historia demuestran que Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, forjadores del Movimiento Independentista bajo la orientación de Duarte, en esa coyuntura estaban solos. Eran Miembros de la Junta Central Gubernativa, pero sin control y sin autoridad.
Ante la crisis política que se produjo pocas semanas después del regreso de Duarte, el 14 de marzo de 1844, Francisco del Rosario Sánchez dio un golpe de Estado a Tomás Bobadilla y se proclamó Presidente de la República. Sánchez no llegó a tomar posesión del cargo, debido a que Pedro Santana tomó el control de la ciudad de Santo Domingo y del gobierno, desconoció al gobierno de Sánchez y a la Junta Gubernativa, y envió a los republicanos a la cárcel.
El 22 de agosto de 1844 Santana declaró como traidores a Duarte, Sánchez y Mella, y luego les envió al exilio. Sánchez, Mella, Pina y otros republico salieron el 26 de agosto con destino a Inglaterra. Duarte partió el 10 de septiembre con destino a Hamburgo.
A la salida de Pedro Santana del poder en 1848, la presidencia de la República quedó en manos de Manuel Jimenes, quien decretó una amnistía general para que Duarte, Sánchez, Mella y otros, retornaran al país.
Francisco del Rosario Sánchez regresó el 8 de noviembre, y de inmediato el presidente Jimenes lo designó Comandante de Armas, cargo que equivalía a jefe militar de Santo Domingo.
En lo adelante ocupó cargos importantes en los gobiernos de Jimenes, Santana y Báez. Algunos historiadores consideran que al trabajar en los gobiernos de Santana y Báez, traicionó a sus principios.
En verdad, su obra bienhechora en bien de la República no debe ser desdeñada por hechos insignificantes. Sánchez abdicó por las circunstancias. El sufrimiento de que fue objeto en cuatro años de destierro le condujo a entenderse con sus adversarios internos. Sencillamente decidió sobrevivir.
A su regreso a la Patria que fundó, dio muestra de que era poseedor de grandes habilidades. Adquirió una apreciable cultura. Era autodidacta. Sabía francés y latín. Era músico y escribía con holgura y brillantez. Era diestro abogado, recibió licencia de la Suprema Corte de Justicia para ejercer el derecho.
En abril de 1855 fue enviado nueva vez al exilio, y regresó en agosto de 1856. En agosto de 1859 fue encarcelado porque se opuso a las gestiones anexionistas de Santana, y por tercera vez, fue enviado al exilio en septiembre de ese año.
Desde el exilio se trasladó a la República de Haití, donde se reunió con el presidente Geffrard, a quien intentó convencer para que le diera apoyo, a fin de dirigir una invasión al territorio dominicano para evitar la anexión de la República a España. De forma coherente argumentó al Presidente Haitiano que la presencia española en la parte Este de la isla no le convenía a ningunos: ni a los haitianos, ni a los dominicanos; y por tanto, lo más conveniente para ambas naciones era que permanecieran dos repúblicas independientes en el mismo territorio.
Aunque en público el presidente haitiano negó el apoyo a Sánchez, y le instó a abandonar su país, en privado lo apoyó. El 1 de junio de 1861 inició su invasión al territorio dominicano, y cayó en una emboscada en San Juan de la Maguana.
Un tribunal sin autoridad legal o militar le hizo un juicio y le condenó a muerte. En el juicio asumió la responsabilidad de los hechos y pidió clemencia para sus subalternos. Grandioso ejemplo de valor, dignidad, sacrificio y solidaridad.
Murió fusilado el 4 de julio de 1861, a las cuatro de la tarde, en el Cementerio de San Juan de la Maguana.
En los momentos actuales, cuando el destino de la nación dominicana está peligrosamente amenazado por pretensiones de grupos locales y foráneos, quienes se han puesto de acuerdo en el propósito de resolver los problemas del hermano pueblo haitiano a cambio de la disolución de la sociedad dominicana, es necesario hacer un recuento de la historia que nos permita valorar en su justa dimensión el costo en trabajo, esfuerzo, sacrificio, sangre y lagrimas que tiene esta Patria chica que nos alberga.
Varios historiadores han sustentado la tesis de que la forma mas coherente de estudiar la historia de un país es investigando sobre la vida y obra de sus protagonistas. Y en efecto, Francisco del Rosario Sánchez fue uno de aquellos personajes que dedicó su vida entera a luchar por una causa, que en los actuales momentos está siendo poco valorada.
Francisco del Rosario Sánchez fue un hombre de coraje y acción. Padre de la Patria Dominicana. Nació en la ciudad de Santo Domingo, el 9 de marzo de 1817. Descendiente de una familia humilde, fue uno de los pocos fundadores de la Sociedad Secreta La Trinitaria que no era de color blanco y no provenía de un hogar de la clase media urbana.
Hijo de don Narciso Sánchez (de ocupación tablajero) y de doña Olaya del Rosario. Existe poca información sobre la niñez y adolescencia de Francisco del Rosario Sánchez, como acontece con la mayoría de los hombres públicos de su época.
A temprana edad comenzó a trabajar como artesano (peinetero de conchas), y luego como escribiente. Existen documentos de 1839 donde figura firmando actos del estado civil. Tenía una formación intelectual inferior a la de Juan Pablo Duarte, pero poseía la fuerza del coraje. Era un hombre valiente. Jamás se amilanó ni le tembló el pulso al afrontar un hecho o circunstancia.
A pesar de que su nombre no aparece como asistente a la primera reunión de la fundación de La Trinitaria, fue uno de sus principales promotores y organizadores. Fue uno de los activistas más entusiasta de la causa republicana.
Su actitud nacionalista estuvo influenciada por el comportamiento de su padre (don Narciso Sánchez), quien era considerado por las autoridades haitianas como un peligroso enemigo de la ocupación.
Tuvo un papel protagónico en la organización de las actividades conspirativas para derrocar al gobierno de Boyer. Era un activista sobresaliente con virtudes de organizador y dirigente. Fue el hombre clave en la acción. Por eso, poco tiempo después de iniciada la lucha por la separación y la independencia, se convirtió en el segundo jefe del movimiento.
A posteriori del triunfo del movimiento reformista que derrocó al gobierno de Boyer, se enteró de que Charles Herard viajaba a la parte Este de la isla. Siendo aún perseguido por tropas haitianas, Francisco del Rosario Sánchez, logró salir de Los Llanos y llegar a Santo Domingo, cruzó nadando el río Ozama y avisó a Duarte de la llegada de Herard a la región Este.
Las nuevas autoridades haitianas, conocedoras de las virtudes de guerrero de Francisco del Rosario Sánchez, iniciaron una tenaz persecución, a la que pudo evadir, haciendo correr el rumor de su muerte y simulando sus amigos un funeral en el patio de la Iglesia del Carmen.
Ante la ausencia de Juan Pablo Duarte, asumió la dirección del Movimiento Independentista en su etapa más crucial. Desde la clandestinidad dirigió con fina inteligencia el proceso más difícil y peligroso del proyecto.
A pesar de que no era poseedor de un discurso laureado, como el de Duarte, el activismo le ayudó a desarrollar habilidades de liderazgo. Presidió las reuniones del movimiento y estableció contacto con el sector social más influyente de Santo Domingo.
Estando Duarte en el extranjero, firmó el Manifiesto de Independencia del 16 de enero, y a solicitud de Matías Ramón Mella, lo remitió a Tomás Bobadilla, a los fines de su corrección.
En la noche del 24 de febrero de 1844, después de culminar los preparativos de la Independencia de la República, el grupo independentista encabezado por Francisco del Rosario Sánchez, tomó una serie de decisiones trascendentales para la historia de la naciente República.
En reconocimiento a su inteligencia, coraje, jefatura política y militar, el grupo lo escogió como Comandante de Armas con rango de Coronel. En esa reunión estuvieron presentes: Vicente Celestino Duarte (hermano de Juan Pablo Duarte), los hermanos Puello, Jacinto y Tomás de la Concha, Juan Alejandro Acosta, Félix Mercenario, Manuel María Valverde, Manuel Jiménez y Mariano Echevarria.
Investido de la autoridad que le delegó el Movimiento Independentista, la noche del 27 de febrero de 1844 se dirigió a la puerta de El Conde y encabezó las actividades independentistas.
Esa misión, la más grande que se haya delegado en dominicano alguno, la llevó a acabo el joven Francisco del Rosario Sánchez con a penas 27 años de edad, quien en la madrugada del 28 de febrero izó la bandera nacional al amparo de la inmortal consigna: Dios, Patria y Libertad. En ese instante quedó fundada la República Dominicana.
Después de proclamada la Independencia Nacional, se procedió a la reorganización de la Junta Central Gubernativa, y para sorpresa de Sánchez y los demás miembros del Movimiento Independentista, el sector social más influyente de la naciente República, logró imponerse.
De inmediato afloraron las luchas, los intereses grupales y personales para tomar la dirección política del Estado. Los conservadores actuando en representación de los sectores económicos más poderosos, ignoraron las decisiones tomadas por el Movimiento Independentista en la noche del 24 de febrero. Tomás Bobadilla fue designado Presidente de la Junta Central Gubernativa en sustitución de Francisco del Rosario Sánchez. Este último quedó como Miembro de la misma.
La Junta Central Gubernativa tomó de inmediato una serie de medidas, con el objetivo de mantener el control de la situación política, y evitar volver a caer en el dominio de las fuerzas haitianas.
Dentro de las primeras decisiones se pueden señalar: Solicitar el regreso de Juan Pablo Duarte; darle garantía a los haitianos que se encontraban en territorio dominicano de que no serian objeto de persecución, ni tampoco se reestablecería la esclavitud.
Existen documentos históricos que dan testimonios de que pocos días después de juramentada la Junta Central Gubernativa, su Presidente en compañía de otros Miembros, dentro de los que se encontraba Sánchez, visitaron al cónsul francés Saint Denys.
Esa visita al representante diplomático demuestra que el control de la República había quedado en manos de los conservadores, y estos no tenían fe en los destinos nacionales.
Los anales de la historia demuestran que Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, forjadores del Movimiento Independentista bajo la orientación de Duarte, en esa coyuntura estaban solos. Eran Miembros de la Junta Central Gubernativa, pero sin control y sin autoridad.
Ante la crisis política que se produjo pocas semanas después del regreso de Duarte, el 14 de marzo de 1844, Francisco del Rosario Sánchez dio un golpe de Estado a Tomás Bobadilla y se proclamó Presidente de la República. Sánchez no llegó a tomar posesión del cargo, debido a que Pedro Santana tomó el control de la ciudad de Santo Domingo y del gobierno, desconoció al gobierno de Sánchez y a la Junta Gubernativa, y envió a los republicanos a la cárcel.
El 22 de agosto de 1844 Santana declaró como traidores a Duarte, Sánchez y Mella, y luego les envió al exilio. Sánchez, Mella, Pina y otros republico salieron el 26 de agosto con destino a Inglaterra. Duarte partió el 10 de septiembre con destino a Hamburgo.
A la salida de Pedro Santana del poder en 1848, la presidencia de la República quedó en manos de Manuel Jimenes, quien decretó una amnistía general para que Duarte, Sánchez, Mella y otros, retornaran al país.
Francisco del Rosario Sánchez regresó el 8 de noviembre, y de inmediato el presidente Jimenes lo designó Comandante de Armas, cargo que equivalía a jefe militar de Santo Domingo.
En lo adelante ocupó cargos importantes en los gobiernos de Jimenes, Santana y Báez. Algunos historiadores consideran que al trabajar en los gobiernos de Santana y Báez, traicionó a sus principios.
En verdad, su obra bienhechora en bien de la República no debe ser desdeñada por hechos insignificantes. Sánchez abdicó por las circunstancias. El sufrimiento de que fue objeto en cuatro años de destierro le condujo a entenderse con sus adversarios internos. Sencillamente decidió sobrevivir.
A su regreso a la Patria que fundó, dio muestra de que era poseedor de grandes habilidades. Adquirió una apreciable cultura. Era autodidacta. Sabía francés y latín. Era músico y escribía con holgura y brillantez. Era diestro abogado, recibió licencia de la Suprema Corte de Justicia para ejercer el derecho.
En abril de 1855 fue enviado nueva vez al exilio, y regresó en agosto de 1856. En agosto de 1859 fue encarcelado porque se opuso a las gestiones anexionistas de Santana, y por tercera vez, fue enviado al exilio en septiembre de ese año.
Desde el exilio se trasladó a la República de Haití, donde se reunió con el presidente Geffrard, a quien intentó convencer para que le diera apoyo, a fin de dirigir una invasión al territorio dominicano para evitar la anexión de la República a España. De forma coherente argumentó al Presidente Haitiano que la presencia española en la parte Este de la isla no le convenía a ningunos: ni a los haitianos, ni a los dominicanos; y por tanto, lo más conveniente para ambas naciones era que permanecieran dos repúblicas independientes en el mismo territorio.
Aunque en público el presidente haitiano negó el apoyo a Sánchez, y le instó a abandonar su país, en privado lo apoyó. El 1 de junio de 1861 inició su invasión al territorio dominicano, y cayó en una emboscada en San Juan de la Maguana.
Un tribunal sin autoridad legal o militar le hizo un juicio y le condenó a muerte. En el juicio asumió la responsabilidad de los hechos y pidió clemencia para sus subalternos. Grandioso ejemplo de valor, dignidad, sacrificio y solidaridad.
Murió fusilado el 4 de julio de 1861, a las cuatro de la tarde, en el Cementerio de San Juan de la Maguana.
as, tales como: Las mil y una noches, La Biblia, los Oficios de Cicerón y la Corina de Madame Stael.
