Abogados, Politólogos & Consultores

-Asuntos Jurídicos en General
-Consultorías Políticas
-Diseño de Campañas Electorales
-Estudios de Opinión Pública

Dr. Belarminio Ramírez Morillo
Director General

Calle Pasteur No.102 (2da. Planta)
Esq. Casimiro de Moya, Gazcue,
Distrito Nacional, Rep. Dominicana

Teléfono: (809) 221-3758Email: ramirezmasoc@codetel.net.do
Visita: www.tainodigital.com.do
La enciclopedia del periodismo dominicano


martes, 10 de enero de 2006

El sentimiento patriótico de Francisco del Rosario Sánchez

Fue uno de los pocos fundadores de la Sociedad Secreta La Trinitaria que no era de color blanco y no provenía de un hogar de la clase media urbana.


En los momentos actuales, cuando el destino de la nación dominicana está peligrosamente amenazado por pretensiones de grupos locales y foráneos, quienes se han puesto de acuerdo en el propósito de resolver los problemas del hermano pueblo haitiano a cambio de la disolución de la sociedad dominicana, es necesario hacer un recuento de la historia que nos permita valorar en su justa dimensión el costo en trabajo, esfuerzo, sacrificio, sangre y lagrimas que tiene esta Patria chica que nos alberga.


Varios historiadores han sustentado la tesis de que la forma mas coherente de estudiar la historia de un país es investigando sobre la vida y obra de sus protagonistas. Y en efecto, Francisco del Rosario Sánchez fue uno de aquellos personajes que dedicó su vida entera a luchar por una causa, que en los actuales momentos está siendo poco valorada.


Francisco del Rosario Sánchez fue un hombre de coraje y acción. Padre de la Patria Dominicana. Nació en la ciudad de Santo Domingo, el 9 de marzo de 1817. Descendiente de una familia humilde, fue uno de los pocos fundadores de la Sociedad Secreta La Trinitaria que no era de color blanco y no provenía de un hogar de la clase media urbana.


Hijo de don Narciso Sánchez (de ocupación tablajero) y de doña Olaya del Rosario. Existe poca información sobre la niñez y adolescencia de Francisco del Rosario Sánchez, como acontece con la mayoría de los hombres públicos de su época.


A temprana edad comenzó a trabajar como artesano (peinetero de conchas), y luego como escribiente. Existen documentos de 1839 donde figura firmando actos del estado civil. Tenía una formación intelectual inferior a la de Juan Pablo Duarte, pero poseía la fuerza del coraje. Era un hombre valiente. Jamás se amilanó ni le tembló el pulso al afrontar un hecho o circunstancia.


A pesar de que su nombre no aparece como asistente a la primera reunión de la fundación de La Trinitaria, fue uno de sus principales promotores y organizadores. Fue uno de los activistas más entusiasta de la causa republicana.


Su actitud nacionalista estuvo influenciada por el comportamiento de su padre (don Narciso Sánchez), quien era considerado por las autoridades haitianas como un peligroso enemigo de la ocupación.


Tuvo un papel protagónico en la organización de las actividades conspirativas para derrocar al gobierno de Boyer. Era un activista sobresaliente con virtudes de organizador y dirigente. Fue el hombre clave en la acción. Por eso, poco tiempo después de iniciada la lucha por la separación y la independencia, se convirtió en el segundo jefe del movimiento.


A posteriori del triunfo del movimiento reformista que derrocó al gobierno de Boyer, se enteró de que Charles Herard viajaba a la parte Este de la isla. Siendo aún perseguido por tropas haitianas, Francisco del Rosario Sánchez, logró salir de Los Llanos y llegar a Santo Domingo, cruzó nadando el río Ozama y avisó a Duarte de la llegada de Herard a la región Este.


Las nuevas autoridades haitianas, conocedoras de las virtudes de guerrero de Francisco del Rosario Sánchez, iniciaron una tenaz persecución, a la que pudo evadir, haciendo correr el rumor de su muerte y simulando sus amigos un funeral en el patio de la Iglesia del Carmen.


Ante la ausencia de Juan Pablo Duarte, asumió la dirección del Movimiento Independentista en su etapa más crucial. Desde la clandestinidad dirigió con fina inteligencia el proceso más difícil y peligroso del proyecto.


A pesar de que no era poseedor de un discurso laureado, como el de Duarte, el activismo le ayudó a desarrollar habilidades de liderazgo. Presidió las reuniones del movimiento y estableció contacto con el sector social más influyente de Santo Domingo.


Estando Duarte en el extranjero, firmó el Manifiesto de Independencia del 16 de enero, y a solicitud de Matías Ramón Mella, lo remitió a Tomás Bobadilla, a los fines de su corrección.


En la noche del 24 de febrero de 1844, después de culminar los preparativos de la Independencia de la República, el grupo independentista encabezado por Francisco del Rosario Sánchez, tomó una serie de decisiones trascendentales para la historia de la naciente República.


En reconocimiento a su inteligencia, coraje, jefatura política y militar, el grupo lo escogió como Comandante de Armas con rango de Coronel. En esa reunión estuvieron presentes: Vicente Celestino Duarte (hermano de Juan Pablo Duarte), los hermanos Puello, Jacinto y Tomás de la Concha, Juan Alejandro Acosta, Félix Mercenario, Manuel María Valverde, Manuel Jiménez y Mariano Echevarria.


Investido de la autoridad que le delegó el Movimiento Independentista, la noche del 27 de febrero de 1844 se dirigió a la puerta de El Conde y encabezó las actividades independentistas.


Esa misión, la más grande que se haya delegado en dominicano alguno, la llevó a acabo el joven Francisco del Rosario Sánchez con a penas 27 años de edad, quien en la madrugada del 28 de febrero izó la bandera nacional al amparo de la inmortal consigna: Dios, Patria y Libertad. En ese instante quedó fundada la República Dominicana.


Después de proclamada la Independencia Nacional, se procedió a la reorganización de la Junta Central Gubernativa, y para sorpresa de Sánchez y los demás miembros del Movimiento Independentista, el sector social más influyente de la naciente República, logró imponerse.


De inmediato afloraron las luchas, los intereses grupales y personales para tomar la dirección política del Estado. Los conservadores actuando en representación de los sectores económicos más poderosos, ignoraron las decisiones tomadas por el Movimiento Independentista en la noche del 24 de febrero. Tomás Bobadilla fue designado Presidente de la Junta Central Gubernativa en sustitución de Francisco del Rosario Sánchez. Este último quedó como Miembro de la misma.


La Junta Central Gubernativa tomó de inmediato una serie de medidas, con el objetivo de mantener el control de la situación política, y evitar volver a caer en el dominio de las fuerzas haitianas.


Dentro de las primeras decisiones se pueden señalar: Solicitar el regreso de Juan Pablo Duarte; darle garantía a los haitianos que se encontraban en territorio dominicano de que no serian objeto de persecución, ni tampoco se reestablecería la esclavitud.


Existen documentos históricos que dan testimonios de que pocos días después de juramentada la Junta Central Gubernativa, su Presidente en compañía de otros Miembros, dentro de los que se encontraba Sánchez, visitaron al cónsul francés Saint Denys.


Esa visita al representante diplomático demuestra que el control de la República había quedado en manos de los conservadores, y estos no tenían fe en los destinos nacionales.


Los anales de la historia demuestran que Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, forjadores del Movimiento Independentista bajo la orientación de Duarte, en esa coyuntura estaban solos. Eran Miembros de la Junta Central Gubernativa, pero sin control y sin autoridad.


Ante la crisis política que se produjo pocas semanas después del regreso de Duarte, el 14 de marzo de 1844, Francisco del Rosario Sánchez dio un golpe de Estado a Tomás Bobadilla y se proclamó Presidente de la República. Sánchez no llegó a tomar posesión del cargo, debido a que Pedro Santana tomó el control de la ciudad de Santo Domingo y del gobierno, desconoció al gobierno de Sánchez y a la Junta Gubernativa, y envió a los republicanos a la cárcel.


El 22 de agosto de 1844 Santana declaró como traidores a Duarte, Sánchez y Mella, y luego les envió al exilio. Sánchez, Mella, Pina y otros republico salieron el 26 de agosto con destino a Inglaterra. Duarte partió el 10 de septiembre con destino a Hamburgo.


A la salida de Pedro Santana del poder en 1848, la presidencia de la República quedó en manos de Manuel Jimenes, quien decretó una amnistía general para que Duarte, Sánchez, Mella y otros, retornaran al país.


Francisco del Rosario Sánchez regresó el 8 de noviembre, y de inmediato el presidente Jimenes lo designó Comandante de Armas, cargo que equivalía a jefe militar de Santo Domingo.


En lo adelante ocupó cargos importantes en los gobiernos de Jimenes, Santana y Báez. Algunos historiadores consideran que al trabajar en los gobiernos de Santana y Báez, traicionó a sus principios.


En verdad, su obra bienhechora en bien de la República no debe ser desdeñada por hechos insignificantes. Sánchez abdicó por las circunstancias. El sufrimiento de que fue objeto en cuatro años de destierro le condujo a entenderse con sus adversarios internos. Sencillamente decidió sobrevivir.


A su regreso a la Patria que fundó, dio muestra de que era poseedor de grandes habilidades. Adquirió una apreciable cultura. Era autodidacta. Sabía francés y latín. Era músico y escribía con holgura y brillantez. Era diestro abogado, recibió licencia de la Suprema Corte de Justicia para ejercer el derecho.


En abril de 1855 fue enviado nueva vez al exilio, y regresó en agosto de 1856. En agosto de 1859 fue encarcelado porque se opuso a las gestiones anexionistas de Santana, y por tercera vez, fue enviado al exilio en septiembre de ese año.


Desde el exilio se trasladó a la República de Haití, donde se reunió con el presidente Geffrard, a quien intentó convencer para que le diera apoyo, a fin de dirigir una invasión al territorio dominicano para evitar la anexión de la República a España. De forma coherente argumentó al Presidente Haitiano que la presencia española en la parte Este de la isla no le convenía a ningunos: ni a los haitianos, ni a los dominicanos; y por tanto, lo más conveniente para ambas naciones era que permanecieran dos repúblicas independientes en el mismo territorio.


Aunque en público el presidente haitiano negó el apoyo a Sánchez, y le instó a abandonar su país, en privado lo apoyó. El 1 de junio de 1861 inició su invasión al territorio dominicano, y cayó en una emboscada en San Juan de la Maguana.


Un tribunal sin autoridad legal o militar le hizo un juicio y le condenó a muerte. En el juicio asumió la responsabilidad de los hechos y pidió clemencia para sus subalternos. Grandioso ejemplo de valor, dignidad, sacrificio y solidaridad.

Murió fusilado el 4 de julio de 1861, a las cuatro de la tarde, en el Cementerio de San Juan de la Maguana.

martes, 3 de enero de 2006

Duarte y los malos dominicanos del pasado y del presente


Juan Pablo Duarte nació y creció en una época de expansión de las ideas progresistas y liberales


Ahora, cuando sobre el porvenir de la Patria se cobijan vientos de destrucción aupados por malos dominicanos que han optado por renunciar al espíritu nacionalista que nos caracteriza como pueblo independiente y soberano, para ponerse al servicio de intereses foráneos y de causas lesivas a los mas nobles y sagrados intereses de la nación, es necesario dedicar un momento de reflexión para analizar la vida y obra del arquitecto y genio creador de la Republica Dominicana, don Juan Pablo Duarte y Diez.


Político y humanista. Padre de la Patria Dominicana. Nació en la ciudad de Santo Domingo, el 26 de enero de 1813. Sus padres: Juan José Duarte -oriundo de España- y doña Manuela Diez Jiménez, criolla natural de la ciudad de El Seibo.


Juan Pablo Duarte nació y creció en una época de expansión de las ideas progresistas y liberales, en que las colonias españolas del continente latinoamericano comenzaron a luchar por sus independencias. A lo largo y lo ancho del continente latinoamericano soplaban vientos de libertad provenientes de los efectos generados en Europa por la Revolución Francesa de 1789 que provoco la caída de las monarquías feudales.


Cuando Duarte tenia nueve años de edad, la colonia española de la parte Este de la isla de Santo Domingo (hoy República Dominicana) fue ocupada por tropas haitianas comandadas por el general Boyer, entonces presidente de Haití.


Boyer tomó el control de la parte española, abolió la esclavitud y unificó la isla bajo un solo gobierno.


Durante la época de la ocupación, el presidente Boyer tomó una serie de medidas que contribuyeron al desarrollo de una pequeña burguesía urbana, en la que germinó un fuerte sentimiento independentista, y a la que pertenecía Juan José Duarte –padre de Juan Pablo Duarte-, quien era propietario de un establecimiento ferretero y de artículos marinos, situado en la margen occidental del río Ozama, en la zona conocida con el nombre de La Atarazana. La familia Duarte Diez era una de las pocas privilegiadas que podía educar a sus hijos.


A los cuatro años de edad, Duarte comenzó a recibir las primeras lecciones de estudios. Estas le fueron impartidas por su madre, dona Manuela Diez Jiménez, y por la señorita Montilla, quienes le alfabetizaron.


A temprana edad, Duarte mostró interés por los estudios. A los seis años (1819) asistía a una escuelita doméstica del señor Manuel Aybar. Desde 1819 hasta 1829, fecha en viajó al exterior acompañado del señor Pablo Pujols, comerciante ligado a su familia, nada se conoce de su vida. Estuvo en Nueva York, Londres, El Havre, Paris, Bayona y Barcelona, lugar donde supuestamente realizaría sus estudios.


Es poco lo que se conoce de la estancia de Duarte en España, no se conoce de titulo profesional alguno adquirido por él en Barcelona. Esto demuestra que Duarte era un genio natural. En esos países asimiló las ideas liberales que le sirvieron de soporte para sentar las bases de un proyecto de nación, de un sueño que mas tarde se convirtió en el nacimiento de la República Dominicana.


Duarte retornó de España en 1931, comenzó a trabajar en el negocio de su padre y se integró de forma activa a la vida social de entonces. Era un joven trabajador, soñador y sociable. A pesar de su temprana edad, gozaba de mucho prestigio social. Era solicitado como testigo de matrimonios, apadrinaba bautizos y asistía a reuniones de carácter cultural, ambiente que le permitió percibir la existencia de un sentimiento patriótico que rechazaba la presencia haitiana en la parte española.


Duarte era un joven de una cultura muy avanzada. Sin haberlo estudiado en ninguna escuela, tenía conocimientos y traducía documentos de varios idiomas: francés, ingles, latín y alemán. Poseía aire poético y espíritu filosófico. Fue la expresión genuina del movimiento emancipador que culminó con la fundación de la República Dominicana.


Su inteligencia le permitió interpretar el sentimiento colectivo de independencia que deseaban las mayorías. Inició una discreta labor proselitista, en la que comenzó a crear conciencia de la necesidad imperiosa de separación de Haití. Pronto se dio cuenta de que sus inquietudes eran compartidas por muchos, y su mensaje era aceptado por los sectores de la población que estaban siendo afectados por la crisis política y económica en que había caído el gobierno de Boyer.


En 1838 fundó la organización secreta La Trinitaria, entidad que fue realmente un partido político, y que tenía como misión: La separación de Haití y la fundación de un Estado independiente con el nombre de República Dominicana. Al momento de tomar juramento a los trinitarios dijo: la República establecerá su correspondiente escudo de armas. Mientras tanto seremos reconocidos los trinitarios, con las palabras sacramentales: Dios, Patria y Libertad.


Duarte fue el ideólogo y fundador de La Trinitaria. En ese proyecto político plasmó las ideas y principios que sirvieron de soporte a la República Dominicana. Su pensamiento político es el alma de la nación. El siguiente pensamiento es la mejor prueba de que su espíritu fue el espíritu republicano: Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre, independiente y soberana.


En la lucha por la independencia demostró que era un gran estratega político. Hizo una alianza con los adversarios de Boyer, con el propósito de lograr la caída de ese régimen, y aprovechar la crisis en Haití para proclamar de la independencia de la República Dominicana.


Ante el hecho de que La Trinitaria era un movimiento cuyos integrantes eran miembros de una pequeña burguesía comercial, utilizó una estrategia orientada a unificar a todos los sectores en la lucha por la independencia. Duarte viajó a El Seibo, donde se reunió con los hermanos Pedro y Ramón Santana, con el propósito de incorporarles al movimiento independentista.


A pesar de que en los años de la ocupación se había desarrollado una pequeña burguesía urbana, las grandes riquezas seguían en manos de una burguesía rural. Aunque la burguesía rural no estaba muy animada con la idea de Duarte de crear una república independiente, fueron neutralizados por el sentimiento unitario del ideólogo de La Trinitaria.


El gobierno haitiano se enteró del proselitismo de La Trinitaria, y de forma inteligente para preservar a sus compañeros de ideales, Duarte disolvió el movimiento y fundó otro denominado: “La Filantrópica”.
En el proyecto de constitución de ese movimiento dejó establecida su visión sobre la república que anhelaba. Planteó que la bandera dominicana puede cobijar a todas las razas, que no excluye ni da predominio a ninguna. Era portador de un pensamiento que trasciende las fronteras del tiempo y el espacio.


Duarte era un promotor de ideas patrióticas, liberales, anticolonialistas y progresistas. Por eso, sus ideas no han perdido vigencia, y siguen siendo el fundamento de la nación dominicana.


El inicio de la revolución contra Boyer en el año 1843, devino en una crisis de tal magnitud que obligó a Duarte a ausentarse del territorio nacional, y sus compañeros Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, llevaron a cabo las gestiones finales del movimiento independentista y redactaron el Manifiesto del 16 de enero de 1844, en el cual quedaron plasmados los principios republicanos y liberales que Duarte predicó durante años. En este Manifiesto quedó expresada la firme voluntad de crear un Estado soberano.


El 14 de marzo de 1844, Duarte regreso a su patria, y se incorporó a la Junta Central Gubernativa que dirigía la República, y que ante su ausencia, había sido controlada por sectores conservadores que carecían de fe en la viabilidad de la República. En medio de ese escenario confuso, dijo: Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria.


Esto dio inicio a un proceso de luchas internas que culminó con la expulsión del territorio nacional de los patriotas fundadores del República. A la salida de las tropas haitianas que ocupaban la parte este de la Isla, los sectores conservadores denominados como los hateros -ganaderos, cortadores de madera y grandes productores agropecuarios- tomaron el control de la naciente República y organizaron un Estado que respondía a sus intereses.


Duarte fue designado por la Junta Central Gubernativa como General de Brigada y destinado a Azua junto a Pedro Santana, quien había sido designado por la misma Junta como Jefe del naciente ejército Libertador. De inmediato, como era de esperarse, surgieron las diferencias entre Santana y Duarte.


Estos eran dos personas totalmente distintas. Juntarlo en el mismo territorio y en el mismo ejército, ambos como Generales, fue una jugada maquiavélica de Tomás Bobadilla, para permanecer en al frente de la Junta Central Gubernativa.


Matías Ramón Mella, quien era el jefe político y militar de la región del Cibao Central, en una decisión precipitada y emotiva proclamó a Duarte Presidente de la República. La crisis en la naciente República llegó a su más alto nivel. Se rompió el equilibrio y la armonía que aparentemente imperaba en la Junta Central Gubernativa. Se produjo un golpe de Estado en la Capital, y Francisco del Rosario Sánchez tomó Juramento como Presidente de la República.


El gobierno de Sánchez y la Junta que lo proclamó fueron desconocidos por Pedro Santana, quien regresó desde Azua y se apoderó de la ciudad de Santo Domingo y del gobierno.


Los republicanos fueron llevados a prisión y se levantaron voces que pedían fusilamiento. Seis meses después de proclamada la República; Duarte, Sánchez y Mella fueron declarados por Pedro Santana y otros Miembros de la Junta Gubernativa como traidores a la República que ellos habían fundado, y fueron expulsados de por vida del territorio nacional.


Por un lado, Duarte estaba feliz por haber logrado el sueño que le había costado tantos desvelos, y que era la fundación de la República Dominicana; y por otro lado, sufría por la traición y maltrato de que había sido objeto junto a las suyos, teniendo que dejar el naciente Estado en manos de personas que no abrigaban fe y esperanza en la República independiente.


Cada palabra de Duarte estaba dotada de un significado profundo, como reacción al maltrato de que estaba siendo objeto, señaló: Los enemigos de la Patria, por consiguiente nuestros, están todos muy acordes con estas ideas; destruir la Nacionalidad aunque para ello sea preciso aniquilar a la Nación entera.


Duarte era un propulsor de la paz y de la armonía entre los dominicanos. Consciente de que su presencia en territorio dominicano podría acarrear luchas internas y movimientos conspirativos en contra de los conservadores en el poder, optó por permanecer en el exilio hasta 1864, fecha en que regresó enfermo y solitario.


Aceptó el exilio no por miedo a la guerra, por que de sentir miedo no hubiera sido ideólogo y organizador del movimiento cívico que condujo a la salida de las fuerzas ocupantes. Prefirió el exilio para evitar una guerra entre hermanos que impidiera la consolidación de la naciente República que tantos esfuerzos y sacrificios les había costado.


Duarte fue una persona con grandes virtudes: Era un patriota idealista con profunda sensibilidad social, un demócrata a carta cabal, un hombre que sacrificó su vida y lo dio todo por la causa nacional, un político incorruptible, sin ambición personal y coherente con sus principios republicanos. La República Dominicana es creación de Juan Pablo Duarte.


Consumada la obra republicana, no solicitó el pago de su trabajo de alto riesgo, ni tampoco la devolución de la fortuna aportada. Pudo haber sido presidente de la Republica y hacer provecho de su prestigio y su gloria, pero su misión no fue gobernar sino libertar: La Nación dominicana es libre e independiente y no es ni puede ser jamás parte integrante de ninguna otra Potencia, ni el patrimonio de familia ni persona alguna propia ni mucho menos extraña.


El patricio Juan Pablo Duarte falleció en la ciudad de Caracas del hermano país de Venezuela, el 15 de julio de 1876.

jueves, 29 de diciembre de 2005

Un reto a los antibalagueristas

Soy balaguerista de convicción plena. Asumo las consecuencias de mi devoción política.


Las siguientes líneas tienen por objeto desatar la furia de una corriente intelectual que influye significativamente en la formación de la opinión pública en nuestro país, que con razón o sin razón se ha declarado enemiga pasional de Joaquín Balaguer, a quien acusan de todos los epítetos malignos que existen en la sociedad dominicana, y que sin reparo alguno, con la arrogancia, la intolerancia y el irrespeto que les caracteriza, arremeten contra cualquier profesional que se declare seguidor del otrora caudillo reformista.


Soy balaguerista de convicción plena. Asumo las consecuencias de mi devoción política, y hago un llamado a los anti-balagueristas, a que depongan el odio pasional que manifiestan, y permitan que nos adentremos a un debate profundo de las ideas y los acontecimientos escenificados en el país en las últimas cinco décadas, para que desprovistos de la ceguera que producen el odio y los rencores, podamos analizar con objetividad los roles negativos y positivos de los líderes del ciclo de la democracia en pro del desarrollo y progreso de nuestra sociedad.


Mi parecer es que Balaguer, Bosch, Peña Gómez y otros políticos importantes del país, tuvieron aspectos positivos y negativos. Y cada dominicano tiene el derecho de declararse simpatizante y defensor de la obra de uno de estos paradigmas, sin que eso les haga merecer del insulto y la desconsideración de los demás.


Quienes estamos interesados en fortalecer el sistema democrático debemos poner de nuestra parte para elevar la calidad del debate político. Mientras estemos llenos de odios y rencores no podremos analizar con objetividad nuestro pasado histórico, y mucho menos, visualizar con aciertos el porvenir.


La visión de Abraham Lincoln fue determinante para la construcción de la sociedad norteamericana, de ese gran país que pronto se convirtió en la principal potencia del mundo. En medio de un escenario de conflictos agudos y luchas raciales, Lincoln se abrazó al siguiente postulado: “La inteligencia, el patriotismo, la religión y una firme confianza en Dios tan poderoso que siempre dispensó sus favores a este país, es todo cuanto necesitamos para resolver satisfactoriamente nuestras diferencias. Y a vosotros, compatriotas, los que estáis descontentos, permitidme que os diga que solo de vosotros depende la paz o la guerra civil”.


Al igual que Abraham Lincoln, en su tarea de hacer de los Estados Unidos una sociedad más justa, en la contienda electoral dominicana de 1966, la habilidad de Balaguer para invocar la esencia de los dominicanos y proyectar su fe en ella fue extraordinaria. Fue el primer político capaz de despertar en los dominicanos un sentido de la misión y el destino de su nación.


Balaguer logró elevarse por encima de una multitud de detalles desalentadores, vio a su país como lo que realmente era, y proyectó lo que debía ser en el porvenir.


Independientemente de los documentos que recopila Bernardo Vega en su libro, como prueba reveladora de que los Estados Unidos contribuyeron a su retorno al poder, el triunfo de Balaguer era predecible, puesto que era el líder que más conocía al pueblo dominicano: Sus virtudes, sus problemas y su idiosincrasia, pero a la vez, era el único que estaba en capacidad para arbitrar la crisis que envolvía a todos los estamentos de la sociedad.


Su discurso en esa contienda electoral reflejó un sentir que es digno de un estudio profundo, debido a que en ninguna otra campaña electoral, ni antes ni después, un aspirante a la nominación presidencial ha expuesto con tanta altura y claridad lo que sería su programa de gobierno en caso de ser favorecido con el voto mayoritario del electorado.


Balaguer estaba consciente de que iba a ganar las elecciones, pero su interés no era sólo ganar. Se propuso como meta despertar en la población un franco deseo de progreso.


Con su discurso, Balaguer no sólo demostró que era el político más culto con que contaba el país, sino también, que era el dominicano mejor conocedor de la crisis que sacudía a la República. Por lo tanto, era el hombre indicado para darle respuestas a los problemas nacionales, y crear un clima de estabilidad que condujera al país por el sendero del desarrollo.


El estado de anarquía en que estaba inmersa la sociedad dominicana era de tal magnitud que todo aquel que tuviera algo que perder no tenía otra alternativa que no fuera la de contribuir al ascenso al poder de Balaguer. Como dijo Nicolás Maquiavelo “no hay nada que infunda más temor que una multitud suelta y sin cabeza... Por eso, una multitud así reunida debe sacar inmediatamente de sus propias filas un jefe que la guíe, la mantenga unida y piense en su defensa.”


El discurso de Balaguer, a diferencia del discurso de Juan Bosch y de los izquierdistas, tenía como eje central el llamado a la armonía entre todos los sectores de la sociedad dominicana. Balaguer no era defensor de ninguna clase social en particular. Concebía a la sociedad dominicana como a un todo, como una familia que de forma unida debía buscar el progreso y plantearse la solución a los males que le aquejaban.


Con esa actitud, el candidato reformista no ignoraba el fenómeno de luchas de clases. Es todo lo contrario, puesto que estaba consciente de que en el odio generado por las tres décadas de la tiranía; así como por el caos, la anarquía y la guerra civil que les sucedieron, descansaba el principal problema de la nación, y que de no superarlo, el país caería en una especie de círculo vicioso que le impediría alcanzar el desarrollo y la prosperidad.


Balaguer sabía tal y como lo planteó el poeta y dramaturgo alemán, Bertold Brecha, que “nadie puede estar por encima de las luchas de clases, porque nadie puede situarse por encima de los hombres”. De ahí el éxito de su estrategia de no convertirse en parte de esta lucha como lo hicieron sus contendientes, quienes se declararon aliados o adversarios de sectores específicos de la sociedad. Balaguer por el contrario, se declaró el candidato de todos los sectores de la nación, y proclamó como meta llegar al poder para impulsar la unidad de todos los grupos en pugna.


El hecho mismo de que Balaguer propusiera al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó para que fuera su compañero de boleta -candidato a la vicepresidencia de la República- en las elecciones de 1966-, según revelación del general José Morillo López al Listín Diario, en fecha 23--05-2002, fue una muestra de su interés por llevar armonía a la sociedad dominicana.


Nadie puede ocultar que en el régimen de los doce años hubo represión y violación flagrante a los derechos humanos. Pero debemos preguntarnos: ¿Existían condiciones para instaurar un régimen ampliamente democrático y participativo en la sociedad dominicana?

Todo el que aspire a realizar una evaluación justa del rol de Balaguer en la historia dominicana, primero debe responder esa interrogante.

martes, 27 de diciembre de 2005

El patriotismo de José Núñez de Cáceres

El ensayo independentista sucumbió con la entrada de las tropas haitianas comandadas por Boyer, dando inicio al período histórico de la Ocupación Haitiana.


Maestro, escritor, abogado y político de fina instrucción. Héroe de la Independencia Efímera. Nació en Santo Domingo el 14 de marzo de 1772. Hijo de Francisco Cáceres y Maria Albor.


Realizó estudios en la Universidad Santo Tomás de Aquino, en la que luego fue profesor y rector. Emigró a Cuba al producirse la cesión de Santo Domingo a Francia y su ocupación posterior (1801).


En ese país caribeño ejerció la abogacía y desempeñó el cargo de Gobernador y asesor general del gobierno. Regresó a Santo Domingo después de la reconquista por parte de España, y fue funcionario de la burocracia colonial.
La corona española descuidó a la colonia de Santo Domingo. Entre 1809 y 1821 estuvo prácticamente abandonada, lo que generó un amplio descontento en la población. Al mismo tiempo existía el temor de caer una vez más bajo el dominio haitiano.


El doctor José Núñez de Cáceres aprovechó la situación y formó un movimiento que buscada crear un Estado soberano. Por vez primera germinó la idea de crear una República independiente de Francia y España.


Ante el estado de incertidumbre reinante, el 30 de noviembre de 1821, Núñez de Cáceres proclamó la Independencia Nacional bajo la protección de La Gran Colombia. Creo un Estado autónomo protegido por Colombia y una junta de gobierno provisional.


El 1 de diciembre de 1821 quedó constituido el Estado Libre de Haití Español, bajo la protección de La Gran Colombia. Las iniciativas de Núñez de Cáceres y su grupo encontraron poco apoyo popular, y una parte de la población pidió la intervención de las tropas haitianas.


El ensayo independentista sucumbió con la entrada de las tropas haitianas comandadas por Boyer, dando inicio al período histórico de la Ocupación Haitiana.


Núñez de Cáceres procedió a entregar las llaves de la ciudad de Santo Domingo al gobierno haitiano. Con ese gesto el gobierno haitiano quiso dejar la señal de que la toma de la isla fue pacífica, y que el hecho histórico se llevo a acabo a petición de los habitantes de la parte española.


El Estado soberano proclamado por el doctor Núñez de Cáceres no se materializó, debido a que la población no estaba lo suficientemente conciente para defender esa conquista. Fue un proyecto a destiempo, y por eso no consiguió el apoyo popular necesario para su preservación.


El gobierno haitiano hizo ofertas de cargos públicos a Núñez de Cáceres, quien rechazó las mismas y optó por abandonar el país. Viajó a Venezuela donde permaneció por cinco años, y ocupó el cargo de Secretario del presidente Páez. Luego se marchó a México donde ocupó importantes funciones públicas, tales como: Abogado, Fiscal de la Suprema Corte, Senador y Tesorero de la Hacienda Pública.


A pesar de sus ocupaciones públicas, dedicó tiempo a la escritura. Poeta de estilo original. Fue el más notable de los escritores dominicanos anteriores a la proclamación de la república. Era un hombre de espíritu evolucionado que dejó huellas imborrables en cada uno de los pueblos que habitó.


Dentro de sus publicaciones se encuentran: A los vencedores de palo hincado, El duende y El cometa.


Sólo un ser con una mente superior era capaz de producir un texto del alcance conceptual y de la magnitud del de “La Declaratoria de Independencia del Pueblo Dominicano”, una página sobria y enérgica, con una lección de dignidad patriótica, de confianza en sus conciudadanos, de esperanza y fe en el destino superior de la conciencia humana.

Falleció en México, el 12 de septiembre de 1846. Sus restos fueron trasladados a Santo Domingo en el gobierno de Trujillo y descansan en la Catedral.

martes, 20 de diciembre de 2005

El legado de Rubén Darío

A los catorce años comenzó a publicar poemas y versos en periódicos de la época. La poesía era parte de su vida cotidiana.


Rubén Darío fue un periodista y poeta de trascendencia universal. Es el gran renovador de la poesía en la lengua española. Su verdadero nombre es Félix Rubén García Sarmiento. Nació el 18 de enero de 1867 en la aldea de Metapa, departamento de Nueva Segovia, en la República de Nicaragua.


Estudió en una escuela pública y a temprana edad entró en contacto con los clásicos castellanos –Cervantes y Quevedo-, lecturas que mezcló con obras de otras literaturJustificar a ambos ladosas, tales como: Las mil y una noches, La Biblia, los Oficios de Cicerón y la Corina de Madame Stael.


Rubén Darío tenía un carácter imaginativo y tuvo el privilegio de crecer en El Managua, un lugar maravilloso, con un lago encantado lleno de islas floridas con pájaros de colores, y sobre todo, el cono imponente del volcán Motobomba. A ese ambiente esplendoroso de la naturaleza que consagra lo diminuto del hombre ante el ser creador, se debió la impronta de su creación literaria.


De la escuela primaria pasó al colegio de los jesuitas, y de inmediato orientó su poesía hacia lo religioso, hasta tal punto que sus décimas, epitafios y coplas volanderas estaban presentes en todos los actos litúrgicos y festivales religiosos. A temprana edad adquirió fama, se le conocía como el poeta-niño.


A los catorce años comenzó a publicar poemas y versos en periódicos de la época. La poesía era parte de su vida cotidiana. Escribía a sus enamoradas.


El pequeño pueblo en que vivía no llenaba sus expectativas, sueños y ambiciones. Se dirigió a Managua la capital de Nicaragua, donde un grupo de diputados solicitaron para el una beca que le permitiera seguir sus estudios en Europa. El apoyo oficial no fue posible debido a que el joven se había mostrado en sus escritos revolucionario, anticatólico e ideológicamente incendiario.


Consiguió un empleo en la Biblioteca Nacional de Managua, lugar perfecto para un adolescente con su espíritu imaginativo. Amplió su cultura. Leyó con avidez a Góngora y a Berceo; frecuentó las páginas de la mitología, y desde su perspectiva americana descubrió el romanticismo, el parnasianismo y la escuela romana de Moreas.


Con a penas quince años de edad se hizo amigo de literatos, historiadores, pedagogos y periodistas. Asistía a tertulias literarias y escribía versos para álbumes. Conoció a Elena, una jovenzuela de ojos verdes y tez canela, de la que se enamoró con su apasionamiento característico.


Cuando hizo público su deseo de casarse con Elena sus amigos consideraron la decisión como una locura, y para evitar el matrimonio reunieron fondos y lo enviaron a El Salvador.


La estrella de Rubén Darío estaba brillando tan alto que en El Salvador fue recibido por el presidente Zaldivar, quien más tarde le encargó la tarea de escribir y recitar una oda para celebrar el centenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar. Fue su primer contacto con el público salvadoreño y obtuvo un éxito esplendoroso.


Regresó a Nicaragua, volvió con sus amigos de antes y reanudó sus amoríos con Elena, a quien bautizó en un poema como “La Garza Morena”. Fue nombrado secretario del Presidente Zabala. En esos tiempos –1885- publicó su libro Primeras Notas, y que es una incipiente de la revolución poética que se gesta en su inquieta inteligencia.


En 1886 se marchó a Valparaíso de Chile. A pocos días de estar en esa ciudad publicó un artículo sobre la muerte del escritor y político chileno Benjamín Vicuña Mackenna, que le abrió las puertas de la prensa chilena.


Comenzó a trabajar en el periódico El Mercurio, y luego se trasladó a Santiago, la capital de Chile.


Era famoso. Allí le esperaba el director del prestigioso periódico La Época, y en ese encuentro Rubén Darío recibe la más grande humillación de su vida.


En una estación le esperaba el petulante director del periódico, quien le había reservado habitación en un elegante hotel, con la impresión de que se trataba de un aparente señorío.


Cuando vio a Darío, el director lo miró desdeñosamente. El propio Darío describe el encuentro del modo siguiente: “En aquella mirada abarcaba mi pobre cuerpo de muchacho flaco, mi cabellera larga, unos pantalones estrechos que yo creía elegantísimos, mis problemáticos zapatos y sobre todo mi valija, una valija indescriptible…”


El director le dijo: “Tengo mucho placer en conocerle. Le había hecho preparar una habitación en un hotel de que le hable a su amigo Poirier. No le conviene” “Nunca como en aquella hora –escribió amargamente Darío- sentí la humillación del favor indispensable, de la incomprensión adinerada.”


Estuvo también en España, Argentina, Cuba, Francia y Estados Unidos. En Nueva York conoció a José Martí, con quien estableció una estrecha amistad.


En todos estos países dejo huellas imborrables. Era un poeta de alto vuelo. Era codiciado por los más prestigiosos periódicos. Su talento, su humildad, su sencillez, su creatividad, su estilo era único en la poesía de su tiempo.


Rubén Darío es el inspirador del Modernismo, movimiento poético que nació en Buenos Aires e influyó en todos los ámbitos hispanoamericanos. Es la primera manifestación apreciable universalmente de la existencia del espíritu, donde los hombres de todas las latitudes se encuentran y se funden para hacer posible esa concreción heterogénea que es el alma de la raza hispanoamericana.


Rubén Darío es una de las grandes voces de América y su influencia en la poesía española ha sido relevante. Su obra se caracteriza por la renovación del lenguaje poético y de la métrica, por las innovaciones temáticas, el esteticismo y el exotismo.


Dentro de sus obras se encuentran: Azul; Primeras Notas; Los Raros; Prosas Profanas; España Contemporánea; Cantos de vida y esperanza; Canto errante; Canto a la Argentina; Todo al vuelo; El oro de Mallorca, entre otras.

Falleció en Nicaragua, el 6 de febrero de 1916. Minutos después de que su amigo el doctor Debayle le hiciera una operación de hígado que no dio buenos resultados. Se declaró luto nacional, y diez días después su cadáver fue inhumado en la catedral de León.

martes, 13 de diciembre de 2005

Balaguer fue un visionario en medio de la tempestad

Todavía es una tarea pendiente la realización de estudios profundos, con carácter crítico y analítico, sobre los tres principales personajes de la historia de la democracia dominicana: Balaguer, Bosch y Peña Gómez.


(“El hombre no es hijo de las circunstancias. Las circunstancias son hijas de los hombres”. Benjamín Disraeli.)


Invito a la intelectualidad del país, a que demos una mirada retrospectiva al pasado político, y obtengamos los conocimientos necesarios para entender, evaluar y valorar de una forma justa, el rol desempeñado por los líderes forjadores del sistema democrático dominicano.


Me he puesto como tarea, estudiar la vida y obra de los personajes que han hecho los mayores aportes al desarrollo de la sociedad dominicana. Y en esas indagatorias me he dado cuenta que la historia escrita de nuestros principales acontecimientos debe ser revisada.


Todavía es una tarea pendiente la realización de estudios profundos, con carácter crítico y analítico, sobre los tres principales personajes de la historia de la democracia dominicana: Balaguer, Bosch y Peña Gómez.


Juan Bosch y Peña Gómez han sido estudiados en una dimensión más profunda que el doctor Joaquín Balaguer. De Balaguer se dicen muchas cosas buenas y muchas cosas malas, pero desgraciadamente desde su partido no se ha mostrado ningún interés en contribuir en que al líder reformista se le conozca en una dimensión distinta a la imagen despiadada y desconsiderada que con éxitos están forjando sus adversarios.


La carrera política de Balaguer, como la de todo político, estuvo preñada de aciertos y fracasos. Una de las épocas más difíciles para Balaguer, fue el exilio político. Una parte considerable de los grandes líderes de la historia moderna y contemporánea vivieron situaciones similares. Hombres del fuste de Abraham Lincoln, Winston Churchill y Charles de Gaulle, enfrentaron inicialmente el fracaso y la derrota, pero se mantuvieron fieles a sus principios y más tarde alcanzaron la cima del poder.


A hombres de esa estirpe, el exilio en vez de afectarles, mejor les ayudó al incremento de su acervo político. La soledad contribuyó a que se incrementaran sus habilidades de reflexión y meditación.


Con Joaquín Balaguer se produjo un comportamiento similar. Desde su exilio político en los Estados Unidos de Norteamérica, acertó en sus vaticinios con increíble perspicacia, sobre el devenir de la sociedad dominicana.


A pesar de haber pasado varios años en tierra extranjera, un tiempo en el desempeño del servicio diplomático y consular, y otro en calidad de exiliado político, Balaguer era el personaje que mejor conocía a la sociedad dominicana, la forma de vida de sus habitantes, su estilo de pensar, su espíritu cristiano, en fin, conocía profundamente la idiosincrasia y los valores que les servían de sostén a la nación. Factores cuyo conocimiento es de vital importancia para llegar al poder y conducir con aciertos las riendas de una sociedad.


El otrora cortesano de la Era de Trujillo, sabía muy bien, que en ese entonces, con una buena dirección el país podía cambiar de curso, puesto que la sociedad estaba doblada, pero no quebrada, y los dominicanos tenían la fortaleza de espíritu que necesitaban para recobrarse. De hecho, lo que faltaba era una dirección, que de haber existido en 1963, no se hubiera producido la insurrección de abril de 1965.


La agudeza política con que se manejó Balaguer en los diversos estadios de la historia en que actuó, fue de tal magnitud que Manuel A. García Arévalo, lo catalogó como posiblemente el único intelectual de su generación que exhibió siempre una coherencia sin fisuras, es decir sin cambios significativos que alterasen sus concepciones primigenias sobre el país ni los temas literarios, políticos y sociales que abordó desde su juventud.


Aduce este prestigioso intelectual, que si hay un rasgo que caracteriza al Balaguer-escritor es su uniformidad a través del tiempo, como si hubiera tenido, desde los mismos inicios de su trayectoria literaria, un claro perfil ideológico y conceptual que supo ir adecuando a las circunstancias y vaivenes de la nación, pero que se mantenía inalterable pese a las mutaciones del tiempo.


Siete días antes del derrocamiento de Bosch, en un artículo publicado en El Caribe, titulado Dios y Patria, Balaguer hizo una radiografía de la crisis que sacudía a la sociedad dominicana, debido a los efectos del régimen populista instaurado por el PRD, apoyado en una Constitución de corte revolucionaria que atentaba directamente contra las estructuras sustantivas de la sociedad dominicana.


Balaguer sabía que se despejaba el camino para su retorno al poder, puesto que un hombre del temperamento de Bosch, quien había pasado los últimos veinticinco años de la tiranía en el exilio, no sabría conciliar los intereses en conflicto. Si actuaba de forma pasiva engendraría el desorden y la confusión; el excesivo rigor, en cambio, produciría perturbaciones funestas para el régimen.


A juicio del expresidente de Venezuela, don Rafael Caldera, “Bosch no quiso entenderse con la realidad. Siguió siendo una figura respetable e influyente pero definitivamente se llegó a la conclusión de que no estaba hecho para el gobierno que requería el país”.


Con sus reflexiones desde el exilio, Balaguer continuó siendo el principal orientador del pueblo dominicano. Sabía que, -tal y como señaló Mariano José de Larra-, “el corazón del hombre necesita creer en algo, y cree en las mentiras cuando no encuentra verdades en las que creer”. Con su pluma, Balaguer demostró que era el dominicano mejor conocedor de la crisis que sacudía a la República.


Cuarenta y cinco días después de la caída del Gobierno de Bosch, en un artículo publicado en el periódico El Caribe, titulado La voz de las urnas, Balaguer hizo una radiografía de la crisis nacional, enfocada con una objetividad tal como si fuera espectador de los hechos. En ese análisis dejó claramente establecido que él era el único de los políticos dominicanos que estaba en capacidad para tomar las riendas de la nación y encauzar el país por el sendero del orden y el progreso.


En ese artículo antológico, Balaguer dijo: “Existe una realidad que no puede desconocerse ni subestimarse sin graves riesgos para el futuro inmediato de la República Dominicana: la de que nadie puede gobernar actualmente el país si no ejerce una autoridad libremente emanada de la voluntad popular.”


Con sus actuaciones a posteriori de la muerte de Trujillo, Balaguer no sólo sirvió a los más necesitados, sino también, despertó esperanzas e ilusiones en la inmensa mayoría de la población de que era posible construir una sociedad más próspera y justa sin recurrir a la violencia.


Balaguer supo convertirse en indispensable, y sabía que pronto los sectores de poder de la nación iban a recurrir a él para pedirle que volviera a hacerse cargo de las riendas del Estado. Dijo Baltasar Gracián que “no fabrica dioses quien talla imágenes, sino quien las adora. El hombre inteligente prefiere gente que lo necesite a gente que le dé las gracias.”


Balaguer no vaciló en anunciar por adelantado el fracaso de los futuros gobiernos de facto y en enfocar la necesidad de realizar elecciones libres. Dijo: “Para contener la ola de desórdenes que cubre de un extremo a otro la nación, para oponer un valladar suficientemente sólido al instinto levantisco de las masas que se halla actualmente desbocado, para encauzar el país por la vía de la normalidad y del progreso y para dar solución adecuada al problema de nuestra rehabilitación económica, se requiere una mano no sólo firme, no sólo ilustrada, no sólo honesta, no sólo ecuánime y no sólo movida por un amplio espíritu de abnegación y de sacrificio, sino también investida de la autoridad moral que emana del poder cuando el poder tiene el sello de la legalidad que es lo único que lo dignifica y lo único que lo fortalece.”


Continuó diciendo: “El poder es necesariamente débil y digno de repulsa cuando se trata de un poder usurpado. La fuerza bruta aniquila pero no convence; se acata pero no se respeta. Por más grande que sea la capacidad de los representantes de la oligarquía en el Triunvirato, su ejercicio inconstitucional, si se prolonga más allá de lo necesario, hará en lo sucesivo imposible todo esfuerzo fructífero para la pacificación moral del país y para su reincorporación a la convivencia civilizada”.


Sus escritos eran una reflexión objetiva sobre el futuro de la nación. Como argumenta Dick Morris, “el liderazgo es una tensión dinámica entre dónde piensa un político que debe ir su país y dónde quieren ir sus votantes.” Balaguer utilizó las páginas del prestigioso matutino El Caribe para hacer propaganda política, manteniendo su línea de orientación a sus seguidores que cada momento aumentaban, y a los sectores de poder que empezaban a preocuparse ante la creciente amenaza de que el país cayera en un estado de ingobernabilidad que pusiera en juego sus intereses.


Balaguer tenía fe en el futuro de la República Dominicana, y por lo tanto, se estaba ofertando para venir a poner en orden la casa. Pero lo más interesante es que el discurso de Balaguer no se reduce a una simple retórica demagógica por conseguir votos. El veterano político buscaba adeptos utilizando el recurso del convencimiento, y no el de la persuasión pura y simple a que se limita la propaganda política de los momentos actuales.


Balaguer era el hombre de Estado que el país requería, pero al mismo tiempo, era el intelectual con la acertada visión de futuro. Esta última cualidad le permitió con gran facilidad meterse a los contrincantes en un bolsillo.


Balaguer estaba consciente de que los sectores oligárquicos no podían aportar el político que requería el momento para enfrentar con éxitos la crisis que padecía la sociedad dominicana. El siguiente párrafo de uno de los artículos escritos mientras estaba en el exilio, es una prueba reveladora de su visión política.


“Es lógico que si el país se pronunció en diciembre contra la minoría oligárquica que hoy detenta el poder, con mayor razón se pronunciará contra ella cuando esa minoría se presente de nuevo ante las urnas con estas dos credenciales, la de su prestigio reducido a cero por la propia mecánica del poder que desgasta a sus detentores, y la de la desventaja moral en que la coloca el hecho de haber desconocido y pisoteado la voluntad de las mayorías nacionales. El país, por otra parte, no puede resistir, sin grave daño para su economía, la tremenda agitación a que sería sometido por tres elecciones sucesivas”.


El exilio fue favorable para la carrera política de Balaguer, debido a que en parte contribuyó a se incrementara su amor por la patria. Y como escribió Giovanni Mosca: “A la patria se le ama siempre más desde lejos”.


José Ortega y Gasset dijo que “para contemplar son precisas frialdad y distancia entre nosotros y el objeto. El que quiera contemplar un torrente lo primero que debe hacer es no ser arrastrado por él.”


La salida de Balaguer al exilio fue un acontecimiento beneficioso para su carrera política, debido a que el genio creador necesita temporalmente ese aislamiento forzado para medir desde la profundidad de la desesperación, desde la lejanía del destierro, el horizonte y la altura de su verdadera misión.


Es que como señaló Stefan Zweig, “en el terreno bajo y más firme de la política, una ausencia temporal da al hombre de Estado nueva lozanía en la mirada y mayor intensidad para pensar y calcular el juego de las fuerzas políticas. Nada más propicio para una carrera que su interrupción temporal, pues el que ve en el mundo siempre desde arriba, desde la nube imperial, desde la altura de la torre de marfil del poder, no conoce otra cosa que la sonrisa de los subordinados y su peligrosa complacencia; el que siempre sostiene en las manos la medida, olvida su verdadero valor”.


Continúa diciendo el biógrafo de Fouché, que nada debilita tanto al artista, al general, al hombre de poder como el éxito permanente a voluntad y deseo. En el fracaso es donde conoce el artista, su verdadera relación con la obra; en la derrota, el general, sus faltas, y en la pérdida del pavor, el hombre de Estado, la verdadera perspectiva política. La riqueza permanente debilita. El aplauso constante hace insensible; únicamente la interrupción procura al vario ritmo de la vida nueva tensión y elasticidad creadora.”


“Únicamente la desgracia da mirada profunda y extensa para la realidad del mundo. Enseñanza dura, pero enseñanza y aprendizaje es todo destierro: al débil le amasa de nuevo la voluntad, al indeciso le hace enérgico, al duro, más duro aún. Nunca es el destierro para el verdadero fuerte una mengua: es siempre un tónico de su fuerza”.


El exilio le proporcionó a Balaguer la imagen que necesitaba para hacerse más fuerte. Se convirtió en el hombre necesario para dirigir los destinos de la nación.


Balaguer aceptó el exilio sin reproches y sin lamentaciones. Nunca demostró tener prisa. Se mostró siempre paciente. Conocía a plenitud las dimensiones de la crisis del momento, y tenía identificada las tendencias y los acontecimientos que les llevarían al poder. Pensó como Chardonne: “Todo cuanto la vida ofrece es bueno. Quiero aceptarlo siempre. No me toca a mi escoger”.


Los acontecimientos se produjeron y no entró en el mundo de las elucubraciones como acostumbran los intelectuales, para determinar porqué se produjeron. Mientras Juan Bosch, después del golpe de Estado, se dedicó a producir el libro: Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana, donde explicó los motivos del golpe de Estado, Balaguer por el contrario, se dedicó a escribir artículos para ilustrar a la población en torno al camino a transitar para lograr que la sociedad se adentrara por el sendero del orden y el desarrollo social y económico.

Después del golpe de Estado, Bosch reaccionó como un intelectual. Balaguer tras el envío al exilio, reaccionó como el político que estaba al acecho de la oportunidad más inmediata para volver al poder. Ciertamente, como dijo Francoise Sagan: “Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir”.

martes, 6 de diciembre de 2005

Franklin Delano Roosevelt, un líder para estos tiempos de crisis

Personaje prominente de la Segunda Guerra Mundial y reconstructor de la economía de su país después de la depresión económica de 1929.


Todos los seres humanos tenemos a nuestros ídolos y héroes. Por lo regular nos identificamos con el personaje que mejor encarna nuestros sueños, deseos e ilusiones. En el contexto histórico de los grandes estadistas de la humanidad, me identifico en el plano dominicano con el doctor Joaquín Balaguer, por razones varias, las cuales he expresado en varios escritos, y en el plano internacional, guardo mucha admiración por Franklin Delano Roosevelt, uno de los hombres más extraordinarios que ha tenido la historia de la humanidad.


Franklin Delano Roosevelt fue un político, abogado y estadista estadounidense. Personaje prominente de la Segunda Guerra Mundial y reconstructor de la economía de su país después de la depresión económica de 1929.


Nació en enero de 1882, en Hyde Park, Nueva York. Descendiente de una prestigiosa familia de políticos y empresarios. Hijo único de don James y Sara Delano Roosevelt.


Se crió en un ambiente de mucho confort y disfrutó de grandes privilegios. Siendo un niño viajó por Europa, y a los catorce años ingresó a la Groton School de Massachussets, una típica escuela de Nueva Inglaterra dedicada a modelar jóvenes con porvenir.


En 1900 ingresó a Harvard y no brilló en sus estudios. Pero sentía gran admiración por su tío Theodore Roosevelt, en ese entonces Presidente de los Estados Unidos.


Se graduó de abogado en la Columbia University School of Law, y de inmediato se trasladó a vivir en Nueva York. Comenzó a trabajar en Wall Street al servicio de los trust, y en su defensa contra las acusaciones de la ley antitrust.


Ingresó al Partido Demócrata y trató de seguir los pasos de su primo el Presidente Theodore. A los 29 años de edad, Franklin Delano Roosevelt tomó juramento como Senador por el condado de Dutchessk, y de inmediato se distinguió como un legislador con ideas progresistas.


Fue reelecto en el Senado en 1912. En el gobierno del Presidente Woodrow Wilson entró a la administración federal como ayudante en la secretaria de la Navy, donde se especializó en diversas reformas en la construcción naval y aprendió a negociar con los sindicatos de los empleados civiles de la Armada. Al estallar la primera guerra mundial, ganó prestigio como administrador y por sus eficaces recorridos de 1918 por las bases navales y los campos de batalla de ultramar.


En la historia de la universal pocas personas han hecho lo que hizo Franklin Delano Roosevelt. Este hombre dotado de virtudes, renunció a la fortuna económica, a la comodidad, al lujo y al confort, y emprendió una carrera política con el único propósito de servirle a su país, y a la humanidad en sentido general.
En la convención demócrata de 1920 fue nominado para la vicepresidencia en la candidatura de James M. Cox., pero a pesar de la intensa campaña que realizaron los demócratas, resultó ganador el Partido Republicano.


Franklin Delano Roosevelt es el principal ejemplo de que cuando un hombre nace para algo grande, no hay acontecimiento alguno que pueda detenerle en la misión que le depara el destino.


En 1921 sufrió un ataque de parálisis y perdió la facultad de andar. La enfermedad no pudo doblegarle. Continuó en la política con el mismo entusiasmo de antes, y en 1928 se presentó como candidato a Gobernador por Nueva York, y como resultado de una eficiente labor fue reelecto en 1930.


Sentado en una silla de ruedas, Franklin Delano Roosevelt acometió las hazañas más extraordinarias realizadas por político alguno del mundo contemporáneo. La administración eficaz del estado de Nueva York frente a los efectos de la depresión económica de 1929 le convirtió en una figura nacional, y en la convención demócrata de 1932, obtuvo la nominación para la presidencia de los Estados Unidos.


La experiencia adquirida en el congreso, en la administración pública y en su vida privada, les llevó a considerar la política como un arte y una ciencia al mismo tiempo. Roosevelt tenía fe en los políticos, pero no descuidaba a los técnicos. No siguió los tradicionales esquemas preestablecidos, y cambió el estilo de conducción política de los Estados Unidos.


La personalidad de Roosevelt conjugaba el perfil de la astucia del zorro y la valentía del león, al mismo tiempo. Era sensible a la opinión pública, pero no dudaba en formarla ni temía en desafiarla. Era un hombre frío, a quien no le alteraban los acontecimientos por graves que fueran. Esta cualidad le ayudó a recuperar la economía y manejar con éxitos la Segunda Guerra Mundial.


El gobierno del Presidente Roosevelt tomó iniciativas orientadas a socorrer a los pobres y necesitados; reestablecer el equilibrio entre la agricultura y la industria; controlar la actividad bancaria; restaurar las relaciones económicas internacionales; inaugurar una política de buena vecindad con América Latina, y asumir las responsabilidades propias de una potencia mundial. Reorganizó y relanzó a la sociedad norteamericana; le dio a la economía y la política estadounidense un nuevo giro y una nueva visión.


En medio de este torbellino de la sinrazón de la política en que vivimos, los norteamericanos deben detenerse un poco, reflexionar en medio de las turbulencias y mirar en el horizonte de su pasado histórico. Ese gran país no hace bien con seguir enganchando actores, comediantes, faranduleros y empresarios a la política.


Los Estados Unidos de Norteamérica, al igual que el resto de las naciones del mundo, requieren de un liderazgo amparado en hombres dotados de la virtud del conocimiento, de la humildad, sencillez, solidaridad y respeto a la vida. Ese es el gran reto que tiene la democracia en este milenio.


La humanidad requiere de líderes que tomen como ejemplo a un Franklin Delano Roosevelt, un hombre que nació en medio de una gran fortuna económica y optó por vivir con el dinero ganado con el sudor de su frente.


Roosevelt, a temprana edad, se dio cuenta de algo que no quieren entender muchos dinosaurios políticos y ambiciosos enfermizos del momento, y es que no es posible ser un prominente empresario, una maquina eficaz de producir dinero, y al mismo tiempo, actuar como servidor público, guardián y defensor de los intereses de las grandes mayorías.


Franklin Delano Roosevelt tenía una energía inigualable. El entusiasmo y dinamismo de su personalidad irradió a todas las instituciones de su país. Es uno de los hombres más grande que ha tenido la historia de la humanidad.

Roosevelt es el único personaje que ha ocupado durante cuatro periodos la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica. Siendo presidente de su país, falleció en noviembre de 1944, como consecuencia de un derrame cerebral.