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martes, 1 de noviembre de 2005

Máximo Gómez Pensamiento y Vida

El momento es oportuno para que los jóvenes dominicanos, cubanos, americanos y del mundo, conozcan las virtudes de grandeza, sacrificio y coraje que adornaron a este prócer.


El próximo 18 de noviembre se cumple el 168 aniversario del nacimiento del general Máximo Gómez, militar dominicano y héroe de la independencia de Cuba. Fue una de las figuras militares más prominentes del siglo XIX. Nació en la Villa de Baní el 18 de noviembre de 1837. Hijo de don Andrés Gómez y doña Clemencia Báez.

El momento es oportuno para que los jóvenes dominicanos, cubanos, americanos y del mundo, conozcan las virtudes de grandeza, sacrificio y coraje que adornaron a este prócer de la libertad.
El propio Máximo Gómez en su autobiografía reseña lo difícil que fue la vida en su niñez y adolescencia. La crisis que afectaba el país, las precariedades económicas en que vivía su familia y los grandes retos que afrontó en defensa de la independencia de su país y de la liberación de Cuba.

A los 14 años fue soldado de las batallas por la consolidación de la República frente a las embestidas reiteradas de las tropas haitianas. A la edad de 25 años mientras estaba en combate en la región Sur recibió una carta de su madre donde le decía que su padre estaba muy enfermo, días después murió, y desde entonces tuvo que asumir la responsabilidad de cuidar de su madre y sus hermanas.

Durante el período de la anexión a España, prestó servicios en el ejército español y ostentó el rango de Comandante. Al consumarse la restauración de la República, Máximo Gómez partió para Cuba, el 11 de julio de 1865, seguido por un grupo de soldados dominicanos que habían servido a España.

En ese país se encontró con una realidad política distinta a la dominicana. Allí reinaba una esclavitud despiadada. El trato inhumano a los esclavos de parte de la oligarquía criolla y autoridades españolas contribuyeron a que Máximo Gómez hiciera causa común con los patriotas que se habían trazado como meta lograr la independencia de Cuba.

A pesar de vivir dentro de la guerra, era un hombre ordenado. Parece que estaba consciente del papel que desempeñaba en la historia. Llevaba anotaciones de todo lo importante que sucedía día a día. En su diario de campaña hizo anotaciones del nacimiento de sus ocho hijos, de los esfuerzos de su esposa para sobrevivir con su familia en las montañas de Cuba, y de la forma dramática como murieron tres de sus hijos.

Su primogénita Margarita, falleció en septiembre de 1871 en las sierras del sur de Cuba del modo siguiente:

“Allí murió de hambre pues mi pobre esposa huyendo de la persecución que hacían los españoles a las familias y al ejército, ella se refugió en una cueva cual las primitivas indianas. Las humedades, la escasez de alimentos, hizo que la madre se postrara en cama, le faltó la leche para la lactancia de la niña y la vio morir poco a poco como se extingue la luz de una lámpara cuando ha consumido el aceite que la hacia brillar”.

El 16 de febrero de 1882 falleció su hijo Andrés 2do, en San Pedro Sula, pueblo situado al norte de la República de Honduras.

El 15 de mayo de 1884 falleció su hija Margarita 2da, acontecimiento que Máximo Gómez reseña del modo siguiente: “En días muy aciagos perdimos nuestra hija; mi esposa muy enferma y yo mismo grave, postrado en cama y sin recursos de dinero. Era mi situación tan fatal que apenas no sé como he podido salir de ella”.

Esa es una muestra del sacrificio que significó la independencia de Cuba para el general Máximo Gómez. A pesar de la muerte de sus hijos como consecuencia de la causa republicana no se detuvo, no se doblegó. Luchaba por un ideal: “Lograr la liberación de Cuba”.

En 1895 cuando firmó con José Martí el Manifiesto de Monte Cristi, el apóstol de la independencia cubana le dijo: “Le ofrezco, como pago de su obra, el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”. Máximo Gómez le contestó: “Todo por Cuba”.

La experiencia en el combate del general Máximo Gómez y del grupo de dominicanos que les acompañaban fueron factores que incidieron a que jugaran un papel preponderante en la independencia de ese país. Máximo Gómez y varios de sus compatriotas dominicanos fueron instructores en el arte de la guerra de los patriotas cubanos, así como de españoles que apoyaban el proyecto independentista.

Máximo Gómez no solo fue el maestro, sino también el combatiente. Es uno de los héroes más prominentes de la independencia de Cuba. Fue un estratega militar, prudente, paciente y astuto, pero sobre todo, un hombre de una autoridad espectacular y de un estilo de combate único en su género. Cuando estaba frente al enemigo, el general Máximo Gómez, con un tono de voz que retumbaba, lanzaba el grito: ¡Al machete! Ese era su grito de guerra, el cual retumbaba por los campos e inyectaba las energías y corajes necesarios a los patriotas para vencer a los adversarios. Venció a los españoles en las batallas de Santa Ana de Griñan, La Candelaria, El Recurso, Ti Arriba, El Cristal, Borjita, Arroyito y el asalto a La Socapa.

Máximo Gómez era uno de los líderes que gozaba de mayor respeto y popularidad dentro de los patriotas cubanos. Su más formidable campaña militar fue desarrollada en la segunda etapa de la guerra independentista, a partir de 1897 en La Reforma. Comandando un ejército de 4,000 hombres mal armados y alimentados enfrentó a un ejército de 40,000 soldados dirigidos por los generales españoles Weyler y Blanco. En quince combates realizados en un periodo de 20 meses, utilizando un espacio geográfico de 60 kilómetros cuadrados, los patriotas se burlaron de las tropas enemigas.

Máximo Gómez era un hombre provisto de virtudes intelectuales. Sus frases y mensajes así lo demuestran. Embriagaba a sus seguidores de energías y entusiasmo. Esa fue su clave para el éxito. Falleció en la Habana, Cuba, el 17 de junio de 1905.

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