El crecimiento económico que se ha logrado en los últimos 50 años no ha sido cónsono con el desarrollo humano, debido a que los beneficios se concentran en pocas manos
Antes de cumplir los 14 años de edad ingresé a la política y el próximo 22 de diciembre cumpliré 41 de existencia en este planeta. Hasta hace unos meses para mi era un orgullo ser político, ahora mi parecer ha cambiado. Siendo un adolescente compartía actividades políticas con actividades religiosas, culturales y educativas.
El hecho de que se me identificara como cabeza o representante de un partido político en el Liceo donde estudiaba, en el Club Juvenil, Deportivo y Cultural en el que participaba, o más bien en la comunidad en que me desenvolvía, era un verdadero privilegio, un honor, una satisfacción.
Era a comienzos de los años 80, época en que la juventud era portadora de un espíritu de búsqueda de superación apoyado en la participación en los movimientos sociales. No existía el individualismo del presente. El deseo de un joven estudiante era hacerse de una profesión, pero buscaba su meta sin ignorar el proceso social, político y económico en que vivía.
Por eso existían diversas organizaciones, tanto en la zona urbana como rural, donde los jóvenes eran parte activa. Las agrupaciones políticas, sociales, culturales, gremiales y comunitarias no eran entelequias como las del presente, que en sus mayorías solo existen en apariencia, o son un papel timbrado y un sello gomígrafo con el nombre de ONG de que se valen muchos vividores para buscarse unos pesos.
Ahora la valoración sobre la política y los políticos es distinta. La expresión que uno escucha por dondequiera que se mueve, de que “los políticos son unos ladrones”, es para poner a cualquiera a reflexionar. Lo grave de todo esto es que a pesar de que los ciudadanos saben que no todos los políticos son iguales, ellos prefieren generalizar. Esa generalización se debe en parte, a que en resumidas cuentas, la inmensa mayoría de los políticos son unos sinvergüenzas.
¿Cuáles son las causas del deterioro de la política?
¿A qué se debe esa creciente pérdida de fe y confianza en la política y en los políticos?
Las razones son varias, pero existen dos que son fundamentales, y que han sido tratadas y analizadas en millares de cónclaves, sin que observe ningún cambio de rumbo al respecto. En primer lugar está la corrupción, y en segundo lugar, la injusticia en la distribución de las riquezas.
Si se hace un cálculo del dinero que se han robado los políticos en complicidad con los empresarios en cualquier país de América Latina o de África, para solo mencionar a dos de los continentes donde existen los índices más altos de pobreza, este sería suficiente para construir las escuelas, centros de salud, viviendas, vías de comunicación, y sobre todo, para resolver el problema de desnutrición que afecta a cientos de millones de personas.
El crecimiento económico que se ha logrado en los últimos 50 años no ha sido cónsono con el desarrollo humano, debido a que los beneficios que genera la actividad económica se concentran en pocas manos.
El problema del deterioro de la política no ha sido enfrentado correctamente. Los empresarios, en una parte considerable, en vez de exigir sanciones a los políticos corruptos y contribuir a que los partidos se conviertan en instituciones confiables y creíbles que puedan desempeñar con éxitos el papel de interlocutores para la consecución de los cambios sociales, políticos y económicos que demanda la sociedad, han optado en algunos casos por ser cómplices de estos, y en otros por meterse a políticos.
Algunos empresarios participan en política atraídos por la corrupción, y otros con el propósito de utilizar el poder que les brinda la política para expandir sus actividades privadas. Son muy pocos los empresarios, sea en República Dominicana, o en cualquier país del mundo, que van a la política con el propósito fundamental de servirle a los demás.
No existe, ni en América Latina ni en el mundo, un solo referente de un empresario que haya llegado al poder apoyado en su fortuna económica, y que haya hecho un gobierno aceptable. Por lo regular, salvo muy raras excepciones, el empresario actúa como tal en todas las esferas de su vida. Por tanto, es imposible, que una vez instalado en el poder, pueda separar el rol de sus empresas, negocios y beneficios acostumbrados a obtener en el desenvolvimiento cotidiano, de el rol que debe asumir como gobernante que es el de salvaguarda de los intereses de las mayorías, búsqueda de armonía y consenso para evitar conflictos sociales y ser paladín de la justicia social.
Una de las causas de la crisis de la política hoy, radica en que algunos empresarios han tomado la errada decisión de pretender constituirse en líderes políticos y optar por la búsqueda de los puestos de elección popular, apoyándose en sus fortunas económicas. Esto le ha quitado sustancia y razón de ser a la política y a los partidos. Ya no tiene sentido hacer una carrera política. En los partidos no se asciende en función de trabajo, talento, esfuerzo, virtudes humanas y méritos acumulados. Las candidaturas y hasta los cargos de dirección partidaria, en la mayoría de los casos, son para aquellos que disponen de una gran fortuna económica sin importar su origen.
Debo aclarar que se da el caso de empresarios que son políticos por naturaleza. En los tres partidos mayoritarios: PLD, PRSC y PRD existen empresarios que hacen vida partidaria, y que el espacio que ocupan en esas organizaciones se lo han ganado con su trabajo. Estos dirigentes políticos que son adinerados han ingresado a esos partidos por varias razones, pero en el fondo le gustan la política y coexisten de forma armoniosa con los demás dirigentes sin utilizar su fuerza económica para avasallar a los contendores internos.
Por tanto, no me refiero a estos empresarios que son a la vez políticos, y que asumen las consecuencias de ser parte activa de una entidad partidaria en una caverna política como la nuestra. Me refiero a los empresarios oportunistas que sienten rechazo por la política, pero que su avaricia lo conduce a acercarse a una entidad partidaria previo a unas elecciones con el único propósito de conseguir un puesto de elección popular.
Estos comerciantes que salen a comprar una curul en el congreso o una sindicatura como si se tratara de comprar una vaca son el reflejo del deterioro del sistema político dominicano. Inclusive, en los partidos hay personas que se dedican a cazar a estos aventureros, con el objetivo de sacar su tajada económica del proceso.
Resulta que la carrera política que se diseña y se desarrolla bajo el imperio del dinero, sin cumplir con el ciclo normal, puede lograr las metas propuestas de conseguir el puesto perseguido, pero es muy difícil que desde la posición pueda llenar las expectativas creadas.
Un liderazgo político exitoso requiere de un proceso que como dice el consultor político español Francisco Izquierdo Navarro, incluye: nacimiento, crecimiento, adolescencia, madurez, reproducción, senectud y muerte.
La incursión coyuntural de este tipo de empresarios aventureros en la política conduce a que se imponga la práctica de empacar productos vacíos para venderlos a los ciudadanos como si fueran de buena calidad. Después que el ciudadano lo compra se da cuenta de que el producto no sirve para nada.
Con esto no quiero decir que los empresarios no deban participar en la política. Ellos tienen el derecho de participar, y es bueno que lo hagan. Lo que no está bien es que se supedite el crecimiento político al dinero. El sistema de partidos en República Dominicana lo que adolece es de riqueza moral, de una elite partidaria con vocación de servicios, con visión de futuro, que haya ido a la política a construir un liderazgo al servicio de los demás.
Estos empresarios les harían mejor servicio al país y protegen mejor sus intereses contribuyendo al fortalecimiento de los partidos políticos. Y la mejor forma de fortalecer los partidos es identificando a los líderes que reúnen las cualidades necesarias para afrontar los retos del presente y del porvenir, y brindarle la promoción y el apoyo económico de que estos requieren.
La crisis de los partidos políticos en República Dominicana es más grave por que sus principales actores desconocen la dimensión de la misma. Al ritmo que vamos el sistema de partidos colapsará dentro de un plazo no lejano. Nuestros partidos son como un enfermo de cáncer terminal, pero el paciente ignora que padece la enfermedad.
En su interior, muchos dirigentes políticos se burlan de los resultados de las encuestas que presentan los bajos índices de confianza y credibilidad que tienen las organizaciones partidarias. Se niegan a reconocer el fracaso de los partidos, por que ellos han sido beneficiarios directos del deterioro de los mismos. Personas sin méritos y sin cualidades, apoyándose en fortunas mal habidas y en prácticas fulleras de repente ascienden a las cimas partidarias.
Los partidos son organizaciones que han perdido la capacidad de autoevaluarse, la capacidad de autocrítica para enderezar entuertos y mejorar su desempeño. En las organizaciones partidarias solo se habla de buscar fórmulas e implementar estrategias para fortalecer su poder de representación y control de los órganos públicos. A los nuevos dinosaurios del poder partidario no les preocupa el deterioro creciente de estas instituciones. No toman iniciativas para el fortalecimiento institucional ni para mejorar la calidad de los dirigentes. Más grave aún. Sus protegidos favoritos son los cachorros perversos, carentes de moral y dignidad que se prestan a todo tipo de perversidades, y que ejecutan a pies de juntilla las tareas que les asignan sin importar las características de las mismas.
Si es cierto el postulado de que la democracia para funcionar adecuadamente tiene que apoyarse en los partidos políticos, entonces la democracia dominicana está peligrosamente amenazada.
Volveré sobre este tema.
Antes de cumplir los 14 años de edad ingresé a la política y el próximo 22 de diciembre cumpliré 41 de existencia en este planeta. Hasta hace unos meses para mi era un orgullo ser político, ahora mi parecer ha cambiado. Siendo un adolescente compartía actividades políticas con actividades religiosas, culturales y educativas.
El hecho de que se me identificara como cabeza o representante de un partido político en el Liceo donde estudiaba, en el Club Juvenil, Deportivo y Cultural en el que participaba, o más bien en la comunidad en que me desenvolvía, era un verdadero privilegio, un honor, una satisfacción.
Era a comienzos de los años 80, época en que la juventud era portadora de un espíritu de búsqueda de superación apoyado en la participación en los movimientos sociales. No existía el individualismo del presente. El deseo de un joven estudiante era hacerse de una profesión, pero buscaba su meta sin ignorar el proceso social, político y económico en que vivía.
Por eso existían diversas organizaciones, tanto en la zona urbana como rural, donde los jóvenes eran parte activa. Las agrupaciones políticas, sociales, culturales, gremiales y comunitarias no eran entelequias como las del presente, que en sus mayorías solo existen en apariencia, o son un papel timbrado y un sello gomígrafo con el nombre de ONG de que se valen muchos vividores para buscarse unos pesos.
Ahora la valoración sobre la política y los políticos es distinta. La expresión que uno escucha por dondequiera que se mueve, de que “los políticos son unos ladrones”, es para poner a cualquiera a reflexionar. Lo grave de todo esto es que a pesar de que los ciudadanos saben que no todos los políticos son iguales, ellos prefieren generalizar. Esa generalización se debe en parte, a que en resumidas cuentas, la inmensa mayoría de los políticos son unos sinvergüenzas.
¿Cuáles son las causas del deterioro de la política?
¿A qué se debe esa creciente pérdida de fe y confianza en la política y en los políticos?
Las razones son varias, pero existen dos que son fundamentales, y que han sido tratadas y analizadas en millares de cónclaves, sin que observe ningún cambio de rumbo al respecto. En primer lugar está la corrupción, y en segundo lugar, la injusticia en la distribución de las riquezas.
Si se hace un cálculo del dinero que se han robado los políticos en complicidad con los empresarios en cualquier país de América Latina o de África, para solo mencionar a dos de los continentes donde existen los índices más altos de pobreza, este sería suficiente para construir las escuelas, centros de salud, viviendas, vías de comunicación, y sobre todo, para resolver el problema de desnutrición que afecta a cientos de millones de personas.
El crecimiento económico que se ha logrado en los últimos 50 años no ha sido cónsono con el desarrollo humano, debido a que los beneficios que genera la actividad económica se concentran en pocas manos.
El problema del deterioro de la política no ha sido enfrentado correctamente. Los empresarios, en una parte considerable, en vez de exigir sanciones a los políticos corruptos y contribuir a que los partidos se conviertan en instituciones confiables y creíbles que puedan desempeñar con éxitos el papel de interlocutores para la consecución de los cambios sociales, políticos y económicos que demanda la sociedad, han optado en algunos casos por ser cómplices de estos, y en otros por meterse a políticos.
Algunos empresarios participan en política atraídos por la corrupción, y otros con el propósito de utilizar el poder que les brinda la política para expandir sus actividades privadas. Son muy pocos los empresarios, sea en República Dominicana, o en cualquier país del mundo, que van a la política con el propósito fundamental de servirle a los demás.
No existe, ni en América Latina ni en el mundo, un solo referente de un empresario que haya llegado al poder apoyado en su fortuna económica, y que haya hecho un gobierno aceptable. Por lo regular, salvo muy raras excepciones, el empresario actúa como tal en todas las esferas de su vida. Por tanto, es imposible, que una vez instalado en el poder, pueda separar el rol de sus empresas, negocios y beneficios acostumbrados a obtener en el desenvolvimiento cotidiano, de el rol que debe asumir como gobernante que es el de salvaguarda de los intereses de las mayorías, búsqueda de armonía y consenso para evitar conflictos sociales y ser paladín de la justicia social.
Una de las causas de la crisis de la política hoy, radica en que algunos empresarios han tomado la errada decisión de pretender constituirse en líderes políticos y optar por la búsqueda de los puestos de elección popular, apoyándose en sus fortunas económicas. Esto le ha quitado sustancia y razón de ser a la política y a los partidos. Ya no tiene sentido hacer una carrera política. En los partidos no se asciende en función de trabajo, talento, esfuerzo, virtudes humanas y méritos acumulados. Las candidaturas y hasta los cargos de dirección partidaria, en la mayoría de los casos, son para aquellos que disponen de una gran fortuna económica sin importar su origen.
Debo aclarar que se da el caso de empresarios que son políticos por naturaleza. En los tres partidos mayoritarios: PLD, PRSC y PRD existen empresarios que hacen vida partidaria, y que el espacio que ocupan en esas organizaciones se lo han ganado con su trabajo. Estos dirigentes políticos que son adinerados han ingresado a esos partidos por varias razones, pero en el fondo le gustan la política y coexisten de forma armoniosa con los demás dirigentes sin utilizar su fuerza económica para avasallar a los contendores internos.
Por tanto, no me refiero a estos empresarios que son a la vez políticos, y que asumen las consecuencias de ser parte activa de una entidad partidaria en una caverna política como la nuestra. Me refiero a los empresarios oportunistas que sienten rechazo por la política, pero que su avaricia lo conduce a acercarse a una entidad partidaria previo a unas elecciones con el único propósito de conseguir un puesto de elección popular.
Estos comerciantes que salen a comprar una curul en el congreso o una sindicatura como si se tratara de comprar una vaca son el reflejo del deterioro del sistema político dominicano. Inclusive, en los partidos hay personas que se dedican a cazar a estos aventureros, con el objetivo de sacar su tajada económica del proceso.
Resulta que la carrera política que se diseña y se desarrolla bajo el imperio del dinero, sin cumplir con el ciclo normal, puede lograr las metas propuestas de conseguir el puesto perseguido, pero es muy difícil que desde la posición pueda llenar las expectativas creadas.
Un liderazgo político exitoso requiere de un proceso que como dice el consultor político español Francisco Izquierdo Navarro, incluye: nacimiento, crecimiento, adolescencia, madurez, reproducción, senectud y muerte.
La incursión coyuntural de este tipo de empresarios aventureros en la política conduce a que se imponga la práctica de empacar productos vacíos para venderlos a los ciudadanos como si fueran de buena calidad. Después que el ciudadano lo compra se da cuenta de que el producto no sirve para nada.
Con esto no quiero decir que los empresarios no deban participar en la política. Ellos tienen el derecho de participar, y es bueno que lo hagan. Lo que no está bien es que se supedite el crecimiento político al dinero. El sistema de partidos en República Dominicana lo que adolece es de riqueza moral, de una elite partidaria con vocación de servicios, con visión de futuro, que haya ido a la política a construir un liderazgo al servicio de los demás.
Estos empresarios les harían mejor servicio al país y protegen mejor sus intereses contribuyendo al fortalecimiento de los partidos políticos. Y la mejor forma de fortalecer los partidos es identificando a los líderes que reúnen las cualidades necesarias para afrontar los retos del presente y del porvenir, y brindarle la promoción y el apoyo económico de que estos requieren.
La crisis de los partidos políticos en República Dominicana es más grave por que sus principales actores desconocen la dimensión de la misma. Al ritmo que vamos el sistema de partidos colapsará dentro de un plazo no lejano. Nuestros partidos son como un enfermo de cáncer terminal, pero el paciente ignora que padece la enfermedad.
En su interior, muchos dirigentes políticos se burlan de los resultados de las encuestas que presentan los bajos índices de confianza y credibilidad que tienen las organizaciones partidarias. Se niegan a reconocer el fracaso de los partidos, por que ellos han sido beneficiarios directos del deterioro de los mismos. Personas sin méritos y sin cualidades, apoyándose en fortunas mal habidas y en prácticas fulleras de repente ascienden a las cimas partidarias.
Los partidos son organizaciones que han perdido la capacidad de autoevaluarse, la capacidad de autocrítica para enderezar entuertos y mejorar su desempeño. En las organizaciones partidarias solo se habla de buscar fórmulas e implementar estrategias para fortalecer su poder de representación y control de los órganos públicos. A los nuevos dinosaurios del poder partidario no les preocupa el deterioro creciente de estas instituciones. No toman iniciativas para el fortalecimiento institucional ni para mejorar la calidad de los dirigentes. Más grave aún. Sus protegidos favoritos son los cachorros perversos, carentes de moral y dignidad que se prestan a todo tipo de perversidades, y que ejecutan a pies de juntilla las tareas que les asignan sin importar las características de las mismas.
Si es cierto el postulado de que la democracia para funcionar adecuadamente tiene que apoyarse en los partidos políticos, entonces la democracia dominicana está peligrosamente amenazada.
Volveré sobre este tema.

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