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Dr. Belarminio Ramírez Morillo
Director General

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La enciclopedia del periodismo dominicano


martes, 7 de febrero de 2006

El legado de Martin Luther King

En el mundo de hoy hacen falta hombres del sentimiento y la valía de Martín Luther King


En el mundo de hoy hacen falta hombres del sentimiento y la valía de Martín Luther King. Pastor, escritor, líder negro anti-segregacionista de Estados Unidos, premio Nóbel de la paz y prócer de la lucha contra el racismo. Descendiente de una familia humilde. Nació en Atlanta en 1919. Hijo de Martín Luther King, pastor de Ebenezer baptis church y Alberta Williams, profesora.


Creció en un hogar rebozado de paz y armonía. Tuvo una educación privilegiada. Realizó los estudios primarios en la Young street grade school, y los secundarios en la Booker T. Washington high school, donde se graduó de bachiller a los quince años.


Siendo un niño, en sus primeros años escolares, fue victima del racismo imperante en la sociedad estadounidense. Fue a buscar dos niños blancos del vecindario con los que solía jugar en la escuela, y los padres de estos le ordenaron que se fuera a divertir con otros negros. Esa humillación fue un duro golpe que marcó su vida.


En su mundo infantil no podía entender esa actitud. Este hecho obligó a su madre a que le explicara la historia de su raza desde que los primeros negros fueron expropiados de sus tierras y sus familias, pasando por la guerra de secesión, la abolición de la esclavitud y la permanencia de la segregación en los estados sureños.


Este relato contribuyó a que el muchacho adquiriera conciencia, y fue el punto de partida para que consagrara su vida a la lucha por un propósito: “Lograr la igualdad de derechos entre los blancos y negros”.


Posterior a ese acontecimiento, un día iba en un autobús con unos compañeros del colegio y un profesor. Subieron unos niños blancos y el conductor ordenó a los negros que les dejasen sus asientos, a lo que Martín se rehusó. Tuvo que intervenir el profesor para que el joven aceptara, y así evitar que fuera arrojado del vehículo por la fuerza.


Era un joven luchador y rebelde. Tenía un espíritu impulsivo, pero a la vez, era sereno y reflexivo. Era activo, prefería mantenerse ocupado. En su tiempo libre repartía periódicos, vendía bebidas, o hacia cualquier actividad que le permitiese sentirse útil. Su padre fue un defensor de los derechos de los negros, y en ciertas medidas ese fue un ejemplo que contribuyó a su ideal.


Cuando se produjo la segunda guerra mundial, tenía quince años de edad, y le dio seguimiento a los acontecimientos. Cambió su actitud rebelde y se convirtió en un mensajero de la paz. Expresó las siguientes frases, que constituyen la esencia de su pensamiento: “Los hombres no pueden encontrar la paz en el odio. Pienso más bien que lo que hay que reformar son las conciencias. La lucha hay que llevarla en esa dirección: debemos conquistarnos a los blancos, hemos de convencerles de que la justicia de que son víctimas los negros no puede continuar por mas tiempo en un país civilizado.”


Con este ideal, hizo una elección correcta. Decidió convertirse en pastor baptista, y a través del mensaje de Cristo, exigir la justicia y la igualdad de derechos para todos los hombres, sin distinción de clases. En 1948 ingresó en el Crozer theological seminary de Chester, en Pennsylvania, donde realizó los estudios de teología.


Martín tenia de frente una tarea muy grande.


Se propuso cambiar los prejuicios de que los negros eran sucios, rudos y de inteligencia inferior. Su estrategia consistió en presentarse el mismo como ejemplo, como modelo. En el seminario habían cien estudiantes de teología, entre los cuales seis eran negros, y Martín fue el más sobresaliente. En 1951 se trasladó a Boston, Massachussets, y se matriculó en la facultad de filosofía, en la que estudiaban los hijos de los ricos, y pronto se ganó el afecto de sus compañeros.


Estudió la obra de Gandhi, y consideró el método de la resistencia no violenta como un posible camino para conseguir la igualdad de los negros y acabar con la marginación de todos los hombres. En varias ocasiones reiteró: “De mi formación cristiana he obtenido mis ideales y de Gandhi la técnica de acción”.


En junio de 1953 contrajo matrimonio con la joven Coretta Scout, joven de color, natural de Marion, Alabama. A quien Martín describió como una mujer: inteligente, con carácter, personalidad y belleza. Tuvo cuatro hijos: Yolanda Denise, Martín Luther III, Dexter y Bernice Albertine.


En 1955 se doctoró en filosofía y teología en la universidad de Boston. Escogió su puesto de predicador en la iglesia de Montgomery, capital de Alabama, lugar donde estaban más fuertes los prejuicios raciales y maltratos a los negros. Pronunció su primer sermón en enero de 1954. Tenía veinticinco años de edad. Su verbo era fácil y persuasivo, las energías que de el emanaba, hicieron que se ganara el respeto de la comunidad.


En Montgomery vivían 50,000 negros y 80,000 blancos. El 1 de diciembre de 1955 ocurrió un incidente que fue el detonante para que se iniciase un movimiento que habría de alcanzar dimensiones insospechadas. Rosa Parks, una mujer de color de 42 años, fue detenida por no ceder su asiento en un autobús a un blanco. La detenida se puso en contacto con la directiva del movimiento negro, y al día siguiente, acordaron un boicot a los minibuses urbanos, medida de protesta que se prolongó durante 382 días.


El acontecimiento condujo a que los líderes del movimiento negro fundaran la Asociación para el desarrollo de Montgomery, con el propósito de coordinar la lucha por el alcance de los derechos civiles de los negros. Martín Luther King fue electo presidente a unanimidad. Se convirtió en el principal líder del movimiento negro, y pronto empezó a sufrir las consecuencias. El 30 de enero de 1956 fue objeto de un atentado. Una bomba destruyó parte de su vivienda.


En noviembre de 1956, la Corte Suprema de los Estados Unidos confirmo la decisión del Tribunal especial del distrito, mediante la cual las leyes del estado de Alabama sobre la segregación en los autobuses fueron declaradas inconstitucionales. A partir del 21 de diciembre del mismo año, y por primera vez en la historia, blancos y negros viajaban juntos y con igualdad de derechos en los autobuses de Montgomery.


En enero de 1957, los principales líderes del movimiento negro de los diversos estados se reunieron en la Ebenezer baptis church, en Atlanta, y fundaron la Southern Cristian leadership conference con sede en Atlanta. Martín fue escogido como presidente de la nueva organización, y de inmediato inició un recorrido por todas las comunidades, recorrió miles de kilómetros y pronunció más de 200 discursos en ese año.


En sus discursos, exigía el derecho al voto para los negros. En septiembre de 1958 fue detenido en Montgomery, pero de inmediato fue puesto en libertad, a fin de evitar un derramamiento de sangre ante la presión enérgica de la comunidad negra. Días después puso en circulación su primer libro: Marcha hacia la libertad, y el 19 de septiembre, mientras estaba en los almacenes blumstein, de Harlem, firmando ejemplares de su libro, una mujer de color, Izola Curry, enferma mental, se acerco a el y le clavo un estilete en el tórax.


King no permitió que nadie le tocara y permaneció absolutamente inmóvil. Esto le salvó la vida, puesto que el arma rozaba la aorta.


El médico que le hizo la cirugía le dijo a su esposa que: “Su presencia de espíritu y su capacidad de colaboración le han salvado. Su marido es un hombre verdaderamente excepcional…”


En marzo de 1959 vio cumplir uno de los deseos de toda su vida: viajó a la India en compañía de su esposa para conocer la tierra de Gandhi y asegurarse de que su método pudiera ser aplicado en los Estados Unidos. Llegó a la conclusión de que este método podía aplicarse en su país, pero con modificaciones: renunciar al progreso en el país norteamericano era absurdo.


Con su salud recuperada y renovado de energías, en enero de 1960 convocó una reunión con los líderes del movimiento negro, en la que planteó la necesidad de pasar a la acción. Dijo: “Ha llegado el momento de emprender en el Sur una audaz y vasta campaña por la igualdad… Tenemos que preparar a nuestros líderes y jóvenes para que las transformaciones sociales se consigan a través de la resistencia no violenta. Serán necesarios nuevos métodos de lucha, capaces de movilizar las grandes masas.”


El llamado de Martín fue acogido, y los jóvenes comenzaron a sentarse en lugares prohibidos a los negros como bares, estaciones de tren, bibliotecas, parques, aguantando todo lo que le dijesen o hiciesen. Las “sentadas” se extendieron a todo el país, y muchas fábricas temerosas de tener grandes perdidas económicas, aceptaron trabajadores negros y muchas instituciones públicas depusieron espontáneamente las normas segregacionistas.


En octubre de 1960, en Atlanta, Martín fue detenido durante una “sentada” en unos grandes almacenes. Utilizaron como excusa el hecho de que su licencia de conducir estaba vencida y lo condenaron a seis meses de prisión. La campaña presidencial entre Nixon y Kennedy estaba en la recta final.


El candidato Níxon no quiso comprometerse con el asunto, mientras que Kennedy llamó a la esposa de Martín por teléfono y le manifestó su comprensión y apoyo. Al día siguiente, Robert Kennedy, hermano del candidato demócrata gestionó la fianza, y fue puesto en libertad.


La elección de Kennedy como presidente de los Estados Unidos, fue un acontecimiento favorable para los negros. El octubre de 1962 se reunió con el joven presidente. El 19 de junio de 1963, el presidente Kennedy presentó al congreso un proyecto de ley que regulaba los derechos civiles de todos los ciudadanos de los Estados Unidos. Desgraciadamente, Kennedy fue asesinado en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, sin ver aprobar la ley de los derechos civiles. Fue el 2 de julio de 1964, cuando el congreso aprobó el proyecto enviado por el difunto Kennedy.


Martín fue nombrado doctor honoris causa por varias universidades y recibió innumerables medallas y reconocimientos de instituciones religiosas y civiles. En 1963 fue elegido el hombre del año por la revista Time. En 1964 publicó su libro: Por que no podemos esperar, y ese mismo año le fue otorgado el premio Nóbel de la Paz. La persona mas joven en recibir ese premio, y tercer negro en lograr esa distinción.


El 9 de febrero de 1965 se reunió con el presidente Johnson, y le solicitó que se reconociera el derecho efectivo del voto para los negros, ya que había obstáculos para que los negros se inscribieran en el padrón de electores. El 6 de agosto el presidente Johnson firmó la ley que anulaba las trabas inventadas por los segregacionistas que entorpecían la inscripción de los negros en las listas de votantes.


El 3 de abril de 1968 pronunció un sermón en el Clayborn temple de la Masón Street de Memphis, en el que dijo: “Vendrán días difíciles…”

El día siguiente, 4 de abril a las seis de la tarde, Martín Luther King fue asesinado por James Ray, mientras se encontraba en el balcón del primer piso del motel Lorraine de Memphis, en el estado de Tennessee.

martes, 24 de enero de 2006

Balaguer, Bosch y Peña Gómez: Pedestales

Estos tres líderes por un lado eran alabados y por otro eran criticados. Se les dio el mote de caudillos, pero con una actitud peyorativa, como si fuera algo malo.


La República Dominicana es uno de los pocos países del mundo que ha tenido la oportunidad de conjugar en el mismo tiempo y espacio a tres líderes políticos con la sensibilidad social, apego a los sagrados intereses nacionales y dimensiones humanas de Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez.


La estabilidad política y el progreso ininterrumpido alcanzado en República Dominicana en las últimas cuatro décadas del pasado siglo, se debió fundamentalmente a la forma como estos tres prominentes líderes asumieron la responsabilidad de hacer de la República Dominicana una sociedad en la que se pudiera vivir de forma civilizada.


El liderazgo de relevo de Bosch, Balaguer y Peña Gómez, en ciertas medidas, no está asimilando la dimensión de los aportes que estas tres figuras hicieron a la sociedad dominicana. Hemos caído en una fanfarronería barata, en una política de patio sin fundamento y sin sentido. Las luchas políticas se reducen al despilfarro de recursos en una publicidad que por un lado atenta contra el medio ambiente, y por otro lado, debido al pésimo fundamento de sus mensajes, implica un insulto a la inteligencia del dominicano.


Es poco lo que se dice de Balaguer, Bosch y Peña Gómez a lo interno de los partidos: PRSC, PLD y PRD. El legado de estos líderes ha sido lanzado al zafacón de la historia por quienes en el pasado se calificaron como sus discípulos.


Es entendible la actitud de los amos del poder partidario, ya que si comienzan a resaltar las virtudes de grandeza de Balaguer, Bosch y Peña Gómez, entonces ellos quedarían muy mal parados, puesto que son la negación y la antitesis de esos tres gigantes de la política contemporánea.


Balaguer, Bosch y Peña Gómez fueron algo especial, porque en ellos se conjugó liderazgo político con grandeza intelectual y sensibilidad social. El espacio que ocuparon en el escenario nacional e internacional lo consiguieron en base a su propio esfuerzo, fruto de su trabajo, genio y talento.


En el año 1983, mientras estudiaba Ciencias Políticas, pude reflexionar y valorar el privilegio de esta mágica y prosaica isla del Caribe de contar en el mismo tiempo y espacio con tres líderes de tan exquisitas virtudes humanas. A diario leía las noticias sobre las crisis que afectaban la estabilidad y la gobernabilidad en varios países del continente, incluyendo a naciones más desarrolladas y ricas que la nuestra, como fueron los casos de Chile y Argentina, mientras los jóvenes de mi generación teníamos el privilegio de vivir y capacitarnos en un clima de armonía y tranquilidad.


Mientras los jóvenes de otros países del continente, incluyendo a varios de Centro América se alzaban en armas en las montañas, demandando un clima democrático, los jóvenes dominicanos, aunque con nuestros ideales revolucionarios en la cabeza, algo natural en esa época, con una facilidad espectacular teníamos la oportunidad de hacernos profesionales. Inclusive, los jóvenes del interior del país que tenían deseo de progresar, como fue el caso nuestro, encontraron la facilidad de que algún familiar les abriera las puertas de su casa y les diera alojamiento.


En los años 90, debido a las avanzadas edades de Balaguer y Bosch, así como a la enfermedad de Peña Gómez, fue puesta en la agenda del debate nacional la necesidad de forjar un liderazgo de relevo. Estos tres líderes por un lado eran alabados y por otro eran criticados. Se les dio el mote de caudillos, pero con una actitud peyorativa, como si fuera algo malo.


Las mayorías de los intelectuales dominicanos incurrieron en el error de culpar a Balaguer, Bosch y Peña Gómez de la debilidad institucional de sus partidos. Se argumentaba en todos los escenarios de reflexión política, que el carisma y mesianismo de esos líderes impedían el fortalecimiento institucional de las organizaciones partidarias.


Ahora nos damos cuentas que ese fue un juicio erróneo, puesto que la fortaleza de los partidos estaba supeditada a la grandeza de sus lideres. Con la salida física de Balaguer, Bosch y Peña Gómez del escenario, los partidos se han debilitado en el sentido amplio de la palabra. El liderazgo de relevo ni siquiera ha sido capaz de comportarse como liderazgo colegiado.


El nuevo liderazgo partidario, que habrá que hacer un análisis semántica de la palabra líder para determinar si merecen ese calificativo, ni siquiera ha sido capaz de arbitrar procesos internos creíbles de escogencia de candidatos y de directivos.


Mientras el país se cae a pedazos como consecuencia del deterioro de los niveles de vida de los ciudadanos y la población cae en el abismo de la desesperanza, los llamados lideres políticos de este país, han ocupado cuatro meses al cabildeo y maniobras para sostener alianzas de cara al certamen electoral venidero.


En este proceso preelectoral los partidos han quedado al desnudo. No existe discrepancia ideológica ni de ninguna naturaleza entre un partido y otro.


Los actores partidarios protagonistas de los procesos de alianzas políticas sin darse cuenta preparan la misa para el entierro de las organizaciones políticas.
Como los partidos se han igualados, entonces ¿cuál será el discurso de estos después de las elecciones? Cometen un grave error si vuelven de nuevo a la letanía tradicional de culparse uno a otro de los problemas nacionales.


Algún entendido en la materia dirá que en lo adelante las campañas electorales dominicanas serán personalizadas igual que en los Estados Unidos, donde importa más la imagen y el perfil del candidato que el partido que lo postula. Entonces yo me pregunto: ¿Dónde está el liderazgo con las virtudes requeridas para sacar a este país del atolladero en que se encuentra?


Es el momento de volver a las enseñanzas de Balaguer, Bosch y Peña Gómez.
Es el momento de forjar un liderazgo que tenga como meta servirle al país.

martes, 17 de enero de 2006

El legado patriótico de Matías Ramón Mella

Desde su adolescencia adquirió fama de valiente. Tenía destrezas en el uso de la espada y el sable, armas comunes de la época.


Padre de la Patria. Hombre valiente y de espíritu combativo. Nació en la ciudad de Santo Domingo, el 25 de febrero de 1816. Hijo de don Antonio Mella y Álvarez y doña Francisca Castillo Álvarez.


Desde su adolescencia adquirió fama de valiente. Tenía destrezas en el uso de la espada y el sable, armas comunes de la época. En varias ocasiones enfrentó a grupos de ciudadanos haitianos que irrumpían en actos de provocación, en pequeñas fiestas militares y familiares características de la época.


Similar a lo que ocurre con los demás hombres públicos de la época, es poco lo que se sabe de los primeros años de la vida del patricio Matías Ramón Mella.


En 1835, cuando tenía 19 años, fue nombrado “Prepose” o encargado de la común de San Cristóbal. Se dedicaba también, al negocio del corte de madera, actividad comercial que era lucrativa en ese entonces. A los 20 años contrajo matrimonio con la señorita María Josefa Brea.


Se incorporó a la Sociedad Secreta La Trinitaria en el año 1838. Fue uno de los primeros personajes que hizo causa común con Juan Pablo Duarte en esa noble causa que dio nacimiento a la República.


Desempeñó un rol importante en la ejecución de la estrategia diseñada por Duarte para hacer causa común con los grupos conspiradores haitianos que luchaban para deponer al presidente Boyer, quien de forma dictatorial tenia más de 25 años dirigiendo los destinos de esa nación.


En enero de 1843 fue comisionado por Duarte para trasladarse a la villa haitiana de Los Cayos de San Luis, al sur de la isla, para hacer contactos con los adversarios de Boyer. La importancia de la misión refleja la confianza que Duarte le tenia, y el carácter que adornaba su personalidad.


Después de realizar una labor exitosa con los movimientos que derrocaron a Boyer, se trasladó de villa Los Cayos al Cibao Central, y se convirtió en un tenaz y agudo activista propagador del ideal republicano.


La labor de Mella en el derrocamiento de Boyer fue tan significativa que el nuevo presidente haitiano, Charles Herard, en una visita que hizo a la parte oriental de la isla, ordenó la prisión de Mella bajo la acusación de pretender destruir al ejército haitiano.


Después de pasar dos meses detenido en Puerto Príncipe, regresó a la parte oriental en septiembre de 1843, y se encontró con la noticia de que Duarte estaba en el extranjero, y junto a Sánchez procedió a los preparativos de la proclamación de la Independencia de la República.


Trabajó con Sánchez en la preparación del Manifiesto del 28 de Enero o Acta de Independencia.


El 27 de febrero de 1844 se apersonó a la Puerta de La Misericordia, tomó el control del lugar, y en presencia de la multitud reunida, de forma enérgica, audaz e impulsiva, disparó el trabucazo de la Independencia.


Formó parte de la primera Junta Gubernativa presidida primero por Sánchez, y luego por Tomás Bobadilla. Fue designado Gobernador del Distrito de Santiago y Delegado de la Junta Central Gubernativa con rango de Coronel del Ejército Libertador.


En marzo se trasladó a Santiago y asumió sus funciones, convirtiéndose en el jefe político y militar de la región más importante del país.


Consciente de que el peligro haitiano seguiría latente, Mella se hizo acompañar del mocano José María Imbert, a quien designó segundo en mando en la región.


Además de hombre de valentía excepcional, Mella era un gran estratega militar. Redactó un documento en el que están contenidas las reglas elementales de la guerra de guerrillas. Enfatizó en la importancia de la prudencia, astucia y paciencia como factores importantes en una lucha desigual.


A pesar de que los dominicanos combatían en su propio territorio, tenían la desventaja de que el ejército haitiano era más numeroso y poseía armas más efectivas.


Este documento, con fecha 10 de mayo de 1844, refleja que a pesar de sus dotes militares, Mella era un hombre de gran visión política, respetuoso de los derechos y los bienes de las personas. Aconsejaba el convencimiento, apelando a la retórica patriótica, como forma de que los españoles se incorporaran a luchar por la causa republicana.

“Respetará Ud. las propiedades de todos; procurará que reine el orden y la armonía entre todos los españoles bajo su mando, atendiendo principalmente que no se interrumpa el ejercicio del culto divino, mantendrá relaciones de amistad mientras se pueda con los vecinos haitianos de la parte opuesta del río Masacre; procurará que de nuestra parte no se le haga ofensas y finalmente impedirá el pillaje de una y otra parte”.


Ante las contradicciones entre Santana y Duarte, Mella reaccionó de forma impulsiva e inmadura. Proclamó a Duarte como Presidente de la República en un momento en que los republicanos no tenían la fuerza necesaria para imponerse a los sectores encabezados por Santana y Bobadilla.


El 22 de agosto de 1844, Santana declaró como traidores a Duarte, Sánchez y Mella, y luego les envió al exilio. Sánchez, Mella, Pina y otros republico, salieron el 26 de agosto con destino a Inglaterra.


Regresó al país cuatro años después, amparado en la amnistía decretada por el presidente Manuel Jiménez. De inmediato se incorporó al ejército. Tuvo un rol importante en la resistencia contra los intentos de dominación del gobierno haitiano. Se destacó en la batalla de Las Carreras, y enturbió su excelente hoja de servicios a los sanos y sagrados intereses patrios, aceptando el cargo de Secretario de Pedro Santana, entre otras funciones tales como: Comandante de Armas, Ministro de la Guerra, Gobernador y Ministro Plenipotenciario.


En las luchas entre Santana y Báez estuvo del lado del primero, hasta que este decidió anexar la República a España. Este acontecimiento lo enemistó con Santana para toda la vida


En agosto de 1863, se incorporó al Movimiento Restaurador, en el que tuvo una participación espectacular. Tuvo la importantísima misión de preparar el Manual de Guerra de Guerrillas, el cuál puso a circular el 16 de agosto de 1864. En este documento detalló el procedimiento de guerra que debían cumplir los restauradores en los combates para lograr la restauración de la República.

Mella es uno de los hombres públicos más honesto que ha producido la causa nacional. En los momentos en que prestaba los más encomiables servicios a la República, fue atacado por una diarrea que le quitó la vida, el 4 de junio de 1864.

martes, 10 de enero de 2006

El sentimiento patriótico de Francisco del Rosario Sánchez

Fue uno de los pocos fundadores de la Sociedad Secreta La Trinitaria que no era de color blanco y no provenía de un hogar de la clase media urbana.


En los momentos actuales, cuando el destino de la nación dominicana está peligrosamente amenazado por pretensiones de grupos locales y foráneos, quienes se han puesto de acuerdo en el propósito de resolver los problemas del hermano pueblo haitiano a cambio de la disolución de la sociedad dominicana, es necesario hacer un recuento de la historia que nos permita valorar en su justa dimensión el costo en trabajo, esfuerzo, sacrificio, sangre y lagrimas que tiene esta Patria chica que nos alberga.


Varios historiadores han sustentado la tesis de que la forma mas coherente de estudiar la historia de un país es investigando sobre la vida y obra de sus protagonistas. Y en efecto, Francisco del Rosario Sánchez fue uno de aquellos personajes que dedicó su vida entera a luchar por una causa, que en los actuales momentos está siendo poco valorada.


Francisco del Rosario Sánchez fue un hombre de coraje y acción. Padre de la Patria Dominicana. Nació en la ciudad de Santo Domingo, el 9 de marzo de 1817. Descendiente de una familia humilde, fue uno de los pocos fundadores de la Sociedad Secreta La Trinitaria que no era de color blanco y no provenía de un hogar de la clase media urbana.


Hijo de don Narciso Sánchez (de ocupación tablajero) y de doña Olaya del Rosario. Existe poca información sobre la niñez y adolescencia de Francisco del Rosario Sánchez, como acontece con la mayoría de los hombres públicos de su época.


A temprana edad comenzó a trabajar como artesano (peinetero de conchas), y luego como escribiente. Existen documentos de 1839 donde figura firmando actos del estado civil. Tenía una formación intelectual inferior a la de Juan Pablo Duarte, pero poseía la fuerza del coraje. Era un hombre valiente. Jamás se amilanó ni le tembló el pulso al afrontar un hecho o circunstancia.


A pesar de que su nombre no aparece como asistente a la primera reunión de la fundación de La Trinitaria, fue uno de sus principales promotores y organizadores. Fue uno de los activistas más entusiasta de la causa republicana.


Su actitud nacionalista estuvo influenciada por el comportamiento de su padre (don Narciso Sánchez), quien era considerado por las autoridades haitianas como un peligroso enemigo de la ocupación.


Tuvo un papel protagónico en la organización de las actividades conspirativas para derrocar al gobierno de Boyer. Era un activista sobresaliente con virtudes de organizador y dirigente. Fue el hombre clave en la acción. Por eso, poco tiempo después de iniciada la lucha por la separación y la independencia, se convirtió en el segundo jefe del movimiento.


A posteriori del triunfo del movimiento reformista que derrocó al gobierno de Boyer, se enteró de que Charles Herard viajaba a la parte Este de la isla. Siendo aún perseguido por tropas haitianas, Francisco del Rosario Sánchez, logró salir de Los Llanos y llegar a Santo Domingo, cruzó nadando el río Ozama y avisó a Duarte de la llegada de Herard a la región Este.


Las nuevas autoridades haitianas, conocedoras de las virtudes de guerrero de Francisco del Rosario Sánchez, iniciaron una tenaz persecución, a la que pudo evadir, haciendo correr el rumor de su muerte y simulando sus amigos un funeral en el patio de la Iglesia del Carmen.


Ante la ausencia de Juan Pablo Duarte, asumió la dirección del Movimiento Independentista en su etapa más crucial. Desde la clandestinidad dirigió con fina inteligencia el proceso más difícil y peligroso del proyecto.


A pesar de que no era poseedor de un discurso laureado, como el de Duarte, el activismo le ayudó a desarrollar habilidades de liderazgo. Presidió las reuniones del movimiento y estableció contacto con el sector social más influyente de Santo Domingo.


Estando Duarte en el extranjero, firmó el Manifiesto de Independencia del 16 de enero, y a solicitud de Matías Ramón Mella, lo remitió a Tomás Bobadilla, a los fines de su corrección.


En la noche del 24 de febrero de 1844, después de culminar los preparativos de la Independencia de la República, el grupo independentista encabezado por Francisco del Rosario Sánchez, tomó una serie de decisiones trascendentales para la historia de la naciente República.


En reconocimiento a su inteligencia, coraje, jefatura política y militar, el grupo lo escogió como Comandante de Armas con rango de Coronel. En esa reunión estuvieron presentes: Vicente Celestino Duarte (hermano de Juan Pablo Duarte), los hermanos Puello, Jacinto y Tomás de la Concha, Juan Alejandro Acosta, Félix Mercenario, Manuel María Valverde, Manuel Jiménez y Mariano Echevarria.


Investido de la autoridad que le delegó el Movimiento Independentista, la noche del 27 de febrero de 1844 se dirigió a la puerta de El Conde y encabezó las actividades independentistas.


Esa misión, la más grande que se haya delegado en dominicano alguno, la llevó a acabo el joven Francisco del Rosario Sánchez con a penas 27 años de edad, quien en la madrugada del 28 de febrero izó la bandera nacional al amparo de la inmortal consigna: Dios, Patria y Libertad. En ese instante quedó fundada la República Dominicana.


Después de proclamada la Independencia Nacional, se procedió a la reorganización de la Junta Central Gubernativa, y para sorpresa de Sánchez y los demás miembros del Movimiento Independentista, el sector social más influyente de la naciente República, logró imponerse.


De inmediato afloraron las luchas, los intereses grupales y personales para tomar la dirección política del Estado. Los conservadores actuando en representación de los sectores económicos más poderosos, ignoraron las decisiones tomadas por el Movimiento Independentista en la noche del 24 de febrero. Tomás Bobadilla fue designado Presidente de la Junta Central Gubernativa en sustitución de Francisco del Rosario Sánchez. Este último quedó como Miembro de la misma.


La Junta Central Gubernativa tomó de inmediato una serie de medidas, con el objetivo de mantener el control de la situación política, y evitar volver a caer en el dominio de las fuerzas haitianas.


Dentro de las primeras decisiones se pueden señalar: Solicitar el regreso de Juan Pablo Duarte; darle garantía a los haitianos que se encontraban en territorio dominicano de que no serian objeto de persecución, ni tampoco se reestablecería la esclavitud.


Existen documentos históricos que dan testimonios de que pocos días después de juramentada la Junta Central Gubernativa, su Presidente en compañía de otros Miembros, dentro de los que se encontraba Sánchez, visitaron al cónsul francés Saint Denys.


Esa visita al representante diplomático demuestra que el control de la República había quedado en manos de los conservadores, y estos no tenían fe en los destinos nacionales.


Los anales de la historia demuestran que Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, forjadores del Movimiento Independentista bajo la orientación de Duarte, en esa coyuntura estaban solos. Eran Miembros de la Junta Central Gubernativa, pero sin control y sin autoridad.


Ante la crisis política que se produjo pocas semanas después del regreso de Duarte, el 14 de marzo de 1844, Francisco del Rosario Sánchez dio un golpe de Estado a Tomás Bobadilla y se proclamó Presidente de la República. Sánchez no llegó a tomar posesión del cargo, debido a que Pedro Santana tomó el control de la ciudad de Santo Domingo y del gobierno, desconoció al gobierno de Sánchez y a la Junta Gubernativa, y envió a los republicanos a la cárcel.


El 22 de agosto de 1844 Santana declaró como traidores a Duarte, Sánchez y Mella, y luego les envió al exilio. Sánchez, Mella, Pina y otros republico salieron el 26 de agosto con destino a Inglaterra. Duarte partió el 10 de septiembre con destino a Hamburgo.


A la salida de Pedro Santana del poder en 1848, la presidencia de la República quedó en manos de Manuel Jimenes, quien decretó una amnistía general para que Duarte, Sánchez, Mella y otros, retornaran al país.


Francisco del Rosario Sánchez regresó el 8 de noviembre, y de inmediato el presidente Jimenes lo designó Comandante de Armas, cargo que equivalía a jefe militar de Santo Domingo.


En lo adelante ocupó cargos importantes en los gobiernos de Jimenes, Santana y Báez. Algunos historiadores consideran que al trabajar en los gobiernos de Santana y Báez, traicionó a sus principios.


En verdad, su obra bienhechora en bien de la República no debe ser desdeñada por hechos insignificantes. Sánchez abdicó por las circunstancias. El sufrimiento de que fue objeto en cuatro años de destierro le condujo a entenderse con sus adversarios internos. Sencillamente decidió sobrevivir.


A su regreso a la Patria que fundó, dio muestra de que era poseedor de grandes habilidades. Adquirió una apreciable cultura. Era autodidacta. Sabía francés y latín. Era músico y escribía con holgura y brillantez. Era diestro abogado, recibió licencia de la Suprema Corte de Justicia para ejercer el derecho.


En abril de 1855 fue enviado nueva vez al exilio, y regresó en agosto de 1856. En agosto de 1859 fue encarcelado porque se opuso a las gestiones anexionistas de Santana, y por tercera vez, fue enviado al exilio en septiembre de ese año.


Desde el exilio se trasladó a la República de Haití, donde se reunió con el presidente Geffrard, a quien intentó convencer para que le diera apoyo, a fin de dirigir una invasión al territorio dominicano para evitar la anexión de la República a España. De forma coherente argumentó al Presidente Haitiano que la presencia española en la parte Este de la isla no le convenía a ningunos: ni a los haitianos, ni a los dominicanos; y por tanto, lo más conveniente para ambas naciones era que permanecieran dos repúblicas independientes en el mismo territorio.


Aunque en público el presidente haitiano negó el apoyo a Sánchez, y le instó a abandonar su país, en privado lo apoyó. El 1 de junio de 1861 inició su invasión al territorio dominicano, y cayó en una emboscada en San Juan de la Maguana.


Un tribunal sin autoridad legal o militar le hizo un juicio y le condenó a muerte. En el juicio asumió la responsabilidad de los hechos y pidió clemencia para sus subalternos. Grandioso ejemplo de valor, dignidad, sacrificio y solidaridad.

Murió fusilado el 4 de julio de 1861, a las cuatro de la tarde, en el Cementerio de San Juan de la Maguana.

martes, 3 de enero de 2006

Duarte y los malos dominicanos del pasado y del presente


Juan Pablo Duarte nació y creció en una época de expansión de las ideas progresistas y liberales


Ahora, cuando sobre el porvenir de la Patria se cobijan vientos de destrucción aupados por malos dominicanos que han optado por renunciar al espíritu nacionalista que nos caracteriza como pueblo independiente y soberano, para ponerse al servicio de intereses foráneos y de causas lesivas a los mas nobles y sagrados intereses de la nación, es necesario dedicar un momento de reflexión para analizar la vida y obra del arquitecto y genio creador de la Republica Dominicana, don Juan Pablo Duarte y Diez.


Político y humanista. Padre de la Patria Dominicana. Nació en la ciudad de Santo Domingo, el 26 de enero de 1813. Sus padres: Juan José Duarte -oriundo de España- y doña Manuela Diez Jiménez, criolla natural de la ciudad de El Seibo.


Juan Pablo Duarte nació y creció en una época de expansión de las ideas progresistas y liberales, en que las colonias españolas del continente latinoamericano comenzaron a luchar por sus independencias. A lo largo y lo ancho del continente latinoamericano soplaban vientos de libertad provenientes de los efectos generados en Europa por la Revolución Francesa de 1789 que provoco la caída de las monarquías feudales.


Cuando Duarte tenia nueve años de edad, la colonia española de la parte Este de la isla de Santo Domingo (hoy República Dominicana) fue ocupada por tropas haitianas comandadas por el general Boyer, entonces presidente de Haití.


Boyer tomó el control de la parte española, abolió la esclavitud y unificó la isla bajo un solo gobierno.


Durante la época de la ocupación, el presidente Boyer tomó una serie de medidas que contribuyeron al desarrollo de una pequeña burguesía urbana, en la que germinó un fuerte sentimiento independentista, y a la que pertenecía Juan José Duarte –padre de Juan Pablo Duarte-, quien era propietario de un establecimiento ferretero y de artículos marinos, situado en la margen occidental del río Ozama, en la zona conocida con el nombre de La Atarazana. La familia Duarte Diez era una de las pocas privilegiadas que podía educar a sus hijos.


A los cuatro años de edad, Duarte comenzó a recibir las primeras lecciones de estudios. Estas le fueron impartidas por su madre, dona Manuela Diez Jiménez, y por la señorita Montilla, quienes le alfabetizaron.


A temprana edad, Duarte mostró interés por los estudios. A los seis años (1819) asistía a una escuelita doméstica del señor Manuel Aybar. Desde 1819 hasta 1829, fecha en viajó al exterior acompañado del señor Pablo Pujols, comerciante ligado a su familia, nada se conoce de su vida. Estuvo en Nueva York, Londres, El Havre, Paris, Bayona y Barcelona, lugar donde supuestamente realizaría sus estudios.


Es poco lo que se conoce de la estancia de Duarte en España, no se conoce de titulo profesional alguno adquirido por él en Barcelona. Esto demuestra que Duarte era un genio natural. En esos países asimiló las ideas liberales que le sirvieron de soporte para sentar las bases de un proyecto de nación, de un sueño que mas tarde se convirtió en el nacimiento de la República Dominicana.


Duarte retornó de España en 1931, comenzó a trabajar en el negocio de su padre y se integró de forma activa a la vida social de entonces. Era un joven trabajador, soñador y sociable. A pesar de su temprana edad, gozaba de mucho prestigio social. Era solicitado como testigo de matrimonios, apadrinaba bautizos y asistía a reuniones de carácter cultural, ambiente que le permitió percibir la existencia de un sentimiento patriótico que rechazaba la presencia haitiana en la parte española.


Duarte era un joven de una cultura muy avanzada. Sin haberlo estudiado en ninguna escuela, tenía conocimientos y traducía documentos de varios idiomas: francés, ingles, latín y alemán. Poseía aire poético y espíritu filosófico. Fue la expresión genuina del movimiento emancipador que culminó con la fundación de la República Dominicana.


Su inteligencia le permitió interpretar el sentimiento colectivo de independencia que deseaban las mayorías. Inició una discreta labor proselitista, en la que comenzó a crear conciencia de la necesidad imperiosa de separación de Haití. Pronto se dio cuenta de que sus inquietudes eran compartidas por muchos, y su mensaje era aceptado por los sectores de la población que estaban siendo afectados por la crisis política y económica en que había caído el gobierno de Boyer.


En 1838 fundó la organización secreta La Trinitaria, entidad que fue realmente un partido político, y que tenía como misión: La separación de Haití y la fundación de un Estado independiente con el nombre de República Dominicana. Al momento de tomar juramento a los trinitarios dijo: la República establecerá su correspondiente escudo de armas. Mientras tanto seremos reconocidos los trinitarios, con las palabras sacramentales: Dios, Patria y Libertad.


Duarte fue el ideólogo y fundador de La Trinitaria. En ese proyecto político plasmó las ideas y principios que sirvieron de soporte a la República Dominicana. Su pensamiento político es el alma de la nación. El siguiente pensamiento es la mejor prueba de que su espíritu fue el espíritu republicano: Dios ha de concederme bastante fortaleza para no descender a la tumba sin dejar a mi Patria libre, independiente y soberana.


En la lucha por la independencia demostró que era un gran estratega político. Hizo una alianza con los adversarios de Boyer, con el propósito de lograr la caída de ese régimen, y aprovechar la crisis en Haití para proclamar de la independencia de la República Dominicana.


Ante el hecho de que La Trinitaria era un movimiento cuyos integrantes eran miembros de una pequeña burguesía comercial, utilizó una estrategia orientada a unificar a todos los sectores en la lucha por la independencia. Duarte viajó a El Seibo, donde se reunió con los hermanos Pedro y Ramón Santana, con el propósito de incorporarles al movimiento independentista.


A pesar de que en los años de la ocupación se había desarrollado una pequeña burguesía urbana, las grandes riquezas seguían en manos de una burguesía rural. Aunque la burguesía rural no estaba muy animada con la idea de Duarte de crear una república independiente, fueron neutralizados por el sentimiento unitario del ideólogo de La Trinitaria.


El gobierno haitiano se enteró del proselitismo de La Trinitaria, y de forma inteligente para preservar a sus compañeros de ideales, Duarte disolvió el movimiento y fundó otro denominado: “La Filantrópica”.
En el proyecto de constitución de ese movimiento dejó establecida su visión sobre la república que anhelaba. Planteó que la bandera dominicana puede cobijar a todas las razas, que no excluye ni da predominio a ninguna. Era portador de un pensamiento que trasciende las fronteras del tiempo y el espacio.


Duarte era un promotor de ideas patrióticas, liberales, anticolonialistas y progresistas. Por eso, sus ideas no han perdido vigencia, y siguen siendo el fundamento de la nación dominicana.


El inicio de la revolución contra Boyer en el año 1843, devino en una crisis de tal magnitud que obligó a Duarte a ausentarse del territorio nacional, y sus compañeros Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, llevaron a cabo las gestiones finales del movimiento independentista y redactaron el Manifiesto del 16 de enero de 1844, en el cual quedaron plasmados los principios republicanos y liberales que Duarte predicó durante años. En este Manifiesto quedó expresada la firme voluntad de crear un Estado soberano.


El 14 de marzo de 1844, Duarte regreso a su patria, y se incorporó a la Junta Central Gubernativa que dirigía la República, y que ante su ausencia, había sido controlada por sectores conservadores que carecían de fe en la viabilidad de la República. En medio de ese escenario confuso, dijo: Nunca me fue tan necesario como hoy el tener salud, corazón y juicio; hoy que hombres sin juicio y sin corazón conspiran contra la salud de la Patria.


Esto dio inicio a un proceso de luchas internas que culminó con la expulsión del territorio nacional de los patriotas fundadores del República. A la salida de las tropas haitianas que ocupaban la parte este de la Isla, los sectores conservadores denominados como los hateros -ganaderos, cortadores de madera y grandes productores agropecuarios- tomaron el control de la naciente República y organizaron un Estado que respondía a sus intereses.


Duarte fue designado por la Junta Central Gubernativa como General de Brigada y destinado a Azua junto a Pedro Santana, quien había sido designado por la misma Junta como Jefe del naciente ejército Libertador. De inmediato, como era de esperarse, surgieron las diferencias entre Santana y Duarte.


Estos eran dos personas totalmente distintas. Juntarlo en el mismo territorio y en el mismo ejército, ambos como Generales, fue una jugada maquiavélica de Tomás Bobadilla, para permanecer en al frente de la Junta Central Gubernativa.


Matías Ramón Mella, quien era el jefe político y militar de la región del Cibao Central, en una decisión precipitada y emotiva proclamó a Duarte Presidente de la República. La crisis en la naciente República llegó a su más alto nivel. Se rompió el equilibrio y la armonía que aparentemente imperaba en la Junta Central Gubernativa. Se produjo un golpe de Estado en la Capital, y Francisco del Rosario Sánchez tomó Juramento como Presidente de la República.


El gobierno de Sánchez y la Junta que lo proclamó fueron desconocidos por Pedro Santana, quien regresó desde Azua y se apoderó de la ciudad de Santo Domingo y del gobierno.


Los republicanos fueron llevados a prisión y se levantaron voces que pedían fusilamiento. Seis meses después de proclamada la República; Duarte, Sánchez y Mella fueron declarados por Pedro Santana y otros Miembros de la Junta Gubernativa como traidores a la República que ellos habían fundado, y fueron expulsados de por vida del territorio nacional.


Por un lado, Duarte estaba feliz por haber logrado el sueño que le había costado tantos desvelos, y que era la fundación de la República Dominicana; y por otro lado, sufría por la traición y maltrato de que había sido objeto junto a las suyos, teniendo que dejar el naciente Estado en manos de personas que no abrigaban fe y esperanza en la República independiente.


Cada palabra de Duarte estaba dotada de un significado profundo, como reacción al maltrato de que estaba siendo objeto, señaló: Los enemigos de la Patria, por consiguiente nuestros, están todos muy acordes con estas ideas; destruir la Nacionalidad aunque para ello sea preciso aniquilar a la Nación entera.


Duarte era un propulsor de la paz y de la armonía entre los dominicanos. Consciente de que su presencia en territorio dominicano podría acarrear luchas internas y movimientos conspirativos en contra de los conservadores en el poder, optó por permanecer en el exilio hasta 1864, fecha en que regresó enfermo y solitario.


Aceptó el exilio no por miedo a la guerra, por que de sentir miedo no hubiera sido ideólogo y organizador del movimiento cívico que condujo a la salida de las fuerzas ocupantes. Prefirió el exilio para evitar una guerra entre hermanos que impidiera la consolidación de la naciente República que tantos esfuerzos y sacrificios les había costado.


Duarte fue una persona con grandes virtudes: Era un patriota idealista con profunda sensibilidad social, un demócrata a carta cabal, un hombre que sacrificó su vida y lo dio todo por la causa nacional, un político incorruptible, sin ambición personal y coherente con sus principios republicanos. La República Dominicana es creación de Juan Pablo Duarte.


Consumada la obra republicana, no solicitó el pago de su trabajo de alto riesgo, ni tampoco la devolución de la fortuna aportada. Pudo haber sido presidente de la Republica y hacer provecho de su prestigio y su gloria, pero su misión no fue gobernar sino libertar: La Nación dominicana es libre e independiente y no es ni puede ser jamás parte integrante de ninguna otra Potencia, ni el patrimonio de familia ni persona alguna propia ni mucho menos extraña.


El patricio Juan Pablo Duarte falleció en la ciudad de Caracas del hermano país de Venezuela, el 15 de julio de 1876.

jueves, 29 de diciembre de 2005

Un reto a los antibalagueristas

Soy balaguerista de convicción plena. Asumo las consecuencias de mi devoción política.


Las siguientes líneas tienen por objeto desatar la furia de una corriente intelectual que influye significativamente en la formación de la opinión pública en nuestro país, que con razón o sin razón se ha declarado enemiga pasional de Joaquín Balaguer, a quien acusan de todos los epítetos malignos que existen en la sociedad dominicana, y que sin reparo alguno, con la arrogancia, la intolerancia y el irrespeto que les caracteriza, arremeten contra cualquier profesional que se declare seguidor del otrora caudillo reformista.


Soy balaguerista de convicción plena. Asumo las consecuencias de mi devoción política, y hago un llamado a los anti-balagueristas, a que depongan el odio pasional que manifiestan, y permitan que nos adentremos a un debate profundo de las ideas y los acontecimientos escenificados en el país en las últimas cinco décadas, para que desprovistos de la ceguera que producen el odio y los rencores, podamos analizar con objetividad los roles negativos y positivos de los líderes del ciclo de la democracia en pro del desarrollo y progreso de nuestra sociedad.


Mi parecer es que Balaguer, Bosch, Peña Gómez y otros políticos importantes del país, tuvieron aspectos positivos y negativos. Y cada dominicano tiene el derecho de declararse simpatizante y defensor de la obra de uno de estos paradigmas, sin que eso les haga merecer del insulto y la desconsideración de los demás.


Quienes estamos interesados en fortalecer el sistema democrático debemos poner de nuestra parte para elevar la calidad del debate político. Mientras estemos llenos de odios y rencores no podremos analizar con objetividad nuestro pasado histórico, y mucho menos, visualizar con aciertos el porvenir.


La visión de Abraham Lincoln fue determinante para la construcción de la sociedad norteamericana, de ese gran país que pronto se convirtió en la principal potencia del mundo. En medio de un escenario de conflictos agudos y luchas raciales, Lincoln se abrazó al siguiente postulado: “La inteligencia, el patriotismo, la religión y una firme confianza en Dios tan poderoso que siempre dispensó sus favores a este país, es todo cuanto necesitamos para resolver satisfactoriamente nuestras diferencias. Y a vosotros, compatriotas, los que estáis descontentos, permitidme que os diga que solo de vosotros depende la paz o la guerra civil”.


Al igual que Abraham Lincoln, en su tarea de hacer de los Estados Unidos una sociedad más justa, en la contienda electoral dominicana de 1966, la habilidad de Balaguer para invocar la esencia de los dominicanos y proyectar su fe en ella fue extraordinaria. Fue el primer político capaz de despertar en los dominicanos un sentido de la misión y el destino de su nación.


Balaguer logró elevarse por encima de una multitud de detalles desalentadores, vio a su país como lo que realmente era, y proyectó lo que debía ser en el porvenir.


Independientemente de los documentos que recopila Bernardo Vega en su libro, como prueba reveladora de que los Estados Unidos contribuyeron a su retorno al poder, el triunfo de Balaguer era predecible, puesto que era el líder que más conocía al pueblo dominicano: Sus virtudes, sus problemas y su idiosincrasia, pero a la vez, era el único que estaba en capacidad para arbitrar la crisis que envolvía a todos los estamentos de la sociedad.


Su discurso en esa contienda electoral reflejó un sentir que es digno de un estudio profundo, debido a que en ninguna otra campaña electoral, ni antes ni después, un aspirante a la nominación presidencial ha expuesto con tanta altura y claridad lo que sería su programa de gobierno en caso de ser favorecido con el voto mayoritario del electorado.


Balaguer estaba consciente de que iba a ganar las elecciones, pero su interés no era sólo ganar. Se propuso como meta despertar en la población un franco deseo de progreso.


Con su discurso, Balaguer no sólo demostró que era el político más culto con que contaba el país, sino también, que era el dominicano mejor conocedor de la crisis que sacudía a la República. Por lo tanto, era el hombre indicado para darle respuestas a los problemas nacionales, y crear un clima de estabilidad que condujera al país por el sendero del desarrollo.


El estado de anarquía en que estaba inmersa la sociedad dominicana era de tal magnitud que todo aquel que tuviera algo que perder no tenía otra alternativa que no fuera la de contribuir al ascenso al poder de Balaguer. Como dijo Nicolás Maquiavelo “no hay nada que infunda más temor que una multitud suelta y sin cabeza... Por eso, una multitud así reunida debe sacar inmediatamente de sus propias filas un jefe que la guíe, la mantenga unida y piense en su defensa.”


El discurso de Balaguer, a diferencia del discurso de Juan Bosch y de los izquierdistas, tenía como eje central el llamado a la armonía entre todos los sectores de la sociedad dominicana. Balaguer no era defensor de ninguna clase social en particular. Concebía a la sociedad dominicana como a un todo, como una familia que de forma unida debía buscar el progreso y plantearse la solución a los males que le aquejaban.


Con esa actitud, el candidato reformista no ignoraba el fenómeno de luchas de clases. Es todo lo contrario, puesto que estaba consciente de que en el odio generado por las tres décadas de la tiranía; así como por el caos, la anarquía y la guerra civil que les sucedieron, descansaba el principal problema de la nación, y que de no superarlo, el país caería en una especie de círculo vicioso que le impediría alcanzar el desarrollo y la prosperidad.


Balaguer sabía tal y como lo planteó el poeta y dramaturgo alemán, Bertold Brecha, que “nadie puede estar por encima de las luchas de clases, porque nadie puede situarse por encima de los hombres”. De ahí el éxito de su estrategia de no convertirse en parte de esta lucha como lo hicieron sus contendientes, quienes se declararon aliados o adversarios de sectores específicos de la sociedad. Balaguer por el contrario, se declaró el candidato de todos los sectores de la nación, y proclamó como meta llegar al poder para impulsar la unidad de todos los grupos en pugna.


El hecho mismo de que Balaguer propusiera al coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó para que fuera su compañero de boleta -candidato a la vicepresidencia de la República- en las elecciones de 1966-, según revelación del general José Morillo López al Listín Diario, en fecha 23--05-2002, fue una muestra de su interés por llevar armonía a la sociedad dominicana.


Nadie puede ocultar que en el régimen de los doce años hubo represión y violación flagrante a los derechos humanos. Pero debemos preguntarnos: ¿Existían condiciones para instaurar un régimen ampliamente democrático y participativo en la sociedad dominicana?

Todo el que aspire a realizar una evaluación justa del rol de Balaguer en la historia dominicana, primero debe responder esa interrogante.

martes, 27 de diciembre de 2005

El patriotismo de José Núñez de Cáceres

El ensayo independentista sucumbió con la entrada de las tropas haitianas comandadas por Boyer, dando inicio al período histórico de la Ocupación Haitiana.


Maestro, escritor, abogado y político de fina instrucción. Héroe de la Independencia Efímera. Nació en Santo Domingo el 14 de marzo de 1772. Hijo de Francisco Cáceres y Maria Albor.


Realizó estudios en la Universidad Santo Tomás de Aquino, en la que luego fue profesor y rector. Emigró a Cuba al producirse la cesión de Santo Domingo a Francia y su ocupación posterior (1801).


En ese país caribeño ejerció la abogacía y desempeñó el cargo de Gobernador y asesor general del gobierno. Regresó a Santo Domingo después de la reconquista por parte de España, y fue funcionario de la burocracia colonial.
La corona española descuidó a la colonia de Santo Domingo. Entre 1809 y 1821 estuvo prácticamente abandonada, lo que generó un amplio descontento en la población. Al mismo tiempo existía el temor de caer una vez más bajo el dominio haitiano.


El doctor José Núñez de Cáceres aprovechó la situación y formó un movimiento que buscada crear un Estado soberano. Por vez primera germinó la idea de crear una República independiente de Francia y España.


Ante el estado de incertidumbre reinante, el 30 de noviembre de 1821, Núñez de Cáceres proclamó la Independencia Nacional bajo la protección de La Gran Colombia. Creo un Estado autónomo protegido por Colombia y una junta de gobierno provisional.


El 1 de diciembre de 1821 quedó constituido el Estado Libre de Haití Español, bajo la protección de La Gran Colombia. Las iniciativas de Núñez de Cáceres y su grupo encontraron poco apoyo popular, y una parte de la población pidió la intervención de las tropas haitianas.


El ensayo independentista sucumbió con la entrada de las tropas haitianas comandadas por Boyer, dando inicio al período histórico de la Ocupación Haitiana.


Núñez de Cáceres procedió a entregar las llaves de la ciudad de Santo Domingo al gobierno haitiano. Con ese gesto el gobierno haitiano quiso dejar la señal de que la toma de la isla fue pacífica, y que el hecho histórico se llevo a acabo a petición de los habitantes de la parte española.


El Estado soberano proclamado por el doctor Núñez de Cáceres no se materializó, debido a que la población no estaba lo suficientemente conciente para defender esa conquista. Fue un proyecto a destiempo, y por eso no consiguió el apoyo popular necesario para su preservación.


El gobierno haitiano hizo ofertas de cargos públicos a Núñez de Cáceres, quien rechazó las mismas y optó por abandonar el país. Viajó a Venezuela donde permaneció por cinco años, y ocupó el cargo de Secretario del presidente Páez. Luego se marchó a México donde ocupó importantes funciones públicas, tales como: Abogado, Fiscal de la Suprema Corte, Senador y Tesorero de la Hacienda Pública.


A pesar de sus ocupaciones públicas, dedicó tiempo a la escritura. Poeta de estilo original. Fue el más notable de los escritores dominicanos anteriores a la proclamación de la república. Era un hombre de espíritu evolucionado que dejó huellas imborrables en cada uno de los pueblos que habitó.


Dentro de sus publicaciones se encuentran: A los vencedores de palo hincado, El duende y El cometa.


Sólo un ser con una mente superior era capaz de producir un texto del alcance conceptual y de la magnitud del de “La Declaratoria de Independencia del Pueblo Dominicano”, una página sobria y enérgica, con una lección de dignidad patriótica, de confianza en sus conciudadanos, de esperanza y fe en el destino superior de la conciencia humana.

Falleció en México, el 12 de septiembre de 1846. Sus restos fueron trasladados a Santo Domingo en el gobierno de Trujillo y descansan en la Catedral.