A pesar de su juventud, Balaguer fue una de las figuras políticas más estelares en el desarrollo de la campaña electoral de 1930.
Tercer Paso: La carrera diplomática le ayudó a adquirir una visión de los procesos políticos.
En el mes de junio de 1932, Balaguer fue designado Secretario de la Legación Dominicana en Madrid, España. En principio rechazó la designación poniendo como excusa un viaje que debía realizar a Puerto Rico. Es posible que el motivo real de su rechazo fuera por disconformidad por la poca jerarquía del puesto.
A pesar de su juventud, Balaguer fue una de las figuras políticas más estelares en el desarrollo de la campaña electoral de 1930.
Meses después, Trujillo le ofertó de nuevo el cargo, y en esta ocasión decidió aceptarlo. Esa designación fue un premio para un joven profesional sin ambición por el dinero, pero sí con mucha ambición por el conocimiento.
Comparto las aseveraciones del historiador Rodríguez de León, de que: A riesgo de errar, podríamos especular que la aceptación de este cargo diplomático, además de los beneficios académicos y culturales que significaba, salvó la carrera política de Balaguer. De haberse quedado en el país, muy probablemente hubiese seguido la suerte que corrieron casi todos los funcionarios trujillistas, es decir, subieron y bajaron, y luego desaparecieron o fueron relegados a la condición de fichas de reserva, a ser usadas a conveniencia y antojo del despótico mandatario.
Dijo Johann Wolfgang Von Goethe que el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad. Por eso, desde su arribo a Madrid, Balaguer empezó a visitar las bibliotecas y centros culturales -teatros, catedrales, museos y universidades- donde estableció relaciones con prestigiosos poetas y literatos. Interesado en el estudio y conocimiento del poder como factor social y político, estudió a Maquiavelo, Azorín, Baltasar Gracián, y a otros renombrados consejeros en la prudencia política y el arte de gobernar.
El 27 de diciembre de 1932, escribió una carta a Trujillo, y en el segundo párrafo le dice: Durante estos seis meses, he asistido como oyente, a las cátedras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, y he estado haciendo un curso de francés; y, en estos días, he tenido, juntamente con Don Elías, la satisfacción de que el Ministerio de Instrucción Pública de Francia haya tenido a bien acordarnos la equivalencia en nuestros estudios de derecho y autorizado, en consecuencia, nuestra inscripción en dos cursos correspondientes al Doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas.
Como orador ya se había ganado el agrado de Trujillo, y ahora como servidor público comenzaba a caerle bien. El 24 de enero de 1933, Trujillo contestó su carta, y meses después lo designó Secretario de Primera Clase de las Legaciones de República Dominicana en Francia, Italia, Suiza y Bélgica, en adición de Secretario de Primera Clase de la Embajada de Madrid.
Esa designación fue uno de los mayores premios recibidos por Balaguer hasta entonces, puesto que le permitió viajar a París donde completó sus estudios en el idioma francés, y el 27 de noviembre de 1934 se tituló en Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de París.
De inmediato se matriculó en la cátedra de Derecho Público, y solicitó a Trujillo una licencia para permanecer en París hasta tanto cursara sus estudios, petición que fue rechazada, aunque esos estudios fueron completados posteriormente. A su regreso de nuevo a Madrid, después de permanecer dos años en París, se matriculó como oyente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid.
Balaguer se comportaba como un hombre agradecido, sin caer en el servilismo barato. Trujillo era un dictador, pero Balaguer no era su esclavo, porque como dice Rabindranath Tagore: Únicamente nos ayuda aquel que nos hace comprender que las cosas pierden para nosotros su valor ficticio y su poder tiránico, tan pronto como llegamos a libertar de ellas nuestro espíritu.
En comunicación de fecha 28 de noviembre de 1934, informó a Trujillo de los logros alcanzados, y el último párrafo de esta carta dice: Después de darle las explicaciones anteriores solo me resta decirle que yo no olvido ni olvidaré nunca la satisfacción que hoy recibo, la debo exclusivamente a su protección y a su amistad y que para mí ha sido y será siempre un deber, que siempre deberé considerar como sagrado, corresponder con una indesviable devoción personal a los beneficios que obligan mi gratitud de modo no perecedero.
Desde el mismo instante en que fue designado Secretario de Primera Clase en la Legación Dominicana en Madrid, Balaguer empezó a trabajar con cautela su crecimiento político dentro del régimen de Trujillo.
Fue muy inteligente al mantener informado al Jefe de todos sus pasos, como también tuvo resultados favorables el hecho de que su padre, Don Joaquín Balaguer Lespier, se dirigiera a Su Excelencia externándole su agradecimiento por todo cuanto estaba haciendo por su hijo.
Tercer Paso: La carrera diplomática le ayudó a adquirir una visión de los procesos políticos.
En el mes de junio de 1932, Balaguer fue designado Secretario de la Legación Dominicana en Madrid, España. En principio rechazó la designación poniendo como excusa un viaje que debía realizar a Puerto Rico. Es posible que el motivo real de su rechazo fuera por disconformidad por la poca jerarquía del puesto.
A pesar de su juventud, Balaguer fue una de las figuras políticas más estelares en el desarrollo de la campaña electoral de 1930.
Meses después, Trujillo le ofertó de nuevo el cargo, y en esta ocasión decidió aceptarlo. Esa designación fue un premio para un joven profesional sin ambición por el dinero, pero sí con mucha ambición por el conocimiento.
Comparto las aseveraciones del historiador Rodríguez de León, de que: A riesgo de errar, podríamos especular que la aceptación de este cargo diplomático, además de los beneficios académicos y culturales que significaba, salvó la carrera política de Balaguer. De haberse quedado en el país, muy probablemente hubiese seguido la suerte que corrieron casi todos los funcionarios trujillistas, es decir, subieron y bajaron, y luego desaparecieron o fueron relegados a la condición de fichas de reserva, a ser usadas a conveniencia y antojo del despótico mandatario.
Dijo Johann Wolfgang Von Goethe que el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad. Por eso, desde su arribo a Madrid, Balaguer empezó a visitar las bibliotecas y centros culturales -teatros, catedrales, museos y universidades- donde estableció relaciones con prestigiosos poetas y literatos. Interesado en el estudio y conocimiento del poder como factor social y político, estudió a Maquiavelo, Azorín, Baltasar Gracián, y a otros renombrados consejeros en la prudencia política y el arte de gobernar.
El 27 de diciembre de 1932, escribió una carta a Trujillo, y en el segundo párrafo le dice: Durante estos seis meses, he asistido como oyente, a las cátedras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, y he estado haciendo un curso de francés; y, en estos días, he tenido, juntamente con Don Elías, la satisfacción de que el Ministerio de Instrucción Pública de Francia haya tenido a bien acordarnos la equivalencia en nuestros estudios de derecho y autorizado, en consecuencia, nuestra inscripción en dos cursos correspondientes al Doctorado en la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas.
Como orador ya se había ganado el agrado de Trujillo, y ahora como servidor público comenzaba a caerle bien. El 24 de enero de 1933, Trujillo contestó su carta, y meses después lo designó Secretario de Primera Clase de las Legaciones de República Dominicana en Francia, Italia, Suiza y Bélgica, en adición de Secretario de Primera Clase de la Embajada de Madrid.
Esa designación fue uno de los mayores premios recibidos por Balaguer hasta entonces, puesto que le permitió viajar a París donde completó sus estudios en el idioma francés, y el 27 de noviembre de 1934 se tituló en Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de París.
De inmediato se matriculó en la cátedra de Derecho Público, y solicitó a Trujillo una licencia para permanecer en París hasta tanto cursara sus estudios, petición que fue rechazada, aunque esos estudios fueron completados posteriormente. A su regreso de nuevo a Madrid, después de permanecer dos años en París, se matriculó como oyente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid.
Balaguer se comportaba como un hombre agradecido, sin caer en el servilismo barato. Trujillo era un dictador, pero Balaguer no era su esclavo, porque como dice Rabindranath Tagore: Únicamente nos ayuda aquel que nos hace comprender que las cosas pierden para nosotros su valor ficticio y su poder tiránico, tan pronto como llegamos a libertar de ellas nuestro espíritu.
En comunicación de fecha 28 de noviembre de 1934, informó a Trujillo de los logros alcanzados, y el último párrafo de esta carta dice: Después de darle las explicaciones anteriores solo me resta decirle que yo no olvido ni olvidaré nunca la satisfacción que hoy recibo, la debo exclusivamente a su protección y a su amistad y que para mí ha sido y será siempre un deber, que siempre deberé considerar como sagrado, corresponder con una indesviable devoción personal a los beneficios que obligan mi gratitud de modo no perecedero.
Desde el mismo instante en que fue designado Secretario de Primera Clase en la Legación Dominicana en Madrid, Balaguer empezó a trabajar con cautela su crecimiento político dentro del régimen de Trujillo.
Fue muy inteligente al mantener informado al Jefe de todos sus pasos, como también tuvo resultados favorables el hecho de que su padre, Don Joaquín Balaguer Lespier, se dirigiera a Su Excelencia externándole su agradecimiento por todo cuanto estaba haciendo por su hijo.
