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Dr. Belarminio Ramírez Morillo
Director General

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La enciclopedia del periodismo dominicano


martes, 20 de junio de 2006

El día que Balaguer cautivó al mundo

La Asamblea se celebró el 3 de octubre de 1961, y en el turno concedido a la República Dominicana, Balaguer pronunció un discurso antológico que por su esencia merece ser estudiado por las presentes y futuras generaciones.


(“Un pueblo no es verdaderamente libre mientras que la libertad no esté arraigada en sus costumbres e identificada con ellas”Mariano José de Larra.)


El 2 de octubre de 1961, Balaguer se dirigió a la ciudad de Nueva York para participar en la Sesión Plenaria de la Organización de las Naciones Unidas. El presidente dominicano se había propuesto un gran reto: “lograr el levantamiento de las sanciones que habían sido impuestas por la ONU”.


La Asamblea se celebró el 3 de octubre de 1961, y en el turno concedido a la República Dominicana, Balaguer pronunció un discurso antológico que por su esencia merece ser estudiado por las presentes y futuras generaciones.


El presidente Balaguer hizo una radiografía de los cambios políticos y económicos escenificados después de la muerte de Trujillo.


Enfatizó sobre la necesidad de establecer un régimen de plenas libertades públicas y los trabajos encaminados a la producción de un marco legal que regulen las actividades económicas según los requerimientos de los nuevos tiempos.


Dijo que el país estaba siendo reestructurado en función de los esquemas liberales: Separación de los poderes del Estado, autonomía para los ayuntamientos y la universidad del Estado, y en fin, el nacimiento pleno de un estado de derecho


Balaguer fue enfático al señalar que el país avanzaba hacia la democracia. “El edificio de la dictadura se ha desplomado totalmente, y sobre sus ruinas hemos empezado a edificar, con paciencia y sin alardes demagógicos, un régimen fundido en los viejos moldes que nos legaron los fundadores de la República”


Pero, no ocultó la realidad política que vivía el país. “El proceso abierto para redimir nuestras costumbres de todo primitivismo político, y para liberalizar nuestras instituciones, no se está cumpliendo, desde luego, ni sin tropiezos ni sin limitaciones.


Hay fuerzas negativas que se oponen a ese proceso de democratización con toda la ferocidad de sus instintos cavernarios. Las corrientes oposicionistas que se reincorporan a la vida civil de la República carecen, por otra parte, de la educación cívica necesaria, y con frecuencia traspasan las fronteras de la ley en un abierto desafío contra el orden y en un desconocimiento antojadizo de los poderes legítimos del Estado”


Esos planteamientos de Balaguer fueron un preámbulo para conmover a los delegados de las Naciones Unidas. Les dijo que si estaban interesados en contribuir a la democratización de la sociedad dominicana, al desarrollo económico y al imperio de un clima de paz y estabilidad, la forma más idónea de hacerlo era levantando las sanciones que mantenían al país excluido del resto del mundo.


Allí no habló el servir de la tiranía. Habló el gobernante interesado en encauzar a la nación por el sendero de la paz y la prosperidad. Era el único dominicano que a pesar de servir durante 31 años a la Era de Trujillo estaba en capacidad para enjuiciarla, porque no fue parte de la maledicencia del régimen.


Actuó con inteligencia, y como escribió Enriquillo Sánchez: ¿fue un trujillista que simuló ser trinitario para ser amado o un trinitario que actuó como trujillista para vencer? Jamás lo sabremos. Tal es su eternidad. Tal es su leyenda”.


La familia dominicana estaba desorientada. El pueblo quería democracia, pero los voceros y representantes de los grupos políticos les estaban guiando por un camino incorrecto para llegar a ella. El escenario era complicado, no había cultura para la democracia.


Los sectores de mayor poder económico se comportaban como activistas y agitadores, en vez de contribuir al orden, provocaban el desorden. El liderazgo político y estudiantil emergente presionaba por cambios que contribuyeran a la democracia, pero ellos mismos desconocían el fundamento de ese sistema político.


En el cuadro presentado por Balaguer en su discurso a los delegados de la ONU, dejó entrever todo cuanto sucedería en el país en los meses venideros. Dijo: “El ambiente está lleno de elementos explosivos y de fenómenos revolucionarios. Se trata de un pueblo que, como todos los pueblos latinoamericanos, se halla arrastrado por una irrefrenable afición política y que aspira a una vida mejor sin tener una noción clara del camino a elegir para realizar su destino.”


Balaguer convenció al auditorio y les movió a obrar para levantar la sanción. Obró con elocuencia y sabiduría, sin cuyo concurso se hubieran agotado los demás esfuerzos. No hay dudas de que sin un árbitro como Balaguer, el país hubiera caído en manos de un militar que implantaría medidas de represión contra las masas. Aconsejó Azorín: “Sepa conservarse el político en el fiel de la balanza. No pierda nunca el sentido del equilibrio. En el arte del gobierno, el equilibrio consiste en ser entero o condescendiente, según los casos.”


El discurso de Balaguer en la ONU cambió el curso de los acontecimientos en la República Dominicana. La pieza oratoria llenó las expectativas y diversos sectores de la vida nacional felicitaron al mandatario. El efecto mayor del discurso fue que además de contribuir a levantar las sanciones dejó claro que el proceso de democratización iniciado con la muerte de Trujillo no tenía retroceso. En lo adelante, tanto Ramfis como los demás miembros de su familia entendieron que no tenían otra opción que no fuera la de abandonar el territorio nacional, y arreciaron sus pasos al respecto.


El 14 de noviembre de 1961, en carta enviada a Balaguer, Ramfis renunció como Jefe de Estado Mayor conjunto de las Fuerzas Armadas. Con ese hecho el escenario político tomó un nuevo giro, ya que Balaguer quedó con libertad para encaminar las reformas demandadas con menos obstáculos, y además, la salida de los Trujillo les dio más credibilidad a las actuaciones del nuevo gobierno.


Balaguer estaba consciente de que con la presencia de los familiares del tirano en el país no era posible realizar los cambios que demandaban las mayorías. Por tanto, de forma astuta creó un escenario para que estos entendieran que por el bien de ellos debían abandonar el territorio nacional, sin la necesidad de que se recurriera a más actos de violencia.


Tras la renuncia de Ramfis se iniciaron las negociaciones para que salieran del país. Ramfis se marchó la noche del 17 de noviembre de 1961, pero antes asesinó al grupo de héroes que ajusticiaron a su padre: Pedro Livio Cedeño, Modesto Eugenio Díaz Quezada, Luís Manuel Cáceres Michel, Huáscar Tejeda Pimentel, Salvador Estrella Sadhalá y Roberto Pastoriza Neret, quienes estaban presos en la cárcel de la Victoria.


Algunos historiadores han querido vincular a Balaguer con el grupo de hombres heroicos que pusieron final a la vida de Trujillo. Balaguer ni traicionó, ni conspiró, pero entendió, como señaló Gregorio Marañón, “cuando a un hombre le traicionan cuantos le rodean, más lógico que vituperar a los traidores, es buscar la causa de que todos coincidan en traicionarle. Casi siempre esta causa está en la falta de generosidad del traicionado.”


Por eso, Balaguer fue comedido y cuidadoso al enjuiciar a Trujillo y a sus justicieros. Admitió las desviaciones y excesos del tirano, pero a la vez, reconoció sus virtudes y aportes al desarrollo de la nación. Con esa misma cautela se manejó con respecto a los ajusticiadores de Trujillo. Nunca aplaudió la acción por estos cometida, pero siempre les distinguió y reconoció sus sacrificios por la democracia, la paz y la tranquilidad de la familia dominicana.


Los demás integrantes de la familia Trujillo salieron del país el 22 de noviembre, según había sido anunciado por Balaguer, pero antes se produjo un incidente entre Balaguer y Petan Trujillo, éste último le exigió cien mil pesos al gobierno, alegando que no tenía dinero ó de lo contrario se negaba a salir del país. Relata el historiador Aliro Paulino, espectador de los hechos que: “En la mañana del 19 de noviembre el Presidente Balaguer estuvo prácticamente prisionero de parte de Petan y sus espalderos remanentes de los llamados “cucuyos de la cordillera”.


Tras la salida de los Trujillo, Balaguer instauró un estado de derecho, y el 31 de diciembre de 1961, promulgó la Ley de Amnistía a todos los encarcelados por delitos políticos ó por vinculación con la muerte de Trujillo. Ese acontecimiento fue el primer gran triunfo para el proceso de democratización que se iniciaba, pero al mismo tiempo, incrementó el peligro para la seguridad personal de Balaguer, quien estaba consciente de que los descendientes del tirano más tarde tratarían de eliminarlo.

Balaguer sabía -como dice Curzio Malaparte- que esa tipología de personas son incapaces de perdonar a un hombre distinto a ellos. Giovanni Di Pietro dice que, “aunque él lo quisiera o no, tuvo que tomar en consideración la inexorable marcha hacia la democracia, y lo hizo”. Más tarde quedaron las puertas de la República abiertas para todos los exiliados y desterrados por el régimen.

martes, 6 de junio de 2006

Ejecutorias del gobierno de Balaguer en 1961

A Balaguer no se le debe regatear el rol de principal actor de la pacificación y democratización de la sociedad dominicana.


Muchos intelectuales e historiadores movidos por el sectarismo y la pasión propia de la política y de la conducta humana han tratado de tergiversar los aportes hechos por Balaguer a los más sanos y sagrados intereses de la nación durante la crisis que desencadenó la muerte de Trujillo.


Como escribió Richard Níxon, “por lo común, ponemos a los líderes de tiempo de guerra por encima de los tiempos de paz. Esto se debe, en parte a lo dramático de la guerra y en parte a que la historia trata con gran detenimiento las guerras.


Pero es también porque sólo podemos medir la verdadera grandeza de un hombre de estado cuando ha de hacer frente a desafíos que les fuerzan a dar medida máxima de sus capacidades. En los dirigentes, el desafío de la guerra pone de relieve cualidades que podemos medir con facilidad. Los desafíos de la paz pueden ser igualmente trascendentales, pero el triunfo de un líder frente a ellos no es tan dramático ni tan visible”.


A Balaguer no se le debe regatear el rol de principal actor de la pacificación y democratización de la sociedad dominicana. Como señala Ellen Bos, “las democracias no necesariamente se dan como consecuencia de ciertas condiciones económicas y sociales, sino que son literalmente producidas o causadas por los actores políticos”.


En medio del torbellino de crisis y anarquía que vivía el país, la meta de Balaguer era lograr la transición de la tiranía a la democracia, pero sin convertirse en un tirano. Siguió en consejo sabio de George Washington de que “la dominación alternativa de las pasiones políticas, agitadas entre sí por el espíritu de venganza y las disensiones de partido es causa del espantoso despotismo que ha cometido los más horribles excesos durante muchos siglos en diferentes países. Esa dominación conduce a otro despotismo más visible y permanente, pues los desórdenes y miserias de aquél predisponen el espíritu a buscar seguridad y descanso en el poder absoluto de un individuo; y, tarde o temprano, el jefe de algún sector dominante, más hábil o más afortunado que sus rivales, acaba por aprovechar esa inclinación de los ánimos para elevar su poderío sobre las ruinas de la libertad pública”.


La acción de Balaguer fue mucho más allá de una simple maniobra para mantener la paz y la estabilidad. Promulgó la ley que rebajaba el pago de los impuestos de patente en un cincuenta por ciento; repartió entre los campesinos pobres de Bonao las tierras propiedad de José Arismendy Trujillo Molina; pasó al Estado quince empresas que eran propiedad de la familia Trujillo; pagó a los contratistas de obras del Estado las deudas pendientes del régimen anterior; creó la Dirección de Control y Recuperación de Bienes; regaló 227 vehículos de motor a chóferes de la capital y Santiago; distribuyó 2,000 tareas de tierras que pertenecían al ex-mayor Danilo Trujillo Tejada en el Municipio de Guayubin; repartió 10,000 tareas de tierra en Bayaguana y Cojobal que pertenecían al ex-general César Oliva García; ordenó el depósito en el Banco de Reservas de RD$4,560,937.00 incautados a la familia Trujillo en varias maletas del yate “Angelita”; pensionó las viudas de los asesinos de Trujillo; ordenó el arresto de los asesinos de las hermanas Mirabal; liberó los impuestos que gravaban a los productos de consumo navideño; entregó cientos de motonetas y triciclos a personas de escasos recursos; rebajó los artículos de consumo diario; ordenó la devolución de propiedades que habían sido usurpadas por los Trujillo; creó un fondo para ayudar a los billeteros y quinieleros; sometió un proyecto de ley para liberar de impuestos al café y al cacao; pagó las deudas de hipotecas así como un sinnúmero de medidas que constituyen la prueba más fehaciente del humanismo y la justicia social practicada por este hombre público.


Mientras otros políticos luchaban por tomar el poder para satisfacer ambiciones personales y grupales, Balaguer durante su estada en el mando, encabezando un gobierno de facto, actuó en socorro de los más necesitados. Como era de esperarse, más tarde cosechó los frutos de sus actuaciones. Esos sectores pobres que favoreció en 1961 fueron decisivos para sus triunfos en los futuros torneos electorales, debido a que como dijo Maquiavelo, “muchas veces pesa más en el ánimo de los hombres un acto humano y caritativo que otro feroz y violento.”


Esa acción de Balaguer fue meditada. Los repartos que hizo eran con el propósito de darse a querer en los sectores más pobres de la población, que de hecho constituían la inmensa mayoría. “Es preciso darse a querer -dijo Joubert- porque los hombres sólo son justos con aquellos a quienes aman.” Sabía que si no repartía estos bienes en beneficio de los pobres, pronto terminarían en manos de sectores poderosos que históricamente se han dado a la tarea de hacer fortuna privada desfalcando al erario público. Con esta actitud aplicó la frase de Gabriel Alomar: “Hay que acomodar la acción a la palabra y la palabra a la idea”.


La muerte de Trujillo no sorprendió a Balaguer. La forma cómo manejó los asuntos públicos en medio de ese torbellino es una muestra de que estaba preparado para el acontecimiento. Actuó con coraje y con cautela, dependiendo del momento. Sabía que la esencia del poder es la capacidad de mantener la iniciativa, de lograr que los demás reaccionen frente a sus acciones. Con ese estilo puso a sus adversarios a la defensiva. Salió bien porque vio con claridad todos los pasos que tenía por delante y planeó su accionar hasta el desenlace final. No se vio tentado por emociones ni por los deseos de improvisar. Su claridad lo liberó de la angustia y de la vaguedad, situaciones que impiden que muchos lleven exitosamente a término su accionar. Tenía en vista el desenlace final.


La actitud de Balaguer de acudir en respaldo de los más desposeídos causó preocupación en los partidos Unión Cívica Nacional y Movimiento 14 de Junio. La UCN que anteriormente había rechazado integrarse a un gobierno de coalición, al ver la forma como Balaguer iba enfrentando los problemas nacionales, cambió de parecer y propuso la integración de un Consejo de Estado, el cual fue creado el 30 de diciembre de 1961, integrado por el Dr. Joaquín Balaguer, quien lo presidía; Lic. Rafael F. Bonelly, Lic. Eduardo Read Barrera, Monseñor Eliseo Pérez, Don Luís Amiama Tío, Dr. Nicolás Pichardo y General Antonio Imbert Barrera.


Los dirigentes de la UCN se dieron cuenta que Balaguer tenía habilidad y capacidad para concretizar el proyecto de transición democrática. A pesar de las acusaciones de trujillista, Balaguer se había mantenido en el poder y estaba realizando los cambios que ellos ofertaban como entidad de oposición. Balaguer no se perdió en la sombra de Trujillo, encontró su propia identidad y la reafirmó con un estilo de accionar diferente. Comenzó a ganar poder a través de sus propios méritos. Estaba llenando un vacío. Estaba sentando las bases para crear su propio reino. Se formó en el trujillismo, pero actuaba de forma distinta, y esto llenó de confusión a sus adversarios.


El 4 de enero de 1962, la OEA levantó las sanciones que gravitaban sobre el país, hecho muy significativo para el pueblo dominicano, ya que creó nuevas expectativas económicas, y al mismo tiempo, quedaron restablecidas las relaciones entre los Estados Unidos y la República Dominicana. El levantamiento de las sanciones impuestas por la ONU, el inicio de una gran cantidad de obras públicas, el reparto de millares de carros, guaguas, motores y triciclos, el reparto de cientos de miles de tareas de tierras, entre otras acciones, no fueron suficientes para detener la ola de agitadores que no les interesaba el progreso y la estabilidad de la República.


Mientras Balaguer se entregaba en cuerpo y alma a una causa noble y justa, recibió la desconsideración de ser destituido como Profesor de la Universidad de Santo Domingo, el 10 de enero de 1962. Para ese entonces, ya el tribuno de Navarrete estaba consciente de su estada en el poder llegaba a su final.


El autor de La Isla al Revés, estaba consciente de que estaba rodeado de la sinrazón, y por tanto, su entrega a la solución de los problemas nacionales no sería valorada por los grupos interesados en la toma del poder.


Dijo Mon Taigne que, “al principio somos nosotros quienes guiamos los acontecimientos y lo mantenemos bajo nuestro poder, pero a menudo, una vez encaminados, son los hechos los que nos guían a nosotros y nos arrastran”. El 16 de enero del mismo año, Balaguer fue obligado a renunciar como Presidente de la República y del Consejo de Estado. El 19 de enero solicitó asilo en la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede, y el 8 de marzo fue enviado al exilio.

Tal como escribió Azorín, “la inconsecuencia y la contradicción son la misma esencia de la vida. El político habrá de conocer el tiempo y el país en que vive; con arreglo a ellos arreglará y ajustará sus actos. Y si él tiene tales o cuales ideas o doctrinas en pugna con las que dominan, bien está que, discreta y cautamente, las haga prevalecer en el gobierno; pero no se olvide de navegar de cuando en cuando con la corriente, de ir con el pueblo adonde el pueblo quiere ir, de pensar y sentir con los demás.”

martes, 30 de mayo de 2006

Balaguer heredero por necesidad

Trujillo concebía que con la juramentación de Balaguer podía neutralizar en parte el cúmulo de presiones internacionales.


A pesar de las insinuaciones que le hicieron a Trujillo para poner en desgracia a Balaguer, el tirano cada día se acercaba más a este hombre de comportamiento tan diferente a los demás colaboradores. El tirano estaba consciente de que su régimen se acercaba al final, y dentro de sus hijos no había ninguno con capacidad para darle continuidad a su obra.


El historiador Rodríguez de León hace un paréntesis histórico interesante cuando señala que, "a diferencia de aquellos que buscan la caída del gobierno por vía de conspiraciones públicas o encubiertas, desde fuera del aparato estatal, los tres políticos mencionados (Heureaux, Trujillo y Balaguer) conspiraron desde dentro del poder mismo, en virtud de sus posiciones oficiales, para lograr fines idénticos.


En tal sentido, los tres han sido, en la historia dominicana, el más acabado ejemplo de conspiraciones de estado. Existe una diferencia, sin embargo, entre Balaguer y los otros dos, pues mientras estos habían escalado dentro del estado a través de la carrera militar, logrando el poder supremo como coronación a sus designios conspirativos, Balaguer en cambio, lo hizo desde la actividad burocrática intelectual, usando el verbo como arma”.


La forma como Balaguer fue escogido candidato Vicepresidencial refleja que no Trujillo no tenia dentro de sus planes convertirlo en su sucesor. Es importante el hecho de que ocupando Balaguer esa función pública, el tirano no sabía cual era su residencia. Trujillo sabía que Balaguer no tenía esposa ni hijos, y estaba muy bien enterado de su pasión por la lectura. Sabía que Balaguer era un hombre humilde y sencillo, sin ambición a las riquezas materiales. Pero no se imaginaba hasta donde llegaba esa humildad.


Una noche de 1957, Trujillo visitó a Balaguer para expresarle su incomodidad por una noticia aparecida en los periódicos que informaba de que el Secretario de Estado de Trabajo, Ramón Marrero Aristy les había conseguido empleos a unas personas, sin en ningún párrafo acreditarle los méritos de esa misión al Excelentísimo Rafael L. Trujillo.


Relata Rafael Vidal Martínez, cercano colaborador de Balaguer, quien ocupó el cargo de Director de Prensa de la Presidencia durante varios de sus mandatos, que Trujillo le pidió a su chofer Zacarías de la Cruz que lo llevara a la residencia del doctor Balaguer, y se presentó al lugar acompañado únicamente del jefe de su seguridad, General Guarionex Estrella. Balaguer vivía en una casa alquilada en los alrededores del Palacio Nacional.


Cuando el vehículo se detuvo frente al lugar, -relata Vidal Martínez-, Trujillo le dijo al general que cuidado si él se había equivocado de dirección. El general Estrella le respondió que esa era la residencia del doctor Balaguer. El general Estrella tocó la puerta de la casa, y cuando un sirviente le abrió las puertas, entró a la casa y le comunicó que informara a Balaguer que el Jefe estaba esperándole afuera. Balaguer se estaba bañando, y salió a informarle a Trujillo la razón de la espera. Trujillo decidió desmontarse del carro y entrar a la casa, “y cuando observó la modestia de esa casa, inclusive la pobreza de los muebles de la misma, llegó a preguntar al general Estrella si no era quizás que él se había equivocado y estaban en la casa de otra persona”.


Al salir de la casa, Trujillo comentó que no era apropiado que el Vicepresidente de la República viviera en un ambiente tan modesto. Al día siguiente Trujillo llamó a su despacho al ingeniero Humberto Ruiz Castillo, y le instruyó a que le construyera una vivienda apropiada al doctor Balaguer en un solar que ya él tenía. Así se construyó la casa ubicada en la Máximo Gómez 25 del Distrito Nacional, residencia del líder reformista hasta el momento de su fallecimiento el 14 de julio del año 2002.


La presión internacional en contra del régimen se incrementaba. De nada le valió a Trujillo el simulacro de poner en la presidencia a su hermano Héctor Trujillo. Una salida para dar la impresión de que disminuía su influencia y la de su familia en el gobierno era designando a una persona sin vínculos familiares con él.


El día 3 de agosto de 1960, Joaquín Balaguer tomó juramento como Presidente de la República ante la Asamblea Nacional, en condiciones que cualquiera mejor preferiría la muerte ante que tener que lidiar en las turbulentas aguas de entonces. Pero como dijo Thomas Mann: Combate mejor y con más ahínco quien más se arriesga.


Sólo un hombre de la frialdad y astucia de Balaguer, quien poseía sangre de liebre, podía peldaño a peldaño ascender a la cima en medio de un torbellino, donde el caliesaje, la humillación y la persecución eran las reglas del juego.


Balaguer estaba consciente de los momentos difíciles que tendría que lidiar. Sería un presidente protocolar, y en el fondo atado de manos. Sería acechado por el tirano quien se encontraba en estado de desquiciamiento, y por Jhonny Abbes y sus esbirros que tratarían de enfrentarlo con el Jefe para materializar su deseo de eliminarlo físicamente. Pocos días después de su juramentación, Radio Caribe empezó a transmitir consignas pidiendo la renuncia de Balaguer. Mientras que el bloqueo internacional conducía al país a un estado de ahogamiento lento, desesperante e insalvable.


Era un momento en que importantes sectores internos y externos estaban decididos a luchar en contra del régimen. Los aliados nacionales que les habían legitimado por décadas ahora se levantaban en rebeldía y cuestionaban el estado crítico en que estaba el país. La situación era mucho más compleja, vista desde la óptica del proceso de cambios políticos en que estaba inmerso el continente. El propio Balaguer en su discurso de juramentación señaló: “Nuestro país se halla hoy amenazado por una confabulación internacional en que participan, en una insólita aglutinación de factores contradictorios, dos clases de tendencias, unas procedente del campo comunista y otras de ideología conservadora”.


Acertó Hitller cuando dijo que “La mayoría no sólo representa la ignorancia, sino también la cobardía. Y del mismo modo que de cien cabezas huecas no se hace un sabio, de cien cobardes no surge nunca una decisión heroica”. En el primer párrafo de su discurso, Balaguer dejó claro que el régimen estaba casi liquidado, y que el desenlace se aproximaba. Pero, lo más extraño es que iniciara su alocución planteando la necesaria democratización del país.


Veamos: “Los autores de esta conjura internacional alegan, como fundamento de sus planes de agresión contra el Gobierno legítimo de la República Dominicana, que ha llegado ya la hora de democratizar totalmente las instituciones nacionales. Estoy de acuerdo con ese punto de vista; pero disiento, en cambio, en cuanto a la forma de realizarlo, porque es evidente que un régimen que tiene ya treinta años y que en ese largo lapso ha creado en la vida nacional intereses profundos y ha adquirido con la casi totalidad de los habitantes de la República vinculaciones abrumadoras, no puede desaparecer de la noche a la mañana por un cambio violento y sorpresivo, sin crear graves perturbaciones y sin producir trastornos de incalculable magnitud en la vida dominicana.”


Trujillo concebía que con la juramentación de Balaguer podía neutralizar en parte el cúmulo de presiones internacionales. Parece que en ese momento de crisis aguda, el tirano estaba decidido a permitir cierta apertura política, o quizás, era una maraña más de la que había practicado anteriormente, porque a nadie se le ocurre pensar que el siguiente anuncio lo haría Balaguer por su propia cuenta.


Con la firmeza característica de su verbo, Balaguer dijo: “En estos mismos momentos, se halla empeñado el régimen en fomentar en el país un clima de completa libertad política, y en favorecer la creación de partidos que tercien efectivamente en la vida nacional y que hagan oposición al gobierno legalmente y al margen de toda actividad subversiva. El proceso de democratización de nuestras instituciones está, pues, en marcha. La democracia hacia la cual nos encaminamos no es, desde luego, la que consiste en el derecho de asaltar la plaza pública para llenarla de vociferaciones y de puños en alto, ni la de armar el brazo para promover en cada calle un tumulto y para organizar en cada esquina una barricada contra los poderes legítimamente constituidos, ni la de estimular, en una palabra, el instinto de las multitudes con la perspectiva del botín y la promesa del reparto de la fortuna pública o la confiscación de la hacienda privada.”


Balaguer conocía a cabalidad las dimensiones de la crisis, y por eso, sin perder tiempo planteó la necesidad de que el país se adentrara a un proceso de democratización sin recurrir a prácticas violentas y anárquicas.


El siguiente planteamiento es un indicador del conocimiento cabal del enfermo y de la enfermedad: “El problema de la democracia nacional no es, pues, solucionable con un cambio de hombres. Los fines que perseguimos sólo podrían ser alcanzados por medio de la educación, de la disciplina, de la elevación del nivel social y económico de las masas y de la estructuración de una nueva conciencia dominicana.”


Ese discurso parecía un sueño, puesto que chocaba con la cruel realidad de que Trujillo, Jhonny Abbes y sus esbirros no perdían tiempos en intimidar a la población, sin incluir a los funcionarios del régimen, incluyendo al propio Balaguer.

Dice Jean Anouilh: “Es necesario que la gente del pueblo tenga miedo; cuando dejan de tenerlo, son ellos los que lo causan”. Por eso, mientras más se acrecentaban los problemas económicos y las presiones internacionales a la tiranía, mayor era el estado de terror a que sometían a la población civil.

martes, 23 de mayo de 2006

Balaguer heredero por necesidad

Hubo colaboradores de Trujillo con un prestigio intelectual superior al de Balaguer, ahí estaba el caso de don Manuel Arturo Peña Batlle.


(“Todo lo que acontece está escrito, nuestra hora está fijada y nadie puede demorarla... Nadie puede escapar a su destino” Napoleón Bonaparte).


Trujillo tenía un equipo de colaboradores dentro de los cuales habían reputados intelectuales. Balaguer no era el único. Era sólo uno de ellos.


Balaguer se convirtió en el heredero del régimen por dos razones. Por un lado devinieron a su favor una serie de situaciones y acontecimientos, y por el otro lado, él fue el más político, astuto y hábil de los funcionarios del trujillismo.


Inclusive, hubo colaboradores de Trujillo con un prestigio intelectual superior al de Balaguer, ahí estaba el caso de don Manuel Arturo Peña Batlle.


A pesar de su alto prestigio y de su extraordinaria capacidad, Peña Batlle, fue menos hábil que el autor de la Tebaida Lírica. Un ejemplo lo constituyó el hecho de que Trujillo, valiéndose de algunos adulones preparó un proyecto para cambiarle el nombre a la ciudad de Santo Domingo por el de Ciudad Trujillo, y Peña Batlle escribió un artículo en el que señalaba que, “nada agrega a la gloria del Presidente Trujillo el que su nombre designe a la ciudad de Santo Domingo, porque, quien ha hecho de la República el objetivo de sus desvelos administrativos no necesita sino de su propia actuación para perpetuarse en el agradecimiento de sus conciudadanos”.


Peña Batlle pudo evitar ese comentario, pero no lo hizo.


Peña Batlle, quien en el primer gobierno de Trujillo se había rehusado a colaborar con el régimen, ya en 1935 estaba inscrito en el Partido Dominicano, y con esas apreciaciones cometió un error que le mantuvo en el anonimato hasta 1941. No asimiló que la propuesta del senador de la provincia de Santiago, Mario Fermín Cabral, de que se le cambiara el nombre a la ciudad de Santo Domingo por el de Ciudad Trujillo, era una treta del propio dictador.


En el año 1957 debían celebrarse elecciones para elegir al Presidente y Vicepresidente de la República. Trujillo como una maniobra para desarticular presiones externas optó por no presentarse como candidato, y en un memorable discurso, el 16 de mayo de 1956, propuso que fuera postulado su hermano Héctor B. Trujillo para la presidencia y su hijo Rafael Trujillo (Ramfis) para la vicepresidencia.


Se produjo un desenlace inesperado, debido a que Ramfis rechazó la candidatura vicepresidencial alegando que desde su niñez había sido un hombre de armas y prefería seguir dentro de la carrera militar. Trujillo aceptó de buen modo la renuncia de su hijo, y allí entró Balaguer como el ave fénix.


Hay que resaltar que en ningún momento existió en Trujillo el interés de convertir a Balaguer en su heredero político. Fueron las circunstancias que lo obligaron a recurrir al más eficiente de sus servidores.


En el año 1952, Trujillo le manifestó a Laureano Vallenilla Lanz, prestigioso político Venezolano: “No tengo sucesores, ni pienso formarlo”.“Ya se encargarán de eso las circunstancias, porque en países como en el nuestro, el mando supremo no se hereda.”


El tirano consideró que el colaborador más idóneo para ocupar la vicepresidencia era Balaguer, y en carta enviada al licenciado J. Furcy Pichardo, Presidente del Partido Dominicano, en fecha 4 de julio de 1956, señaló: “Entre las diversas personalidades aptas por sus merecimientos para inspirar la confianza de nuestro partido, que no es otra que la misma confianza de todo el conglomerado nacional, como genuino intérprete que es de los intereses y la voluntad de la Nación -que para serlo lo fundé el año de haberme iniciado en la dirección de los destinos públicos-; entre esas diversas personalidades, repito, se halla una que responde cabalmente a los fines por los cuales se ha hecho acreedora en alto grado al aprecio y a la fe depositada en ella para ser escogido como digna por todos conceptos de la recomendación que voy hacer de la misma al Partido Dominicano: el doctor Joaquín Balaguer”.


Baltasar Gracián lo dijo, “saber esperar es una virtud que demuestra gran temple y grandes reservas de paciencia. Si uno es dueño de sí, lo será de los otros. Hay que ir caminando mientras llega la oportunidad que nos reserva el destino. La espera prudente culmina en éxito y hace que maduren los planes. Las muletas de dar tiempo a las cosas son más efectivas que una macana.”


En este momento, Balaguer recibió de Trujillo el reconocimiento que había buscado incesantemente durante 25 años de servicios públicos. En su carta de recomendación, el Jefe continúa diciendo: “Le conozco suficientemente y tengo señaladas pruebas de sus aptitudes, de su sinceridad y de su lealtad a mi persona y a los principios que son el fundamento de nuestra organización política y la base de su estabilidad. Se premia en él a la juventud dominicana formada al calor de esta Era de reconstrucción nacional que el pueblo quiso bautizar con mi nombre, y en general, a todos los dominicanos, celosos guardianes de esos principios con que luchamos decididamente y con viva fe en Dios y en la Patria, por el mayor afianzamiento de ésta y por la seguridad y la paz del mundo libre.”


Así llegó Balaguer a la vicepresidencia de la República. Es posible que de no producirse la renuncia de Ramfis su destino hubiera sido otro, y quizás no se hubiese coronado siete veces Presidente de la República. Este ascenso de Balaguer se produjo en una coyuntura en que la tiranía entraba en la etapa de su crisis final.


Así entró Balaguer en el peligroso juego que significó la carrera presidencial en la Era de Trujillo. Estaba dispuesto a jugársela, y como destinista confeso no se detuvo a meditar sobre las posibles consecuencias. Cargó con su destino, asumió siempre las consecuencias de sus actuaciones sin buscar aplausos y sin esperar ningún reconocimiento del régimen.


Era un hombre creador, y al mismo tiempo, un mundo aparte e independiente. Lo había encontrado todo dentro de si mismo y en la naturaleza a la que había permanecido unido.


Era un hombre solitario, pero no por frustración. Amaba a la soledad y soportaba de buen modo el sufrimiento que esta le causaba, porque únicamente el hombre solitario se encuentra sometido a las leyes profundas de la naturaleza.


La escogencia de Balaguer como Vicepresidente de la República pudo ser considerada como un premio a la excelencia.


Balaguer había sobresalido en todas las tareas que les habían sido encomendadas por Trujillo, y como dice Baltasar Gracián, “sobresalir en una posición relevante va desde un nivel normal hasta el más alto grado. Sobresalir en tareas sencillas es insignificante. Proporciona alguna satisfacción, pero efímera. Sobresalir en lo grande es propio de soberanos: genera admiración y gana voluntades.” Joaquín Balaguer sobresalió en las grandes tareas y misiones, por tanto, el tirano no tenía otra alternativa que no fuera la de reconocer sus ganados méritos.


Desde la Secretaría de la Presidencia Balaguer despertó celos, pero desde la vicepresidencia despertó muchos más.


Dice el historiador Aliro Paulino, que una vez conversando con el entonces hombre fuerte de la seguridad nacional, el coronel Jhonny Abbes García, este me dijo en un pasillo del Palacio: “A Balaguer lo voy a sentar en la silla eléctrica alguna vez. Ese no es amigo de Trujillo, sino de Balaguer...”

La posteridad se encargó de demostrar que el sanguinario Jefe del Servicio de Inteligencia Militar no estaba del todo equivocado. Balaguer era un estadista y su lealtad era al poder de donde podía hacer realidades sus ilusiones. Como dijo Paracelso: “Que no sea de otro quien puede ser dueño de sí mismo”

martes, 16 de mayo de 2006

Balaguer heredó la tiranía obedeciéndola

La gestión de Balaguer como Secretario de Educación marcó una época de esplendor para la educación en la República Dominicana.


Balaguer estudió en varios países de Europa. Conoció las culturas inglesa, española y francesa. Se fascinó con los avances, bellezas y encantos de esas sociedades, pero sin renunciar a su condición de dominicano.


A su regreso del servicio diplomático y reintegro a la burocracia de la administración pública, siguió siendo el mismo servidor humilde, sencillo y servicial. En ningún momento hizo gala de su acervo intelectual para humillar a sus compañeros de labores. Sabía que para no meterse en problemas debía administrar el conocimiento.


La designación de Balaguer en la Secretaría de Educación se produjo en una etapa en que el poder del clan Trujillo se incrementaba en todas las estructuras productivas del país. Auspició el incremento del rol de la iglesia católica en la educación, poniendo bajo su control el Instituto Politécnico Loyola, centro de enseñanza técnica más importante del país. Desde ese entonces, hasta el último momento de su accionar político, Balaguer fue coherente en el mantenimiento de buenas relaciones con la iglesia católica.


La gestión de Balaguer como Secretario de Educación marcó una época de esplendor para la educación en la República Dominicana. Implementó una serie de acciones, dentro de las cuales sobresalen:

a) ejecución del plan bienal de construcciones escolares, modificando y construyendo nuevas plantas físicas en las principales ciudades del país;

b) establecimiento del desayuno escolar en beneficio de los estudiantes de escasos recursos;

c) establecimiento de un sistema de ahorro escolar, para incentivar los alumnos al ahorro y así poder costear sus estudios superiores;

d) creación de las escuelas de artes y oficios; e) construcción del edificio de la Secretaría de Educación;

f) construcción del Palacio de Bellas Artes; g) puesta en marcha de los Liceos Normales;

h) creación de un programa de viviendas para los maestros;

i) establecimiento de bibliotecas ambulantes y barriales;

j) creación de las sociedades de padres y amigos de las escuelas;

k) inicio de las celebraciones de las ferias del libro, así como una ingente labor orientada a resaltar los valores y símbolos patrios.


El prestigio alcanzado por Balaguer en la Secretaría de Educación fue de tal magnitud que el más prestigioso periódico de circulación nacional, el matutino El Caribe, le dedicó el editorial del 22 de febrero de 1955, resaltando la decisión del gobierno de poner en marcha el Plan elaborado por el Secretario de Educación para erradicar el analfabetismo.


Fue la primera vez que un periódico, sobre todo el medio informativo más prestigioso de la nación, que además era propiedad del régimen, utilizó su página editorial para alabar a una persona que no fuera el Jefe.


El editorial pasó desapercibido, pero un desliz como ese, el desenlace que se producía sería la cancelación tanto de quien hacía el homenaje como de quien lo recibía. Y para sorpresa de muchos, inclusive del propio Balaguer que vio su carrera en peligro, meses más tarde fue nombrado miembro de la Comisión Organizadora de la Feria de la Paz.


Balaguer conocía muy bien el terreno movedizo en que pisaba. Por un lado propiciaba el levantamiento de la infraestructura física y la creación de nuevas estructuras educacionales orientadas a erradicar el analfabetismo, mejorar la educación técnica y la calidad del personal docente, y por otro lado, legitimaba sus acciones al máximo logrando que cada una de sus actividades fueran encabezadas por el Presidente Trujillo ó por alguno de sus familiares cercanos.


Siempre leal y agradecido de la oportunidad brindada por el Jefe, el 30 de junio de 1955 organizó el desfile de maestros, donde los diez mil maestros del país desfilaron en Ciudad Trujillo para hacerle entrega al Generalísimo de la “Medalla de Honor de Educación”.


Balaguer sabía la importancia que tenía este tipo de manifestaciones que alimentaban el ego de Trujillo, sobre todo en esa etapa de endiosamiento en que estaba sumergido. Actuó convencido, como dijo Francis Bacón de que, “a la naturaleza se le domina obedeciéndola”. Al mismo tiempo, esos escenarios sirvieron para detener a sus rivales en el seno del gobierno que esperaban de forma vigilante que cometiera algún error para utilizarlo como pretexto para indisponerlo ante el tirano.

martes, 9 de mayo de 2006

El legado de Pedro Henríquez Ureña

Don Pedro Henríquez Ureña es uno de los personajes que hizo mayores aportes a la educación dominicana. Educador, crítico literario, humanista y filósofo. Nació el 29 de julio de 1884 en la ciudad de Santo Domingo. Hijo de don Francisco Henríquez y Carvajal y doña Salomé Ureña, dos de las personalidades más extraordinarias de la vida nacional.

La familia Henríquez Ureña fue un símbolo de sabiduría, inteligencia y dedicación al servicio de la educación y los sagrados intereses de la patria.

La familia Henríquez Ureña y sus amigos, constituyen una genuina representación de la intelectualidad dominicana. Fueron personas que nacieron con alto coeficiente de inteligencia, pero que a la vez supieron escoger sus amigos.

Una muestra la constituye el hecho de que el padrino de confirmación de Pedro Henríquez Ureña fuera Emilio Prud’Homme, autor de las letras del Himno Nacional de los dominicanos.

La inteligencia de Pedro Henríquez Ureña era de tal dimensión que a los cinco años de edad leía y escribía correctamente. Nació con el espíritu y el arte del educador. A los siete años se había convertido en maestro de su hermano Max, a quien enseñó a contar, leer y escribir.

Enriqueció su conocimiento visitando varios países, donde compartió con intelectuales de diversos géneros. Estuvo en Cuba, México, Francia, Estados Unidos, España y Argentina.

Siendo un joven se dedicó al oficio de crítico literario. Su capacidad era tan inmensa que con la autoridad que le daba el conocimiento leía los libros y les hacia críticas profundas, resaltando los aportes y las debilidades de cada obra.

En su crítica precisaba si la obra evaluada estaba bien escrita, si hubo un uso correcto de la gramática y de la lengua.

Era un filósofo. Un escritor creativo que escribía acerca de cómo debía vivir y comportarse el hombre americano. Pensaba mucho en el porvenir, en la sociedad del mañana, y sus escritos estaban orientados a educar los hombres del presente para forjar un mejor futuro.

Era un humanista. Uno de los más grandes humanistas de América. Su misión era defender a la humanidad. Amaba y defendía a los humildes, y sobre todo a los ignorantes, a los que no tenían ni siquiera un poco de conocimiento.

A la llegada de Trujillo al poder, Pedro Henríquez Ureña se marchó del país. Los hombres de su dimensión humana no podían convivir con la dictadura. Vivió en varios países de América: Argentina, Chile, México, Cuba y Estados Unidos.

En todas esas naciones dejó su huella de genio, maestro, humanista, filósofo y hombre consagrado a trabajar por el bienestar de la humanidad.

La producción literaria de Pedro Henríquez Ureña comprende unas 35 obras. Sus escritos son un gran legado que enriquecen la cultura y la bibliografía de América.

Era un hombre laborioso, una persona de esas que nunca están cansadas. Un día, mientras caminaba de prisa para tomar el tren que le llevaría a la Universidad donde era catedrático, sufrió un ataque al corazón, y no pudo volver a las aulas. Falleció en Buenos Aires, Argentina, el 11 de mayo de 1946.

La estrella de Balaguer en el proceso político de 1930

( “Hay una mano invisible que lo encadena todo, sólo gracias a mi estrella he llegado a ser grande” Napoleón Bonaparte).

A pesar de su juventud, Balaguer se convirtió en el centro y eje de lo mejor de su generación. Estuvo al lado de los hombres más inteligentes, más inquietos, y de más nobles sentimientos de su época.


Era superior a sus correligionarios, porque aún en su adolescencia política demostró que conjugaba el arte de orador con el filósofo y pensador. Como apuntó Hermann Keyserling: “Pensar no es un don. Es un arte. Una técnica. La facultad de pensar se ejercita como el pintor ejercita los dedos al mover el pincel. Un filósofo es el hombre que ha ejercitado la facultad de pensar”


La concertación política entre Trujillo y Estrella Ureña favoreció a Balaguer, puesto que le unían lazos familiares con el primero, y era el discípulo más connotado del segundo. Las circunstancias empezaron a favorecerle, y él estaba preparado para aprovechar la más mínima oportunidad para crecer políticamente.


La campaña proselitista para promover al binomio “Trujillo-Estrella Ureña” se inició con una concentración en Montecristi, donde por primera vez Trujillo mencionó la frase: “No hay peligro en seguirme”. Este acto fue un derroche de oratoria, allí expusieron brillantes tribunos, entre ellos Estrella Ureña, quien era y sigue siendo considerado como uno de los más excitantes oradores que ha tenido la República en toda su historia.


Pero, como relata el historiador Francisco Rodríguez de León, “sucedió entonces la apoteosis, cuando desde la parte atrás de la tribuna, apareció con su paso infalible y su figura erguida, juvenil y arrogante, el hombre por el que todos estaban allí, bajo aquel sol nadie es perfecto, y la oratoria no era precisamente su fuerte, pues tenía una voz que, en realidad, era una vocecita”.¿Cómo debía sentirse el futuro tirano al estar rodeado de prominentes oradores, y él, sin embargo, siendo la figura principal carecía de esas virtudes? Quizás, una vez juramentado presidente de la República trataría de vengarse humillando a estos prestigiosos políticos e intelectuales que en el fondo eran la antítesis del hombre que promovían.


Desde Montecristi la caravana se trasladó a Santiago de los Caballeros, y para suerte del joven Joaquín Balaguer, el licenciado Estrella Ureña, no pudo hablar debido a una afección en las cuerdas vocales, y él fue escogido para que hablara en su lugar. Pareció como si Balaguer se había preparado para esa oportunidad. Improvisó un discurso que despertó el interés de todos los presentes, inclusive del candidato presidencial, quien desde ese momento lo reclutó para su causa.


Aunque el binomio Trujillo-Estrella Ureña salió airoso, era de esperarse que los seguidores de éste último pasaran a ser colaboradores del primero, puesto que, para nadie es un secreto que la figura del vicepresidente de la República, en nuestro país, no es más que un puesto decorativo. De ahí que, Estrella Ureña, de un gran líder político pasó a convertirse en subalterno de un guardia. Automáticamente, allí terminaba la carrera de uno de los políticos más brillantes del siglo XX dominicano.


Balaguer aun joven, pero con visión de estadista, tenia el corazón en la cabeza. Conocía las virtudes de Estrella Ureña. Estaba consciente de que el abogado santiagués era el político más brillante que había emergido durante la lucha por la desocupación de las tropas norteamericanas y los años posteriores. Orador avasallante y hombre desconocedor del miedo, fueron atributos necesarios para la creación del Movimiento Cívico que derrocó a Horacio Vásquez.


Balaguer pudo apreciar que Estrella Ureña era de aquellos políticos que son muy brillantes en la oposición, pero ineficientes en el momento en que le correspondió dirigir los destinos de la nación. En vez de utilizar su estada en el poder para consolidarse como el principal líder del país, Estrella Ureña cometió el error de organizar unas elecciones, donde él, siendo el presidente de la República, se presentó como candidato vicepresidencial, acompañando a Trujillo.


Balaguer al igual que los demás discípulos de Estrella Ureña se convirtió en colaboradores de Trujillo. Y en su caso particular, la coyuntura resultaba más favorable debido a que era sobrino de una de las mujeres del Jefe. Pero Balaguer, siempre reconoció las virtudes de Estrella Ureña. Precisamente le causó muchos problemas a Balaguer, un libro que publicó en el año 1934 donde elogiaba a Estrella Ureña, en un momento en que este estaba en desgracia.


El principal acierto de Balaguer como político e intelectual en ese entonces, es que supo valorar las virtudes y los defectos de los dos hombres que se habían juramentado juntos el 16 de agosto de 1930, pero que definitivamente no cabrían en el mismo gobierno, porque, uno era la negación del otro.


En un artículo publicado en el periódico “La Evolución” del 7 de noviembre de 1931, en unas cuantas pinceladas, Balaguer estableció las diferencias entre Trujillo y Estrella Ureña. Dice el escritor de Navarrete: “El mejor gobernante, es el mejor administrador. No se puede ser un buen gobernante, cuando se es un mal administrador. Son condiciones humanas evidentemente incompatibles”.


Y en seguida hizo fuertes críticas a la gestión administrativa del abogado santiagués: “En el gobierno de Estrella Ureña se gastaron los dineros del Estado sin control alguno. Las apropiaciones para gastos de la presidencia de la República durante un año, fueron inconsultamente lapidadas durante el primer semestre. Las rentas internas bajaron de una manera escandalosa”.


Prosiguió con un análisis objetivo no característico del poeta: “La República estuvo -y aún muchos lo ignoran al borde del suicidio- debido a la fantochería de un mandatario que más se preocupaba de la POSE, y de gestos estudiados que arrancan fáciles aplausos, -pero insinceros,- de las multitudes inconscientes, que no se preocupan del fondo de las cosas, sino que aplauden frases altisonantes y de relumbrón, casi siempre no sentidas por los falsos apóstoles que la predican”.


Después de hacer esa evaluación de la gestión de Estrella Ureña, entonces, procedió a resaltar las virtudes que a su juicio poseía Trujillo. “El Gral. Trujillo es la antítesis de Estrella Ureña. El primero dice lo que siente, y hace lo que dice. El segundo ni dice lo que siente ni hace lo que dice”. “El Gral. Trujillo se debe a sus propias y arraigadas convicciones. Estrella Ureña gira de acuerdo con influencias provinciales”. “El Gral. Trujillo es enemigo jurado del provincialismo. Estrella Ureña es la bandera del provincialismo. El Gral. Trujillo no habla, y ejecuta. Estrella Ureña, piensa siempre en alta voz. El Gral. Trujillo no va hacia la gloria, la gloria va hacia él. Estrella Ureña quiere alcanzar la gloria por caminos tortuosos”. “El Gral. Trujillo y Estrella Ureña son temperamentalmente antagónicos, aunque el afecto particular más grande lo una”.


Balaguer hizo lo correcto al abandonar a Estrella Ureña y entregarse en cuerpo y alma al régimen de Trujillo. Con esa actitud demostró que estaba consciente del proceso en que se adentraba la sociedad dominicana. Era un intelectual, pero a la vez, un político con los pies sobre la tierra. Su actitud fue coherente con las palabras que pronunciara en el Baluarte de El Conde, para anunciar el triunfo del Movimiento Cívico de 1930: “Las revoluciones no nacen de las universidades, sino que nacen de los cuarteles”.


Aunque utilizó el movimiento estudiantil para incitar a las masas, estaba seguro de que no era desde allí donde se gestarían los cambios sociopolíticos y económicos que requería el país. Quizás, si los jóvenes que dirigieron el movimiento estudiantil después de la muerte de Trujillo hubiesen tenido esas mismas convicciones, es seguro que no hubiese habido tantos baños de sangre y el futuro de la democracia hubiese sido mejor.


Balaguer no abandonó al amigo Estrella Ureña, sino al político, que a su entender, aunque con virtudes excepcionales, no era el hombre que se ajustaba a la coyuntura del momento para dirigir la nación.


Es que, un político en crecimiento, aconseja Izquierdo Navarro “debe adquirir la habilidad necesaria para mantenerse en una línea muy general, de forma que pueda decidirse a apostar por un bando sólo cuando pueda apreciarse claramente que ese bando va a ser el vencedor. Ni antes ni después, sino en el momento en que se decanta la victoria. Porque el instinto y el olfato políticos, que no se pueden enseñar en ningún manual, consisten en saber apostar exactamente por el bando que ganará. Un error en la apuesta política es difícilmente recuperable”

Balaguer tuvo ese olfato, del que careció Rafael Bonelly y otros jóvenes talentosos de la época.