Abogados, Politólogos & Consultores

-Asuntos Jurídicos en General
-Consultorías Políticas
-Diseño de Campañas Electorales
-Estudios de Opinión Pública

Dr. Belarminio Ramírez Morillo
Director General

Calle Pasteur No.102 (2da. Planta)
Esq. Casimiro de Moya, Gazcue,
Distrito Nacional, Rep. Dominicana

Teléfono: (809) 221-3758Email: ramirezmasoc@codetel.net.do
Visita: www.tainodigital.com.do
La enciclopedia del periodismo dominicano


lunes, 7 de febrero de 2011

¿Qué hará Leonel de cara al 2012?

Por Belarminio Ramírez Morillo
Politólogo, abogado, escritor y profesor universitario

Leonel Fernández es un modelo de liderazgo democrático que estimula procesos y enfoca su accionar al fortalecimiento de la institucionalidad del Estado. Es democrático de convicción plena, cree en la democracia como sistema político y forma de vida, y por tanto la pone en práctica en la cotidianidad.

Consciente de la dimensión y alcance de su liderazgo, evita que este opaque a las personas que están a su alrededor. Sabe muy bien que su liderazgo se ha ido convirtiendo en el epicentro de la sociedad, hasta el punto de que no hay dudas de que cuando no tenga en sus manos el mando la nación, su oficina en la Fundación Global Democracia y Desarrollo será una especie de la Máximo Gómez 25 de la Era del presidente Balaguer.

Aunque como liderazgo eficaz disfruta plenamente y se siente a gusto con el desempeño del poder político, está consciente de que la verdadera dimensión de su liderazgo no descansa en la cantidad de senadores, diputados, alcaldes, concejales y dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana de todos los rincones del país que les manifiestan identificación y lealtad a su liderazgo.

La verdadera dimensión del liderazgo de Leonel Fernández y la fuerza de su poderío y perpetuidad histórica radica en que va modelando a la sociedad, y en que cada día que transcurre hay más sincronización entre su persona y su pueblo.

A diferencia de la inmensa mayoría de los líderes que son hechuras de la sociedad y de los patrones y valores de la cultura política vigente, Leonel ha dado pasos firmes y precisos para el tránsito hacia la sociedad del conocimiento, y al mismo tiempo, su liderazgo luce sin contendor en su propia Era.

En la medida en que avanzaba el periodo de gobierno (1996-2000), Leonel Fernández fue tentado y hasta presionado por sectores políticos para que acomodara la marcha del régimen a la conformación de un andamiaje de poder en torno a su persona como vía para protegerse de cara a las eventualidades del porvenir. Esa era la cultura política. Todos los que llegaban a la presidencia de la República, desde el mismo día que asumían el mando de la Nación comenzaban a ser embargados por el temor a perder el poder. Ese temor condicionaba desde la estructuración del gabinete hasta las decisiones de Estado.

La cultura del miedo a lo que pueda suceder después que pasaran a la oposición, era en parte expresión de la ausencia de una cultura democrática. Leonel fue el primer presidente dominicano en el ciclo de la democracia que gobernó en base a una visión sin preocuparse por el desenlace político del porvenir.

Cuando le damos una mirada retrospectiva a la historia y escudriñamos en los pasos que daba Joaquín Balaguer y su entorno antes de traspasar el mando, así como la conducta asumida por los presidentes del Partido Revolucionario Dominicano: Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco e Hipólito Mejía, nos damos cuenta que todos fueron temerosos del futuro, temían por persecuciones y represalias, cuando salieran del capitolio. Por tanto, sus enfoques estuvieron orientados a procurar tomar el control de sus partidos, incidir en la escogencia de los candidatos de sus organizaciones, y en ciertas medidas neutralizar a sus adversarios.

En el 1978 Joaquín Balaguer condicionó la entrega del poder al Partido Revolucionario Dominicano y se quedó con el control del Senado, lo que equivalía al control del Poder Judicial. En el 1982 el presidente Antonio Guzmán procuró que el vicepresidente Jacobo Majluta fuera el candidato presidencial, pero este fue derrotado por Salvador Jorge Blanco.

En el 1986, el presidente Jorge Blanco prefirió el retorno de Joaquín Balaguer antes que contribuir al triunfo del candidato de su partido, licenciado Jacobo Majluta. El gobernante perredeista y sus colaboradores pensaron que lo más favorable para ellos era viabilizar la llegada del anciano Joaquín Balaguer a la presidencia, por que en sus proyecciones, esa alternativa colocaba su retorno al poder al doblar la esquina, y no fue así.

Algunos de los directivos del PRSC pensaron que el apoyo al PLD en el 1996 era algo coyuntural y que cuatro años después los reformistas volverían al poder, y tampoco resultó así.

La gran enseñanza que nos han dejado estos acontecimientos históricos, es que los políticos dominicanos cuando tienen el poder en sus manos utilizan todos los mecanismos que la democracia pone a disposición para preservarlo, o para traspasarlo a una persona que no les represente amenazas. Algunos acertaron, otros se equivocaron.

En el 1996, Joaquín Balaguer incidió para que su sucesor fuera Leonel Fernández y no José Francisco Peña Gómez.

En el 2000, el presidente Leonel Fernández no incidió en el proceso interno de escogencia de la candidatura del PLD, dejó que las bases de la organización escogieran al candidato. Actuó sin ningún tipo de temor. Se sentía bien representado en la persona de cualquiera de sus compañeros, y esto contribuyó, a que todos, a unanimidad lo propusieran como presidente de la organización política poco después de terminar su mandato como Primer Mandatario de la Nación.

A menos de dos años de asumir como presidente del PLD, Leonel Fernández fue escogido prácticamente a unanimidad como candidato presidencial para las elecciones presidenciales del 2004.

Mientras los otros presidentes dominicanos del ciclo de la democracia dedicaron mucho tiempo a preocuparse por su futuro, Leonel Fernández sin recurrir a los amarres tradicionales de los políticos percibió el futuro como un aliado, y por tanto este se tradujo y se seguirá traduciendo en beneficio para su liderazgo.

Nunca antes, ningún otro liderazgo había tenido por delante un proceso que se traduce en futuro halagüeño y promisorio como el que tiene Leonel Fernández Reyna. Leonel no ha maltratado, no ha sacrificado, no ha marginado, no ha aislado, ni ha desconsiderado a los dirigentes de su partido que aspiran a convertirse en su relevo. Asume un comportamiento totalmente distinto al de los caudillos ilustrados que no toleraban de nadie el desafío a sus liderazgos, y que eran despiadados contra cualquier subalterno que expresara ambición de poder y deseo en sustituirles.

Leonel Fernández no ha diseñado ni ejecutado ningún plan para convertirse en el epicentro del PLD y hacer que la organización responda a su voluntad. En la construcción del liderazgo de Leonel Fernández no se ha puesto en práctica ninguna estrategia maquiavélica.

La consagración de Leonel Fernández como líder máximo del PLD y como principal activo de liderazgo con que cuenta la sociedad dominicana ha sido el resultado de un proceso reflexivo en que las personas –peledeistas y no peledeistas- se han convencido de que él es un líder superior, y por tanto, es el pueblo que lo ha escogido como guía.

Leonel no es de aquellos líderes que se comen a sus hijos cuando perciben que estos pueden superarles. Leonel se siente cómodo y feliz gobernando, pero no es un ambicioso de poder. Cuando surja en el PLD un liderazgo con capacidad, talento y legitimidad para sustituirle, percibo que Fernández no será un obstáculo. Pero mientras no emerja el discípulo que supere al maestro, el pueblo dominicano seguirá feliz y orgullosamente siendo guiado por un líder político con cualidades superiores, arquitecto del Estado Social y Democrático de Derecho y de la sociedad del conocimiento.

Leonel es el líder del presente y seguirá siendo el líder del futuro independientemente de que sea o no presidente de la República. Con apenas 57 años de edad no podrá tomar ni licencia ni vacaciones.

Leonel está compelido a seguir cumpliendo con su misión. El escenario está a su favor. Quienes pensaron que lo atajaban poniéndole un obstáculo en la Constitucion de la República se equivocaron, puesto que el PLD y el Bloque Progresista en vez de dispersarse como pensaban y soñaban sus adversarios, cada día que transcurre se aglutinan más en torno a su liderazgo.

¿Qué hará Leonel Fernández de cara al certamen electoral del 2012?

La respuesta es obvia: “Garantizar la continuidad de la armonía, la paz, el progreso, el bienestar y el desarrollo de la sociedad dominicana.”

¿Cuáles partidos garantizan la continuidad de esos propósitos?

El PLD con sus aliados del Bloque Progresista.

¿Cuál líder es la garantía del triunfo del PLD y del Bloque Progresista?

La garantía del triunfo y la continuidad del PLD y sus aliados al frente de los destinos nacionales descansa en el liderazgo de Leonel Fernández Reyna. En caso de que tome la decisión compartida y deseada por la mayoría de la población de presentarse como candidato en el 2012, ganará fácilmente las elecciones.

En caso de que Leonel decida no optar por ninguno de los mecanismos constitucionales para ir por la candidatura presidencial en el 2012, entonces deberá escoger sus sucesores, y estos resultarán electos, ya que serán beneficiarios de la popularidad, la confianza, la credibilidad y la legitimidad de que disfruta su líder.

Dado sus atributos de liderazgo responsable y efectivo, sólo una de esas dos alternativas tomará Leonel de cara al 2012, como garantía de que el PLD y sus aliados continúen en el poder, no por miedo de ninguna naturaleza, porque no tiene nada a que temerle, ni tampoco por temor a ser desplazado, porque la hegemonía de su liderazgo no tiene desafíos.

Lo que no hará Leonel Fernández de cara al 2012

Por: Belarminio Ramírez Morillo
Abogado, politólogo, escritor y profesor universitario

Hay una parte importante de la intelectualidad dominicana que por su identidad partidaria no se ha detenido a escudriñar la real dimensión que tiene el liderazgo de Leonel Fernández en todos los sectores de la sociedad.

A punto de cumplir con tres periodos de gobierno, Leonel sigue siendo el presente y el futuro político dominicano.

Su futuro político no descansa como piensan algunos en la cantidad de legisladores y alcaldes que le siguen, ni tampoco en que jugará un rol importante en la escogencia de los miembros de los órganos constitucionales (Suprema Corte de Justicia, Tribunal Constitucional, Tribunal Superior Electoral y otros).

Su futuro sigue siendo más promisorio que el futuro del resto de los políticos, porque él ha modelado un tipo de sociedad distinta a la sociedad del liderazgo del caudillismo ilustrado.

Con Leonel nace un nuevo ciclo, un nuevo estadio de la historia dominicana. Como Estadista ha definido su propia Era. Una Era en la que como líder está solo, y podría estarlo por mucho tiempo más. Habrá candidatos, podrán venir presidentes, pero no podrán alcanzar su estatura.

En la primera semana de diciembre del 2010, escuché detenidamente un comentario del acucioso comunicador social César Medina en el programa Hoy Mismo de Color Visión.

El comunicador con la agudeza que le caracteriza dijo que cuando Leonel Fernández deje la presidencia de la República y se siente en su oficina en Funglode, desde allí seguirá siendo el centro de equilibrio y gobernabilidad de la Nación, adonde deberán acudir políticos, empresarios, religiosos y todos, en búsqueda de su apoyo.

Esa percepción de César Medina es correcta, pero erró en algo, ya que expresó que si el candidato triunfador en las elecciones del 2012 es un Peledeísta, entonces el nuevo presidente se convertiría automáticamente en el líder de ese partido. Percibo que por ahora, ningún liderazgo emergente en el PLD, aunque detente la presidencia de la República, se podrá colocar a la altura del liderazgo de Leonel Fernández.

El liderazgo de Leonel Fernández trasciende la esfera política. Él es y será por décadas el prototipo del liderazgo de la sociedad del conocimiento. Cuando tome un descanso como gobernante de la Nación, el pueblo estará día a día mirando al sustituto en el espejo de Leonel Fernández. Hará una comparación permanente. Del mismo modo como fue puesto en la balanza con Hipólito Mejía lo será con sus sustitutos en el porvenir.

En virtud de que Leonel es un liderazgo eficaz que mide los éxitos no en base a sus triunfos electorales, sino más bien en base a los aportes que realiza a la sociedad. Estoy seguro de que el gobernante tiene por delante una responsabilidad y un compromiso con su pueblo que no eludirá. Evitará que venga el mal.

En las Asambleas Regionales del PLD ha dicho enfáticamente que el caos y el desorden no volverán a dirigir los destinos nacionales. Eso significa que Leonel en caso de no ser el candidato de cara al 2012, no eludirá su responsabilidad de incidir en la escogencia del relevo coyuntural.

El Peledeísta o la Peledeísta que llegue a la presidencia de la República bajo el amparo y el respaldo del liderazgo de Leonel Fernández, deberá también gobernar bajo sus orientaciones.

Quienes están especulando diciendo que Leonel preferirá el retorno del PRD al poder, para evitar que un compañero o compañera de su partido llegue a la presidencia de la República, y después desafíe y ponga en juego su liderazgo, están totalmente equivocados.

El liderazgo de Leonel Fernández se encuentra en plena fase de crecimiento. El líder del PLD se ha ido rediseñando y reinventando en la medida en que los tiempos cambian y las circunstancias lo exigen.

Se percibe que estamos frente a un liderazgo que se perpetuará por mucho tiempo. Otros compañeros de su partido o aliados podrían llegar a la presidencia de la República bajo su apoyo y amparo, pero ninguno ocupará el lugar que Leonel Fernández tiene ganado en el corazón del pueblo dominicano.

El Constitucionalismo popular en la República Dominicana

Por: Belarminio Ramírez Morillo
Abogado, politólogo, escritor y profesor universitario

La tesis del constitucionalismo popular se fundamenta en que la sagrada misión de interpretación de la Constitución no es materia exclusiva de los jueces de los Tribunales de la República. Inclusive algunos sustentadores de esta teoría han planteado la conveniencia de que la interpretación de la Carta Magna sea sacada de la jurisdicción de los Tribunales, y sea percibida como un derecho natural de cada persona.

El experto en materia constitucional, don Roberto Gargarella argumenta que para el “constitucionalismo popular, muchas de las posturas mantenidas por los miembros más prominentes de nuestra comunidad jurídica -coronadas habitualmente con una encendida defensa de la revisión judicial de las leyes- se basan en una distintiva “sensibilidad anti popular”.

Otro prominente jurisconsulto que se ha pronunciado sobre esta tesis es Robert Unger, quien resumió adecuadamente esta visión, al sostener que el “pequeño y sucio secreto de la jurisprudencia contemporánea” está dado por su “disconformidad con la democracia”… Frente a este elitismo, el “constitucionalismo popular” pretende recuperar y reconocerle su merecida importancia y peso institucional a los valores propios de la “cultura popular”.

Larry Kramer aduce que “quienes gobiernan tienen la obligación de hacer lo mejor para interpretar la Constitución mientras llevan adelante sus tareas de gobierno cotidianas, pero en donde su interpretación no resulta autoritaria, sino que se encuentra sujeta a la directa supervisión y corrección por parte del mismo pueblo, entendido éste como un cuerpo colectivo capaz de actuar y expresarse independientemente”.

La gran verdad es que estamos en un mundo donde el ciudadano se abroga, y en ciertas medidas, ejerce a través de los medios de comunicación el derecho de interpretar la Constitución.

Cuando se comete un hecho de interés público, hay un ciudadano con capacidad crítica y reflexiva que tipifica el hecho de constitucional e inconstitucional. Ese fenómeno que no debe ser ignorado ni por los jueces, ni por los legisladores, ni por ninguna instancia pública con capacidad para producir normas jurídicas y exigir su cumplimiento, es en esencia el constitucionalismo popular.

Quienes ejecutan la labor de constitucionalismo popular con mayor éxito son los comunicadores, a través de los diversos medios de comunicación: televisión, radio y periódicos, entre otros.

En la República Dominicana existen comunicadores acuciosos que en sus reflexiones cotidianas interpretan la Constitución y la vinculan a cada hecho, incidiendo en la formación de la opinión pública, y por ende, en la opinión de los jueces y legisladores.

Estos comunicadores con mucha credibilidad crean corrientes de opinión sobre los hechos, y aunque los jueces hablan por sentencia, al momento de producir los fallos no pueden excluirse totalmente del mundo circundante. Por eso se ha puesto de moda la práctica de dilucidar primero los casos en los medios de comunicación. Los abogados asisten a los medios y esbozan sus criterios como si a través de los medios estuvieran tratando de convencer a los magistrados.

El constitucionalismo popular, en el caso dominicano, emergió con fuerza durante el proceso de discusión de la reforma constitucional del 2010. Hubo temas como el aborto, la reelección, el acceso a las playas, entre otros, sobre los cuales todos los ciudadanos fijaron una posición, aunque no la expresaran a través de los medios de comunicación, porque no es posible que todas las personas tengan acceso a los mismos.

De aquí en adelante, la Constitución está y estará tan presente en la mente y el pensamiento de las personas, que conducirá a que los políticos hagan de la Carta Magna el principal catecismo de formación ideológica y doctrinaria.

El constitucionalismo popular está de moda, y ha llegado al sistema democrático para quedarse. La interpretación constitucional cada día será más atendida por los medios de comunicación. Los expertos en derecho constitucional tendrán mucho protagonismo en el debate en las décadas venideras, y en ciertas medidas se convertirán en comunicadores.

De este proceso emergerá en la República Dominicana un tipo de comunicador con una agenda temática centralizada fundamentalmente en la interpretación constitucional con el objetivo elemental de que los derechos fundamentales se conviertan en derechos posibles y alcanzables. El gran reto que tiene el recién nacido Estado Social y Democrático de Derecho es garantizar esta conquista.

Al ciudadano de hoy les da un bledo que el político, líder social, religioso o profesional se autoproclame como conservador o liberal. Al ciudadano de hoy le da lo mismo que los protagonistas se autocalifiquen como socialcristianos, socialdemócratas, socialistas o liberales. Al ciudadano de hoy, lo único que le interesa es la construcción de un Estado garantista de sus derechos y sus libertades. Pasar del Estado Policía, del Estado Protector del Orden Público al Estado Garantista de los Derechos y las Libertades Fundamentales, es el gran desafío que tenemos en el siglo XXI dominicano. La norma constitucional contiene la conquista, ahora hay que ponerla en práctica.

La principal razón de los triunfos del PLD y de las derrotas del PRD

Por Belarminio Ramírez Morillo
Abogado, politólogo, escritor y profesor universitario

Entiendo de que resulta muy duro para los intelectuales del Partido Revolucionario Dominicano, una organización fundada por una de las mentes más brillantes y productivas del siglo XX Iberoamericano, el profesor Juan Bosch, y capitaneada por tres décadas por el liderazgo rico en ideas y conceptualizaciones del doctor José Francisco Peña Gómez, para ahora, en plena era de la información y la comunicación, en plena sociedad del conocimiento, caer en las manos de dirigentes huérfanos de las ideas, pobres del conocimiento, y debido a que en la política como en la vida, cada persona valora a sus semejantes, han ignorado a los dirigentes perredeistas mejor formados y capacitados.

Cuando veo la promoción que está haciendo el periodista Roberto Cavada, anunciando un reportaje especial en su programa en Tele sistema donde aparece el ex presidente Hipólito Mejía y el presidente de la organización y aspirante a la candidatura presidencial, Miguel Vargas Maldonado, conchando en carros públicos, me da gana de llorar.

Hay que reconocer que Cavada es hábil y certero, sabe cuáles son los atributos, fortalezas y debilidades de cada uno de los líderes, ya que no se le ocurre presentar a estos dos personajes debatiendo sobre el futuro de su partido o sobre uno de los temas de la agenda nacional e internacional que constituyen los desafíos del presente.

El éxito del PLD se ha debido en gran parte a que supieron escoger el relevo de Juan Bosch. El fracaso del PRD se ha debido en gran parte, y se está debiendo fundamentalmente, a que no supieron escoger el relevo de José Francisco Peña Gómez.
En las elecciones de 1994, en que hubo una lucha sin cuartel entre los partidos PRSC y PRD, sucedió un acontecimiento que la cúpula del partido del jacho prendido no pudo ver, y fue que su candidata a la Senaduría en la Capital de la República, una plaza que congregaba en ese entonces a más del 33 por ciento de la población, obtuvo en el nivel congresional la totalidad de los votos de Peña Gómez y fue capaz de atraer a una parte importante de los votos de Balaguer.

O sea que en un momento histórico en que se enfrentaron los caudillos ilustrados Balaguer y Peña Gómez, en una campaña caracterizada por mensajes negativos, llena de pasión y resentimientos, surgió una estrella política, que era sobrina del otro de los caudillos ilustrados, el profesor Juan Bosch, que no estaba afectada por el sesgo ideológico y el volcán de odio que derramó la política durante la Guerra Fría.
En una organización política que se toman las decisiones apelando al análisis y estudio objetivo del mercado electoral, jamás se cometen errores de esa naturaleza.
A través del resultado de las elecciones de 1994 y de 1998, el pueblo dominicano expresó claramente que el relevo de José Francisco Peña Gómez era la doctora Milagros Ortiz Bosch, y en ella debió recaer tanto la candidatura presidencial del PRD en el 2000 como la presidencia de la entidad politica.

Milagros Ortiz Bosch era una reliquia política que poseía el PRD para utilizarla como relevo del liderazgo de Peña Gómez, y como puente frente al nuevo orden político de la post Guerra Fría, donde se estaba produciendo un cambio en la cultura política, y las pasiones y el odio fruto de las luchas políticas ideológicas estaban cediendo para dar entrada a una forma de hacer política sustentada en el diálogo y la concertación.

Dentro de todos los dirigentes del PRD que luchaban por el relevo de Peña Gómez, quien estaba siendo abatido por un cáncer y era evidente su partida en el corto plazo, Milagros Ortiz Bosch era la ficha idónea para recibir la antorcha. Tenía una imagen agradable, experiencia como organizadora y movilizadora de masas, así como capacidad para darle a la política un componente académico y beneficiarse de la era de la comunicación y la información como lo ha venido haciendo Leonel Fernández.
Milagros era la dirigente con mejor prestigio histórico que tenía el PRD. Era una mujer en una coyuntura histórica en que florecían a nivel mundial las ideas sobre la igualdad de género, y en los años 90, inclusive varias mujeres en el mundo llegaron a la presidencia de la República.

La dirección del PLD percibió que Leonel Fernández era el relevo de Bosch. Lo escogieron sin el menor de los escollos como candidato presidencial en 1996 y como presidente del partido en el 2001. La dirección del PRD no tomó la seña, y por tanto se equivocaron en escoger el relevo del líder.

Ese error les ha causado al PRD varias derrotas consecutivas y pudiera significar la debacle definitiva de esa organización política. Las candidaturas que el PRD promueve de cara al certamen electoral del 2012, y a las cuales han tipificado como dueños de la organización, no se acercan al perfil del liderazgo ideal que demanda la sociedad del conocimiento.

Ante su evidente pobreza conceptual, los aspirantes del PRD, han optado por llevar la política a especie de una chercha y simplismo, y esto les hace más difícil que puedan resolver el problema. Mientras tanto, el PLD sin la necesidad de movilizarse y activarse, fundamentalmente debido al hecho de que tiene un líder para estos tiempos, el doctor Leonel Fernández, se ha consumado como principal partido de la Nación.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Leonel: Un liderazgo integro

Por Belarminio Ramírez Morillo
Escritor, politólogo, abogado y profesor universitario

Liderazgo es sinónimo de integridad. Las personas antes de seguir á alguien, ya sea en el aula, en la batalla, en la sala de sesiones, en la oficia, en el deporte, en la familia, primero deben asegurarse de que esta persona es digna de confiar. John MacArthur en su obra Liderazgo (2006, p.4) plantea que las escases y la crisis del liderazgo en el siglo XXI surgen de una pérdida de integridad.

Francisco Roca en su obra De Jefe a Líder –La metamorfosis- (2008, p.143) hace una acotación interesante cuando señala que “los valores en los que se cree son los que proporcionan las pautas y la lógica adecuada en los comportamientos de la gente, en todos los niveles. Tener valores claramente definidos es renunciar al viejo tópico –demasiadas veces utilizado como defensa de una conducta- de que el fin justifica los medios.”

La integridad es, como plantea Albert Jovell en su obra Liderazgo Afectivo (2007, p.117) la sincronía o armonización entre lo que se dice y se hace. O sea que esta no es más que un compromiso con un conjunto de principios y valores que moldean el comportamiento de los líderes. Cada líder tiene su propio código ético. Unos hacen cosas que a otros jamás les pasaría por su mente realizar, porque van en contra de sus principios.

En la política contemporánea de la post guerra fría, los lideres que han gobernando las sociedades que a cada momento se tornan más complejas, han tenido en ciertas medidas que ser elásticos en los principios y valores. Permanentemente deben poner sus decisiones en la balanza de la ética y la política. Aunque hay momentos en que se ven compelidos a ceder y realizar cosas que no son de su agrado, los líderes políticos han de ser personas con un comportamiento éticamente incuestionable.

El concepto de integridad cada momento adquiere más vigencia y trascendencia en la política. Es necesario revestir la política de ética, principios y valores morales, ya que las conductas poco éticas, no solo afecta a la organización de la que se es miembro, sino a toda la sociedad. El buen gobierno, como plantean López Camps y Leal Fernández en su obra Aprender Liderazgo Político (2005, p.121) exige al político mucha sensibilidad ética para actuar correctamente guiado por un marco de referencia que le permita superar adecuadamente el conflicto existente entre la ética de las convicciones y la ética de las responsabilidades. Los líderes deben adecuarse a esta situación, sin más restricciones que las impuestas por la honradez personal.

Kouzes y Posner en su importante obra Credibilidad (1996, p.23) aducen que “los lideres competentes desarrollan la capacidad de sus organizaciones para llevar a la práctica sus valores. Ellos educan, ofrecen alternativas, informan, estimulan la confianza y crean un ambiente de constante aprendizaje. Los líderes creíbles también liberan al conductor que hay en cada uno, seguros de que todos los poderdantes son capaces de asumir la responsabilidad del perfeccionamiento continuo. Los poderdantes no sirven a los líderes; son estos últimos quienes sirven a los poderdantes. Ambos trabajan en pos de un objetivo común.”

Muchos intelectuales y personas prominentes de la sociedad dominicana han tenido miedo de meterse a la política, por no estar en la boca de un grupo voces agoreras que se dedican a cuestionar la moral de los personajes públicos con el objetivo de dañarle su integridad.

Mientras más grande son los políticos, mientras mayor es su legado y su trascendencia histórica, mayor es el número de persecutores y enemigos gratuitos que toman como tarea dañar la imagen de aquellos que se han colocado en el pedestal donde ellos han querido estar, pero que no han podido. El Padre de la Ciencia Política, pensador florentino don Nicolás Maquiavelo, plantea que la inquina es parte de la naturaleza humana, por tanto debe ser aceptada por los hombres públicos como algo natural. En ese mismo contexto se expresa don José Ingenieros en su extraordinaria obra El Hombre Mediocre.

La inquina, el odio, la envidia, el placer y la satisfacción que reciben alguno cuando contribuyen a destruir a los famosos, es un comportamiento objeto de estudio de la psicología humana. Inclusive, en los Estados Unidos de Norteamérica, donde existe una de las democracias modelo del mundo, se percibe que después que tienen sus ídolos montan todo un plan y una estrategia para destruirlos, hasta el extremo de que en esa Nación, las estrellas terminan siendo víctimas de su fama.

En la República Dominicana sobre los hombres de éxito político se lanzan todos los improperios. Los ataques van desde el cuestionamiento a su “hombría” cuando se trata liderazgos masculinos, hasta el cuestionamiento de su moral. Se recurre a todos tipos de inventivas, pero al final, la verdad se impone.

En el caso dominicano los liderazgos políticos son perseguidos de forma despiadada. Mentes perversas se dedican a tiempos completos a tratar de dañar la reputación de los líderes y de sus familiares. Estos perdedores, anónimos de la historia, actúan sin ningún tipo de reparo. Hay una cultura sustentada en la descalificación de los adversarios, en la negación del reconocimiento de los méritos de las personas que han triunfado, y que merecen ser tomadas como paradigmas y modelos, por el simple hecho de que no son de sus simpatías políticas.

La miseria humana no se limita a dañar el liderazgo político, es abarcadora de todos los estratos de la sociedad. Los empresarios que han triunfado, los artistas, los líderes religiosos, todos son perseguidos por personas que se asfixian y se ahogan en la nada, que no pueden levantarse de sus propias cenizas. Parece que al ser humano se les hace más fácil odiar que amar, descalificar que reconocer. Es como si el triunfo de los demás, en vez de transmitirles alegría, le irradia sufrimiento, pero un sufrimiento tan fuerte que si no lo externan se ahogan en su propio veneno.

A pesar de todas las injurias lanzadas, el liderazgo dominicano trascendente del ciclo de la democracia: Joaquín Balaguer, Juan Bosch, José Francisco Pena Gómez y Leonel Fernández Reyna, constituyen ejemplos de integridad, son liderazgos éticos y referentes morales. La integridad, subrayan John Maxwell y Jim Dornan (2008, p.34), “comienza con una decisión consciente y especifica. Si espera un momento crítico antes de resolver sus asuntos respecto a ella, se prepara para fracasar. Decida hoy vivir con un código moral estricto, y determine seguirlo sin importar qué es lo que pase”. A lo interno de la Era de Trujillo había representantes de familias oligárquicas que no aceptaban que Joaquín Balaguer brillara y se colocara por encima de ellos. En contra de los liderazgos de Juan Bosch y Pena Gómez se percibieron comportamientos similares.

Los liderazgos de Balaguer, Bosch y Peña Gómez lograron crecer y repeler todos los dardos envenenados que lanzaron en sus contra. Se consagraron en la grandeza porque fueron superiores que el resto de los contendientes. Considero que el éxito de los caudillos ilustrados se debió en parte a la integridad y la autenticidad de que estaban revestidos. El escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne aportó el siguiente pensamiento: “Ningún hombre puede llevar una cara consigo y otra para la multitud por mucho tiempo, sin que al fin se confunda y no sepa cuál es la verdadera”.

Los líderes reciben tantos ataques, muchas veces con razón y otras veces sin ella, que por muy resistentes que sean son sacados de contexto. En la campaña electoral del 1994, el candidato vicepresidencial del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), licenciado Fernando Álvarez Bogaert quiso cuestionar la moral de Balaguer y de su hermana doña Emma, y el veterano estadista de forma incómoda y enérgica reacciono diciendo: “Si toca esa tecla se hunde.” El candidato presidencial del PRD, doctor José Francisco Peña Gómez en una ocasión cuestionó la moral del caudillo reformista, y este le respondió: “Se hizo pupú fuera del cajón.” El profesor Juan Bosch y el doctor Peña Gómez varias veces se incomodaron con periodistas que se pasaron de las rayas en sus críticas a ellos.

El presidente Leonel Fernández reacciona con mucha más frialdad que como reaccionaban los caudillos ilustrados en este tipo de situaciones. Leonel ha sido tan injuriado y difamado como Balaguer, Bosch y Peña Gómez, pero hasta ahora ha mantenido la cordura, no han podido sacarlo de contexto, y esto lo hace políticamente más poderoso, más temible, puesto que no se deja provocar.

Lo más interesante es que la actitud de Leonel Fernandez hacia ciertos críticos enfermizos nunca ha sido de rechazo. No les guarda rencor. Son tratados por el Primer Mandatario de la Nación como amigos. Al no acumular odios, ni rencores, mantiene su mente potable para cumplir su misión como líder. Francisco Roca (2009, p.116) dice que “si deseas que alguien cambie su actitud hacia ti, cambia primero tú de actitud hacia él, pero sin esperar nada a cambio. Esta es la clave.”

Leonel Fernández logró sobreponerse al resto de sus contendientes políticos tanto a lo interno de su partido como dentro del espectro político nacional, por su integridad y su autenticidad. Leonel es buena gente no con el objetivo de conseguir la amistad y el afecto del prójimo. El presidente Fernández es buena persona, porque esa es su naturaleza, su forma de ser. Su vida política, profesional y familiar procura en primer plano conjugar en lo posible su “yo” público con su “yo” interior.

En varias ocasiones, las circunstancias y la lógica política demandan de decisiones, que aunque muchos la quieren y la desean, él no la toma, porque no la comparte. En ese aspecto, Leonel Fernandez tiene un parecido con Abraham Lincoln, quien en una ocasión dijo: “Cuando deje las riendas del gobierno, quiero que me quede un amigo. Y ese amigo lo llevo dentro de mí”. La integridad y la originalidad de estos líderes son sus mejores amigas, son ellos, a pesar de las circunstancias.

Donald T. Phillips (1992, pp.66-67) en su obra Lincoln on Leadership: Executive Strategies for Tough Times, señala que “es posible que Abraham Lincoln fuera más calumniado, difamado y odiado que ningún otro hombre que haya aspirado al puesto más alto de la nación… En público se le llamó casi cada nombre que la prensa del día pudiera imaginarse, incluyendo mono grotesco, campesino abogado de tercera clase, que antes rompiera rieles y ahora divide a la Unión; bromista vulgar grosero, dictador, simio, bufón, y otros… Como presidente, Lincoln aprendió que, pese a lo que hiciera, habría siempre personas inconformes”.

Con Leonel Fernández en la República Dominicana se ha producido una situación similar a la Lincoln en los Estados Unidos de Norteamérica: Hay un grupo de francotiradores que han tomado como trabajo criticar todo lo que él hace, oponerse a todo lo que el gobernante sugiere, e inclusive, cuando Leonel propone algo que ellos habían sugeridos en el pasado, entonces optan por el silencio, pero jamás reconocen la dimensión y acertada visión de su liderazgo.

El presidente Fernández respeta el parecer de sus críticos, pero en el fondo está consciente de que ellos, por inquina, se opondrán a todo cuanto el haga. Hay de personas que halagos y reconocimientos jamás debe esperar, debido a que ellos sufren sus éxitos, no le perdonan que haya llegado tan alto, a posiciones que consideraban reservadas para los de sus grupos.

A pesar de todos los epítetos y suciedades que lanzan en su contra, y que a veces tratan inclusive de desbordarlas hasta donde su esposa, la Primera Dama, Margarita Cedeño de Fernandez, Leonel como hombre de principios que es, sigue adelante, cosechando el apoyo y calor de su pueblo. Maxwell y Dornan (2008, p.29) en su obra Seamos Personas Influyentes, aducen que “la integridad es su mejor amiga, y también es una de las mejores amigas que jamás tendrán sus amigos. Cuando la gente que lo rodea sabe que es una persona íntegra, percibe que usted desea influir en ella por la oportunidad de añadir valor a sus vidas. No tienen que preocuparse por sus motivaciones”.

Quienes dedicaron sus vidas, movidos por la inquina, el odio y la envidia, a tratar de dañarle la imagen a Balaguer, Bosch y Peña Gómez, terminaron dañándose y enfermándose a sí mismos. Se ahogaron en su propio manantial de odios y rencores, desaprovecharon la oportunidad de dedicar su tiempo a construir su propia gloria y entrar a la historia por sus hazañas, y no por simplemente criticar a los personajes dotados de grandeza. Mientras más despiadadas y perversas eran las criticas, mayor era la confianza y la credibilidad que estos liderazgos cosechaban de su pueblo.

Percibo que hay una generación de personas que algunos califican como “perdedores”, pero que en mi caso las catalogo como victimas afectadas por la dimensión y liderazgos prolongados de los caudillos ilustrados, que ahora buscan sucesores para que continúen con su misión. Ahora no contra Balaguer, Bosch y Pena Gómez, porque ya estos fallecieron, pero si en contra de Leonel Fernández, discípulo aventajado y heredero de los caudillos ilustrados, liderazgo sobre el cual tratan de descargar todas las energías negativas que dirigían a sus predecesores.

Los caudillos ilustrados y Leonel Fernández son liderazgos morales. A su integridad se ha debido en parte su grandeza y perpetuidad histórica. La práctica de servir de modelo, como señalan Kouzes y Posner (2008, p.65) “incluye una clarificación de valores y una capacidad para dar el ejemplo ante los demás. Estas conductas sirven para demostrar la honestidad y la integridad. Confiamos en los lideres cuando vemos que sus palabras coinciden con sus actos.”

Estos cuatro líderes modelo de la historia democrática dominicana, pudieron utilizar su liderazgo y el poder que disfrutaron para acumular fortunas y convertirse en personas económicamente muy ricos, pero no lo hicieron, prefirieron otro tipo de riqueza, que es la riqueza moral y espiritual que les convierte en paradigmas del presente y el futuro.

La nueva ciencia del Derecho Constitucional Dominicano

Por: Belarminio Ramírez Morillo
Tratadista del Derecho Electoral y Constitucional

Hasta hace pocos años, los textos de Derecho Constitucional fueron escritos y la materia constitucional fue impartida por abogados, quienes por lo regular, no le dedicaban mucho tiempo a la investigación. Esa es una de las razones por las cuales a pesar de la importancia que reviste la Ciencia del Derecho Constitucional, durante décadas se utilizaron los mismos textos, e inclusive, los profesores por lo regular se limitaban a transmitirles a los estudiantes los mismos contenidos que ellos asimilaron cuando cursaron la carrera.

La principal ganancia que han tenido los estudiosos del constitucionalismo es que han ganado prestigio en la sociedad política y académica, puesto que en determinadas coyunturas históricas, cuando se coloca sobre el tapete el tema de la reforma a la Constitucion, o cuando se produce una crisis institucional, las opiniones de estos son requeridas por los medios de comunicación.

La especialidad en materia constitucional, hasta ahora ha sido la menos rentable en términos económicos dentro de todas las especialidades del Derecho Público y Privado. Ahí descansan en parte, las razones por las cuales los abogados que se dedican al estudio crítico y profundo de la Ciencia del Derecho Constitucional sean una reducida elite.

La falta de dedicación al estudio de la materia constitucional hizo que la disciplina se achatara, y que los maestros se limitaran a enseñar lo que aprendieron cuando fueron estudiantes. Eso explica el porqué en las universidades dominicanas, a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, todavía algunos catedráticos estuvieran utilizando como texto en Derecho Constitucional I, el libro Derecho Constitucional e Instituciones Políticas de la autoría del profesor Maurice Duverger, publicado en Francia a principios del siglo XX. Esto demuestra lo poco que la disciplina avanzó en el contexto crítico, imaginativo y reflexivo.

Mientras que en la asignatura Derecho Constitucional II –que trata lo relativo al Derecho Constitucional Dominicano-, todavía hay profesores que utilizan como texto básico el libro: Notas de Derecho Constitucional, de la autoría del jurista Manuel Amiama, publicado en los años 50 del siglo XX, en pleno imperio de la dictadura de Trujillo.

Díganme ustedes: ¿A caso tiene el algún parecido el Estado Dominicano de hoy con el Estado vigente durante la Era de la Tiranía Trujillista?

¿Acaso tiene alguna similitud la forma de gobierno y el sistema político vigente, con la forma de gobierno y el sistema político imperante durante la Tiranía Trujillista?

Considero que el Estado Social y Democrático de Derecho vigente dista mucho del Estado policía garante del orden público que imperó durante la Tiranía Trujillista y décadas siguientes.

Por tanto, el contenido temático de las asignaturas del Derecho Constitucional que se impartían en las aulas universitarias en esa época de nuestra historia afortunadamente ya superada, no debe ser, bajo ninguna circunstancia, el mismo contenido del Derecho Constitucional que se enseñe en los actuales momentos.

A partir del 26 de enero del 2010, fecha en que entró en vigencia la Carta Magna que postula a la República Dominicana como un Estado Social y Democrático de Derecho, la enseñanza de la ciencia del Derecho Constitucional deberá ser objeto de un cambio profundo, ya que el contenido temático de la misma deberá tener sintonía con la nueva Constitucion, con el Derecho Constitucional Comparado y con El Derecho Internacional Humanitario.

La reforma constitucional del 2010 dividió a la historia del constitucionalismo dominicano en un antes y un después. La Ley Sustantiva que el constituyente legó al pueblo dominicano el 26 de enero del 2010, día del natalicio del Padre de la Patria, don Juan Pablo Duarte, fue el producto de un proceso reformador llevado a cabo de manera reflexiva, fríamente evaluado y pensado, en el que la ciudadanía tuvo una participación tan genuina y espectacular, que hicieron de ese proceso reformador, un momento constituyente sin precedentes en la historia dominicana.

Por primera vez, el liderazgo político dominicano, dando muestra de una madurez y de un compromiso con la democracia sin precedentes, fue capaz de concertar con todos los sectores la sociedad, un proyecto de Constitucion que implica un profundo rediseño del Estado, en procura de fortalecer su institucionalidad, mejorar su eficiencia y crear las bases institucionales para caminar en la construcción de una República Dominicana donde existan oportunidades y condiciones materiales más justas para el desarrollo, progreso y bienestar de sus hijos.

Las nuevas instituciones creadas en la reforma constitucional del 2010, entre ellas El Tribunal de Garantías Constitucionales, les darán un significativo empuje a la Ciencia del Derecho Constitucional. Inclusive, algunas universidades ya están impartiendo Maestrías en Derecho Constitucional y Electoral.

El abogado constitucionalista, a partir de ahora, tendrá la oportunidad de hacer un ejercicio que no se limitará a la labor docente. La creación del Tribunal Constitucional y su puesta en operación requerirá de abogados diestros y formados en los pormenores del procedimiento constitucional.

Liberalismo versus conservadurismo en el constitucionalismo dominicano

Por: Belarminio Ramírez Morillo
Tratadista del Derecho Electoral y Constitucional

En América Latina durante el proceso de luchas por la independencia y definición de los nacientes Estados, el liberalismo se vio claramente confrontado con las tendencias conservadoras de la época que pretendían seguir bajo el protectorado de las grandes potencias. En el caso dominicano, esa lucha se mantuvo durante la Primera República.

Roberto Gargarella señala que “las constituciones liberales aparecidas en dicha época pueden verse como una reacción frente a dos alternativas más bien opuestas acerca de cómo organizar la vida institucional de la comunidad. Por un lado, una concepción constitucional perfeccionista o conservadora, y, por otro, una concepción colectivista o radical”.

En la elaboración de la Constitución de 1844 hubo una lucha entre las dos corrientes políticas existentes en el momento: Liberales y Conservadores. En ciertas medidas, el texto representó una transacción entre las ideas liberales del grupo patriota orientado por Juan Pablo Duarte y la de sus antagonistas el grupo conservador que escogió como guía al general Pedro Santana.

Wenceslao Vega precisa que la Comisión de redacción, al rendir su informe al pleno de la Constituyente el 22 de octubre de 1844, optó por recomendar una posición ecléctica, entre idealismo y realismo.

En ese mismo contexto, acierta Leonel Fernández cuando aduce que “el Patricio había concebido un proyecto de Constitución, el cual representaba un aval contra la arbitrariedad, el abuso, el atropello y el despotismo en el ejercicio del poder.”

Aunque la Constitucion de 1844 era una, en el parecer de los actores del momento, habían dos modelos constitucionales o constituciones imaginarias distintas: Unos creían y estaban apegados a principios liberales, como eran Los Trinitarios, y otros, veían en el liberalismo una amenaza, “un fantasma peligroso” y estaban aferrados al conservadurismo. El texto aprobado el 6 de noviembre de 1844 se inscribía tanto dentro de los principios liberales como conservadores. Mientras el articulo 1 decía que “Los Dominicanos se constituyen en nación libre independiente y soberana, bajo un gobierno esencialmente civil, republicano, popular, representativo, electivo y responsable”. Es bien sabido en los anales de la historia que se produjo un tranque después de elaborado el texto constitucional, y para que el mismo fuera aprobado por la Asamblea Constituyente, primero hubo que agregar el artículo 210 que legalizaba la dictadura de Pedro Santana, y contradecía todo lo señalado anteriormente.

Los defensores del modelo constitucional conservador, tanto en República Dominicana, como en el resto del Continente, proponían una severa concentración del poder (Ejecutivos dotados de poderes extraordinarios, irresponsabilidad política de los funcionarios del Ejecutivo incluyendo al Presidente de la República, Congresos muy débiles, sistemas de organización territorial centralizados y apego a la religión católica, entre otros), al mismo tiempo que subordinan toda la estructura de los derechos fundamentales a la preservación de aquellos valores.

El liberalismo propugnó por un modelo constitucional contrapuesto al conservadurismo, planteando la necesidad de separación real de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial –para evitar la dictadura-, la descentralización del poder, el respeto a las libertades públicas y derechos individuales, entre otros.

Relata el historiador don José Gabriel García que después de ser elegido Presidente de la República por el Congreso Nacional, el general Pedro Santana amenazó con renunciar si no se le conferían poderes que legalizaran el régimen autoritario que pretendía instaurar. Aduce el Padre de la Historia Dominicana que el artículo 210 “equivalía a destruir todos los principios proclamados para crear una dictadura irresponsable, debilidad que pagaron muy caro muchos de los que la aconsejaron, y que ha dejado la útil enseñanza de que los pueblos no deben sacrificar nunca su soberanía ante el poderío de un hombre, pues que por grande que este sea, siempre es inferior a las instituciones, que son los únicas a que debe rendirse fervoroso culto.”

Es bueno aclarar que la incorporación del artículo 210 a la Carta Magna no fue una elección de los asambleístas, fue una imposición, y de estos no acatar la petición, el desenlace hubiera sido funesto tanto para los miembros de la Asamblea Constituyente como para la naciente República.

Precisa el historiador Frank Moya Pons, que “Santana había enviado a San Cristóbal, que era el lugar donde seguía reunida la Asamblea Constituyente, un batallón de soldados que rodeo’ amenazadoramente la casa donde los diputados estaban deliberando y les hizo saber la conveniencia de acatar los deseos de su jefe.”
Ese artículo –el 210-, como plantea Juan Manuel Pellerano Gómez, no es una simple compensación al general Pedro Santana por sus exigencias de que la República fuera dirigida por un militar. “Es el trasplante del poder absoluto del Rey español al nuevo jefe de Estado, el Presidente de la República. Esto es así, no sólo porque era la única forma del ejercicio del gobierno hasta entonces conocida, sino, además porque los principios filosóficos que otorgan la soberanía del Poder a la nación eran desconocidos por los dominicanos, ya que no pasaron de ser una mera conceptualización de ideas foráneas”.

Otro aspecto que requiere de un análisis, es que por un lado la constitución no consagraba la reelección presidencial, y por otro lado establecía que el ciudadano escogido como presidente de la república podía juramentarse por dos períodos consecutivos, como en efecto lo hizo el general Pedro Santana.

Veamos lo que dice el Artículo 210 de la Constitución de San Cristóbal: “Durante la guerra actual y mientras no esté firmada la paz, el Presidente de la República puede libremente organizar el ejército y armada, movilizar las guardias nacionales, y tomar todas las medidas que crea oportunas para la defensa y seguridad de la Nación; pudiendo en consecuencia, dar todas las ordenes, providencias y decretos que convenga, sin estar sujeto a responsabilidad alguna”.

Basta con darle una lectura a los 211 artículos de nuestra primera Carta Magna para darnos cuentas que la República Dominicana nació amparada en una ficción jurídica.
Lograr la coherencia entre la normativa constitucional y el funcionamiento real del Estado, todavía es una tarea pendiente en la República Dominicana a 165 años de su fundación. Ese será el objetivo fundamental del Tribunal Constitucional que deberá instalarse en cumplimiento con la Constitucion del 26 de enero del 2010.

La conducta del general Pedro Santana tiene sus defensores en los anales de la historia dominicana. Figuras del fuste de Manuel Arturo Peña Batlle son del parecer de que actuó en ese contexto para evitar que el Estado Nacional deviniera en un natimuerto frente al empuje de la violencia y la anarquía. El autor de la Isla de la Tortuga adujo que “la primera Constitución dominicana, si bien puede ser calificada como un monumento de sabiduría, previsión y técnica democrática, fue preciso intercalar en el texto de aquella Carta el artículo 210, destinado a mantener la dictadura como único medio posible de contener el espíritu de expansión de los haitianos.”

El reputado jurisconsulto define el artículo 210 como “expresión y fórmula de un reaccionarismo tan útil entonces a la salud de la patria como la amplia corriente de sentimientos liberales que se desbordó por los cauces de nuestra primera Constitución.”

El magistrado Julio Ibarra Ríos describe la lucha por el control del poder político en el escenario de 1844 aduciendo que “los redactores de la Constitución de 1844 realizaron una encomiable labor a favor del país, pero quien gobernaba era el hatero de El Seibo, Pedro Santana, hombre de ideas primitivas y quien se consideraba alguien igual a los gobernadores españoles que tuvo Santo Domingo, por lo cual el único freno que tenía en sus aspiraciones era su propia voluntad.”

La rebelión del general Pedro Santana en contra del Congreso Constituyente no fue una simple rebeldía como relatan algunos historiadores. La incorporación del artículo 210 legalizó el autoritarismo. Cambió el enfoque de gobierno civil y democrático que le había dado al texto la comisión encargada de su redacción, por el de un gobierno militar y autoritario. Lo que significa que las luchas entre conservadores y liberales surgieron con el nacimiento mismo de la República.

Es necesario acotar, que ante el estado de guerra que vivió el país durante la Primera República, la vigencia de la Constitución fue restringida. En ciertas medidas, en esa realidad encuentra justificación la visión del general Pedro Santana, de que lo procedía era un gobierno militar.

En 1844 los conservadores tomaron las riendas en la organización política del Estado Dominicano. El historiador Franklin Franco subraya que “los conservadores reaccionarios colonialistas sin fe en el destino del país, dominaron la escena política desde la fundación de la República, registrándose durante el siglo XIX sólo dos grandes instantes en que vieron amenazada la continuidad de su mandato. El primer instante fue entre 1957 y 1958 con el intento de instaurar una Constitución de corte liberal, conocida en la historia como la Constitución de Moca; y el segundo instante fue durante la Guerra de la Restauración, un documento publicado el 10 de enero de 1864, bajo el título de “Principios Políticos de la Restauración.”

En el debate de reforma constitucional que culminó con la Carta Magna del 26 de enero del 2010, hubo sectores interesados en presentar la discusión como una lucha entre conservadores y liberales, pero estos fracasaron en su intento, debido a que la sociedad en que vivimos no se ajusta a este tipo de encasillamientos.

Estudiar la historia y analizar los procesos socioculturales, políticos y económicos apelando a luchas de clases o encasillamientos tipológicos izquierda-derecha y conservador-liberal, es un método de estudio no aconsejable en los actuales momentos.

El debate que culminó con la Constitucion del 2010 no debe ser encasillado como una batalla entre conservadurismo y liberalismo, debido a que el principal protagonista la reforma, el doctor Leonel Fernández Reyna, es un líder cohesionador de la sociedad, y por tanto a su estilo de liderazgo no se aplican las tipologías izquierda-derecha y conservador-liberal. Leonel es un líder del centro que promueve el pluralismo y la sociedad del conocimiento.

Por tanto, el gobernante se aseguró de que el Proyecto de Reforma Constitucional que depositara en el Congreso Nacional fuera una expresión de la voluntad de los diversos sectores de la vida nacional. Para tales fines, creó una Comisión de Juristas que recibió la encomienda de consultar a todos los sectores nacionales.
Algunos intelectuales, comunicadores y políticos que no se han percatado de que el mundo cambió, pretendieron utilizar el proceso de debates sobre la reforma constitucional para retrotraernos al pasado. Estamos viviendo en la era de la globalización y en la sociedad del conocimiento, y ellos mentalmente se quedaron estacionados en el debate sobre las luchas ideológicas de la época de la Guerra Fría. Por tanto, actuando erróneamente o quizás movidos por una animadversión en contra del liderazgo político y del sistema de partidos, han cometido el absurdo de pretender colocar la Constitucion del 2010 en la balanza entre el conservadurismo y el liberalismo.

La identidad hoy es temática, no ideológica. Esto significa que un líder puede ser conservador sobre un tema en particular, y liberal sobre otro tema. Por tanto, la Constitucion del 2010 no es ni conservadora ni liberal. Es sencillamente, el producto de un pacto político con dimensión social. La Carta Magna que rige al Estado Dominicano es un traje a la medida de la sociedad.

Bibliografía consultada:

Gargarella, Roberto: Historia Constitucional; en “Derecho Constitucional”. Buenos Aires, Argentina, 2004, Editorial Universidad.

Vega B., Wenceslao: Historia del Derecho Dominicano. Santo Domingo, R.D., Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), 1986.

Fernández Reyna, Leonel: Discurso en la Asamblea Nacional de proclamación de la Constitución, Santo Domingo, República Dominicana, 26 de enero del 2010.

García, José Gabriel: Historia de Santo Domingo, Tomo II, 5ta. Edición, 1982, Central de Libros.

Moya Pons, Frank: Manual de Historia Dominicana. Santo Domingo, R.D., 1995, Caribbean Publishers, 10ma. Edición.

Pellerano Gómez, Juan Manuel: Constitución y Política.

Peña Batlle, Manuel A.: Carta a Mañach, Obras, Tom. 1.

Peña Batlle, Manuel A.: Cien años de Constitucionalismo Dominicano.

Ibarra Ríos, Julio: La Constitución de la República Dominicana comentada por los Jueces del Poder Judicial.

Franco, Franklin J.: Historia de las Ideas Políticas en la República Dominicana, Editora Amigo del Hogar, pp. 53-55.