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Dr. Belarminio Ramírez Morillo
Director General

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La enciclopedia del periodismo dominicano


martes, 20 de diciembre de 2005

El legado de Rubén Darío

A los catorce años comenzó a publicar poemas y versos en periódicos de la época. La poesía era parte de su vida cotidiana.


Rubén Darío fue un periodista y poeta de trascendencia universal. Es el gran renovador de la poesía en la lengua española. Su verdadero nombre es Félix Rubén García Sarmiento. Nació el 18 de enero de 1867 en la aldea de Metapa, departamento de Nueva Segovia, en la República de Nicaragua.


Estudió en una escuela pública y a temprana edad entró en contacto con los clásicos castellanos –Cervantes y Quevedo-, lecturas que mezcló con obras de otras literaturJustificar a ambos ladosas, tales como: Las mil y una noches, La Biblia, los Oficios de Cicerón y la Corina de Madame Stael.


Rubén Darío tenía un carácter imaginativo y tuvo el privilegio de crecer en El Managua, un lugar maravilloso, con un lago encantado lleno de islas floridas con pájaros de colores, y sobre todo, el cono imponente del volcán Motobomba. A ese ambiente esplendoroso de la naturaleza que consagra lo diminuto del hombre ante el ser creador, se debió la impronta de su creación literaria.


De la escuela primaria pasó al colegio de los jesuitas, y de inmediato orientó su poesía hacia lo religioso, hasta tal punto que sus décimas, epitafios y coplas volanderas estaban presentes en todos los actos litúrgicos y festivales religiosos. A temprana edad adquirió fama, se le conocía como el poeta-niño.


A los catorce años comenzó a publicar poemas y versos en periódicos de la época. La poesía era parte de su vida cotidiana. Escribía a sus enamoradas.


El pequeño pueblo en que vivía no llenaba sus expectativas, sueños y ambiciones. Se dirigió a Managua la capital de Nicaragua, donde un grupo de diputados solicitaron para el una beca que le permitiera seguir sus estudios en Europa. El apoyo oficial no fue posible debido a que el joven se había mostrado en sus escritos revolucionario, anticatólico e ideológicamente incendiario.


Consiguió un empleo en la Biblioteca Nacional de Managua, lugar perfecto para un adolescente con su espíritu imaginativo. Amplió su cultura. Leyó con avidez a Góngora y a Berceo; frecuentó las páginas de la mitología, y desde su perspectiva americana descubrió el romanticismo, el parnasianismo y la escuela romana de Moreas.


Con a penas quince años de edad se hizo amigo de literatos, historiadores, pedagogos y periodistas. Asistía a tertulias literarias y escribía versos para álbumes. Conoció a Elena, una jovenzuela de ojos verdes y tez canela, de la que se enamoró con su apasionamiento característico.


Cuando hizo público su deseo de casarse con Elena sus amigos consideraron la decisión como una locura, y para evitar el matrimonio reunieron fondos y lo enviaron a El Salvador.


La estrella de Rubén Darío estaba brillando tan alto que en El Salvador fue recibido por el presidente Zaldivar, quien más tarde le encargó la tarea de escribir y recitar una oda para celebrar el centenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar. Fue su primer contacto con el público salvadoreño y obtuvo un éxito esplendoroso.


Regresó a Nicaragua, volvió con sus amigos de antes y reanudó sus amoríos con Elena, a quien bautizó en un poema como “La Garza Morena”. Fue nombrado secretario del Presidente Zabala. En esos tiempos –1885- publicó su libro Primeras Notas, y que es una incipiente de la revolución poética que se gesta en su inquieta inteligencia.


En 1886 se marchó a Valparaíso de Chile. A pocos días de estar en esa ciudad publicó un artículo sobre la muerte del escritor y político chileno Benjamín Vicuña Mackenna, que le abrió las puertas de la prensa chilena.


Comenzó a trabajar en el periódico El Mercurio, y luego se trasladó a Santiago, la capital de Chile.


Era famoso. Allí le esperaba el director del prestigioso periódico La Época, y en ese encuentro Rubén Darío recibe la más grande humillación de su vida.


En una estación le esperaba el petulante director del periódico, quien le había reservado habitación en un elegante hotel, con la impresión de que se trataba de un aparente señorío.


Cuando vio a Darío, el director lo miró desdeñosamente. El propio Darío describe el encuentro del modo siguiente: “En aquella mirada abarcaba mi pobre cuerpo de muchacho flaco, mi cabellera larga, unos pantalones estrechos que yo creía elegantísimos, mis problemáticos zapatos y sobre todo mi valija, una valija indescriptible…”


El director le dijo: “Tengo mucho placer en conocerle. Le había hecho preparar una habitación en un hotel de que le hable a su amigo Poirier. No le conviene” “Nunca como en aquella hora –escribió amargamente Darío- sentí la humillación del favor indispensable, de la incomprensión adinerada.”


Estuvo también en España, Argentina, Cuba, Francia y Estados Unidos. En Nueva York conoció a José Martí, con quien estableció una estrecha amistad.


En todos estos países dejo huellas imborrables. Era un poeta de alto vuelo. Era codiciado por los más prestigiosos periódicos. Su talento, su humildad, su sencillez, su creatividad, su estilo era único en la poesía de su tiempo.


Rubén Darío es el inspirador del Modernismo, movimiento poético que nació en Buenos Aires e influyó en todos los ámbitos hispanoamericanos. Es la primera manifestación apreciable universalmente de la existencia del espíritu, donde los hombres de todas las latitudes se encuentran y se funden para hacer posible esa concreción heterogénea que es el alma de la raza hispanoamericana.


Rubén Darío es una de las grandes voces de América y su influencia en la poesía española ha sido relevante. Su obra se caracteriza por la renovación del lenguaje poético y de la métrica, por las innovaciones temáticas, el esteticismo y el exotismo.


Dentro de sus obras se encuentran: Azul; Primeras Notas; Los Raros; Prosas Profanas; España Contemporánea; Cantos de vida y esperanza; Canto errante; Canto a la Argentina; Todo al vuelo; El oro de Mallorca, entre otras.

Falleció en Nicaragua, el 6 de febrero de 1916. Minutos después de que su amigo el doctor Debayle le hiciera una operación de hígado que no dio buenos resultados. Se declaró luto nacional, y diez días después su cadáver fue inhumado en la catedral de León.

martes, 13 de diciembre de 2005

Balaguer fue un visionario en medio de la tempestad

Todavía es una tarea pendiente la realización de estudios profundos, con carácter crítico y analítico, sobre los tres principales personajes de la historia de la democracia dominicana: Balaguer, Bosch y Peña Gómez.


(“El hombre no es hijo de las circunstancias. Las circunstancias son hijas de los hombres”. Benjamín Disraeli.)


Invito a la intelectualidad del país, a que demos una mirada retrospectiva al pasado político, y obtengamos los conocimientos necesarios para entender, evaluar y valorar de una forma justa, el rol desempeñado por los líderes forjadores del sistema democrático dominicano.


Me he puesto como tarea, estudiar la vida y obra de los personajes que han hecho los mayores aportes al desarrollo de la sociedad dominicana. Y en esas indagatorias me he dado cuenta que la historia escrita de nuestros principales acontecimientos debe ser revisada.


Todavía es una tarea pendiente la realización de estudios profundos, con carácter crítico y analítico, sobre los tres principales personajes de la historia de la democracia dominicana: Balaguer, Bosch y Peña Gómez.


Juan Bosch y Peña Gómez han sido estudiados en una dimensión más profunda que el doctor Joaquín Balaguer. De Balaguer se dicen muchas cosas buenas y muchas cosas malas, pero desgraciadamente desde su partido no se ha mostrado ningún interés en contribuir en que al líder reformista se le conozca en una dimensión distinta a la imagen despiadada y desconsiderada que con éxitos están forjando sus adversarios.


La carrera política de Balaguer, como la de todo político, estuvo preñada de aciertos y fracasos. Una de las épocas más difíciles para Balaguer, fue el exilio político. Una parte considerable de los grandes líderes de la historia moderna y contemporánea vivieron situaciones similares. Hombres del fuste de Abraham Lincoln, Winston Churchill y Charles de Gaulle, enfrentaron inicialmente el fracaso y la derrota, pero se mantuvieron fieles a sus principios y más tarde alcanzaron la cima del poder.


A hombres de esa estirpe, el exilio en vez de afectarles, mejor les ayudó al incremento de su acervo político. La soledad contribuyó a que se incrementaran sus habilidades de reflexión y meditación.


Con Joaquín Balaguer se produjo un comportamiento similar. Desde su exilio político en los Estados Unidos de Norteamérica, acertó en sus vaticinios con increíble perspicacia, sobre el devenir de la sociedad dominicana.


A pesar de haber pasado varios años en tierra extranjera, un tiempo en el desempeño del servicio diplomático y consular, y otro en calidad de exiliado político, Balaguer era el personaje que mejor conocía a la sociedad dominicana, la forma de vida de sus habitantes, su estilo de pensar, su espíritu cristiano, en fin, conocía profundamente la idiosincrasia y los valores que les servían de sostén a la nación. Factores cuyo conocimiento es de vital importancia para llegar al poder y conducir con aciertos las riendas de una sociedad.


El otrora cortesano de la Era de Trujillo, sabía muy bien, que en ese entonces, con una buena dirección el país podía cambiar de curso, puesto que la sociedad estaba doblada, pero no quebrada, y los dominicanos tenían la fortaleza de espíritu que necesitaban para recobrarse. De hecho, lo que faltaba era una dirección, que de haber existido en 1963, no se hubiera producido la insurrección de abril de 1965.


La agudeza política con que se manejó Balaguer en los diversos estadios de la historia en que actuó, fue de tal magnitud que Manuel A. García Arévalo, lo catalogó como posiblemente el único intelectual de su generación que exhibió siempre una coherencia sin fisuras, es decir sin cambios significativos que alterasen sus concepciones primigenias sobre el país ni los temas literarios, políticos y sociales que abordó desde su juventud.


Aduce este prestigioso intelectual, que si hay un rasgo que caracteriza al Balaguer-escritor es su uniformidad a través del tiempo, como si hubiera tenido, desde los mismos inicios de su trayectoria literaria, un claro perfil ideológico y conceptual que supo ir adecuando a las circunstancias y vaivenes de la nación, pero que se mantenía inalterable pese a las mutaciones del tiempo.


Siete días antes del derrocamiento de Bosch, en un artículo publicado en El Caribe, titulado Dios y Patria, Balaguer hizo una radiografía de la crisis que sacudía a la sociedad dominicana, debido a los efectos del régimen populista instaurado por el PRD, apoyado en una Constitución de corte revolucionaria que atentaba directamente contra las estructuras sustantivas de la sociedad dominicana.


Balaguer sabía que se despejaba el camino para su retorno al poder, puesto que un hombre del temperamento de Bosch, quien había pasado los últimos veinticinco años de la tiranía en el exilio, no sabría conciliar los intereses en conflicto. Si actuaba de forma pasiva engendraría el desorden y la confusión; el excesivo rigor, en cambio, produciría perturbaciones funestas para el régimen.


A juicio del expresidente de Venezuela, don Rafael Caldera, “Bosch no quiso entenderse con la realidad. Siguió siendo una figura respetable e influyente pero definitivamente se llegó a la conclusión de que no estaba hecho para el gobierno que requería el país”.


Con sus reflexiones desde el exilio, Balaguer continuó siendo el principal orientador del pueblo dominicano. Sabía que, -tal y como señaló Mariano José de Larra-, “el corazón del hombre necesita creer en algo, y cree en las mentiras cuando no encuentra verdades en las que creer”. Con su pluma, Balaguer demostró que era el dominicano mejor conocedor de la crisis que sacudía a la República.


Cuarenta y cinco días después de la caída del Gobierno de Bosch, en un artículo publicado en el periódico El Caribe, titulado La voz de las urnas, Balaguer hizo una radiografía de la crisis nacional, enfocada con una objetividad tal como si fuera espectador de los hechos. En ese análisis dejó claramente establecido que él era el único de los políticos dominicanos que estaba en capacidad para tomar las riendas de la nación y encauzar el país por el sendero del orden y el progreso.


En ese artículo antológico, Balaguer dijo: “Existe una realidad que no puede desconocerse ni subestimarse sin graves riesgos para el futuro inmediato de la República Dominicana: la de que nadie puede gobernar actualmente el país si no ejerce una autoridad libremente emanada de la voluntad popular.”


Con sus actuaciones a posteriori de la muerte de Trujillo, Balaguer no sólo sirvió a los más necesitados, sino también, despertó esperanzas e ilusiones en la inmensa mayoría de la población de que era posible construir una sociedad más próspera y justa sin recurrir a la violencia.


Balaguer supo convertirse en indispensable, y sabía que pronto los sectores de poder de la nación iban a recurrir a él para pedirle que volviera a hacerse cargo de las riendas del Estado. Dijo Baltasar Gracián que “no fabrica dioses quien talla imágenes, sino quien las adora. El hombre inteligente prefiere gente que lo necesite a gente que le dé las gracias.”


Balaguer no vaciló en anunciar por adelantado el fracaso de los futuros gobiernos de facto y en enfocar la necesidad de realizar elecciones libres. Dijo: “Para contener la ola de desórdenes que cubre de un extremo a otro la nación, para oponer un valladar suficientemente sólido al instinto levantisco de las masas que se halla actualmente desbocado, para encauzar el país por la vía de la normalidad y del progreso y para dar solución adecuada al problema de nuestra rehabilitación económica, se requiere una mano no sólo firme, no sólo ilustrada, no sólo honesta, no sólo ecuánime y no sólo movida por un amplio espíritu de abnegación y de sacrificio, sino también investida de la autoridad moral que emana del poder cuando el poder tiene el sello de la legalidad que es lo único que lo dignifica y lo único que lo fortalece.”


Continuó diciendo: “El poder es necesariamente débil y digno de repulsa cuando se trata de un poder usurpado. La fuerza bruta aniquila pero no convence; se acata pero no se respeta. Por más grande que sea la capacidad de los representantes de la oligarquía en el Triunvirato, su ejercicio inconstitucional, si se prolonga más allá de lo necesario, hará en lo sucesivo imposible todo esfuerzo fructífero para la pacificación moral del país y para su reincorporación a la convivencia civilizada”.


Sus escritos eran una reflexión objetiva sobre el futuro de la nación. Como argumenta Dick Morris, “el liderazgo es una tensión dinámica entre dónde piensa un político que debe ir su país y dónde quieren ir sus votantes.” Balaguer utilizó las páginas del prestigioso matutino El Caribe para hacer propaganda política, manteniendo su línea de orientación a sus seguidores que cada momento aumentaban, y a los sectores de poder que empezaban a preocuparse ante la creciente amenaza de que el país cayera en un estado de ingobernabilidad que pusiera en juego sus intereses.


Balaguer tenía fe en el futuro de la República Dominicana, y por lo tanto, se estaba ofertando para venir a poner en orden la casa. Pero lo más interesante es que el discurso de Balaguer no se reduce a una simple retórica demagógica por conseguir votos. El veterano político buscaba adeptos utilizando el recurso del convencimiento, y no el de la persuasión pura y simple a que se limita la propaganda política de los momentos actuales.


Balaguer era el hombre de Estado que el país requería, pero al mismo tiempo, era el intelectual con la acertada visión de futuro. Esta última cualidad le permitió con gran facilidad meterse a los contrincantes en un bolsillo.


Balaguer estaba consciente de que los sectores oligárquicos no podían aportar el político que requería el momento para enfrentar con éxitos la crisis que padecía la sociedad dominicana. El siguiente párrafo de uno de los artículos escritos mientras estaba en el exilio, es una prueba reveladora de su visión política.


“Es lógico que si el país se pronunció en diciembre contra la minoría oligárquica que hoy detenta el poder, con mayor razón se pronunciará contra ella cuando esa minoría se presente de nuevo ante las urnas con estas dos credenciales, la de su prestigio reducido a cero por la propia mecánica del poder que desgasta a sus detentores, y la de la desventaja moral en que la coloca el hecho de haber desconocido y pisoteado la voluntad de las mayorías nacionales. El país, por otra parte, no puede resistir, sin grave daño para su economía, la tremenda agitación a que sería sometido por tres elecciones sucesivas”.


El exilio fue favorable para la carrera política de Balaguer, debido a que en parte contribuyó a se incrementara su amor por la patria. Y como escribió Giovanni Mosca: “A la patria se le ama siempre más desde lejos”.


José Ortega y Gasset dijo que “para contemplar son precisas frialdad y distancia entre nosotros y el objeto. El que quiera contemplar un torrente lo primero que debe hacer es no ser arrastrado por él.”


La salida de Balaguer al exilio fue un acontecimiento beneficioso para su carrera política, debido a que el genio creador necesita temporalmente ese aislamiento forzado para medir desde la profundidad de la desesperación, desde la lejanía del destierro, el horizonte y la altura de su verdadera misión.


Es que como señaló Stefan Zweig, “en el terreno bajo y más firme de la política, una ausencia temporal da al hombre de Estado nueva lozanía en la mirada y mayor intensidad para pensar y calcular el juego de las fuerzas políticas. Nada más propicio para una carrera que su interrupción temporal, pues el que ve en el mundo siempre desde arriba, desde la nube imperial, desde la altura de la torre de marfil del poder, no conoce otra cosa que la sonrisa de los subordinados y su peligrosa complacencia; el que siempre sostiene en las manos la medida, olvida su verdadero valor”.


Continúa diciendo el biógrafo de Fouché, que nada debilita tanto al artista, al general, al hombre de poder como el éxito permanente a voluntad y deseo. En el fracaso es donde conoce el artista, su verdadera relación con la obra; en la derrota, el general, sus faltas, y en la pérdida del pavor, el hombre de Estado, la verdadera perspectiva política. La riqueza permanente debilita. El aplauso constante hace insensible; únicamente la interrupción procura al vario ritmo de la vida nueva tensión y elasticidad creadora.”


“Únicamente la desgracia da mirada profunda y extensa para la realidad del mundo. Enseñanza dura, pero enseñanza y aprendizaje es todo destierro: al débil le amasa de nuevo la voluntad, al indeciso le hace enérgico, al duro, más duro aún. Nunca es el destierro para el verdadero fuerte una mengua: es siempre un tónico de su fuerza”.


El exilio le proporcionó a Balaguer la imagen que necesitaba para hacerse más fuerte. Se convirtió en el hombre necesario para dirigir los destinos de la nación.


Balaguer aceptó el exilio sin reproches y sin lamentaciones. Nunca demostró tener prisa. Se mostró siempre paciente. Conocía a plenitud las dimensiones de la crisis del momento, y tenía identificada las tendencias y los acontecimientos que les llevarían al poder. Pensó como Chardonne: “Todo cuanto la vida ofrece es bueno. Quiero aceptarlo siempre. No me toca a mi escoger”.


Los acontecimientos se produjeron y no entró en el mundo de las elucubraciones como acostumbran los intelectuales, para determinar porqué se produjeron. Mientras Juan Bosch, después del golpe de Estado, se dedicó a producir el libro: Crisis de la Democracia de América en la República Dominicana, donde explicó los motivos del golpe de Estado, Balaguer por el contrario, se dedicó a escribir artículos para ilustrar a la población en torno al camino a transitar para lograr que la sociedad se adentrara por el sendero del orden y el desarrollo social y económico.

Después del golpe de Estado, Bosch reaccionó como un intelectual. Balaguer tras el envío al exilio, reaccionó como el político que estaba al acecho de la oportunidad más inmediata para volver al poder. Ciertamente, como dijo Francoise Sagan: “Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir”.

martes, 6 de diciembre de 2005

Franklin Delano Roosevelt, un líder para estos tiempos de crisis

Personaje prominente de la Segunda Guerra Mundial y reconstructor de la economía de su país después de la depresión económica de 1929.


Todos los seres humanos tenemos a nuestros ídolos y héroes. Por lo regular nos identificamos con el personaje que mejor encarna nuestros sueños, deseos e ilusiones. En el contexto histórico de los grandes estadistas de la humanidad, me identifico en el plano dominicano con el doctor Joaquín Balaguer, por razones varias, las cuales he expresado en varios escritos, y en el plano internacional, guardo mucha admiración por Franklin Delano Roosevelt, uno de los hombres más extraordinarios que ha tenido la historia de la humanidad.


Franklin Delano Roosevelt fue un político, abogado y estadista estadounidense. Personaje prominente de la Segunda Guerra Mundial y reconstructor de la economía de su país después de la depresión económica de 1929.


Nació en enero de 1882, en Hyde Park, Nueva York. Descendiente de una prestigiosa familia de políticos y empresarios. Hijo único de don James y Sara Delano Roosevelt.


Se crió en un ambiente de mucho confort y disfrutó de grandes privilegios. Siendo un niño viajó por Europa, y a los catorce años ingresó a la Groton School de Massachussets, una típica escuela de Nueva Inglaterra dedicada a modelar jóvenes con porvenir.


En 1900 ingresó a Harvard y no brilló en sus estudios. Pero sentía gran admiración por su tío Theodore Roosevelt, en ese entonces Presidente de los Estados Unidos.


Se graduó de abogado en la Columbia University School of Law, y de inmediato se trasladó a vivir en Nueva York. Comenzó a trabajar en Wall Street al servicio de los trust, y en su defensa contra las acusaciones de la ley antitrust.


Ingresó al Partido Demócrata y trató de seguir los pasos de su primo el Presidente Theodore. A los 29 años de edad, Franklin Delano Roosevelt tomó juramento como Senador por el condado de Dutchessk, y de inmediato se distinguió como un legislador con ideas progresistas.


Fue reelecto en el Senado en 1912. En el gobierno del Presidente Woodrow Wilson entró a la administración federal como ayudante en la secretaria de la Navy, donde se especializó en diversas reformas en la construcción naval y aprendió a negociar con los sindicatos de los empleados civiles de la Armada. Al estallar la primera guerra mundial, ganó prestigio como administrador y por sus eficaces recorridos de 1918 por las bases navales y los campos de batalla de ultramar.


En la historia de la universal pocas personas han hecho lo que hizo Franklin Delano Roosevelt. Este hombre dotado de virtudes, renunció a la fortuna económica, a la comodidad, al lujo y al confort, y emprendió una carrera política con el único propósito de servirle a su país, y a la humanidad en sentido general.
En la convención demócrata de 1920 fue nominado para la vicepresidencia en la candidatura de James M. Cox., pero a pesar de la intensa campaña que realizaron los demócratas, resultó ganador el Partido Republicano.


Franklin Delano Roosevelt es el principal ejemplo de que cuando un hombre nace para algo grande, no hay acontecimiento alguno que pueda detenerle en la misión que le depara el destino.


En 1921 sufrió un ataque de parálisis y perdió la facultad de andar. La enfermedad no pudo doblegarle. Continuó en la política con el mismo entusiasmo de antes, y en 1928 se presentó como candidato a Gobernador por Nueva York, y como resultado de una eficiente labor fue reelecto en 1930.


Sentado en una silla de ruedas, Franklin Delano Roosevelt acometió las hazañas más extraordinarias realizadas por político alguno del mundo contemporáneo. La administración eficaz del estado de Nueva York frente a los efectos de la depresión económica de 1929 le convirtió en una figura nacional, y en la convención demócrata de 1932, obtuvo la nominación para la presidencia de los Estados Unidos.


La experiencia adquirida en el congreso, en la administración pública y en su vida privada, les llevó a considerar la política como un arte y una ciencia al mismo tiempo. Roosevelt tenía fe en los políticos, pero no descuidaba a los técnicos. No siguió los tradicionales esquemas preestablecidos, y cambió el estilo de conducción política de los Estados Unidos.


La personalidad de Roosevelt conjugaba el perfil de la astucia del zorro y la valentía del león, al mismo tiempo. Era sensible a la opinión pública, pero no dudaba en formarla ni temía en desafiarla. Era un hombre frío, a quien no le alteraban los acontecimientos por graves que fueran. Esta cualidad le ayudó a recuperar la economía y manejar con éxitos la Segunda Guerra Mundial.


El gobierno del Presidente Roosevelt tomó iniciativas orientadas a socorrer a los pobres y necesitados; reestablecer el equilibrio entre la agricultura y la industria; controlar la actividad bancaria; restaurar las relaciones económicas internacionales; inaugurar una política de buena vecindad con América Latina, y asumir las responsabilidades propias de una potencia mundial. Reorganizó y relanzó a la sociedad norteamericana; le dio a la economía y la política estadounidense un nuevo giro y una nueva visión.


En medio de este torbellino de la sinrazón de la política en que vivimos, los norteamericanos deben detenerse un poco, reflexionar en medio de las turbulencias y mirar en el horizonte de su pasado histórico. Ese gran país no hace bien con seguir enganchando actores, comediantes, faranduleros y empresarios a la política.


Los Estados Unidos de Norteamérica, al igual que el resto de las naciones del mundo, requieren de un liderazgo amparado en hombres dotados de la virtud del conocimiento, de la humildad, sencillez, solidaridad y respeto a la vida. Ese es el gran reto que tiene la democracia en este milenio.


La humanidad requiere de líderes que tomen como ejemplo a un Franklin Delano Roosevelt, un hombre que nació en medio de una gran fortuna económica y optó por vivir con el dinero ganado con el sudor de su frente.


Roosevelt, a temprana edad, se dio cuenta de algo que no quieren entender muchos dinosaurios políticos y ambiciosos enfermizos del momento, y es que no es posible ser un prominente empresario, una maquina eficaz de producir dinero, y al mismo tiempo, actuar como servidor público, guardián y defensor de los intereses de las grandes mayorías.


Franklin Delano Roosevelt tenía una energía inigualable. El entusiasmo y dinamismo de su personalidad irradió a todas las instituciones de su país. Es uno de los hombres más grande que ha tenido la historia de la humanidad.

Roosevelt es el único personaje que ha ocupado durante cuatro periodos la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica. Siendo presidente de su país, falleció en noviembre de 1944, como consecuencia de un derrame cerebral.

martes, 22 de noviembre de 2005

Eugenio María de Hostos y la dominicanidad

Aunque vivió en varios países de América, su país preferido era Republica Dominicana.


Maestro y escritor. El gran educador del continente americano. Nació en Puerto Rico, cerca de Mayagüez, el 11 de enero de 1839. Inició sus estudios primarios en su ciudad natal y a los doce años fue enviado a España, donde terminó los estudios secundarios y se inscribió en la escuela de derecho de la Universidad Central. Estudió también Letras y Filosofía.


Aunque no nació en suelo dominicano, Eugenio María de Hostos es parte de nosotros. Es sin temor a equivocaciones uno de los personajes que hizo mayores aportes a la formación de la dominicanidad. Es uno de los paradigmas de nuestra historia.
Era un autodidacta. Siendo un joven se incorporó a los círculos más prestigiosos de la intelectualidad española, y consideró que no le hacia falta un titulo universitario, razón por la que no terminó la carrera de derecho.


Tenía un gran amor por el continente americano. A pesar del ambiente intelectual en que se desenvolvía en España, decidió regresar a su tierra –Puerto Rico- y luego vino a vivir a Santo Domingo en el año 1875.


En República Dominicana realizó una labor educativa de mucho valor. Fundó La Escuela Normal, centro educativo donde se formaron los maestros de la época. Entusiasmado por contribuir al desarrollo de la sociedad dominicana, instaló Escuelas Normales en varias provincias del país.


El pensamiento hostosiano le dio un empuje al sistema educativo nacional. Promovía la educación laica que se fundamenta en el criterio de que la enseñanza debe ser impartida por hombres de ciencia y no por hombres de religión. Su método de enseñanza chocaba con los intereses de la iglesia católica. Planteaba que la enseñanza debía ser orientada al desarrollo del ser humano y de la razón.


Hostos organizó el sistema educativo dominicano. Sus aportes no se limitaron a la definición de los programas de estudios y a la formación de los profesores de primaria y secundaria. Incursionó también de forma muy activa en la educación universitaria. Fue profesor en la Universidad de Santo Domingo y sus cátedras eran de tan alta calidad que fueron convertidas en libros.


Es autor de una colección de libros de enseñanza universitaria que aun continúan siendo textos en varias universidades de América. Escribió sobre pedagogía, cuentos, historia, derecho y filosofía.


Era portador de ideas políticas progresistas y liberales. Opuesto a la esclavitud y defensor de las libertades y derechos de los individuos. Cuando Ulises Heureaux –Lilis- llegó a la presidencia de la república en 1888, Hostos abandonó el país, alegando que Lilis era un tirano, y el no era amigo de los tiranos.


Era opuesto a la guerra y al salvajismo. Sufría al ver como sus alumnos se involucraban en las batallas sin fundamentos que promovían los caudillos de la época.


Después que se marcho de la República Dominicana estuvo en varios países de América: Chile, Cuba, Colombia y Brasil. En cada uno de estos hizo valiosos aportes a la educación y a la democracia, puesto que era reiterativo en sus críticas a la esclavitud.


Era un visionario político. Propuso que los países que integran las antillas mayores: Cuba, República Dominicana, Haití, Puerto Rico y Jamaica se unieran y formaran una Confederación de países que denominó: “La Confederación de las Antillas”.

Aunque vivió en varios países de América, su país preferido era Republica Dominicana. A la muerte de Lilis en 1899, Hostos retorno a la tierra de Quisqueya. Falleció el 11 de agosto de 1903.

martes, 15 de noviembre de 2005

Réquiem por los partidos políticos

El crecimiento económico que se ha logrado en los últimos 50 años no ha sido cónsono con el desarrollo humano, debido a que los beneficios se concentran en pocas manos


Antes de cumplir los 14 años de edad ingresé a la política y el próximo 22 de diciembre cumpliré 41 de existencia en este planeta. Hasta hace unos meses para mi era un orgullo ser político, ahora mi parecer ha cambiado. Siendo un adolescente compartía actividades políticas con actividades religiosas, culturales y educativas.


El hecho de que se me identificara como cabeza o representante de un partido político en el Liceo donde estudiaba, en el Club Juvenil, Deportivo y Cultural en el que participaba, o más bien en la comunidad en que me desenvolvía, era un verdadero privilegio, un honor, una satisfacción.


Era a comienzos de los años 80, época en que la juventud era portadora de un espíritu de búsqueda de superación apoyado en la participación en los movimientos sociales. No existía el individualismo del presente. El deseo de un joven estudiante era hacerse de una profesión, pero buscaba su meta sin ignorar el proceso social, político y económico en que vivía.


Por eso existían diversas organizaciones, tanto en la zona urbana como rural, donde los jóvenes eran parte activa. Las agrupaciones políticas, sociales, culturales, gremiales y comunitarias no eran entelequias como las del presente, que en sus mayorías solo existen en apariencia, o son un papel timbrado y un sello gomígrafo con el nombre de ONG de que se valen muchos vividores para buscarse unos pesos.


Ahora la valoración sobre la política y los políticos es distinta. La expresión que uno escucha por dondequiera que se mueve, de que “los políticos son unos ladrones”, es para poner a cualquiera a reflexionar. Lo grave de todo esto es que a pesar de que los ciudadanos saben que no todos los políticos son iguales, ellos prefieren generalizar. Esa generalización se debe en parte, a que en resumidas cuentas, la inmensa mayoría de los políticos son unos sinvergüenzas.
¿Cuáles son las causas del deterioro de la política?

¿A qué se debe esa creciente pérdida de fe y confianza en la política y en los políticos?


Las razones son varias, pero existen dos que son fundamentales, y que han sido tratadas y analizadas en millares de cónclaves, sin que observe ningún cambio de rumbo al respecto. En primer lugar está la corrupción, y en segundo lugar, la injusticia en la distribución de las riquezas.


Si se hace un cálculo del dinero que se han robado los políticos en complicidad con los empresarios en cualquier país de América Latina o de África, para solo mencionar a dos de los continentes donde existen los índices más altos de pobreza, este sería suficiente para construir las escuelas, centros de salud, viviendas, vías de comunicación, y sobre todo, para resolver el problema de desnutrición que afecta a cientos de millones de personas.


El crecimiento económico que se ha logrado en los últimos 50 años no ha sido cónsono con el desarrollo humano, debido a que los beneficios que genera la actividad económica se concentran en pocas manos.


El problema del deterioro de la política no ha sido enfrentado correctamente. Los empresarios, en una parte considerable, en vez de exigir sanciones a los políticos corruptos y contribuir a que los partidos se conviertan en instituciones confiables y creíbles que puedan desempeñar con éxitos el papel de interlocutores para la consecución de los cambios sociales, políticos y económicos que demanda la sociedad, han optado en algunos casos por ser cómplices de estos, y en otros por meterse a políticos.


Algunos empresarios participan en política atraídos por la corrupción, y otros con el propósito de utilizar el poder que les brinda la política para expandir sus actividades privadas. Son muy pocos los empresarios, sea en República Dominicana, o en cualquier país del mundo, que van a la política con el propósito fundamental de servirle a los demás.


No existe, ni en América Latina ni en el mundo, un solo referente de un empresario que haya llegado al poder apoyado en su fortuna económica, y que haya hecho un gobierno aceptable. Por lo regular, salvo muy raras excepciones, el empresario actúa como tal en todas las esferas de su vida. Por tanto, es imposible, que una vez instalado en el poder, pueda separar el rol de sus empresas, negocios y beneficios acostumbrados a obtener en el desenvolvimiento cotidiano, de el rol que debe asumir como gobernante que es el de salvaguarda de los intereses de las mayorías, búsqueda de armonía y consenso para evitar conflictos sociales y ser paladín de la justicia social.


Una de las causas de la crisis de la política hoy, radica en que algunos empresarios han tomado la errada decisión de pretender constituirse en líderes políticos y optar por la búsqueda de los puestos de elección popular, apoyándose en sus fortunas económicas. Esto le ha quitado sustancia y razón de ser a la política y a los partidos. Ya no tiene sentido hacer una carrera política. En los partidos no se asciende en función de trabajo, talento, esfuerzo, virtudes humanas y méritos acumulados. Las candidaturas y hasta los cargos de dirección partidaria, en la mayoría de los casos, son para aquellos que disponen de una gran fortuna económica sin importar su origen.


Debo aclarar que se da el caso de empresarios que son políticos por naturaleza. En los tres partidos mayoritarios: PLD, PRSC y PRD existen empresarios que hacen vida partidaria, y que el espacio que ocupan en esas organizaciones se lo han ganado con su trabajo. Estos dirigentes políticos que son adinerados han ingresado a esos partidos por varias razones, pero en el fondo le gustan la política y coexisten de forma armoniosa con los demás dirigentes sin utilizar su fuerza económica para avasallar a los contendores internos.


Por tanto, no me refiero a estos empresarios que son a la vez políticos, y que asumen las consecuencias de ser parte activa de una entidad partidaria en una caverna política como la nuestra. Me refiero a los empresarios oportunistas que sienten rechazo por la política, pero que su avaricia lo conduce a acercarse a una entidad partidaria previo a unas elecciones con el único propósito de conseguir un puesto de elección popular.


Estos comerciantes que salen a comprar una curul en el congreso o una sindicatura como si se tratara de comprar una vaca son el reflejo del deterioro del sistema político dominicano. Inclusive, en los partidos hay personas que se dedican a cazar a estos aventureros, con el objetivo de sacar su tajada económica del proceso.


Resulta que la carrera política que se diseña y se desarrolla bajo el imperio del dinero, sin cumplir con el ciclo normal, puede lograr las metas propuestas de conseguir el puesto perseguido, pero es muy difícil que desde la posición pueda llenar las expectativas creadas.


Un liderazgo político exitoso requiere de un proceso que como dice el consultor político español Francisco Izquierdo Navarro, incluye: nacimiento, crecimiento, adolescencia, madurez, reproducción, senectud y muerte.


La incursión coyuntural de este tipo de empresarios aventureros en la política conduce a que se imponga la práctica de empacar productos vacíos para venderlos a los ciudadanos como si fueran de buena calidad. Después que el ciudadano lo compra se da cuenta de que el producto no sirve para nada.


Con esto no quiero decir que los empresarios no deban participar en la política. Ellos tienen el derecho de participar, y es bueno que lo hagan. Lo que no está bien es que se supedite el crecimiento político al dinero. El sistema de partidos en República Dominicana lo que adolece es de riqueza moral, de una elite partidaria con vocación de servicios, con visión de futuro, que haya ido a la política a construir un liderazgo al servicio de los demás.


Estos empresarios les harían mejor servicio al país y protegen mejor sus intereses contribuyendo al fortalecimiento de los partidos políticos. Y la mejor forma de fortalecer los partidos es identificando a los líderes que reúnen las cualidades necesarias para afrontar los retos del presente y del porvenir, y brindarle la promoción y el apoyo económico de que estos requieren.


La crisis de los partidos políticos en República Dominicana es más grave por que sus principales actores desconocen la dimensión de la misma. Al ritmo que vamos el sistema de partidos colapsará dentro de un plazo no lejano. Nuestros partidos son como un enfermo de cáncer terminal, pero el paciente ignora que padece la enfermedad.


En su interior, muchos dirigentes políticos se burlan de los resultados de las encuestas que presentan los bajos índices de confianza y credibilidad que tienen las organizaciones partidarias. Se niegan a reconocer el fracaso de los partidos, por que ellos han sido beneficiarios directos del deterioro de los mismos. Personas sin méritos y sin cualidades, apoyándose en fortunas mal habidas y en prácticas fulleras de repente ascienden a las cimas partidarias.


Los partidos son organizaciones que han perdido la capacidad de autoevaluarse, la capacidad de autocrítica para enderezar entuertos y mejorar su desempeño. En las organizaciones partidarias solo se habla de buscar fórmulas e implementar estrategias para fortalecer su poder de representación y control de los órganos públicos. A los nuevos dinosaurios del poder partidario no les preocupa el deterioro creciente de estas instituciones. No toman iniciativas para el fortalecimiento institucional ni para mejorar la calidad de los dirigentes. Más grave aún. Sus protegidos favoritos son los cachorros perversos, carentes de moral y dignidad que se prestan a todo tipo de perversidades, y que ejecutan a pies de juntilla las tareas que les asignan sin importar las características de las mismas.


Si es cierto el postulado de que la democracia para funcionar adecuadamente tiene que apoyarse en los partidos políticos, entonces la democracia dominicana está peligrosamente amenazada.

Volveré sobre este tema.

martes, 8 de noviembre de 2005

Balaguer y Fouché

Joaquín Balaguer actuó con sangre fría. Sus nervios no le dominaban, toda su pasión se cargaba y descargaba tras el muro impenetrable de su frente.


“La avaricia es corruptora de la fidelidad, de la honradez y de todas las demás virtudes” Salustio.


He escuchado a muchos intelectuales y políticos decir que quien quiera conocer a Joaquín Balaguer durante la Era de Trujillo solo tiene que leer la biografía de José Fouché escrita por Stefan Zweig. Cuando empecé a estudiar el liderazgo y la personalidad de Joaquín Balaguer, uno de los primeros personajes históricos que estudié para comprobar la similitud o discrepancia con el estadista dominicano, fue al Ministro de Interior y Policía francés, el tenebroso José Fouché.


Haré un breve enfoque sobre las cualidades y comportamientos de estos dos personajes de la historia, donde el lector podrá observar las similitudes y discrepancias existentes entre estos dos hombres, quienes actuaron en escenarios distintos en el tiempo y en el espacio, y más que eso, en sociedades con culturas diferentes.


Un aspecto que ayudó mucho a Balaguer en su carrera política fue la discreción con que manejó los asuntos de Estado. Parece que aprendió de Fouché, el arte de callar, la ciencia magistral de ocultarse a sí mismo, la maestría para observar y conocer el corazón humano.


Balaguer fue uno de los pocos dominicanos que permaneció en la administración pública durante los 31 años de la tiranía trujillista, porque siempre mantuvo una autodisciplina férrea, casi espartano, con una resistencia interior extraordinaria de rechazo al lujo y a la suntuosidad, empleando el arte magistral de saber ocultar la vida privada y el sentimentalismo personal.


De ahí, que las tres décadas que duró a la sombra del tirano no fueron perdidas. Aprendió enseñando y observando. Obtuvo su principal educación encerrado, ya sea en su habitación, en las oficinas públicas y en las bibliotecas, en aislamiento permanente, desarrollando un espíritu singularmente elástico e inquieto, llegando a alcanzar una verdadera maestría psicológica, actuando invisiblemente por años en un círculo de poder estrecho que no clarificaba un posible sucesor.


José Ingenieros dijo que, “los caracteres dignos permanecen solitarios... Si su pradera es árida no importa; en libre oxígeno aprovechan más que en cebadas copiosas, con la ventaja de que aquel se toma y estas se reciben de alguien. Prefieren estar solos, mientras no puedan juntarse con sus iguales. Cada flor englobada en un ramillete pierde su perfume propio. Obligado a vivir entre desemejantes, el digno mantiénese ajeno a todo lo que estima inferior.”


El comportamiento de Balaguer fue acertado y esa fue la clave para su éxito, puesto que como dijo Curzio Malaparte, “un general victorioso pues se prepara a adueñarse del poder no debe ni buscar los aplausos ni perder el tiempo en intrigas”. Sobrevivió a la Era de Trujillo y salió ileso de todas las acechanzas y espionajes a que fue sometido, porque al igual que el ensayista español don Gregorio Marañón, entendió que la civilización ha convertido la soledad en uno de los bienes más delicados que el alma humana puede desear. Sólo es realmente libre el hombre que sabe estar solo.


Joaquín Balaguer actuó con sangre fría. Sus nervios no le dominaban, toda su pasión se cargaba y descargaba tras el muro impenetrable de su frente. Igual que Fouché, “dejó jugar sus fuerzas y acechó despierto las faltas de los demás. Esperó pacientemente a que se agote la pasión de los otros o a que aparezca en ellos un momento de flaqueza para dar entonces el golpe inexorable. Terrible en esta superioridad de su enervada paciencia: quien así puede esperar y ocultarse, bien puede engañar hasta al más sagaz.”


Durante su larga vida, Balaguer aplicó el consejo de Azorín de que, “si queremos vivir bien y ahorrarnos muchos disgustos, achaques y aun enfermedades debemos tomar con flema y sosiego nuestras cosas: debemos comer, vestir, ir de una parte a otra despacio”.


Balaguer cultivó en si mismo el arte de saber esperar. Aceptó el postulado de Rainer Marie Rilke de que, “la paciencia lo es todo”. Cuanto más mueve su cuerpo, menos puede usar su mente. Su éxito no se debió sólo al manejo cauteloso del arte de esperar. Es paciencia y al mismo tiempo, es trabajo y preparación. Por eso, fue exitoso en todos los escenarios. Como dijo Manero: “El futuro no pertenece a quienes saben esperar, sino a quienes saben prepararse”.


La mayor similitud entre Fouché y Balaguer se encuentra en esa imperturbable frialdad del temperamento. Ahí estribó su verdadero genio. Ambos utilizaron la técnica de conservar la calma, de pasar inadvertidos. Cuando el tiempo no les favorecía no luchaban, no se desesperaban, no actuaban con precipitación. Simplemente, dejaban que los acontecimientos se desarrollaran.


A estos dos hombres su cuerpo no le ponía trabas, no le arrastraba. Estaban casi siempre al margen de todo. Su sangre, sus sentidos, su alma, todos estos turbadores elementos del sentir de un hombre normal, estaban ausentes en estos enigmáticos, cuya pasión se detenía íntegra en sus cerebros.


Como señala Stefan Zweig: “Hay que mirar profundamente la historia para percibir en la ráfaga de la revolución, en el esplendor legendario de Napoleón, la figura de Fouché, de apariencia humilde y subalterna, en realidad omnímoda, definidora de una época. Durante toda su vida actúa en la sombra sobre sus generaciones. Patroclo cayó como cayeron Héctor y Aquiles mientras prevaleció Ulises, el astuto. Su talento sobrepuja al genio; su sangre fría perdura sobre toda pasión”


En la Era de Trujillo sucedió algo parecido: Todos los colaboradores del tirano iban cayendo como si se tratara de un juego de ajedrez, y quedando fuera del complicado juego político, mientras Balaguer escalaba peldaño a peldaño, de modo ininterrumpido, actuando como aquel que no ambicionaba nada, hasta heredar la primera magistratura de la nación.


Independientemente de las interpretaciones hechas en las novelas de Viriato Sención y Mario Vargas Llosa, Balaguer no traicionó a Trujillo. En ningún momento Balaguer aceleró la caída del régimen. Trujillo cayó por su propio peso.


A pesar de las similitudes, existen diferencias marcadas entre Fouché y Balaguer. Fouché no ansiaba la gloria. Era un ambicioso sin vanidad. El último secreto de la fuerza de José Fouché es que, “aunque anhela el poder, la mayor cantidad posible de poder, se conforma con la conciencia de su posición; no necesita sus emblemas ni su investidura. Fouché tiene amor propio desmesurado; pero no ansia de gloria; es ambicioso sin vanidad.


La vara de lictor, el cetro de rey, la corona de emperador pueden llevarlos otros tranquilamente, cede gustoso el brillo y la dicha dudosa de la popularidad. A él le basta con enterarse de la cosa, con tener influencia, con ser él quien manda verdaderamente sobre quien tiene la apariencia de mando, y sin exponer su persona, hacer el juego emocionante, el juego tremendo de la política.


Mientras los demás se ligan fuertemente a sus convicciones, a sus palabras y gestos oficiales, queda él tenebroso y escondido, interiormente libre; es lo permanente en el proceso fugitivo de apariciones. Los girondinos caen, Fouché queda; los Jacobinos son arrojados, Fouché queda; el Directorio, el Consulado, el imperio, el reino y otra vez el imperio zozobran y desaparecen; pero siempre queda él, el único, Fouché. Gracias a su refinado retraimiento y a su valor audaz para perseverar en la falta absoluta de vanidad”.


Balaguer fue diferente, puesto que amaba el poder, buscaba incansablemente el poder, y cuando alcanza la cima, empleaba todos los recursos de maniobras y sabidurías a su alcance para no perder el control del mismo.

José Fouché por el contrario, era un genio político que se conformaba con los cargos de segunda categoría y recurría frecuentemente a la traición, para garantizar la permanencia en su puesto. Balaguer por el contrario fue un estadista inconmensurable que supo aprovechar las circunstancias históricas para alcanzar la grandeza arriesgándolo todo, inclusive su vida.

martes, 1 de noviembre de 2005

Máximo Gómez Pensamiento y Vida

El momento es oportuno para que los jóvenes dominicanos, cubanos, americanos y del mundo, conozcan las virtudes de grandeza, sacrificio y coraje que adornaron a este prócer.


El próximo 18 de noviembre se cumple el 168 aniversario del nacimiento del general Máximo Gómez, militar dominicano y héroe de la independencia de Cuba. Fue una de las figuras militares más prominentes del siglo XIX. Nació en la Villa de Baní el 18 de noviembre de 1837. Hijo de don Andrés Gómez y doña Clemencia Báez.

El momento es oportuno para que los jóvenes dominicanos, cubanos, americanos y del mundo, conozcan las virtudes de grandeza, sacrificio y coraje que adornaron a este prócer de la libertad.
El propio Máximo Gómez en su autobiografía reseña lo difícil que fue la vida en su niñez y adolescencia. La crisis que afectaba el país, las precariedades económicas en que vivía su familia y los grandes retos que afrontó en defensa de la independencia de su país y de la liberación de Cuba.

A los 14 años fue soldado de las batallas por la consolidación de la República frente a las embestidas reiteradas de las tropas haitianas. A la edad de 25 años mientras estaba en combate en la región Sur recibió una carta de su madre donde le decía que su padre estaba muy enfermo, días después murió, y desde entonces tuvo que asumir la responsabilidad de cuidar de su madre y sus hermanas.

Durante el período de la anexión a España, prestó servicios en el ejército español y ostentó el rango de Comandante. Al consumarse la restauración de la República, Máximo Gómez partió para Cuba, el 11 de julio de 1865, seguido por un grupo de soldados dominicanos que habían servido a España.

En ese país se encontró con una realidad política distinta a la dominicana. Allí reinaba una esclavitud despiadada. El trato inhumano a los esclavos de parte de la oligarquía criolla y autoridades españolas contribuyeron a que Máximo Gómez hiciera causa común con los patriotas que se habían trazado como meta lograr la independencia de Cuba.

A pesar de vivir dentro de la guerra, era un hombre ordenado. Parece que estaba consciente del papel que desempeñaba en la historia. Llevaba anotaciones de todo lo importante que sucedía día a día. En su diario de campaña hizo anotaciones del nacimiento de sus ocho hijos, de los esfuerzos de su esposa para sobrevivir con su familia en las montañas de Cuba, y de la forma dramática como murieron tres de sus hijos.

Su primogénita Margarita, falleció en septiembre de 1871 en las sierras del sur de Cuba del modo siguiente:

“Allí murió de hambre pues mi pobre esposa huyendo de la persecución que hacían los españoles a las familias y al ejército, ella se refugió en una cueva cual las primitivas indianas. Las humedades, la escasez de alimentos, hizo que la madre se postrara en cama, le faltó la leche para la lactancia de la niña y la vio morir poco a poco como se extingue la luz de una lámpara cuando ha consumido el aceite que la hacia brillar”.

El 16 de febrero de 1882 falleció su hijo Andrés 2do, en San Pedro Sula, pueblo situado al norte de la República de Honduras.

El 15 de mayo de 1884 falleció su hija Margarita 2da, acontecimiento que Máximo Gómez reseña del modo siguiente: “En días muy aciagos perdimos nuestra hija; mi esposa muy enferma y yo mismo grave, postrado en cama y sin recursos de dinero. Era mi situación tan fatal que apenas no sé como he podido salir de ella”.

Esa es una muestra del sacrificio que significó la independencia de Cuba para el general Máximo Gómez. A pesar de la muerte de sus hijos como consecuencia de la causa republicana no se detuvo, no se doblegó. Luchaba por un ideal: “Lograr la liberación de Cuba”.

En 1895 cuando firmó con José Martí el Manifiesto de Monte Cristi, el apóstol de la independencia cubana le dijo: “Le ofrezco, como pago de su obra, el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres”. Máximo Gómez le contestó: “Todo por Cuba”.

La experiencia en el combate del general Máximo Gómez y del grupo de dominicanos que les acompañaban fueron factores que incidieron a que jugaran un papel preponderante en la independencia de ese país. Máximo Gómez y varios de sus compatriotas dominicanos fueron instructores en el arte de la guerra de los patriotas cubanos, así como de españoles que apoyaban el proyecto independentista.

Máximo Gómez no solo fue el maestro, sino también el combatiente. Es uno de los héroes más prominentes de la independencia de Cuba. Fue un estratega militar, prudente, paciente y astuto, pero sobre todo, un hombre de una autoridad espectacular y de un estilo de combate único en su género. Cuando estaba frente al enemigo, el general Máximo Gómez, con un tono de voz que retumbaba, lanzaba el grito: ¡Al machete! Ese era su grito de guerra, el cual retumbaba por los campos e inyectaba las energías y corajes necesarios a los patriotas para vencer a los adversarios. Venció a los españoles en las batallas de Santa Ana de Griñan, La Candelaria, El Recurso, Ti Arriba, El Cristal, Borjita, Arroyito y el asalto a La Socapa.

Máximo Gómez era uno de los líderes que gozaba de mayor respeto y popularidad dentro de los patriotas cubanos. Su más formidable campaña militar fue desarrollada en la segunda etapa de la guerra independentista, a partir de 1897 en La Reforma. Comandando un ejército de 4,000 hombres mal armados y alimentados enfrentó a un ejército de 40,000 soldados dirigidos por los generales españoles Weyler y Blanco. En quince combates realizados en un periodo de 20 meses, utilizando un espacio geográfico de 60 kilómetros cuadrados, los patriotas se burlaron de las tropas enemigas.

Máximo Gómez era un hombre provisto de virtudes intelectuales. Sus frases y mensajes así lo demuestran. Embriagaba a sus seguidores de energías y entusiasmo. Esa fue su clave para el éxito. Falleció en la Habana, Cuba, el 17 de junio de 1905.