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Dr. Belarminio Ramírez Morillo
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sábado, 14 de julio de 2007

Mi Panegírico


Desde las cuatro de la madrugada, del domingo 14 de julio del 2002, la mente y el corazón de los dominicanos, han sido invadida por una interrogante angustiosa:

¿Cómo es posible que haya muerto el hombre que sacó al país del caos y la anarquía, y lo encauzó por el sendero de la paz?

¿Cómo es posible que haya muerto el hombre que de una aldea hizo una República, y llevó prosperidad a la familia dominicana?

Tiene explicación racional el hecho, de que los dominicanos y las dominicanas, se resistan a la aceptación de este acontecimiento histórico. Esta explicación racional radica, en que los próceres no mueren. Los próceres son eternos, y Joaquín Balaguer es un prócer de la nación dominicana.

Acertó Baltasar Gracián, cuando dijo que los próceres con su partida física, simplemente pasan a otra esfera de la vida, a esfera de la eternidad. Los próceres no se marchan. Los próceres no se ausentan. Los próceres salen de su cuerpo, para entrar dentro del cuerpo de cada uno de los vivos.

El juicio del emperador Napoleón Bonaparte, de que “los hombres verdaderamente grandes, son meteoros destinados a brillar para alumbrar las tinieblas de su época” corresponde al Presidente Balaguer, al guerrero feliz de los campos de batallas políticas; al guardían de los intereses nacionales, tanto en tiempos de crisis como en tiempos de paz.

¿A caso ha transcurrido un sólo día, una sola hora y un sólo minuto, desde el 15 de julio de 1876 hasta la fecha, en que en algún rincón de la República no se haya mencionado el nombre del patricio Juan Pablo Duarte. El Padre de la Patria partió físicamente hace 126 años, pero sin embargo, desde entonces, ha vivido en cada una de las generaciones de dominicanos.

Juan Pablo Duarte y Joaquín Antonio Balaguer Ricardo, aunque no estén físicamente con nosotros, no han muerto, porque ambos fueron elegidos para hacer de la República Dominicana un proyecto viable, y al cumplir con su misión, ganaron la eternidad.

Como dijo Gregorio Marañón: “La mayoría de los hombres mueren para ser enterrados; sólo una parte, los elegidos, mueren para resucitar”. Balaguer y Duarte tienen el mismo significado para el pasado, el presente y el futuro de la historia dominicana: “Ambos representan un ideal”.

Joaquín Balaguer representa el ideal del patriotismo;
Joaquín Balaguer representa el ideal del trabajo;
Joaquín Balaguer representa el ideal de la prudencia;
Joaquín Balaguer representa el ideal del sacrificio;
Joaquín Balaguer representa el ideal del progreso;
Joaquín Balaguer representa el ideal de la paz;
Joaquín Balaguer representa el ideal de la honestidad;

Y sobre todas las cosas, Joaquín Balaguer representa esa virtud que Franklin Delano Roosevelt definió como indispensable para que un político alcanzara la grandeza, que es el ideal de la humildad.

Joaquín Balaguer es el padre de la política dominicana civilizada. Es eterno, porque es el referente histórico y la fuente de agua potable de que deberán nutrirse las presentes y futuras generaciones que aspiren a dirigir con éxito los destinos de la nación. Del mismo modo, que el Presidente Balaguer acudió en reiteradas ocasiones a las enseñanzas y sabidurías del emperador romano, Marco Aurelio. Asi mismo, los políticos del porvenir, del presente y de los próximos siglos, acudirán a las enseñanzas que él nos dejó, porque su ideal es imperecedero.

El emperador Marco Aurelio lo dijo: “Nuestra vida es obra de nuestros pensamientos”. Por tanto, el Joaquín Balaguer líder, amigo y maestro de la Máximo Gómez 25, a donde acudían los dominicanos sin distingo de banderías políticas, de color, de religión, ni de clases sociales; el domingo 14 de julio a las cuatro de la madrugada, dejó de ser una persona de carne y hueso, y se convirtió en un sentimiento, que de generación en generación estará presente en la mente y el corazón de los buenos dominicanos, que somos los más.

Es entendible, el vacio, el dolor, el llanto y la desesperanza que embarga a la familia dominicana por haber perdido al dominicano más ilustre de todos los tiempos.

Con la ída física de Joaquín Balaguer se fué la esperanza de miles de familias pobres de conseguir un techo.

Con la ída de física de Balaguer, se fué la esperanza de miles de campesinos de conseguir una parcela para producir el sustento de sus hijos.

Con la ída física de Balaguer, se fué la esperanza de esa clase media por él forjada durante el régimen de los doce años, y que hoy está condenada a la desaparición.

Con la ída física de Balaguer, se frustraron los sueños de miles y hasta de millones de dominicanos, que cifraban en él la esperanza de un mejor porvenir.

Por eso, se nota en el ambiente, que la República ha caído en un vacío, y que gran parte de los dominicanos hemos perdido el aliento.

Es responsabilidad de la nueva generación de políticos, sobre todo, de los discípulos de Balaguer, apoyarse en sus ideales, para evitar en la medida que las circunstancias lo permitan, que la República caíga en el torbellino de la desintegración.

Más que una despedida, este escrito es un tributo a la personalidad de Joaquín Balaguer. Al más ilustre político dominicano de todos los tiempos.

Si tomamos la palabra de Richard Níxon, quién después de interactuar con los líderes universales más prominentes de mediados del siglo XX, arribó a la conclusión de que: Para que un líder adquiera fama universal se requiere de tres condiciones: Primero, un gran hombre; segundo, tener una gran causa; y tercero, gobernar un gran país. Joaquín Balaguer es un hombre de condiciones inigualables en el tiempo y en el espacio.

Joaquín Balaguer tuvo como baluarte de lucha una gran causa, que es la causa nacional. Pero, por obra del destino, Joaquín Balaguer nació en esta pequeña isla del Caribe. De haber nacido en los Estados Unidos, Inglaterra, Francia o Alemania; hoy su nombre estuviera junto a los de Franklin Delano Roosevelt, Winston Churchill, Charles de Gaulle y Konrad Adenauer.

Os invito a los dominicanos a que hagamos una reflexión, y nos preguntemos: ¿Qué hubiera sido de este país, sino hubiera existido un Joaquín Balaguer?

Los buenos dominicanos y auténticos balagueristas no debemos caer en el pesimismo y la desesperanza, por la partida de nuestro líder. Debemos dar gracias a Dios, por habernos dado a Joaquín Balaguer; y debemos dar gracias a Joaquín Balaguer, por ser la estrella que nos iluminó en el camino de la transición democrática, y que con su ideal nos seguirá iluminando ante el futuro incierto que se cierne sobre los destinos de la patria.

Hasta siempre nuestro maestro y amigo. Hasta siempre nuestro padre de la democracia, padre de la política dominicana civilizada y precursor del desarrollo nacional. Hasta siempre, y para siempre, Su Excelencia.

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