Las personas ejercen el voto por diversos motivos. Unos lo hacen porque consideran que votar es un derecho y un deber que se han ganado como ciudadanos, y por tanto, deben ejercerlo.
En la era de la información y el conocimiento, los electores son inducidos al voto básicamente por el papel persuasivo de la campaña electoral. La decisión del voto no es igual en todos los electores. Unos votan por lealtad al partido, influencia del grupo o de la familia a que pertenecen, y otros lo hacen como producto del procesamiento de las informaciones que reciben de los candidatos y partidos en contienda.
Este último grupo corresponde al votante que razona. Por tanto, en una investigación de marketing en la campaña electoral es importante la identificación de este grupo: Cuál porcentaje representa del electorado; en cuáles áreas geográficas se concentra; a cuáles edades de la población corresponde; niveles de ingresos y clases sociales.
El votante que razona vota en función de sus propios intereses. Vota por el candidato en función de lo que este le ofrece. Evalúa las alternativas electorales en función de cuál servirá mejor a sus intereses, y vota por el que considera más favorable.
Persuadir al votante que razona es el propósito fundamental del candidato y su equipo de campaña. La estrategia comunicacional y el plan de acción, deben ser diseñados tomados en cuenta ese objetivo. Algunos consultores ven al votante como un consumidor informado que escoge entre diferentes productos.
Diversos estudios realizados han arrojado que existen tres rasgos distintivos en la participación política, que son: Los recursos, la movilización y la motivación instrumental.
Recursos son lo que cada individuo aporta al proceso democrático: lo que sabe, lo que posee y su tiempo.
La movilización hace referencia al grado de estima que las personas tienen hacia su papel en el sistema, algo que les puede haber sido inculcado a través de los medios de comunicación, partidos y grupos de la sociedad civil.
La motivación instrumental es el deseo de influir en el curso de políticas concretas o la percepción del individuo de que su voto puede influir de forma decisiva al resultado electoral.
Martín Salgado recomienda que cuando se persigue superar el desinterés y fomentar la participación, es aconsejable preparar mensajes que hagan pensar a los electores en un problema o en un tema específico, es decir, en términos que definan claramente las implicaciones que tiene su conducta. La Junta Central Electoral utiliza frecuentemente esta técnica en sus mensajes para llamar a la población a votar el día de las elecciones.
La persuasión orientada a la participación o activación del voto es una estrategia utilizada también, por el candidato o partido que se beneficia de una votación masiva el día de las elecciones.
La persuasión orientada a la desactivación del voto es lo contrario de la activación. Persigue desmovilizar la participación del electorado. Se ha comprobado que la publicidad negativa conduce a la desactivación, genera desinterés y apatía. Disgusta a determinados segmentos del electorado.
En América Latina, algunos partidos, en las mayorías de los casos cuando están en el poder, tratan de generar abstención electoral produciendo conflictos, sean reales o a través de rumores, que hagan que las personas se atemoricen y se queden en sus hogares.
miércoles, 11 de julio de 2007
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